La Fiesta de Nuestra Señora de La Merced.

Tomado del Año Cristiano o Ejercicios Devotos para Todos los Días del Año. Madrid, 1778. Septiembre. Día 24. Página 510.

LA FIESTA DE NUESTRA SEÑORA
DE LA MERCED.

En aquel tiempo en que el Imperio Romano iba declinando de su majestad y de su poder, entraron en España los Godos, los Vándalos, los Suevos, los Alanos, y los Silingos: se establecieron en ella, y la repartieron entre sí; pero al cabo quedaron dueños los Godos de todas sus Provincias, y después de Alarico, Ataúlfo, y Sigerico, el año de 416 fijó Walia su trono en aquella región, como Rey de toda la Monarquía. Roderico o Rodrigo, último Rey de los Visogodos, auxiliado de su hermano Cosa, atacó a Witiza, le derrotó, y le mandó sacar los ojos, se apoderó del Reino de España. Era Rodrigo Príncipe cruel, de costumbres estragadas, cuyo duro y tiránico gobierno tenía enconados contra sí todos los ánimos; y arrastrado de las pasiones que le tiranizaban, violó el honor de una dama principal, hija del Conde Julián, uno de los primeros Señores de España, tan acreditado en la Corte, como en el ejército.

Era el Conde Gobernador de Ceuta, Capital de un Gobierno de los Godos en España, situada en la costa de África, no lejos de Gibraltar, donde los Godos poseían algunas plazas. Ofendido, y vivamente irritado de la afrenta que el Rey había he hecho a su sangre y a su estimación en la persona de su hija, disimuló por algún tiempo su sentimiento y su deshonor; pero noticioso de que los Árabes juntaban en el África un poderoso ejército, se valió de este pretexto, y pidió licencia al Rey para retirarse a su Gobierno. Tomó la vuelta de Ceuta, llevándose consigo lo más precioso que tenía; y fingiendo después en su mujer una dolencia mortal que la tenía sin esperanza de vida, escribió al Rey, suplicándole permitiese a su hija que acudiese apresurada a recibir la bendición, y los últimos suspiros de su moribunda madre. Luego que el Conde Julián vio asegurada su hija, puso en ejecución los medios que ya tenía discurridos para saciar su venganza, y comunicó su sentimiento y su dolor a Muza, General del ejército del Califa de Damasco, que se hallaba a la sazón en Berbería. No sólo le ofreció entregarle todas las plazas que estaban en la jurisdicción de su Gobierno, sino hacerle también dueño de toda la Monarquía Española, como le quisiese dar un número de tropas suficiente para salir con la empresa. Por entonces sólo le quiso dar Muza doce mil hombres para que conquistase con ellos una parte de la España: y abierta ésta a los Moros o a los Árabes, en breve tiempo la sujetaren toda a la obediencia del Califa. El año de 713 perdió el Rey Rodrigo la vida y la corona en una sangrienta batalla que ganaron los infieles, viéndose obligados los Españoles a refugiarse en las montañas de León, de Asturias, y de Galicia.

Eran aquellos infieles Mahometanos, por cuya razón también se apellidaban Sarracenos, y multiplicados prodigiosamente en España, se extendieron de la otra parte de los Pirineos, ocuparon las Provincias del Lenguadoc, y causaron muchos estragos en Francia. El año 732 los deshizo en ella Carlos Martel, y el de 778 los desbarató en España Carlo Magno, con cuyos golpes quedó abatido su orgullo; y saliendo los Españoles poco a poco de sus escarpados montes, fueron con el tiempo reconquistando una parte de las Provincias perdidas, y formaron de ellos muchos reinos, encerrando a los Sarracenos en la parte meridional de España, donde, por ser dueños de los Puertos, podían recibir los socorros que les venían del África, y a beneficio de ellos se mantuvieron hasta el reinado de Fernando Rey de Aragón, y de Castilla por su mujer la Reina Doña Isabel. En todo este tiempo continuaron los Moros sin cesar la guerra contra los cristianos, declarando esclavos o cautivos a todos los que hacían prisioneros.

Era durísimo el cautiverio, no habiendo barbaridad que no experimentasen los infelices que le sufrían. A muchos los desollaban vivos, a otros los empalaban: a no pocos los quemaban las plantas de los pies a fuego lento, otros expiraban a violencia de crueles palos, y todos eran peor tratados que los más viles animales de carga; siendo mayor la desgracia de muchos, que rendidos al miedo de tan crueles tratamientos, renunciaban la Fe, y abrazaban el Mahometismo.

ns-de-la-merced_02mLa Madre de misericordia, de quien los Españoles fueron siempre tan devotos, y que estando aún en vida había tomado a España debajo de su protección; cuando apareciéndose al Apóstol Santiago sobre el pilar que hasta el día de hoy se venera en Zaragoza, según la antigua tradición del país, le mandó edificar en aquel mismo sitio una Capilla dedicada a su nombre, prometiéndole su especial protección de una nación que había de ser devotísima suya hasta el fin de los siglos: la Madre de misericordia, vuelvo a decir, compadecida de tantas miserias como afligían a los pobres cristianos cautivos, quiso dar al mundo un ilustre testimonio de su maternal bondad, fundando milagrosamente una Religión, cuyo instituto fuese solicitar el alivio, y la redención de los cautivos cristianos que gemían bajo la cruel esclavitud de los Moros.

Escogió para esta grande obra a uno de sus más santos, y más fervorosos siervos, cual fue San Pedro Nolasco, natural del Lenguadoc, siendo su familia de las más nobles del país, habiendo nacido el año de 1189 en un lugar del Obispado de San Paul, llamado Más de las santas Doncellas a una legua de Castelnaudari. Este gran siervo de Dios, no menos distinguido por su ilustre nacimiento, que por sus grandes riquezas, y sobresalientes prendas, renunciando generosamente las más halagüeñas y mas tentadoras esperanzas que el mundo le prometía, resolvió dedicarse todo a Dios, empleando en su servicio sus bienes y sus talentos.

Sobresalían en él, descollando entre todas las demás virtudes, la tierna devoción a la Santísima Virgen, y una ardiente caridad por los cautivos cristianos que arrastraban las cadenas en poder de los Sarracenos. Parecían como nacidas con él la singularísima ternura hacia la Madre de Dios, y la compasión con los miserables cautivos, tanto, que no pudo sosegar hasta que vendió todos sus bienes para redimirlos de aquella esclavitud. Ya dijimos en su vida, que animado con los felices sucesos que experimentó en los primeros ensayos de aquella abrasada caridad, no contento con añadir a sus propios bienes las muchas limosnas que pudo recoger de sus amigos; persuadió a muchos Caballeros de conocida piedad que se juntasen con él para formar una piadosa Congregación o Cofradía, dirigida a solicitar la redención de los cautivos cristianos, bajo el título y la particular protección de la Santísima Virgen.

Sufrió este piadosísimo proyecto la misma suerte que padecen por lo común todas las obras grandes y santas, las que el demonio procura siempre arruinar en su mismo principio, o por lo menos desacreditarlas con oposiciones, detracciones, y calumnias. Pero el mismo Rey Don Jaime, los Grandes del Reino, y todos los hombres de juicio y de virtud, tocando con las manos la utilidad de aquella buena obra, taparon la boca a la maledicencia, y disiparon aquella tempestad.

Comenzaba la piadosa Congregación a experimentar los efectos de su caritativo celo a favor de los cristianos cautivos, cuando la Reina de los Cielos quiso dar a toda la Iglesia otra nueva, pero muy insigne prueba de la atención que la merecen nuestras necesidades, y de la maternal compasión con que mira las aflicciones y los trabajos de los fieles. Apareció a San Pedro Nolasco la noche del primer día de Agosto del año 1218. A tiempo que estaba el Santo en oración, derritiéndose en lágrimas, con la consideración del duro cautiverio de tantos pobres cristianos, que con peligro de su eterna salvación, gemían bajo la tiranía de los bárbaros infieles. Llenó la Señora de celestiales consuelos a su fidelísimo siervo, y le dijo que no podía hacer cosa más agradable a su Santísimo Hijo, y a sí, que fundar otra nueva Congregación con el título de Nuestra Señora de la Merced, para la redención de los cristianos cautivos en el dominio de los Moros.

ns-de-la-merced_94Asombrado San Pedro Nolasco con aquella milagrosa visión, exclamó postrado en tierra: ¿Y quién sois Vos, que tenéis tan penetrados los secretos de Dios?; pero, ¿y quién soy yo, miserable pecador, para encargarme de tamaña empresa? Yo soy María Madre de Dios, respondió la Virgen, que traje en mis entrañas, y di a la luz del mundo al Soberano Redentor de todos los hombres, y deseo haya en la Iglesia una nueva familia que haga singular profesión de rescatar a los cautivos. Anda, y funda esta Religión, que tomo desde luego debajo de mi protección. Yo te facilitaré los medios, y allanaré todos los estorbos.

Desapareció la Virgen, y Nolasco se reconoció animado de nueva caridad, y de más encendido celo. Persuadido ya de la voluntad del Señor tan descubierta por una visión, en que no podía poner duda, nada tuvo que discurrir sino en proporcionar los medios para la ejecución de empresa tan importante. Pero no atreviéndose a dar paso alguno sin consultarle primero con su Confesor, que lo era San Raymundo de Peñafort, se encaminó a buscarle, y le refirió sencillamente todo lo que le había sucedido en la oración. Había revelado lo mismo la Santísima Virgen a San Raimundo, y éste le declaró que había tenido la propia visión. Confirmados uno y otro en que era de Dios el pensamiento, se fueron derechos a palacio para comunicar al Rey lo que intentaban, y confiarle al mismo tiempo la noticia del duplicado milagro. Pero quedaron gustosamente sorprendidos, cuando luego que el Rey los vio en su cuarto, se anticipó a contarlos una visión que había tenido, y era enteramente conforme a la de los dos; porque no queriendo la Virgen que se pusiese en duda un milagro tan grande de su misericordia y de su bondad con los cautivos cristianos, dispuso que se confirmase con tres testimonios tan auténticos. Desde aquel punto sólo se pensó en disponer todo lo necesario para la fundación de una Orden, que se puede llamar milagrosa, habiendo debido su nacimiento a tan insigne milagro.

El día de San Lorenzo del mismo año, el Rey acompañado de toda su Corte, y de los Magistrados de Barcelona, pasó a la Catedral, llamada Santa Cruz en Jerusalén, donde subió al pulpito San Raymundo, y publicó a presencia de todo el pueblo la visión que a un mismo tiempo habían tenido el Rey, Pedro Nolasco, y el mismo Santo, con lo que la Madre de misericordia los había revelado, tocante a la fundación de una Orden Religiosa, con el título de Nuestra Señora de la Merced, Redención de cautivos.

ns-de-la-merced_90-escudoAcabado el Ofertorio, el Rey Don Jaime, y San Raimundo tomaron de la mano a Pedro Nolasco, y le presentaron a Berenguer de la Palu, Obispo de Barcelona, quien le vistió el hábito blanco, y el escapulario de la Orden: poco antes de la Comunión hizo el nuevo Fundador los tres votos acostumbrados de Religión, y añadió el cuarto, por el cual así él, como todos los que abrazasen el nuevo Instituto, se obligaban, no sólo a pedir limosna para rescatar a los cristianos cautivos, sino a quedarse ellos mismos en rehenes, y por rescate siempre que lo pidiese la necesidad. Al mismo tiempo hicieron también la profesión otros dos Caballeros; y el Rey cedió al Santo Fundador la mayor parte de su palacio de Barcelona para que fabricase el primer Convento de la Orden, y quiso que los Religiosos llevasen sobre el escapulario las armas de Aragón, a las que añadió el Santo, con beneplácito del Rey las de la Catedral.

Tal fue el nacimiento de esta sagrada Religión, tan respetable por su milagroso Instituto, y tan célebre por los grandes hombres, que ha dado para la redención y para el consuelo de tantos cautivos cristianos. La confirmó el Papa Gregorio IX y la honró con crecido número de grandes privilegios la Santa Silla Apostólica, en reconocimiento de tan insigne y tan heroica caridad. Hace mención el Martirologio Romano de esta milagrosa aparición el día 1º de Agosto con estos términos: En España la aparición de la Santísima Virgen María a San Pedro Nolasco, a San Raimundo de Peñafort, y a Jaime Rey de Aragón, inspirándolos el pensamiento de fundar la Religión de la Merced, Redención de cautivos. Y la Iglesia más y más atenta a honrar siempre a la Madre de Dios, celosa de aumentar en el corazón de todos los fieles el culto, la devoción, y la confianza en esta Madre de misericordia, instituyó el día de hoy una fiesta particular para perpetuar la memoria de tan grande beneficio, y en acción de gracias por la fundación de una Orden, que ella misma es un milagro de la más heroica cristiana caridad.

Pocos siglos se hallarán en que no hubiese cuidado la divina providencia de persuadir a los fieles, por medio de algún suceso milagroso, que la protección que debemos esperar de la Madre de Dios, sublimada a la diestra de su Hijo, es al mismo tiempo la más poderosa y la más segura que nos debemos prometer, si nos esforzamos a merecerla.

ns-de-la-merced_barcelona1Por tanto, debemos hacer todos los esfuerzos posibles para merecer esta protección con nuestra confianza, con nuestras oraciones, y con nuestro celo en obsequiarla y servirla. ¿Mas y qué no deberemos hacer nosotros por esta Señora en vista de lo que esta Señora hace por nosotros? Habiendo dado al mundo el Mediador que nos reconcilió con su Eterno Padre y cooperó después ella misma en cierta manera a la obra de nuestra Redención, ofreciendo a su mismo Hijo, y sacrificándole en algún modo por la salvación de los hombres. De aquí podemos inferir que impreso tiene en el alma el deseo de nuestra salvación.

Nos admiramos algunas veces de lo poco que nos dice el nuevo Testamento acerca de las grandezas de la Santísima Virgen, y hasta los más tibios devotos de esta Señora desearan que el Evangelio se hubiese extendido más en sus alabanzas. Pero esto es puntualmente, dicen los Padres de la Iglesia, lo que debe hacernos formar mayor y más sublime concepto de esta Señora. El Espíritu Santo (dicen) que no ignoraba el fundamento en que debía cimentarse la grandeza de su Esposa, juzgó que sólo el título de Madre de Dios, bien explicado, supliría con ventajas todos los demás elogios; y una vez que hiciese conocer la divinidad del Hijo por una larga relación de milagros indubitables, no era posible después dejarse de tributar las mayores honras a la Madre de tal Hijo. Con efecto, estas dos solas palabras, Madre de Dios, bastan para contentar el mayor celo por la gloria de la Virgen. Quien penetrare bien todo su sentido, descubrirá un insondable fondo, por decirlo así, de méritos, de grandeza, y de confianza en su poderosa intercesión. Solamente los herejes no han podido jamás tomar el gusto a una devoción tan justa, tan sólida, tan racional, y que es una de las señales menos dudosas de predestinación.

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Fuente:
https://books.google.co.ve/books?id=Z90lPw1pLIEC&pg=PA88&lpg=PA88&dq=A%C3%B1o+Cristiano+o+Ejercicios+Devotos+Septiembre&source=bl&ots=Zhxb5Fw1sn&sig=ksRKZxo8e_H9IQ5pJdSJenHQwrE&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjdtIf1-P_OAhWHth4KHTv2ARAQ6AEIITAB#v=onepage&q=A%C3%B1o%20Cristiano%20o%20Ejercicios%20Devotos%20Septiembre&f=false 

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“Todos los que sufran Conmigo, que Me consuelan, y que constantemente calman la Ira de Mi Padre por adorar Mi Preciosa Sangre, reinarán Conmigo cuando Mi Reino Glorioso llegue.”

VIDENTE BERNABÉ NWOYE / OLO, ESTADO DE ENUGU, NIGERIA
(Con Aprobación Eclesiástica)
[1]

cristo-agonizante-gigante_1930 de Julio de 1999 / Hora: 12:00 m
Lugar: Centro de la Novena, Olo. 

DEJEN QUE LOS CORAZONES DE TODOS LOS QUE ESPERAN MI SELLO SE GOCEN.

In our meditation prayer during the Hour of Seal, I saw in a vision a chalice, which had the Two Hearts of Love on its top. Divine rays were radiating from above. As I was watching, the Agonizing Face of Jesus Christ appeared above the cloud on top of the chalice and the Two Hearts. He kept silent at first; He finally broke the silence and said:

Durante nuestra oración de meditación en nuestra Hora del Sello, tuve una visión de un Cáliz que tenía encima a los Dos Corazones de Amor. Rayos Divinos irradiaban desde arriba. Mientras miraba, el Rostro de Jesucristo Agonizante se apareció por encima de la nube, del Cáliz y de los Dos Corazones. Al principio, se mantuvo en silencio. Finalmente, rompió el silencio y dijo:

“My children, peace be with you all. Let the hearts of all who are waiting for My Seal REJOICE, for they have been sealed. All who opened their hearts for Me, who love, and console Me in My agony, will have the Tabernacle of My love in their hearts.

“Hijos Míos, la Paz esté con todos ustedes. Dejen que los corazones de todos los que están esperando por Mi Sello se GOCEN, pues ellos han sido sellados. Todos los que Me abrieron sus corazones, que Me aman y Me consuelan en Mi agonía, tendrán el Sagrario de Mi Amor en sus corazones.

Children, know also that all of you in whose hearts I built the Tabernacle of My Love, and all who love Me and are waiting for the mark of the Seal, have been given the Seal by the Angels of Seal. This is a great work of Divine Mercy.

Hijos, conozcan también que todos ustedes en cuyos corazones He construido el Sagrario de Mi Amor, y todos los que Me aman y están esperando por la marca del Sello, se les ha otorgado el Sello por los Ángeles del Sello. Ésta es una gran obra de la Divina Misericordia.

My children, who then shall remain faithful to this Seal I gave you today? Who shall remain in Me and I in him till the era of My Glorious Reign comes?

Mis hijos, ¿quién permanecerá fiel al Sello que hoy les he dado? ¿Quién permanecerá en Mí y Yo en él hasta que llegue la era de Mi Glorioso Reino?

Truly, I say to you that you will experience the same trials and difficulties that the Israelites of old underwent in the desert. They were delivered with the mark of seal on that midnight of Passover with the blood of animals. They all moved into the desert where they were purified.

Verdaderamente les digo, que experimentarán las mismas pruebas y dificultades que soportaron los Israelitas de la antigüedad en el desierto. Ellos fueron liberados con la marca del sello en esa medianoche de la Pascua con la sangre de animales. Todos ellos se movieron al desierto donde fueron purificados.

Children, do you know that only two men reached the Land of Promise. The rest died in the desert due to their disobedience of the laws given to them. Only very few will also enter the Land of Promise you are going to. This is why I informed you to renew this Seal always so as to remain in Me and I in you. Then, you will conquer.

Hijos, ¿saben ustedes que sólo dos hombres alcanzaron la Tierra Prometida? El resto murió en el desierto debido a su desobediencia a las leyes que se les habían dado. Del mismo modo, sólo muy pocos entrarán a la Tierra Prometida a la que se dirigen. Es por ello, que les informé que renovaran su Sello siempre, para permanecer en Mí y Yo en ustedes. Entonces, vencerán.

Be wise to follow the desert way. Carry your Cross and follow Me. Remember always that I am the Agonizing Jesus Christ. All who suffer with Me, who console Me, and constantly calm down the wrath of My Father, by adoring My Precious Blood, will reign with Me when My Glorious Era comes.

Sean sabios en seguir el camino desértico. Carguen su Cruz y síganme. Recuerden siempre que Yo Soy Jesucristo Agonizante. Todos los que sufran Conmigo, que Me consuelan, y que constantemente calman la Ira de Mi Padre por adorar Mi Preciosa Sangre, reinarán Conmigo cuando Mi Reino Glorioso llegue.

Children, you make MY FATHER happy by answering this call. Heaven rejoiced when they saw the large number of the children of Israel who are sealed. The Sorrowful Heart of My Mother is being consoled. Your act of love pleases Me much.

Hijos, al responder este llamado, ustedes hacen feliz a MI PADRE. El Cielo se gozó cuando vio el gran número de hijos de Israel que están sellados. El Doloroso Corazón de Mi Madre está siendo consolado. Su acto de amor Me complace mucho.

Receive My blessing. My Wounds and My Most Precious Blood will be your consolation in the hour of forsaking that is coming.

Reciban Mi bendición. Mis Llagas y Mi Preciosísima Sangre será su consuelo en la hora de abandono que viene.

The Immaculate Heart of My Mother will protect you. I bless you all. Remain sealed”.

El Inmaculado Corazón de Mi Madre los protegerá. Los bendigo a todos. Permanezcan sellados.”

Immediately the vision passed.

Inmediatamente la visión terminó.

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[1] Con aprobación Eclesiástica: Los Mensajes desde 1997 a 2000 fueron revisados por una Comisión Teológica, ordenada por el Obispo Antonio Mbuji, de Enugu. Todos ellos han recibido el Nihil Obstat del Reverendo Franciscano, Esteban Obiukwu, encargado de la Propagación de la Fe.
NIHIL OBSTAT:
Rev. Fr. Stephen Obiukwu,
Censor Deputatus, Chairman, Doctrine and Faith Committee,
Archdiocese of Onitsha, Anambra State, Nigeria,
1 July 1999

El Libro de Oraciones,
dictado por Jesús a Bernabé, ha recibido el Imprimatur del Obispo Ayo María Atoyebi, de la Diócesis de Ilorín.
IMPRIMATUR:
+ Ayo-Maria (OP),
Bishop of llorín Diocese,
Kawara State, Nigeria

Fuente: http://preciousblood95international.com/

Para descargar los Mensajes en PDF:
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Todos los Mensajes de Bernabé Nwoye publicados en este sitio:
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Presentación oficial de los libros de la “La Verdadera Devoción al Corazón de Jesús”

Presentación oficial que Margarita (Marga) y su director espiritual realizaron en Madrid el pasado Junio de 2016, sobre “La Verdadera Devoción al Corazón de Jesús”

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libros_margaSitio Oficial de La Verdadera Devoción al Corazón de Jesús. Libros Rojo, Azul y Blanco: http://vdcj.org/
Descarga gratuita en formato PDF de los Libros de La Verdadera Devoción Al Corazón de Jesús:  http://vdcj.org/la-vdcj-formato-electronico

Dictados de Jesús a Marga aquí publicados:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/dictados-de-jesus-a-marga/

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“Un fuerte llamamiento para el pleno retorno de toda la Iglesia militante a Jesús presente en la Eucaristía.”

Del Libro: “A los Sacerdotes hijos predilectos de la Santísima Virgen”
Locuciones interiores del Inmaculado Corazón de María al P. Stefano Gobbi

virgen-de-fatima_original8 de Agosto de 1986.
Rubbio (Vicenza), Mensaje de viva voz, dado después del rezo del Santo Rosario 

Madre de la Eucaristía

“Hijos predilectos, cómo rebosa de gozo mi Corazón al veros reunidos aquí en una peregrinación sacerdotal de adoración, de amor, de reparación y de acción de gracias a Jesús, mi Hijo y mi Dios, presente en la Eucaristía, para consolarle de tanto vacío, de tanta ingratitud y tanta indiferencia de que se ve rodeado por tantos hijos míos en Su real presencia de amor en todos los sagrarios de la tierra, sobre todo, por muchos de mis hijos predilectos, los Sacerdotes.

Gracias por la alegría que dais al Corazón de Jesús, que os sonríe complacido y estremecido de ternura por vosotros. Gracias también por la alegría que dais al Corazón Inmaculado de vuestra Madre Celestial en medio de su profundo dolor.

Yo soy la Madre del Santísimo sacramento.

Llegué a serlo con mi Sí, porque en el momento de la Encarnación, di la posibilidad al Verbo del Padre, de bajar a mi seno virginal y, si bien soy también verdadera Madre de Dios, porque Jesús es verdadero Dios, mi colaboración se concretó, sobre todo, en dar al Verbo la naturaleza humana, que le permitiera a Él, segunda persona de la Santísima Trinidad, Hijo coeterno del Padre, hacerse también Hombre en el tiempo y ser verdadero hermano vuestro.

Al asumir la naturaleza humana le fue posible realizar la obra de la Redención.

Por ser la Madre de la Encarnación, soy también Madre de la Redención.

Una Redención efectuada desde el momento de la Encarnación hasta el momento de Su muerte en la Cruz, donde Jesús debido a la humanidad asumida, ha podido realizar lo que no podía hacer como Dios: sufrir, padecer, morir, ofreciéndose en perfecto rescate al Padre y dando a Su justicia una reparación digna y justa.

Verdaderamente Él ha sufrido por todos vosotros, redimiéndoos del pecado y dándoos la posibilidad de recibir aquella vida divina, que se había perdido para todos en el momento del primer pecado, cometido por nuestros progenitores.

Mirad a Jesús mientras ama, obra, ora, sufre, se inmola desde su descenso a mi seno virginal hasta su elevación en la Cruz, en esta Su perenne acción sacerdotal, para que podáis comprender cómo Yo soy sobre todo Madre de Jesús Sacerdote.

Por esto soy también verdadera madre de la Santísima Eucaristía. No porque Yo lo engendre todavía en esta realidad misteriosa sobre el Altar.

¡Este ministerio está reservado sólo a vosotros, mis hijos predilectos!

Es un ministerio, empero, que os asemeja mucho a mi función maternal, porque también vosotros, durante la Santa Misa y por medio de las palabras de la Consagración, engendráis verdaderamente a mi Hijo.

Por Mí lo acogió el frío pesebre de una gruta, pobre e incómoda; por vosotros, lo acoge ahora la fría piedra de un altar.

Pero también vosotros, al igual que Yo, generáis a mi Hijo.

Por esto no podéis sino ser hijos de una particular, más bien particularísima, predilección de Aquella que es Madre, verdadera Madre de su Hijo Jesús.

Mas Yo también soy verdadera Madre de la Eucaristía, porque Jesús se hace realmente presente, en el momento de la Consagración, por medio de vuestra acción sacerdotal.

Con vuestro sí humano, dado a la poderosa acción del Espíritu, que transforma la materia del pan y del vino en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo, hacéis posible que Él tenga esta nueva y real presencia Suya entre vosotros.

Y se hace presente para continuar la Obra de la Encarnación y de la Redención, que le fue posible ofrecer al Padre por causa de su naturaleza humana, asumida con el Cuerpo que Yo le he dado. Así Jesús, en la Eucaristía, se hace presente con Su divinidad y con Su Cuerpo glorioso, aquel Cuerpo que le fue dado por vuestra Madre Celestial, verdadero Cuerpo nacido de María Virgen.

Hijos, el Suyo es un Cuerpo Glorioso, pero no uno diverso, o sea, no se trata de un nuevo nacimiento Suyo. En efecto, es el mismo Cuerpo que Yo le di: nacido en Belén, muerto en el Calvario, depositado en el Sepulcro y desde allí resucitado, pero asumiendo una forma nueva, Su forma divina, la de la gloria.

Jesús en el Paraíso, con Su Cuerpo Glorioso, sigue siendo hijo de María; así Aquel que, con Su divinidad, vosotros generáis en el momento de la Consagración Eucarística, es siempre hijo de María.

Yo soy, por tanto Madre de la Eucaristía.

Y, como Madre, Yo estoy siempre al lado de mi Hijo.

Lo estuve en esta tierra; lo estoy ahora en el Paraíso, por el privilegio de mi Asunción corporal al Cielo; estoy también donde Jesús está presente, en todos los Sagrarios de la tierra.

Así como Su Cuerpo Glorioso, estando fuera de los límites del tiempo y del espacio, le permite estar aquí delante de vosotros en el Sagrario de esta pequeña iglesia de montaña, le permite al mismo tiempo estar presente en todos los Sagrarios esparcidos por el mundo; así también vuestra Madre Celestial, con su cuerpo glorioso, que le permite estar aquí y en todas partes, se halla verdaderamente junto a todos los Sagrarios donde Jesús está custodiado.

Mi Corazón Inmaculado, le hace de vivo, palpitante, materno Sagrario de amor, de adoración, de gratitud y de perenne reparación.

Yo soy la Madre Gozosa de la Eucaristía.

Vosotros, hijos predilectos, sabéis bien que donde está el Hijo están también el Padre y el Espíritu Santo. Como en la gloria del Paraíso, Jesús está sentado a la derecha del Padre, en íntima unión con el Espíritu Santo, así también cuando, llamado por vosotros, se hace presente en la Eucaristía y se custodia en el Sagrario, acompañado por mi Corazón de Madre, junto al Hijo están realmente presentes el Padre y el Espíritu Santo, morando siempre allí la Divina y Santísima Trinidad.

Y, como ocurre en el Paraíso, también junto a cada Sagrario, está la presencia extasiada y gozosa de vuestra Madre Celestial.

Después están allí todos los Ángeles, dispuestos en sus nueve Coros de Luz, para cantar la Omnipotencia de la Santísima Trinidad, con diversas modulaciones de armonía y de gloria, como si quisieran exteriorizar, en grados diferentes, Su grande y divino poder.

Junto a los Coros Angélicos, se hallan también todos los Santos y Bienaventurados que propiamente de la luz, del amor, del perenne gozo y de la inmensa gloria, que brotan de la Santísima Trinidad, reciben un aumento continuo de su eterna y siempre creciente bienaventuranza.

A este supremo vértice del Paraíso suben también las profundas inspiraciones, los sufrimientos purificadores, la oración incesante de todas las almas del Purgatorio. Hacia él tienden con un deseo, con una caridad cada día más ardiente, cuya perfección es proporcionada a su progresiva liberación de toda deuda contraída por la fragilidad y por sus culpas, hasta el momento en que, perfectamente renovadas por el Amor, pueden asociarse al canto celestial que se forma en torno a la Santísima y Divina Trinidad, que mora en el Paraíso y en todos los Sagrarios, donde Jesús está presente, aún en los lugares más remotos y apartados de la tierra.

Por esto, junto a Jesús, Yo soy la Madre Gozosa de la Eucaristía.

Yo soy la Madre Dolorosa de la Eucaristía.

A la Iglesia triunfante y a la purgante, que palpitan en torno al centro del amor, que es Jesús Eucarístico, debería unirse también la Iglesia militante, deberíais uniros todos vosotros, mis hijos predilectos, religiosos y fieles, para componer con el Paraíso y con el Purgatorio un himno perenne de adoración y alabanza.

Por el contrario, Jesús hoy en el Sagrario está rodeado de tanto vacío, de tanto abandono, de tanta ingratitud.

Estos tiempos han sido predichos por Mí en Fátima por medio de la voz del Ángel, aparecido a los niños, a quienes enseñó esta oración:

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Te adoro profundamente, Te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes, de los sacrilegios y de la indiferencia de que está rodeado…”

Esta oración fue enseñada para estos tiempos vuestros.

Jesús hoy vive rodeado del vacío formado especialmente por vosotros Sacerdotes que, en vuestra acción apostólica, giráis a menudo inútilmente y muy en la periferia, yendo a las cosas menos importantes y más secundarias, olvidando que el centro de vuestra jornada sacerdotal debe estar aquí, delante del Sagrario, donde Jesús se halla presente y se guarda sobre todo por vosotros.

Está rodeado también de la indiferencia de tantos hijos míos, que viven como si Él no existiera, y, cuando entran en la Iglesia para las funciones litúrgicas, no se percatan de Su divina y real presencia entre vosotros. Con frecuencia Jesús Eucarístico es puesto en un rincón perdido, cuando debe ser colocado en el centro de la Iglesia y en el centro de vuestras reuniones eclesiales, porque la Iglesia es Su Templo, que ha sido construido en primer lugar para Él y después para vosotros.

Amarga profundamente a mi Corazón de Madre el modo con que Jesús, presente en el Sagrario, es tratado en tantas iglesias, donde es arrinconado, como un objeto cualquiera para usar en vuestras reuniones eclesiales.

Pero están sobre todo los sacrilegios que forman hoy, en torno a mi Corazón Inmaculado, una dolorosa corona de espinas.

En estos tiempos ¡cuántas comuniones y cuántos sacrilegios se cometen! Se puede decir que hoy ya no hay una celebración eucarística en la que no se hagan comuniones sacrílegas. ¡Si vierais con mis propios ojos cuán grande es esta plaga, que ha contaminado a toda la Iglesia y la paraliza, la detiene, la hace impura y tan enferma!

Si vierais con mis ojos, también vosotros derramaríais Conmigo lágrimas copiosas.

Por tanto, sed hoy vosotros mis predilectos e hijos consagrados a mi Corazón un fuerte llamamiento para el pleno retorno de toda la Iglesia militante a Jesús presente en la Eucaristía.

Porque sólo ahí está la fuente de agua viva, que purificará su aridez y renovará el desierto a que está reducida; sólo ahí está el secreto de la Vida, que abrirá para ella un segundo Pentecostés de gracia y de luz; sólo ahí está la fuente de su renovada santidad: ¡Jesús en la Eucaristía!

No son vuestros planes pastorales ni vuestras discusiones, no son los medios humanos en que ponéis tanta confianza y seguridad, sino sólo es Jesús Eucarístico quien dará a toda la Iglesia la fuerza de una completa renovación, que la llevará a ser pobre, evangélica, casta, despojada de todos los apoyos en que confía, santa, bella, sin mancha ni arruga, a imitación de vuestra madre Celestial.

Deseo que este mensaje mío se haga público, sea reseñado y se incluya entre los contenidos de mi libro.

Deseo que sea difundido en todo el mundo, porque de todas las partes de la tierra os llamo hoy a todos a ser una corona de amor, de adoración, de agradecimiento y de reparación sobre el Corazón Inmaculado de Aquella que es verdadera Madre –Madre Gozosa, pero también Madre Dolorosa– de la Santísima Eucaristía.

Os bendigo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

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“Cuando se profana un lugar, se señala para la invasión de los demonios. Queda señalado como lugar de preferencia para estar. Y para volver.”

Tomado del Libro: El Reinado Eucarístico
Dictados de Jesús a Marga

Marga_El Reinado Eucarístico-grande

09-12-2015

Jesús:

       (A propósito del recelo que provocan estas Locuciones en algunas personas).

¡Y qué poco saben ellas de lo que son Locuciones!

Yo hablo a toda persona en gracia, por supuesto. Y a los no-en gracia también. ¿O se van a creer los «graciosos» que sólo ellos tienen contacto con Dios? Dios habla a su pueblo. De una u otra manera. En gracia o en pecado. Santo de altar o pobre en los arrabales de la inmundicia del pecado.

Dios ama a su pueblo. Dios habla a su pueblo. No le deja sin asistencia. Y cuando quiere, envía a estos los Profetas. Que no es lo mismo que un hablar sencillo de todos los días y cotidiano de todas las almas, sino un Don excelso de Dios, que envía a través del Espíritu Santo y te capacita porque te sella y te unge, para una misión concreta dentro de la Iglesia y ad gentes. ¿Entendéis esto? Ah… ¡qué poco entendéis los Caminos de Dios…!

¿Tengo que llegar Yo a deciros: «Estudiad el Don de Profecía, no lo desdeñéis?» Pues os lo digo: «Estudiad el don de Profecía y discernid, y quedaos con lo bueno»[468]. «Ambicionad los Carismas mejores»[469]. Pero ambicionad sanamente, sin concupiscencia. Ambicionad para elevaros y ser santos.

Hala, hija, que te dejo, pues te esperan en casa.


20-12-2015
 

Virgen:

Estate en mi Paz, querida. ¡Ven a menudo a rezar! Sólo así es cuando alcanzarás la paz. No dejes que las otras cosas que te rodean y que, como ves, han empezado a revolverse, logren alejarte del Amor de Dios. ¡El Amor de Dios te está esperando! Te está esperando en Forma de Corazón. ¡Ah! ¡Ven a la Eucaristía! Ayer no fuiste.

Es verdad, Madre Amada.

Jesús lo entiende. Jesús perdona. ¡Pero Jesús te echa de menos!

Jesús nace. Viene a nacer. Y viene a nacer en sus más pequeños. En aquellos que lo sepan recibir.

Ayer cantasteis en mi Puerta del Sol[470]. ¿Te asombra que la llame así?

Sí.

¿Por qué se llama «Puerta del Sol»?

La Puerta. De Dios. El Sol es Cristo. La Puerta de Cristo Soy Yo. A través de mi Corazón se llega a Cristo, al Corazón de Cristo, por su Herida. ¡El Sol que debería alumbraros! ¡El Sol que ya no os calienta! El Sol que está apagado en este Madrid, por el «efecto invernadero» que llamáis[471]. No penetra. No penetran sus rayos. Os estáis muriendo envenenados por la contaminación. Pero es contaminación más bien de conciencias, de podredumbre del pecado, del demonio, el mundo y la carne. Que dejáis pasar mientras ocultáis el Sol y todo lo que debería alumbraros y dar calor.

En el centro de Madrid, antaño, ocurrieron las Profanaciones472. Cuando un lugar es Profanado, hay que hacer acto de desagravio. Y se limpia de la impureza del demonio. Pero si no se está atento y con el tiempo se descuida, ¡vienen a invadirlo siete demonios más!473 Cuando se profana un lugar, se señala para la invasión de los demonios. Queda señalado como lugar de preferencia para estar. Y para volver.

Habéis olvidado que el demonio puede volver. Puede volver. Y de hecho vuelve. Ha vuelto y ya está. Está otra vez instalado. En los lugares de culto. En las almas de mis sacerdotes. En las almas de los fieles, que caminan como difuntos. En las almas de la gente, hija, en las almas de la gente.

Yo quisiera que tú hicieras, sí. Preguntas: ¿qué puedo hacer yo? Y esa pregunta sí me vale, porque sigue con el texto que quiero decirte. Tranquila.

«Qué puedo hacer yo» —asiente— ¡Tantas cosas puedes hacer, hija…! de las que aun todavía hoy no eres consciente.

¡Te están esperando! ¡Eres la esperada! Ya sé que a ti te causa rechazo esta misión, pero has sido elegida para ella, precisamente por ello.

Te esperan. Cual hoy se espera al Niño. Te esperan. Si es que hoy se espera más un acontecimiento de este tipo: profético, más que al Niño Dios (Jesús). Mi Niño Jesús.

No te apenes, hija. Son los Tiempos. Son así. ¡Pero tú y Yo tomaremos, cambiaremos las tornas! ¡Haremos que, por Profecías, al que verdaderamente esperan es al Señor!

(Lo dice con tanta Ilusión, que enternece y admira).
Madre, me encuentro mejor.

Aparte de porque has desayunado —ríe— No. Es broma. Pero que aparte de por eso, es porque has parado a rezar principalmente. Principalmente es por eso. ¡No te mueras sin Agua, Margarita! ¡Ven a tomar el Agua de la Fuente que mana Amor, directamente! Sin intermediarios. Tú eres el hilo directo. Luego serás la intermediaria de esa Agua de la Fuente, para los demás. Pero primero ven a beber. Porque si la margarita se amustia…, poco puede hacer. Ya sé que eres pequeña como una margarita. Que tu tallo no alcanza. Ni siquiera alcanza a las grandes alturas.

¿Pero no ves que Yo he venido a tomarte para presentarte a Dios?

(La Virgen, grande. La veía como la puede ver una margarita desde el suelo de un campo verde, si tuviera ojos. Como esa película de niños en la que las plantas tienen vida, y los insectos, y ven así de grandes a los hombres. Ella venía, me arrancaba del suelo con delicadeza, pero me arrancaba. Y me llevaba al olfato de Dios. Y Él sonreía).
Las margaritas no huelen a perfume.

Ésta sí.

Ha remarcado con cariño y pasión las dos palabras.

________________________
[468] Cfr. 1 Ts 5,21.
[469] Cfr. 1 Co 12,31ss.
[470] Cantamos Villancicos en La Puerta del Sol, centro de Madrid.
[471] Unos días antes, me habían hablado de: «el efecto invernadero» en Madrid capital
[472] Antes y durante la Guerra Civil.
[473] Cfr. Mt 12,43-50.

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LOS SACERDOTES Y LOS RELIGIOSOS SON LA CAUSA DE ESTA GRAN AGONÍA.

VIDENTE BERNABÉ NWOYE / OLO, ESTADO DE ENUGU, NIGERIA
(Con Aprobación Eclesiástica)

4 de Marzo de 2002 / Hora: 12:00 mediodía
Lugar: Desierto del Monte Carmelo, Olo.

LOS SACERDOTES Y LOS RELIGIOSOS SON LA CAUSA DE ESTA GRAN AGONÍA.

During this hour, I saw a vision of a little Saint of God. She came down with a Rose flower in her hand and gently said:

Durante esta hora, tuve una visión de una pequeña Santa de Dios. Ella vino con una Rosa en su mano y sutilmente dijo:

“Little friends of Jesus, I am your daughter Cecilia. I was sent by the Agonizing Master to come and share this painful message of love with you. How do you enjoy these loving days in this desert? May Jesus who called you nourish your soul with His grace!

“Pequeños amigos de Jesús, yo soy su hija Cecilia. Fui enviada por el Maestro Agonizante para venir y compartir este doloroso Mensaje de amor con ustedes. ¿Cómo disfrutas de estos días de amor en el desierto? Que Jesús, Quien te llamó, nutra tu alma con Su Gracia.

Your Master is in great agony! Your mother is weeping deeply! The agony of the Two Hearts of Love is so great. The wrath of the Eternal Father is about to descend on poor humanity. Little friend of Jesus do you know why? 

¡Su Maestro está en gran agonía! ¡Su Madre está llorando profundamente! La Agonía de los dos Corazones de Amor es tan grande. La Ira del Padre Eterno está por caer sobre la pobre humanidad. Queridos amigos de Jesús, ¿saben por qué?

(Silencio).

The priests and the religious are the cause of the great agony. Jesus is weeping for His priests and religious who have lost the grace of chastity. Friend of Jesus, the sin is so great. I say, it is greater than you can imagine. Truly, I say to you, over 90% of the living Priests of God and the Religious are lacking the grace of chastity. From the ending of the 18thcenturyto the present, over 80% of the deceased priests and religious are in Hell because of sins of the flesh, the sin of impurity. Great, great is the number of poor humanity whom they have dragged to Hell with them. O what a painful loss!

Los Sacerdotes y los Religiosos son la causa de Su gran Agonía. Jesús está llorando por Sus Sacerdotes y Religiosos que han perdido la Gracia de la castidad. Amigos de Jesús, el pecado es tan grande. Les digo, es mayor de lo que pueden imaginar. Verdaderamente, les digo, que el 90% de los Sacerdotes y de los Religiosos vivos carecen de la Gracia de la castidad. Desde finales del siglo 18 hasta el presente, sobre el 80% de los Sacerdotes y Religiosos están en el Infierno por los pecados de la carne, el pecado de la impureza. ¡Grande! Grande es el número de la pobre humanidad que han arrastrado al Infierno consigo. ¡Oh, que pérdida tan dolorosa! 

Friend of the Beloved, Jesus is weeping deeply for His Church. See, His church has chosen the worldly and the sophisticated for her priests and religious rather than the pious and simple ones. Spirituality and holy fear of God’s commandments have been wiped out in the seminaries and convents. The fruit of chastity has been uprooted.

Amigos del Amado, Jesús llora profundamente por Su Iglesia. Vean cómo Su Iglesia ha escogido a los mundanos e inteligentes como sus Sacerdotes y Religiosos, en vez de los piadosos y sencillos. La espiritualidad y el temor a los Mandamientos de Dios se han desvanecido de los Seminarios y Conventos. El fruto de la castidad se ha desarraigado.

Friend of the Beloved, what pains Jesus most is the large number of His virgins whom those priests have defiled and caused to be lost. Worse, the Religious Sisters have engaged in this impure act with the Priests of the Living God. Great is their damnation.

Amigos del Amado, lo que más duele a Jesús es el gran número de Sus vírgenes que los Sacerdotes han deshonrado y han causado su condenación. Peor aún, las religiosas han participado en este acto impuro con los Sacerdotes del Dios Vivo. Grande es su condena.

Friend of the Beloved, Jesus said: “My Priests have wounded my virgins.  Many are lost. Many are sick; the very few that remain have no hope. Who will comfort them and tell my priests to change before the wrath of the Eternal Father descends? These little virgins are in the care of the Priests of the Living God. But see, they have turned against them to destroy them.

Amigos del Amado, Jesús dijo: “Mis Sacerdotes han herido a Mis vírgenes. Muchas se han perdido. Muchas están enfermas, y las pocas que quedan han perdido la esperanza. ¿Quién las consolará y le dirá a Mis Sacerdotes que cambien antes que descienda la Ira del Padre Eterno? Estas pequeñas vírgenes están bajo el cuidado de los Sacerdotes del Dios Vivo. Pero ves, ellos se han vuelto contra ellas para destruirlas.”

Friend of the Beloved, Heaven has cursed those leaders, priests and religious who have caused these virgins to fall. The Voice of Heaven says; “Woe to those leaders, those priests; and those religious whose way of life will cause any of these little angels on earth to lose their faith; the fire of Hell will not be enough to reward them. Their days on earth are cursed.

Hijos del Amado, el Cielo ha maldecido a estos líderes, Sacerdotes y Religiosos, que han hecho caer a estas vírgenes. La Voz del Cielo dice: “Ay de aquellos líderes, esos Sacerdotes y esos Religiosos, cuyo estilo de vida ha causado que cualquiera de estos pequeños ángeles de la Tierra hayan perdido su fe, el fuego del Infierno no será suficiente recompensa para ellos. Sus días en la Tierra están maldecidos.”

Friend of the Beloved, how those priests and religious will curse their vocation is so painful. Cursed shall be their hands that lifted the Body and Blood of the Son of God; these hands shall be devoured with the fire of Hell and in the bitter agony of the everlasting Hell, cursed be their mouth that preached Christ as the Saviour of the world whereas they are damned. When they remember their words of absolution, that had freed many from Hell while they themselves are damned their agony will multiply.

Amigos del Amado, es tan doloroso ver cómo estos Sacerdotes y Religiosos maldecirán sus vocaciones. Malditas serán las manos que levanten el Cuerpo y la Sangre del Hijo de Dios, estas manos serán devoradas con el fuego del Infierno y en la amarga agonía del Infierno eterno, maldecida por su boca que ha predicado a Cristo como el Salvador del mundo, cuando ellos se están condenando. Cuando recuerden sus palabras de absolución, que habrá librado a muchos del Infierno, mientras que ellos se condenaban, se multiplicará su agonía.

O, loving Priests of the Beloved, look at the bleeding face of your Master, He is calling you to return. Come and console the Agonizing Heart! Come and wipe the sorrowful tears of Your Queen. Jesus said to you, “Go and heal my wounded virgins. Comfort my little angels; sow the seed of chastity again in the world. Train up more virgins in the world.

Oh, amados Sacerdotes del Amado, miren el Rostro Sangriento de su Maestro, Él los está llamando de regreso. ¡Vengan y consuelen el Corazón Agonizante! Vengan y limpien las Lágrimas de dolor de su Reina. Jesús les dijo: “Vayan y sanen a Mis vírgenes que yacen heridas. Consuelen a Mis pequeños ángeles. Siembren la semilla de la castidad de nuevo en el mundo. Entrenen a más vírgenes en el mundo.”

Our Queen’s appeal: “Let the Priests and Religious of my Beloved Son dedicate themselves to the Precious Blood of my Son, Jesus. Let them receive the Rose of Perfect Purity. I will obtain for them the grace they need.

El llamado de Nuestra Reina: “Que los Sacerdotes y Religiosos de Mi amado Hijo, se Consagren a la Preciosa Sangre de Mi Hijo Jesús. Que ellos reciban la Rosa de la Perfecta Pureza. Yo obtendré para ellos la Gracia que necesitan.

Little friends of Jesus, when you obtain the Rose of Perfect Purity, kiss the Perfect Rose often and offer its merits to the Eternal Father for the purity of priests and religious saying:

Pequeños amigos de Jesús, cuando ustedes obtengan la Rosa de la Perfecta Pureza, besen la Perfecta Rosa a menudo y ofrezcan sus méritos al Padre Eterno por la pureza de los Sacerdotes y Religiosos, diciendo:

“Eternal Father, I kiss this Perfect Rose with love. (Here kiss your Rose). This rose, which your love offered me, reminds me of my Vow of Purity. I offer its merits together with the suffering of the martyrs of chastity in union with the Most Precious Blood of your Son, Jesus, for the purity of your priests and religious. And for the purity of all your people, Amen.

“Padre Eterno, beso esta Rosa Perfecta con amor. (Besar la Rosa). Esta Rosa, que Tu Amor Me ofreció, me recuerda mi voto a la pureza. Ofrezco sus méritos unidos al sufrimiento de los mártires de la castidad, en unión con la Preciosísima Sangre de Tu Hijo Jesús, por la pureza de los Sacerdotes y Religiosos; y por la pureza de toda Tu gente. Amén.”

”Say this prayer always with one ‘Our Father’, one ‘Hail Mary’, and one ‘Glory be to God’. Jesus promises to refine the rotten world and purify His priests and religious with this loving offering. The number of virgins will increase as well.

Di siempre esta oración con un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria a Dios. Jesús promete purificar al mundo podrido y purificar a Sus Sacerdotes y Religiosos con esta ofrenda de amor. El número de vírgenes también aumentará.

Friend of the Beloved, do not be a gossip. Agonize with Jesus and pray always for the restoration of all things. Jesus is happy with you for responding to His call of mortification. He wishes you to remain in His Love.

Amigo del Amado, esto no sea ocasión de chisme. Agonicen con Jesús y oren siempre por la restauración de todas las cosas. Jesús está feliz contigo por responder a Su llamado de mortificación. Él desea que tú permanezcas en Su Amor.

I pray for you and all the little angels of the earth. May Jesus who called you fill you with His Spirit.  Remain in His peace. Bye.”

Oro por ti y por todos los pequeños ángeles de la Tierra. Que Jesús, Quien los llamó, los llene con Espíritu. Permanezcan en Su Paz. Adiós.”

She waved and vanished in the cloud. Immediately, the whole vision passed.

Ella se despidió y se desvaneció en la nube. Inmediatamente la visión terminó.

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Fuente: http://preciousblood95international.com/

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“Se os avecina ya la guerra y no os encontráis preparados. Guerra contra la Eucaristía.”

Tomado del Libro: El Reinado Eucarístico
Dictados de Jesús a Marga

Marga_El Reinado Eucarístico-grande

06-12-2015

Jesús:

No te he llamado a que no tengas ningún defecto, y seas irreprochable, en el sentido de sin mácula, perfecta por dentro y por fuera, inmaculada… Porque «Inmaculada» sólo lo es Dios, y la Inmaculada.

Dios quiso hacerse una criatura humana perfecta, y se hizo a la Virgen. Aunque Ella, como Inmaculada que es, buscará siempre perfeccionarse más y más. Ya lo hizo. Porque perfeccionarse siempre se puede, aun incluso Ella. Y la más mínima imperfección le duele.

¿Qué imperfección puede tener Ella?

Ella siempre piensa que puede mejorar, aun incluso ahora, cuando trata con vosotros, piensa que puede mejorar en la forma de deciros las cosas. Y vuelve y vuelve a decíroslas. ¡Como si que no lo hagáis hubiera dependido de Ella! Sabe que no, no se angustia por Ella, se angustia por vosotros. Se angustia porque no seguís los Caminos de la Salvación. Ni aun incluso tú. 

¡Ah, la Inmaculada! ¡Quién fuera como Ella! Yo a Ella la tengo que decir: «Tranquila, parece que no, pero Margarita lo logrará».

¿Sí?

Sííííí… Sí, se lo tengo que decir, que es lo que preguntas con tu «¿sí?», ¡y sí lo lograrás! Tranquila, hija. ¡Tranquilas las dos! A veces os ponéis nerviosas.

¿Nerviosa Ella?

No como tú, nerviosa con concupiscencia, sino con la ansiedad, el anhelo, de que todos los hombres me alaben y me bendigan, me amen y lo demuestren con sus obras. Teme, sobre todo de los que han recibido tanto y no responden.

(Me mira. Cariñoso).

¡Ah!, ¡pequeña hija! ¡Ven aquí, ratoncito díscolo!! Que no aguanto mucho más estar serio contigo. ¡Me tienes robado el Corazón! Mi Corazón es tuyo, amada paloma de mi alma[455].

No me lo merezco.

¿Y quién ha dicho que te lo merezcas, o que os lo merezcáis cualquiera de vosotros? Sólo se lo mereció mi Madre. Y ni aun Ella se lo cree. Mucho menos vosotros. ¡Pero no estamos hablando de merecimientos propios de mis criaturas! ¡Estamos hablando del Amor de Dios!!

(Hay gente hablando en la capilla).

Y te digo: vete, y en adelante, no peques más[456], como ahora les digo a éstos, o les diría a éstos si se arrepintieran y me escucharan. Pero no se pueden arrepentir, ¿y quieres saber por qué? No se pueden arrepentir porque nadie se lo ha dicho. Nadie se los dice. Y si nadie se «los»[457] dice, ¿cómo van a creer?[458] ¿Cómo pensar y cómo arrepentirse? ¿Cómo venir a Mí implorando el perdón? El perdón merecido, sí, he dicho «merecido», porque cuando uno se arrepiente, merece el perdón. En eso sí merecéis. Es en lo único que podéis merecer: en el arrepentimiento. ¿Te digo por qué? Pues te digo por qué, y es por mis Merecimientos. Porque vosotros, arrepintiéndoos merecéis los Merecimientos de Dios, los méritos que adquirió Dios por medio de vuestro Señor Jesucristo para todos vosotros, para que os salvéis, para que fuerais santos e irreprochables ante Él[459].

¡Ah! ¡Qué poco lo comprendéis a veces! Que a veces encuentro teólogos que no lo comprenden.

Lo comprenden peor que yo.

Sí, lo comprenden peor que tú.

(Ríe por mi ocurrencia espontánea).

Es que no se les ha sido revelado, como a ti.

Por eso Yo, a ellos, no les voy a pedir tanto.

Por eso es que Yo, cuando uno de vosotros se arrepiente, quedo absolutamente «sin defensas», quiero decir: sin poder aplicar mi Ira.

¡Oh, tu Ira!

Oh, mi Ira. Y no queráis nunca haceros depositarios (blanco) de ella, no queráis.

¡Jesús, socorro!, ¡no puedo conocer lo que hay en los corazones de los hombres, y no juzgar! ¿Cómo harás Tú el corazón de los sacerdotes, que no nos juzgan al conocer nuestros pecados?

El corazón de mis hijos sacerdotes es formado en el Corazón Tierno de la Virgen María, que no juzga pese a conocer todas vuestras culpas. No juzga nunca, perdona siempre, ¡y aborrece el pecado! ¡Lo aborrece más que ninguna otra persona! Y sin embargo, cura, lava, sana… y traga su asco. Sí, su asco, porque siente asco más que ninguna otra persona, del dolor infringido a Jesús. ¡Eso que a veces vosotros sois tan indiferentes!, ¡tan traicioneros!, ¡tan caraduras!, y no le dais importancia. Y sobre uno ponéis otro, sin que os importe nada. A Ella le duele más que a ninguna otra persona, Ella lo aborrece más que ninguna otra. Pero Ella siempre está ahí, para amar, para sanar.

[460]Ah, mi Juana… Ahora te diré lo que has de hacer y lo que has de decirles.

Te he dicho lo que no tenías que hacer: entregar Mensajes personales a la gente. Y es bueno que la gente sepa, que en el devenir de su vida, Dios se les manifiesta diariamente, y que no necesitan ir a manifestaciones extraordinarias para saber lo que tienen que hacer. Yo les hablo a través de su vida espiritual, sus confesores, sus directores, sus superiores… Si Yo tengo un Mensaje personal, se lo haré saber, pero que no lo esperen para moverse. Es el Espíritu Santo que se manifiesta directamente sobre ellos.

Tú no, tú no estás aquí para darle un Mensaje personal a cada uno. Como un bomboncillo. Como quien reparte piruletas. Tú estás aquí para cumplir la Voz de Dios. Es más, y cuanto más esa Voz de Dios sea discreta, mejor.

¿No un Mensaje sobre la Defensa de la Eucaristía?

No, no como ellos se esperan.

Creen que de aquí han de salir con una Consagración Eucarística[461].

Mira, querida, si es una entrega sincera, no necesitan Consagración.

Están las Consagraciones a la Virgen.

Vuestra renovación de las Consagraciones.

¿Vivís vuestra Consagración del año pasado?

¿Es tan recia y tan auténtica tu vida, a la que puedes añadirle otra Consagración más profunda?

Estoy intentando recordar la fórmula.

Ni aun tú misma la recuerdas. Señal de que la has renovado muy pocas veces.

¿Y la anterior? ¿De ofrecerte como pelotita de juego de Jesús?[462] ¿La vives? ¿De verdad que quieres añadir aún otra Consagración mayor?

Aquí[463] sí me encontraré con las grandes entregas, las grandes oblaciones. Y serán en estos Ejercicios.

¿La gente adulta no está haciendo bien los Ejercicios? Sí, sí los está haciendo. Pero antes de añadir una superior entrega hay que vivir la anterior. Lo están haciendo bien, para hacerse conscientes de vivir lo anterior.

No, no te voy a dar la Consagración Eucarística.

Deberíais preguntaros: ¿Os habéis dejado pulir y purificar por María en la Patena de su Corazón?

(Es algo que pone en la fórmula del año pasado).

Queridos: ¡Cuántos habéis olvidado esa Consagración en vuestros días! En vuestro día a día. ¡Y ahora queréis ser ya presentados como ofrenda purificada en el Altar de la Consagración, junto con mi Corazón! ¿De verdad queréis?

Mirad: antes de venir a hacer esto, debéis cumplir con las Promesas de vuestro Carisma:

  1. Amar y hacer amar al Corazón Eucarístico de Jesús.
  2. Amar y hacer amar a María, Madre de la Eucaristía.
  3. Amar y defender con la vida a la Iglesia y al Papa, siendo fiel a su Doctrina.

¡Cuántos esperarán el Tercer Libro para saber acontecimientos, y qué pocos para convertirse! Cuando uno ya se encuentra veterano, tiene más callo.

Por eso tú no vas a salir en medio de ellos y decirles: tengo un Mensaje para vosotros: preparaos esta Consagración.

Para hacer la Consagración que un día me haréis, estaréis tres días de Retiro, y sólo me la harán los elegidos, que no quiero desertores ni traidores.

Uno puede consagrarse a la Virgen, simplemente para llevar en su alma un sello de defensa contra el ataque del mal. ¡Y no es poco! Pero las Consagraciones son más que procurar una defensa propia. Es una entrega, una entrega a los que (Ella) Dios quiera.

¿No dice el Padre que está un poco harto de papeles de Consagraciones y Promesas sin cumplir? Algunos sois especialistas.

Pero esto Yo no quiero que se haga de repente, en dos días o día y medio planeado…[464]. Quiero que a la hora de hacerlo, se medite bien y se sepa qué se va a hacer.

Así como un joven que hoy empieza, no le puedes pedir que el domingo se consagre a la Inmaculada[465], porque no sabrá qué es. Pues lo mismo a vosotros: si no habéis vivido las etapas anteriores, ¿cómo vais a vivir esta nueva?

Se os avecina ya la guerra y no os encontráis preparados. Guerra contra la Eucaristía.

Sí: ¿por qué te llamamos Juana? ¿Juana necesita un Ejército? Sí, hija, sí… lidéralo. Tienes que liderarlo.

¿Qué te parece las primeras pruebas del Amor? Ama para corregir. Y ama para no juzgar. Ama para seguir[466].

(Me dice algo así como: «La misión que quiero que hagas para Mí es adéntrate en mi Herida». Y lo dice cuando la he mirado, y he visto la sangre chorreando que está en la imagen. Y Él sonríe).

Este es tu principal proyecto. Este es tu proyecto, tu principal misión. De ti no quiero otra. Mejor dicho, mientras no hayas hecho esto, de adentrarte por mi Herida, ver, y luego ir a contar al Resto, no emprendas otras misiones.

Y ahora, quédate aquí contemplando esto. ¡Porque aún no lo has hecho!, no lo has hecho, Marga, no lo has hecho.

¿Cuál es la persona que contempla mi Herida? ¡Ah…!, la persona que contempla mi Herida, es la persona siempre sonriente y que siempre tiene una mirada de cariño para todos, aun para los que le han hecho daño o procurado mal, y a los que le caen mal.

¿Crees tú que el Hijo del Hombre no tendría también personas que le caen mal? En la tierra, mientras vivía, ¡me caían mal los fariseos! Los fariseos eran personas antipáticas y prepotentes, que iban por la vida con ojos altaneros, y que no tenían amor al pobre y a la viuda, y que perseguían al Hijo del Hombre. Los fariseos, no eran simpáticos… Las personas antipáticas, ¡no me pueden caer bien! Yo, que Soy la Bondad y la Verdad Personificada.

Por eso: ¡esforzaos continuamente en ser esas personas simpáticas que buscan mi Reino! Y si algún hermano tuyo corre y le dice: «Oye, eres antipático», corre tú también a corregirte y a ser todo lo simpático que puedas. ¿No es simpático tu Jesús? ¿Es que ya has adquirido su Simpatía totalmente? Sé simpático, todo lo que puedas para agradar a los hombres[467], ¡pero para agradar a Dios, que es lo que cuenta! Yo era la Simpatía Personificada.

Querida: ¡Ven a adentrarte por mi Herida…! Es lo que quiero de ti.

(Y me arrastra por mi brazo hacia él, hacia adentro de Él. Por la puerta de su Herida).
¡Oh… qué Maravilloso! Jesús… ¡quién se quedara aquí! (Me entra como una flojera y me relajo muchísimo, dentro de Él. De su Amor).
(Va a terminar el rato de oración. Me pongo de rodillas para despedirme porque Él es obediente, y sí termina la oración, termina Él, tal y como ha dicho el Padre que a menos cuarto hay que acabar. Pues a menos 4 m de menos cuarto, Él va cesando).

________________________
[455] Cfr. Ct 2,14; 5,2; 6,9; etc.
[456] Cfr. Jn 8,11; 5,14.
[457] Pensaba si había escuchado mal. Pero sí, dice: «Se los dice».
[458] Cfr. Rm 10,14.
[459] Cfr. Ef 1,4.
[460] Miro mi medalla de Juana de Arco, que llevo en la muñeca.
[461] Lo habíamos hablado antes de venir.
[462] Una personal mía de unos Ejercicios anteriores, que también le pidió al Padre que la hiciera.
[463] Entre los jóvenes.
[464] Como hubiera sido aquí, en estos Ejercicios, si me la llega a dar.
[465] Hoy día 6, decirle: «El día 8, conságrate a la Inmaculada».
[466] Esta ha sido la primera prueba para probar mi Amor: Corregir, no juzgar, y seguir pese a lo que pase. Con Amor.
[467] Para hacer la vida agradable a los que te rodean.

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Especial de la Virgen de La Salette en su Día

19 de Septiembre – 170º Aniversario
Año: 1846 / Lugar: La Salette, Francia
Aparición de la Virgen Lacrimosa de La Salette
Videntes: Melanie Calvat (1831-1904), de 15 años y Maximino Giraud (1835-1875), de 11 años.

El Secreto Completo de La Salette
Narrado por Melanie Calvat 

La Aparición de la Virgen en la Salette narrada por Sor María de La Cruz, Víctima de Jesús, nacida Melanie Calvat, Pastora de la Salette. Castellamare, 21 de Noviembre de 1878.[1]

I

El 18 de Setiembre, víspera de la santa Aparición de la Santa Virgen, me encontraba sola, como de costumbre, cuidando las cuatro vacas de mis amos. Hacia las once de la mañana vi venir hacia mí un muchachito. Al verlo, me asusté, pues me parecía que todo el mundo debía ya saber que yo huía toda clase de compañía. El niño se me acercó y me dijo: —”Pequeña, voy contigo. Yo soy también de Corps”. Ante estas palabras mi mal genio se hizo ver enseguida, y retrocediendo unos pasos, le dije: —”No quiero a nadie aquí, quiero estar sola”. Luego me alejé, pero el niño me seguía diciéndome: —”Vamos, déjame estar contigo, mi patrón me dijo que viniera a cuidar mis vacas con las tuyas; soy de Corps”.

Me alejé de él haciéndole saber por señas de que no quería a nadie allí. Una vez alejada, me senté sobre la hierba. Allí conversaba con las florecitas de Dios.

Un momento después miro detrás de mí y encuentro a Maximin sentado muy cerca. Enseguida me dijo: “Déjame estar a tu lado, me portaré bien”. Pero mi mal genio no entendió razones. Me levanto con precipitación, huyo un poco más lejos sin decirle nada, y me pongo a jugar nuevamente con las flores de Dios. Al instante, Maximin estaba otra vez allí diciéndome que se portaría bien, que no hablaría, que se aburriría estando solo, que su patrón le había mandado conmigo… etc. Esta vez tuve lástima, le indiqué que se sentara, y continué con las flores de Dios.

Maximin no tardó en romper el silencio; se puso a reír (creo que se burlaba de mí); lo miro y me dice: —”Divirtámonos, juguemos a algo”. No le contesté nada, pues yo era tan ignorante que, habiendo estado siempre sola, no comprendía nada acerca de jugar con otra persona. Me entretenía sola con las flores y Maximin, acercándose a mi lado, no dejaba de reírse, diciéndome que las flores no tenían orejas para oírme y que debíamos jugar juntos. Pero a mí no me gustaba el juego que me proponía. Sin embargo, empecé a hablarle, y él me, dijo que pronto iban a terminar los diez días que debía pasar con su patrón y que luego iría a Corps a casa de su padre, etc.

Mientras me hablaba, se oyó la campana de la Salette; era el Ángelus. Con un gesto le indiqué a Maximin que elevara su alma a Dios. Se descubrió la cabeza y guardó silencio por un momento. Luego le dije: —”¿Quieres comer? —Sí, me dijo. Vamos. “Nos senta­mos; saqué de mi bolsa las provisiones que me habían dado mis patrones y, según mi cos­tumbre, antes de cortar mi pequeño pan redondo hice una cruz sobre él con la punta de mi cuchillo y un agujerito en el medio, diciendo: —”Si el diablo está allí, que salga, si Dios está allí, allí se quede” y rápido, muy rápido recubrí el agujerito. Maximin lanzó una car­cajada y dio un puntapié a mi pan que se escapó de entre mis manos, rodó hasta el fondo de la montaña, y se perdió.

Yo tenía otro pedazo de pan. Lo comimos juntos. Después, jugamos. Luego, dán­dome cuenta que Maximin debía tener necesidad de comer, le señalé un lugar de la mon­taña cubierto de pequeños frutos. Le aconsejé comer algunos, cosa que hizo de inmediato; comió, y trajo su gorra llena. Al anochecer, bajamos juntos la montaña, y nos prometimos volver a cuidar juntos nuestras vacas.

 melanie-y-maximineAl día siguiente, 19 de setiembre, me encuentro caminando nuevamente con Maxi­min; trepamos juntos la montaña. Encontraba a Maximin muy bueno, muy simple y que hablaba con gusto de lo que yo quería hablar; era también muy dócil, sin aferrarse a su sentimiento; sólo era un poco curioso, pues, cuando yo me alejaba de él, en cuanto me veía detenerme, corría rápidamente a ver lo que hacía y oír lo que decía a las flores de Dios, y, si no llegaba a tiempo, me preguntaba qué había dicho. Maximin me dijo que le enseñara un juego. La mañana estaba avanzada; le dije que juntáramos flores para hacer el “Paraíso”.

Nos pusimos los dos a la obra. Pronto tuvimos una buena cantidad de flores de dis­tintos colores. Se oyó el Ángelus de la villa, pues el cielo estaba sereno y sin nubes. Des­pués de haber dicho a Dios lo que sabíamos le dije a Maximin que debíamos llevar nues­tras vacas a un pequeño terreno, cerca de una pequeña barranca donde habría piedras para construir el “Paraíso”. Llevamos nuestras vacas al lugar señalado y enseguida hicimos nuestra pequeña cena. Luego, nos pusimos a llevar las piedras y a construir nuestra casita que consistía en una planta baja que se decía nuestra habitación y Luego un piso encima que era, según nosotros, el “Paraíso”.

Este piso estaba todo adornado de flores de distintos colores con coronas suspendidas de tallos de flores. El “Paraíso” estaba cubierto por una sola y ancha piedra que habíamos recubierto de flores; habíamos colgado también coronas a su alrededor. Terminado el “Pa­raíso” lo contemplamos; nos vino el sueño, nos alejamos dos pasos de allí, y nos dormimos sobre la hierba.

Sin hacerlo caer, la Bella Señora se sienta sobre nuestro “Paraíso”.

II

Al despertarme y no ver nuestras vacas llamo a Maximin y trepo el pequeño montículo. Habiendo visto que nuestras vacas estaban tranquilamente recos­tadas, yo bajaba de allí y Maximin subía, cuando, de pronto, veo una bella luz más brillante que el sol, y apenas he podido decir estas palabras: —”¿Maximin, ves, allá? ¡Ah! ¡Dios mío! “Al mismo tiempo dejo caer el bastón que tenía en la mano. No sé qué de delicioso acontecía en mí en ese momento, pero yo me sentía atraída, sentía un gran respeto lleno de amor, y mi corazón hubiera que­rido correr más rápido que yo.

Yo miraba fijamente esta Luz que estaba inmóvil, y, como si ella se hubiese abierto, percibí otra Luz mucho más brillante, y que estaba en movimiento y, en esta Luz, una Bellísima Señora sentada sobre nuestro “Paraíso” con la Cabeza en­tre Sus Manos. Esta Bella Señora se ha levantado, ha cruzado un poco Sus Brazos, y mirándonos, nos ha dicho:

“Acercaos, hijitos Míos, no tengáis temor, estoy aquí para anunciaros una gran noticia.”

Estas dulces y suaves palabras me hicieron volar hacia Ella, y mi corazón hubiese querido estrecharse a Ella para siempre. Habiendo llegado muy cerca de la Bella Señora, frente a Ella, a su derecha, comienza Ella Su discurso y también las Lágrimas comienzan a correr de Sus bellos Ojos.

 “Si Mi pueblo no quiere someterse estoy forzada a dejar libre la Mano de Mi Hijo. Es tan grave y pesada que no puedo retenerla más.

¡Hace cuánto tiempo que sufro por vosotros! Si quiero que Mi Hijo no os abandone, debo rogarle sin pausa. Y en cuanto a vosotros, no hacéis caso de ello. Por más que roguéis, por más que hagáis, jamás podréis recompensar la pena que Me he tomado por vosotros.

Os he dado seis días para trabajar, Me he reservado el séptimo, y no se quiere acordármelo. Esto es lo que hace tan pesado el Brazo de Mi Hijo.

Los que conducen los carros no saben hablar sin introducir el Nombre de Mi Hijo en sus juramentos. Son ambas cosas lo que hacen tan pesado el Brazo de Mi Hijo.

Si la cosecha se echa a perder, sólo es a causa de vosotros.

Os lo he hecho ver el año pasado con las papas. Vosotros no habéis hecho caso de ello; al contrario, cuando encontrabais las echadas a perder jurabais y usabais el Nombre de Mi Hijo. Ellas seguirán echándose a perder; en Navidad no habrá más.”

Aquí yo trataba de comprender la palabra “pommes de terre”; creía com­prender que significaba “pommes” (papas). La Bella y Buena Señora, adivi­nando mi pensamiento, continuó así:

 “¿No lo comprendéis, Mis hijitos? Os lo diré de otra manera.”

La traducción en francés es la siguiente:

virgen-de-la-salette-257-majestade“Si la cosecha se arruina es sólo por vosotros; os lo he hecho ver el año pasado con las papas y vosotros no habéis hecho caso de ello, al contrario, cuando encontrabais las arruinadas, jurabais y usabais el Nombre de Mi Hijo. Van a seguir echándose a perder, y en Navidad no habrá más.

Si tenéis trigo, no hay que sembrarlo.

Todo lo que sembréis, lo comerán las bestias, y lo que crezca, caerá hecho polvo al cernirlo. Va a venir una gran hambre. Antes que el hambre venga, los niñitos menores de siete años tendrán un temblor, y morirán entre las manos de las personas que los sostengan; los demás harán penitencia con el hambre. Las nueces se echarán a perder, los racimos se pudrirán.”

Aquí, la Bella Señora, que me tenía encantada, quedó un momento sin ha­cerse oír; veía, sin embargo, que seguía moviendo graciosamente sus amables labios como si hablase. Maximin recibía entonces su secreto. Luego, dirigién­dose a mí, la Santísima Virgen me habló, y me dio un secreto en francés. He aquí este secreto, tal como Ella me lo ha dado:

III

  1. “Melanie, lo que voy a decirte ahora no permanecerá siempre en secreto. Podrás publicarlo en 1858.
  1. Los Sacerdotes, Ministros de Mi Hijo, los Sacerdotes, por su mala vida, por sus irre­verencias y su impiedad al celebrar los Santos Misterios, por amor del dinero, por amor del honor y de los placeres, los Sacerdotes se han transformado en cloacas de impureza. Sí, los Sacerdotes reclaman venganza, y la venganza está suspendida sobre sus cabezas. ¡Desdicha de los Sacerdotes y las personas Consagradas a Dios que, por sus infidelidades y su mala vida, Crucifican de nuevo a Mi Hijo! Los pecados de las personas Consagradas a Dios claman al Cielo, y llaman la venganza, y he aquí que la venganza está a sus puertas, pues no hay más nadie para implorar misericordia y perdón para el pueblo; no hay más almas genero­sas, no hay más persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno en favor del mundo.
  1. Dios va a golpear de una manera sin ejemplo.
  1. ¡Desdichados los habitantes de la Tierra! Dios va a agotar Su Cólera, y nadie podrá sustraerse a tantos males reunidos.
  1. Los jefes, los conductores del pueblo de Dios, han descuidado la oración y la peni­tencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias; se han convertido en esas estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los que reinan, en todas las sociedades y en toda las familias; se sufrirán penas físicas y morales; Dios abandonará los hombres a sí mismos y enviará Castigos que se sucederán durante más de treinta y cinco años.
  1. La sociedad está en la víspera de las plagas más terribles y de los más grandes acontecimientos; hay que esperar ser gobernado por una vara de hierro y beber el cáliz de la Cólera de Dios.
  1. Que el Vicario de Mi Hijo, el Soberano Pontífice Pío IX, no salga más de Roma después del año 1859; pero que sea firme y generoso, que combata con las armas de la fe y del amor; Yo estaré con él.
  1. Que desconfíe de Napoleón; su corazón es doble y cuando querrá ser a la vez papa y emperador, enseguida Dios se retirará de él; él es esa águila que, queriendo siempre elevarse, caerá sobre la espada con que deseaba servirse para obligar a los pueblos a elevarle.
  1. Italia será castigada por su ambición al querer sacudirse el yugo del Señor de los Señores; también ella será entregada a la guerra, la sangre correrá por todas partes; las iglesias serán cerradas o profanadas; los Sacerdotes, los Religiosos serán expulsados; se los hará morir y morir de una muerte cruel. Muchos abandonarán la Fe y será grande el nú­mero de los Sacerdotes y Religiosos que se apartarán de la verdadera religión; entre estas personas habrá incluso Obispos.
  1. Que el Papa se cuide de los hacedores de milagros, pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar sobre la Tierra y en los aires.

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  1. En el año 1864, Lucifer con un gran número de demonios serán soltados del in­fierno: abolirán la fe poco a poco, incluso en las personas Consagradas a Dios; los cegarán de tal manera, que, a menos de una Gracia particular, estas personas tomarán el espíritu de esos ángeles malos; muchas casas religiosas perderán enteramente la fe y perderán muchas almas.
  1. Los malos libros abundarán sobre la Tierra y los espíritus de las tinieblas exten­derán en todas partes un relajamiento universal para todo lo que concierne al servicio de Dios; tendrán un gran poder sobre la naturaleza; habrá iglesias para servir a estos espíritus. De un lado a otro serán transportadas personas por estos malos espíritus e incluso Sacer­dotes, pues ellos no se habrán conducido según el buen espíritu del Evangelio, que es espíritu de humildad, de caridad y de celo por la Gloria de Dios. Se resucitará a muertos y a justos [es decir que esos muertos tomarán la figura de almas justas que han vivido sobre la Tierra, con el fin de seducir mejor a los hombres; éstos, que se dicen muertos resucitados, que no serán sino el demonio bajo sus figuras, predicarán otro Evangelio contrario al del verdadero Cristo-Jesús, negando la existencia del Cielo o aún las almas de los condenados. Todas estas almas parecerán unidas a sus cuerpos] (nota de Melanie). Habrá en todas partes prodigios extraordinarios, puesto que la verdadera fe se ha extinguido y la falsa luz ilumina al mundo. Desdichados los Príncipes de la Iglesia que sólo se hayan ocupado en acumular riquezas sobre riquezas, en salvaguardar su autoridad y en dominar con orgullo.
  1. El Vicario de Mi Hijo tendrá mucho que sufrir, pues, por un tiempo, la Iglesia será librada a grandes persecuciones; esto será el tiempo de las tinieblas; la Iglesia tendrá una crisis terrible.
  1. Olvidada la santa fe de Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos, todo orden y toda justicia serán pisoteados; sólo se verán homicidios, odio, celos, mentira y discordia, sin amor por la patria ni por la familia.
  1. El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio.
  1. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida sin poder dañarle; pero ni él ni su sucesor… verán el triunfo de la Iglesia de Dios.
  1. Los gobiernos civiles tendrán todos, un mismo designio, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso para hacer lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios.
  1. En el año 1865 se verá la abominación en los lugares santos; en los conventos, las flores de la Iglesia se pudrirán y el demonio se hará como rey de los corazones. Que los que están a la cabeza de las comunidades religiosas tengan cuidado con las personas que deben recibir, pues el demonio hará uso de toda su malicia para introducir en las órde­nes religiosas personas entregadas al pecado, ya que los desórdenes y el amor de los pla­ceres carnales serán extendidos por toda la Tierra.
  1. Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá en las calles, el francés combatirá con el francés, el italiano con el italiano; luego habrá una guerra general que será espantosa. Por un tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, puesto que el Evangelio de Jesucristo no se conoce ya más. Los malvados desple­garán toda su malicia; se matará, se masacrará mutuamente hasta en las casas.
  1. Al primer golpe del rayo de Su espada las montañas y la Tierra entera temblarán de pavor, puesto que los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los Cielos. París será quemada y Marsella será engullida por el mar, muchas grandes ciu­dades serán sacudidas y engullidas por terremotos: se creerá que todo está perdido; sólo se verán homicidios, sólo se oirán estrépito de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, sus penitencias y sus lágrimas subirán hasta el Cielo y todo el pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia, y pedirá Mi Ayuda y Mi Intercesión. Entonces, Jesucristo, por un acto de Su Justicia y de Su Misericordia, ordenará a Sus Ángeles que todos Sus enemigos sean ejecutados. De pronto, los perseguidores de la Iglesia de Jesucristo y todos los hom­bres entregados al pecado perecerán, y la Tierra será como un desierto. Entonces se hará la paz, la reconciliación de Dios con los hombres. Jesucristo será servido, adorado y glori­ficado; en todas partes florecerá la caridad. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado en todas partes, y los hombres harán grandes pro­gresos en la fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo y los hombres vivirán en el temor de Dios.
  1. Esta paz entre los hombres no será larga; veinticinco años de abundantes cosechas les harán olvidar que los pecados de los hombres son causa de todas las aflicciones que acontecen sobre la Tierra.
  1. virgen-de-la-salette_5Un precursor del anticristo con sus ejércitos de varias naciones combatirá contra el verdadero Cristo, el único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y querrá aniquilar el culto de Dios para hacerse tener como un Dios.
  1. La Tierra será golpeada por toda clase de plagas (además de la peste y el hambre, que serán generales); habrá guerras hasta la última guerra, que será hecha por los diez reyes del anticristo, que tendrán todos un mismo designio, y serán los únicos que gober­narán el mundo. Antes que esto acontezca habrá una especie de falsa paz en el mundo; sólo se pensará en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados, pero los hijos de la Santa Iglesia, los hijos de la Fe, Mis verdaderos imitadores, crecerán en el amor de Dios y en las virtudes que Me son más queridas. Dichosas las almas humildes conducidas por el Espíritu Santo. Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud del Tiempo.
  1. La naturaleza reclama venganza para los hombres, y, esperando lo que debe ocurrir a la Tierra manchada de crímenes, se estremece de pavor.
  1. Tiembla, Tierra, temblad vosotros, los que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que por dentro os adoráis a vosotros mismos; pues Dios va a entregaros a su enemigo, puesto que los lugares santos se hallan en la corrupción; muchos conventos no son más las casas de Dios sino el pasto de Asmodeo y los suyos.
  1. Será durante este tiempo que nacerá el anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa virgen que tendrá comunicación con la antigua serpiente, el señor de la impureza; su padre será Ev.; al nacer vomitará blasfemias, tendrá dientes; será, en una palabra, el diablo encarnado; lanzará gritos terribles, hará prodigios, sólo se alimentará de impurezas. Tendrá hermanos que, aunque no sean demonios encarnados como él, serán hijos del mal; a los doce años se señalarán por sus valientes victorias, pronto estará cada uno a la cabeza de ejércitos asistidos por legiones del infierno.
  1. Las estaciones se alterarán, la Tierra sólo producirá malos frutos, los astros per­derán sus movimientos regulares, la luna sólo reflejará una débil luz rojiza; el agua y el fuego darán al orbe de la Tierra movimientos convulsivos y horribles terremotos que engullirán montañas, ciudades, etc.
  1. Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo.
  1. Los demonios del aire con el anticristo harán grandes prodigios sobre la Tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán cada vez más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad; el Evangelio será predicado en todas partes, ¡Todos los pueblos y todas las naciones tendrán conocimiento de la Verdad!
  1. Yo dirijo un apremiante llamado a la Tierra; llamo a los verdaderos discípulos de Dios Viviente y Reinante en los Cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho Hombre, el único y verdadero Salvador de los hombres; llamo a Mis hijos, Mis verdaderos devotos, aquellos que se han entregado a Mí para que los conduzca a Mi Hijo Divino, aquellos que, por así decir, llevo en Mis Brazos; aquellos que han vivido de Mi espíritu; llamo, en fin, a los apóstoles de los últimos tiempos, los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en desprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento, y desconocidos del mundo. Es tiempo de que salgan y vengan a iluminar la Tierra. Id y mostraos como Mis hijos queridos, Yo estoy con vosotros y en vosotros, con tal vuestra Fe sea la Luz que os ilumine en estos días de infortunio. Que vuestro celo os haga como hambrientos de la Gloria y del Honor de Jesucristo. Combatid, hijos de la Luz, vosotros, los pocos que veis, pues he aquí el Tiempo de los Tiempos, el fin de los fines.
  1. virgen-de-la-salette_864La Iglesia será eclipsada, el mundo se hallará en la consternación. Pero he aquí a Enoch y Elías llenos del Espíritu de Dios; ellos predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes progresos por virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del anticristo.
  1. ¡Desdichados los habitantes de la Tierra! Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un espantoso granizo de animales, truenos que sacudirán las ciudades, terremotos que engullirán países; se oirán voces en los aires, los hombres se darán de golpes con su cabeza en los muros; llamarán a la muerte y, por otro lado, la muerte hará su suplicio, la sangre correrá por todas partes. ¿Quién podrá vencer, si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y las oraciones de los justos Dios se dejará doblegar; Enoch y Elías serán matados; Roma pagana desaparecerá; el fuego del cielo caerá y consumirá tres ciudades; todo el universo será sa­cudido de terror, y muchos se dejarán seducir porque no han adorado al verdadero Cristo Viviente entre ellos. Es el momento; el sol se oscurece; sólo la Fe vivirá.
  1. He aquí el tiempo; el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí a la bestia con sus súbditos, diciéndose salvador del mundo. Se elevará con orgullo en los aires para ir hasta el cielo; será ahogado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá, y la Tierra, que desde hace tres días estará en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego, él será sumergido para siempre con todos los suyos en los abismos eternos del infierno. Entonces el agua y el fuego purificarán la Tierra y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado: Dios será servido y glorificado.”

IV

Enseguida la Santa Virgen me dio, también en francés, la Regla de una nueva Orden Religiosa. Después de darme la Regla de esta nueva Orden Religiosa, la Santa Virgen continuó así Su Discurso:

“Si ellos se convierten, las piedras y las rocas se transformarán en trigo, las papas se encontrarán sembradas en los campos. ¿Hacéis bien vuestra oración, hijos Míos?”

Respondimos los dos: “¡Oh! no, Señora, no muy bien”.

“¡Ah! hijos Míos, hay que hacerla bien, por la noche y por la mañana. Cuando no podáis hacer mejor, decid un Pater y un Ave María; y, cuando tengáis tiempo y podáis hacerla mejor, diréis más.”

Sólo van algunas mujeres un poco ancianas a Misa; los demás trabajan en domingo todo el verano. Y en el invierno, cuando no saben qué hacer sólo van a Misa para burlarse de la religión. En Cuaresma van a la carnicería como perros.

“¿No habéis visto el trigo echado a perder, hijos míos?”

Los dos contestamos: —”¡Oh! no, Señora”.

La Santa Virgen dijo dirigiéndose a Maximin:

“Pero tú, hijo Mío, tú debes haberlo visto con tu padre una vez cerca de Corps. El hombre del terreno dijo a tu, padre: ‘Venid a ver cómo mi trigo se arruina’. Vosotros fuisteis. Tu padre tomó dos o tres espigas en su mano, las frotó, y cayeron hechas polvo. Luego, al volver, cuando no estabais a más de media hora de Corps, tu padre te dio un pedazo de pan diciéndote: ‘Toma, hijo mío, come este año, pues no sé quién comerá el año próximo si el trigo se echa a perder’.”

Maximin respondió: —”Es verdad, Señora, no lo recordaba”.

La Santísima Virgen ha terminado su discurso en francés:

“Y bien, hijos Míos, voso­tros lo transmitiréis a todo mi pueblo.”

La Bellísima Señora atravesó el arroyo y, a dos pasos del arroyo, sin volverse hacia nosotros que la seguíamos (pues Ella atraía con Su Esplendor y, más aún, por Su Bondad que me embriagaba, que parecía fundirme el corazón) nos dijo todavía:

“Y bien, hijos Míos, vosotros lo transmitiréis a todo Mi pueblo.”

Luego, Ella continuó marchando hasta el lugar adonde yo había subido para mirar donde estaban mis vacas. Sus Pies sólo tocaban la punta de la hierba sin doblarla. Al llegar a la pequeña altura, la Bella Señora se detuvo y yo me ubiqué rápidamente frente a Ella para contemplarla bien, muy bien, y para tratar de saber qué camino se inclinaba a seguir; pues yo estaba decidida, había olvidado mis vacas y los patrones con quienes estaba de servicio; yo me había entregado para siempre y sin condición a Mi Señora; sí, no quería jamás dejarla, jamás; la seguía sin pensarlo más, y en la disposición de servirla mientras viviera.

Con Mi Señora, yo creía haber olvidado el paraíso; sólo tenía el pensamiento de ser­virla bien en todo y creía que hubiese podido hacer todo lo que ella me hubiese dicho, pues me parecía que Ella tenía mucho poder. Me contemplaba con una tierna bondad que me atraía hacia Ella; hubiese querido arrojarme a Sus Brazos con los ojos cerrados. Ella no me ha dado el tiempo para hacerlo. Se elevó insensiblemente de la tierra hasta una altura de cerca de un metro y algo más, y quedándose así suspendida en el aire un brevísimo ins­tante, Mi Bella Señora miró el cielo, luego la tierra a su derecha y a su izquierda, luego me miró con ojos tan dulces, tan amables y tan buenos, que yo creía que me atraía a su interior y me parecía que mi corazón se abría al Suyo.

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Y mientras mi corazón se fundía en una dulce dilatación, la bella figura de Mi Buena Señora desaparecía poco a poco; me parecía que la Luz en movimiento se multiplicaba, o bien se condensaba en torno a la Santísima Virgen para impedirme verla más tiempo. Así la luz tomaba el lugar de las partes del Cuerpo que desaparecían a mis ojos; o bien parecía que el cuerpo de Mi Señora se cambiaba en Luz, fundiéndose. Así la Luz en forma de globo se elevaba dulcemente en dirección recta.

No puedo decir si el volumen de luz disminuía a medida que Ella se elevaba o si era el alejamiento lo que hacía que yo viese disminuir la luz a medida que Ella se elevaba; lo que sé es que me quedé con la cabeza levantada y los ojos fijos en la Luz, aún después que esta luz, que iba siempre alejándose y disminuyendo de volumen, terminó por desaparecer. Mis ojos se apartan del firmamento, miro en torno mío, veo a Maximin que me miraba y le digo: “Memin, debe ser el buen Dios de mi padre o la Santa Virgen, o alguna gran santa” y Maximin, haciendo un gesto con su mano en el aire dijo: “¡Ah! si lo hubiese sabido.”

V

Al anochecer del 19 de Setiembre, nos retiramos un poco más temprano que de cos­tumbre. Al llegar a casa de mis patrones me ocupé en atar mis vacas y en poner todo en orden en el establo. No había terminado aún, cuando mi patrona vino llorando y me dijo: ¿Por qué, hija mía, no vienes a decirme lo que os ha ocurrido en la montaña? (Maximin, no habiendo encontrado a sus amos, que no habían vuelto aún de su trabajo, había venido a casa de los míos, y les había contado todo lo que había visto y oído). Le contesté: “Sí, yo quería decírselo, pero antes deseaba terminar mi trabajo”. Un momento después entré en la casa, y mi patrona me dijo: “Cuéntame lo que has visto; el pastor de Bruite (era el sobrenombre de Pierre Selme, patrón de Maximin) me ha contado todo”.

Comienzo, y hacia la mitad del relato, mi patrón llega de sus campos. Mi patrona, que lloraba al oír las quejas y las amenazas de nuestra tierna Madre dijo: “¡Ah!, vosotros queríais ir a juntar el trigo mañana; dejadlo, venid a oír lo que ha ocurrido hoy a esta niña y al pastor de Selme”. Y dirigiéndose a mí, dice: “Comienza de nuevo todo lo que me has dicho”. Yo empiezo de nuevo, y cuando hube terminado, mi patrón dice: —”Es la Santa Virgen, o si no una gran santa que ha venido de parte de Dios; pero es como si Dios hubiese venido él mismo.” Hay que hacer todo lo que esta Santa ha dicho. ¿Cómo haréis para decir aquello a todo su pueblo? Le respondí: “Vosotros me diréis como debo hacerlo, y yo lo haré”. Enseguida, mirando a su madre, a su esposa y a su hermano, agregó: “Hay que pensar en ello”. Luego, cada uno se retiró a sus asuntos.

Era después de la cena. Maximin y sus patrones vinieron a casa de los míos a contar lo que Maximin les había dicho, y para saber qué había que hacer. “Pues” —dijeron— “nos parece que es la Santa Virgen, que ha sido enviada por Dios; las palabras que ha dicho lo hacen creer. Y ella les ha dicho que los transmitieran a todo su pueblo; quizá estos ni­ños tendrán que recorrer el mundo entero para hacer saber que es necesario que todo el mundo observe los Mandamientos de Dios, si no nos van a ocurrir grandes desgracias “Después de un momento de silencio, mi patrón, dirigiéndose a Maximin y a mí, dijo: “¿Sa­béis vosotros lo que debéis hacer, hijos míos? Mañana, levantaos temprano, id los dos a ver al señor Cura, y contadle todo lo que habéis visto y oído; decidle bien como ha sido la cosa; él os dirá lo que tenéis que hacer”.

El 20 de Setiembre, al día siguiente de la Aparición, partí temprano con Maximin. Al llegar a la parroquia, llamo a la puerta. La sirvienta del señor Cura vino a abrir, y preguntó qué queríamos. Yo le dije (en francés, yo, que jamás lo había hablado): “Quisiéramos hablar al señor Cura”. “¿Y qué queréis decirle?” nos preguntó. “Quisiéramos decirle, se­ñorita, que ayer fuimos a cuidar nuestras vacas en la montaña de Baisses, y, que después de haber comido, etc. etc. Le contamos una buena parte del discurso de la Santísima Virgen. Entonces sonó la campana de la Iglesia, era el último toque que llamaba a Misa. El señor Perrin, cura de la Salette, que nos había oído, abrió ruidosamente la puerta; lloraba, se golpeaba el pecho. Nos dijo: “Hijos míos, estamos perdidos, Dios nos va a cas­tigar. ¡Ah! ¡Dios mío, es la Santa Virgen quien se os ha aparecido!”. Y entonces se fue a decir la Santa Misa. Nos miramos con Maximin y la sirvienta; luego Maximin me dijo: “Yo me voy a casa de mi padre, a Corps”. Y nos separamos.

Como no había recibido de mis patrones la orden de marcharme enseguida, después de haber hablado al señor Cura, creí no hacer mal en asistir a Misa. Fui entonces a la iglesia. La Misa comienza, y después del primer Evangelio, el señor Cura se vuelve hacia el pueblo y procura relatar a sus feligreses la Aparición que acababa de ocurrir, el día de la víspera, en una de sus montañas; y los exhorta a no trabajar más el Domingo. Su voz se entrecortaba con sollozos, y todo el pueblo estaba conmovido. Después de la santa Misa me marché a casa de mis señores. El señor Peytard, que es hoy todavía alcalde de la Salette, fue allá a preguntarme acerca de la Aparición; y, después de haberse asegurado de la verdad de lo que le decía, se marchó convencido.

Yo permanecí al servicio de mis señores hasta la fiesta de Todos los Santos. Luego fui colocada como pensionista en casa de las religiosas de la Providencia, en mi provincia, en Corps.

VI

virgen-de-la-salette_896La Santísima Virgen era muy alta y bien proporcionada; parecía ser tan ingrávida que se la hubiese movido con un soplo; sin embargo, permanecía inmóvil y bien plantada. Su fisonomía era majestuosa, imponente, pero no impo­nente como son los señores de aquí abajo. Ella imponía un temor respetuoso. Al mismo tiempo que Su Majestad imponía respeto imbuido de amor, atraía hacia Sí. Su Mirada era dulce y penetrante; Sus Ojos parecían hablar con los míos, pero la conversación venía de un sentimiento vivo y profundo de amor hacia esa Belleza encantadora que me fundía. La dulzura de Su Mirada, Su aire de Bondad incomprensible hacía comprender y sentir que Ella atraía a Sí, y que deseaba entregarse; era una expresión de amor que no puede expresarse con la lengua de la carne ni con las letras del alfabeto.

El vestido de la Santísima Virgen era blanco plateado, muy brillante, no tenía nada de material: estaba compuesto de luz y de gloria, cambiante y cen­telleante. No hay expresión ni comparación que pueda darse sobre la Tierra.

La Santa Virgen era toda Bella y toda formada de Amor; contemplándola, yo languidecía por fundirme en Ella. En Su ropaje, como en Su Persona, todo respiraba la majestad, el esplendor, la magnificencia de una Reina incomparable. Parecía blanca, inmaculada, cristalina, resplandeciente, celeste, fresca, nueva como una Virgen; parecía que la palabra Amor se escapaba de Sus Labios argentados y todo puros. Me parecía una buena Madre, llena de bondad, de amabilidad, de amor por nosotros, de compasión, de misericordia.

La corona de rosas que tenía sobre la Cabeza era tan bella, tan brillante, que no puede uno darse una idea de ella; las rosas de distintos colores no eran de la Tierra; era un conjunto de flores lo que ceñía la Cabeza de la Santísima Virgen en forma de corona; pero las rosas se intercambiaban o se reemplazaban; además, del corazón de cada rosa salía una luz tan bella que arrebataba, y hacía a las rosas de una belleza esplendente. De la corona de rosas se elevaban como ramas de oro y una cantidad de otras florecillas entremezcladas con brillantes. Todo formaba una bellísima diadema, que brillaba ella sola más que nuestro sol de la Tierra.

virgen-de-la-salette_crucifixo-de-nossa-senhoraLa Santa Virgen tenía una hermosísima Cruz suspendida de Su cuello. Esta Cruz parecía ser dorada —digo dorada por no decir una placa de oro; pues he visto algunas veces objetos dorados con diversos tonos de oro, lo que a mis ojos hacía un efecto más bello que una simple placa de oro—. Sobre esta Cruz toda brillante de luz, estaba un Cristo, estaba Nuestro Señor, los brazos extendidos sobre la Cruz. Casi en las extremidades de la Cruz, había de un lado un martillo, del otro una tenaza. El Cristo era de color carne natural, pero brillaba con gran esplendor; y la luz que salía de todo Su Cuerpo parecía como dardos muy brillantes que hendían mi corazón con el deseo de fundirme en él. A veces el Cristo parecía estar muerto: tenía la cabeza inclinada y el cuerpo estaba como abatido, como por caerse, si no hubiese sido retenido por los clavos que lo retenían a la Cruz.

Yo tenía por ello una viva compasión y hubiese querido repetir al mundo entero Su Amor desconocido, y filtrar en las almas de los mortales el amor más extremado, y el reconocimiento más vivo a un Dios, que no tenía necesidad alguna de nosotros para ser lo que es, lo que era y lo que será siempre y que, sin embargo, ¡oh, amor incomprensible al hombre! —se ha hecho Carne y ha querido morir; sí, morir, para escribir mejor en nuestras almas y en nuestra memoria el amor enloquecido que tiene por nosotros. ¡Oh! ¡Qué des­dichada soy al hallarme tan pobre de expresiones para decir el amor, sí, el amor de nuestro buen Salvador por nosotros! Pero, por otro lado, ¡qué dichosos somos de poder sentir mejor lo que no podemos expresar!

Otras veces, el Cristo parecía Vivo, tenía la Cabeza erguida, los Ojos abiertos, y parecía estar sobre la Cruz por su propia Voluntad. A veces también parecía hablar, parecía querer mostrarnos que estaba en la Cruz por nosotros, por amor a nosotros, para atraernos a Su Amor; mostrarnos que él tiene siempre un Amor nuevo por nosotros, que Su Amor del prin­cipio y del año 33 es siempre el de hoy, y que permanecerá siempre.

virgen-de-la-salette_lagrimasLa Santa Virgen lloraba casi todo el tiempo que me habló. Sus Lágrimas corrían una a una, lentamente, hasta Sus rodillas; luego, desaparecían como cen­tellas de luz. Eran brillantes y llenas de amor. Hubiese querido consolarla, y que Ella no llorase más. Pero me parecía que tuviese necesidad de mostrar Sus Lágrimas para mostrar mejor Su Amor olvidado por los hombres. Hubiese querido arrojarme en Sus Brazos y decirle: “¡Mi buena Madre, no lloréis más! quiero amaros por todos los hombres de la Tierra”. Pero me parecía que Ella me decía: “¡Hay tantos de ellos que no Me conocen!”.  Yo estaba entre la muerte y la vida, viendo por un lado tanto Amor, tanto deseo de ser amada, y por otro tanta frialdad, tanta indiferencia… ¡Oh! Madre mía, toda Madre, toda Bella y toda Amable, amor mío, corazón de mi corazón.

Las Lágrimas de nuestra tierna Madre, lejos de amenguar Su aire de Ma­jestad, de Reina y de Señora, parecían, por el contrario, embellecerla, hacerla más Amable, más Bella, más Poderosa, más llena de Amor, más Maternal, más Encantadora; y yo hubiese comido Sus Lágrimas, que hacían saltar mi corazón de compasión y de amor. Ver llorar a una Madre, y a una tal Madre, sin tomar todos los medios imaginables para consolarla, para cambiar Sus Dolores en gozo ¿puede eso comprenderse? ¡Oh, Madre más que buena! Vos habéis sido formada de todas las Prerrogativas de que Dios es capaz; vos habéis como agotado el poder de Dios; vos sois Buena, y Buena aún como la Bondad de Dios mismo. Dios se ha engrandecido al formaros como Su Obra Maestra terrestre y celestial.

La Santísima Virgen tenía un delantal amarillo. ¡Qué digo amarillo! Tenía un delan­tal más brillante que muchos soles juntos. No era una tela material; era un compuesto de gloria, y esta gloria era centelleante y de una belleza arrebatadora. Todo en la Santísima Virgen me llevaba fuertemente, y como deslizándome, a adorar y a amar a mi Jesús en todos los estados de Su Vida mortal.

La Santísima Virgen tenía dos cadenas, una un poco más ancha que la otra. De la más angosta estaba suspendida la Cruz que mencioné anteriormente. Estas cadenas (pues hay que darle el nombre de cadenas), eran como rayos de gloria de un gran esplendor cambiante y centelleante. Los zapatos (pues zapatos hay que decir), eran blancos, pero de un blanco plateado, brillante, había rosas a su alrededor. Estas rosas eran de una belleza esplendorosa, y del corazón de cada rosa salía una llama de luz muy bella y muy agradable de ver. Sobre los zapatos había una hebilla de oro; no del oro de la Tierra, sino, por cierto, del oro del Paraíso.

La visión de la Santísima Virgen era Ella misma un Paraíso perfecto. Ella tenía en sí todo lo que podía satisfacer, pues la tierra había sido olvidada.  La Santa Virgen estaba rodeada de dos luces. La primera luz, más cerca de la Santísima Virgen, llegaba hasta nosotros; brillaba con un esplendor muy bello y centelleante. La segunda luz se extendía un poco más entorno de la Bella Señora, y nosotros nos encontrábamos en ella; era inmóvil (es decir que no centelleaba) pero sí mucho más brillante que nuestro sol de la Tierra. Todas estas luces no hacían mal a los ojos, y de ningún modo fatigaban a la vista. Además de todas estas luces, de todo este esplendor, salían todavía grupos o haces de luces, o rayos de luz, del Cuerpo de la Santa Virgen, de Sus vestidos, de todas partes.

La Voz de la Bella Señora era dulce; encantada, arrebataba, hacía bien al corazón; saciaba, allanaba todo obstáculo, calmaba, apaciguaba con dulzura. Me parecía que siempre hubiese querido comer de Su bella Voz, y mi corazón pa­recía danzar o querer ir a Su encuentro para fundirse en Ella.

Los Ojos de la Santísima Virgen, nuestra tierna Madre, no pueden describirse con una lengua humana. Para hablar de ellos haría falta un Serafín, haría falta más; haría falta el Lenguaje de Dios mismo, del Dios que ha formado la Virgen Inmaculada, Obra Maestra de Su Omnipotencia.  Los Ojos de la Augusta María parecían mil y mil veces más bellos que los brillantes, los diamantes y las piedras preciosas más exquisitas; brillaban como dos soles; eran dulces como la dulzura misma, claros como un espejo. En Sus Ojos se veía el Paraíso, atraían a Ella, parecía que Ella quería entregarse y atraer., Cuanto más la contemplaba yo, más quería verla; cuanto más la veía, más la amaba, y la amaba con todas mis fuerzas.

Los Ojos de la Bella Inmaculada eran como la Puerta de Dios, de donde se veía todo lo que puede embriagar al alma. Cuando mis ojos se encontraban con los de la Madre de Dios y mía, experimentaba en mi interior una feliz revolución de amor y de protestas de amarla y de fundirme de amor. Mirándome, nuestros ojos se hablaban a su manera, y yo la amaba tanto, que hubiese querido abrazarla en el medio de Sus Ojos, que enternecían mi alma y parecían atraerla, y hacerla fundir con la Suya. Sus Ojos implantaron un dulce temblor en todo mi ser; y yo temía hacer el menor movimiento que pudiese serle desagradable en lo más mínimo.

Esta sola visión de los Ojos de la más pura de las Vírgenes hubiese bastado para ser el Cielo de un bienaventurado, hubiese bastado para hacer entrar un alma en la plenitud de las voluntades del Altísimo, entre todos los aconteci­mientos que ocurren en el curso de la vida mortal; hubiese bastado para hacerla realizar continuos actos de alabanza, de agradecimiento, de reparación y de expiación. Esta sola visión concentra el alma en Dios y la convierte como en una muerta-viva, que considera sólo como diversiones de niños todas las cosas de la Tierra, aun las cosas que parecen más serias; sólo querría oír hablar de Dios y de lo que concierne a Su Gloria. El pecado es el único mal que Ella ve sobre la Tierra. Moriría de dolor por ello, si Dios no la sostuviera. Amén.


LA REGLA DE LA ORDEN DE LA MADRE DE DIOS PARA
LOS APÓSTOLES DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS

El 19 de septiembre de 1846, en la Montaña de la Salette, la Santísima Virgen apareció a dos jóvenes pastores, Mélanie Calvat y Maximin Giraud. Ella les confió en primer lugar un Mensaje público; después, a Maximin solo, un secreto; enseguida a Mélanie un Mensaje que podría publicar en 1858.

Después dirigiéndose todavía a la joven pastora, la Santa Virgen le dijo:

“Mélanie, lo que voy a decirte ahora no será secreto: Es la Regla que, cuando sea aprobada por los superiores, haréis observar exactamente a Mis hijas que aquí estén. Mis Misioneros seguirán la misma Regla.

  1. Los miembros de la Orden de la Madre de Dios amarán a Dios por encima de todas las cosas y a su prójimo como a ellos mismos por el puro amor de Dios.
  2. El Espíritu de esta Orden no es otro que el Espíritu de Jesucristo en sí y el Espíritu de Jesucristo en las almas.
  3. Los miembros de esta Orden se aplicarán a estudiar a Jesucristo y a imitarle, y cuanto más conocido sea Jesucristo, más se humillarán a la vista de su nulidad, de su debilidad, de su incapacidad para hacer un bien real en las almas sin la Gracia Divina.
  4. Serán de una obediencia perfecta en todo y por todo.
  5. Cada uno de ellos conservará una gran castidad de cuerpo y espíritu, a fin de que Jesucristo fije en ellos su morada.
  6. Los miembros de esta Orden tendrán su corazón y su alma sólo en el amor a Jesucristo.
  7. Ninguno tendrá nada propio para él, sino que todo será común, sin ambicionar la menor de las cosas pasajeras; quiero que Mis hijos estén desnudos, despojados de todo.
  8. Tendrán una gran caridad, sin límites; sufrirán todo de todo el mundo, a ejemplo de su Divino Maestro y no harán sufrir a nadie.
  9. Los miembros de la Orden obedecerán a sus superiores y les rendirán el honor y el respeto que les es debido, con una gran sencillez de corazón.
  10. La superior vigilará con dulzura la observancia de la Regla; cada cierto tiempo consultará con el padre Misionero que cuidará de vuestras almas, a fin de ser ayudada en el buen gobierno de la Casa; será la más humilde y será más severa con ella misma que con las demás. Corregirá las faltas de sus hijas con gran dulzura y prudencia; elevará siempre su alma a Dios antes de hacer una corrección.
  11. Estará en el santuario el Santo Sacramento expuesto día y noche, durante los meses de Septiembre, Febrero y Mayo[2], donde los miembros de la Orden tendrán la dicha de pasar felices horas cuando la caridad o la salvación de las almas no les retengan en otra parte.
  12. Llevarán una buena vida interior, aunque laboriosa, uniendo la vida contemplativa a la vida activa: se sacrificarán y se harán todos, víctimas de Jesús y de Jesús Crucificado.
  13. Recibirán todos los días, con verdadera piedad el Pan de Vida; podréis sin embargo suprimir la comunión a aquellos miembros en los que veáis que no siguen las huellas de Jesús Crucificado.
  14. Aparte de los ayunos mandados por la Iglesia, ayunarán también durante los meses de Septiembre, Febrero y Mayo. Utilizarán algunos instrumentos de penitencia; los que sean demasiado débiles y no puedan hacer las obras de expiación, ofrecerán con humildad y dulzura su minusvalía a Jesucristo.
  15. Ayunarán todos los viernes y harán alguna penitencia. Todas estas obras serán ofrecidas para las almas del Purgatorio, en favor de la conversión de los pecadores y para su propio avance en el amor a Dios.
  16. Los miembros de la Orden serán muy humildes y dulces con los seglares y los recibirán con mucha bondad: los más humildes ocuparán el primer lugar, tanto en el Corazón de Jesús como en el Mío.
  17. Los miembros sólo tendrán un corazón y un alma; ninguno se atendrá a su propia voluntad.
  18. Serán de una pureza angelical, observarán una gran modestia en todo y por todo.
  19. Todos guardarán un gran silencio, evitando con cuidado las conversaciones inútiles con los extraños.
  20. Las personas que quieran ser recibidos lo serán con la disposición bien sincera de darse enteramente a Dios y de sacrificarse por Su Amor. Se atendrán con esmero a la obediencia, que les conducirá al Cielo.
  21. No serán admitidos al número de los postulantes, sino tras haber hecho un retiro de 12 días, durante el cual harán una confesión general al Padre Misionero, confesor de la comunidad; si ellos están dispuestos a trabajar con todas sus fuerzas para santificarse y adquirir las virtudes propias de una Víctima que quiere inmolarse cada día por el Dios del Cielo y de la Tierra, serán recibidos en el Noviciado y estarán tres meses antes de tomar el hábito de la Orden; recordarán que no han sido recibidos en la Casa de la Madre de Dios, sino para trabajar en su santificación mediante la oración, la penitencia y por medio de todas las obras que miran a la gloria de Dios y a la salvación de las almas.
  22. Mis Misioneros serán los Apóstoles de los Últimos Tiempos; predicarán el Evangelio de Jesucristo en toda su pureza por toda la Tierra.
  23. Tendrán un celo infatigable, predicarán la reforma de los corazones, la penitencia y la observancia de la Ley de Dios; predicarán respecto a la necesidad de la oración, sobre el desprecio de las cosas de la Tierra, sobre la muerte, el juicio, el Paraíso y el infierno, sobre la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo. Fortalecerán a los hombres en la fe, a fin de que cuando llegue el demonio, un gran número de éstos no sea engañado.
  24. Se formará bien a los nuevos aspirantes en las virtudes cristianas y en la práctica de la humildad, la caridad, la obediencia, la renunciación y la dulzura.
  25. El Noviciado será de seis años; los que hayan dado prueba de sólidas virtudes y quieran colocarse en el número de los combatientes de Jesucristo en esta Orden, pedirán esta gracia de rodillas a la Superiora, y tras hacerles conocer sus obligaciones con la Regla que os doy, si os prometen observarla fielmente, les recibiréis.
  26. La oración se hará en común en el santuario, a la hora que sea conveniente y se establezca.
  27. Se comerá en el refectorio común lo que se necesite para sostener la vida y para trabajar en la gloria de Dios; al mismo tiempo que se dará al cuerpo lo que le conviene, el alma se fortificará mediante una santa lectura que se hará durante la comida.
  28. Se tendrá el mayor cuidado de los miembros achacosos y enfermos.
  29. Si un miembro ofendiera a otro mediante palabra u obra, que repare su falta lo más pronto posible.
  30. Todos los miembros de esta Orden harán la genuflexión cada vez que pasen ante el Tabernáculo donde esté Jesucristo.
  31. Cada vez que los aspirantes se encuentren, el uno dirá: ‘¡Que Jesús sea amado por todos los corazones!’. El otro responderá: ‘Así sea’.
  32. Las religiosas dirán el Oficio, como los religiosos de Corenc cerca de Grenoble; los Capítulos y otras prácticas se harán igual.
  33. Todos los miembros llevarán una Cruz como la Mía. Observad bien Mi Regla”.

Así habló la Madre de Dios. Y escuchándola, Mélanie contempló en una visión profética la vida y las obras futuras de los hijos e hijas de la Orden de la Madre de Dios, religiosos misioneros, religiosas misioneras y discípulos laicos, esparcidos por todas las partes del mundo. Los religiosos y religiosas harán los votos; los discípulos laicos, la Consagración a la Santa Virgen. Mélanie veía también a otras diversas Órdenes religiosas venir a unirse con esta Orden y las otras encontrar a su contacto su fervor primitivo.

Bajo orden del Papa León XIII, Mélanie presentó esta Regla a examen de la Sagrada Congregación de los Obispos y religiosos que dio su aprobación el 27 de mayo de 1879. Al mismo tiempo fueron aprobadas las Constituciones que Mélanie había compuesto para la Orden de la Madre de Dios, a petición de Léon XIII, según su ‘visión profética’ de 1846.

La Regla fue de nuevo aprobada verbalmente el 7 de abril de 1922, por el Cardinal Mercier para su diócesis de Malines, y el 26 de abril de 1935 por Monseñor Heylen para la diócesis de Namur.


melanie-calvatFrançoise Mélanie Calvat:

Nació el 07 de Noviembre 1831, en Corps, Departamento de Isère, Francia. Murió el 15 de Diciembre 1904, en Altamura, Provincia de Bari, Italia. Después de la Aparición de la Virgen en 1846, Mélanie entró a la edad de 20 años al convento de las Hermanas de la Providencia de Corenc, Grenoble, Francia. En 1850 se convirtió en postulante de esta orden y en Octubre de 1851 tomó el velo. A principios de 1854 el nuevo Obispo se  negó a conceder el permiso para que ella profesara, porque encontró que no estaba lo suficientemente madura espiritualmente. Mélanie afirmaba que la verdadera razón de la negativa del Obispo era ganar el favor del emperador Napoleón III, de Francia. Entonces Mélanie se permitió trasladarse oficialmente a un convento de las Hermanas de la Caridad, pero después de tres semanas, se la hizo volver a Corps, en Isère, para completar la educ  ación superior. Mélanie aceptó la sugerencia de un Sacerdote Inglés, y se le permitió ir al Carmelo, en Darlington, Inglaterra, donde llegó en 1855. Tomó los votos temporales allí en 1856. En 1858, Mélanie escribió de nuevo al Papa para transmitir esa parte del secreto que estaba autorizado a revelar en ese año. El obispo local le prohibió hablar en público sobre estas profecías. En 1860, fue liberada de su voto de clausura en el Carmelo, por el Santo Padre con el fin de lograr avanzar en su misión y regresar a la Europa continental. Entró en la Congregación de las Hermanas de la Compasión de Marsella, Francia. Y tras una corta estancia en el Convento de las Carmelitas de Marsella, regresó a las Hermanas de la Compasión por un breve tiempo. En octubre de 1864 fue admitida como novicia, a condición de que mantuviera su identidad en secreto. Sin embargo, fue reconocida y como su identidad ya no era secreta, a principios de 1867, fue sacada oficialmente de la orden. Tras una breve estancia en Corps y La Salette, se fue a vivir en Castellamare, cerca de Nápoles, en Italia, donde fue recibida por el Obispo local. Residido allí diecisiete años, escribiendo tanto su secreto, como las Reglas de una fundación religiosa futura. Mientras tanto, las órdenes religiosas se estaban formando en La Salette, bajo los auspicios del obispo local, de Grenoble. Mélanie afirmaba que ella había sido autorizada por la Aparición de proporcionar los nombres de estas Órdenes, sus normas y sus hábitos. La de los hombres iba a ser titulada, ‘Orden de los Apóstoles de los Últimos Días’, y la de de las mujeres, ‘Orden de la Madre de Dios’. Melanie murió en olor de santidad el 15 de Diciembre de 1904, a la edad de 73 años. En 1922 el R. Padre Lépidi, O.P., Señor del Sacro Palacio, aprobó una solicitud para obtener su beatificación.


maximinoPierre Maximin Giraud:

Nació el 26 de Agosto 1835 en Corps, Departamento de Isère, Francia. Murió en su patria a los 38 años de edad, 28 años después de la Aparición, el 1 de Marzo de 1875. Durante los tres años siguientes a la Aparición de la Virgen, su medio hermano Jean-François, su madrastra y su padre murieron. El hermano de su madre, un hombre rudo y calculador, se convirtió su custodio. Quiso estudiar teología, después medicina. Por último, Maximino se convirtió en un miembro del Cuerpo de Zuavos Pontificios, que eran responsables de la defensa de los Estados Pontificios y la protección del Papa. Después de seis meses de servicio, terminó su contrato y regresó a París.

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[1] Nihil obstat: Saint-Marie de la Pierre-qui-Vire, 22 de agosto de 1952. Dom Denis HUERRE, Abad. Imprimatur: Sens, en la fiesta de Cristo Rey, 26 de octubre de 1952. Frédéric LAMY, Arzobispo.
[2] 19 de Septiembre de 1846: Aparición de Nuestra Señora en La Salette; 11 de Febrero de 1858, en Lourdes; 13 de Mayo de 1917, en Fátima.

Otras Fuentes:
http://forosdelavirgen.org/2903/el-mensaje-de-la-virgen-dado-solo-a-la-vidente-melanie/
http://www.carifilii.es/documentos.asp?id=196

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