Del Año Cristiano de 1780: San Nicolás de Bari, Obispo de Mira (~270 ~327)

6 de Diciembre – 1.689º Aniversario
Año: ~327 / Lugar: Mira hoy Turquía
Apariciones de Nuestro Señor y Su Santísima Madre.
Innumerables Milagros.
San Nicolás de Bari, Obispo de Mira (~270  ~327)

San Nicolás fue célebre por el resplandor de sus virtudes y por sus numerosos milagros… Desde su nacimiento Dios le comunicó visiblemente de Sus bendiciones… Sus padres murieron cuando él era todavía joven y le dejaron una herencia considerable que comenzó a repartir en obras de caridad.  Su tío Nicolás, Obispo de Mira, se dio prisa en hacerlo Sacerdote. Poco después de haber muerto su tío, viajó a la Palestina. A su regreso fue elegido Obispo de Mira (hoy Turquía)… Se dice que San Nicolás asistió al Concilio de Nicea el año 325 y le dio a Arrio una bofetada en pleno rostro. En vista de ello, los Padres conciliares le privaron de sus insignias episcopales y le encarcelaron. Pero el Señor y Su Santísima Madre se le aparecieron allí, le pusieron en libertad y le restituyeron a su sede…   Leer más…  

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Fuente:
http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=saintfeast&localdate=20151206&id=18490&fd=0 

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“Mi Corazón materno llora mientras miro lo que hacen Mis hijos.”

gospa_reina-de-la-paz03Medjugorje, Bosnia-Herzegovina
Mensajes de la Reina de la Paz

Mensaje, 2 de Diciembre de 2016
Vidente Mirjana

“Queridos hijos, Mi Corazón materno llora mientras miro lo que hacen Mis hijos. Los pecados se multiplican, la pureza del alma es cada vez menos importante, se olvida a Mi Hijo, y se adora siempre menos y Mis hijos son perseguidos.

mirjana-2-diciembre-2016Por eso, hijos Míos, apóstoles de Mi amor, con el alma y con el corazón, invoquen el Nombre de Mi Hijo; Él tendrá palabras de luz para ustedes. Él se manifiesta a ustedes, parte el Pan con ustedes y les da palabras de amor para que las transformen en obras de misericordia y, de este modo, lleguen a ser testigos de la verdad. Por eso, hijos Míos, no tengan miedo. Permitan que Mi Hijo esté en ustedes; Él se servirá de ustedes para atender a aquellos que están heridos y para convertir a las almas perdidas. Por eso, hijos Míos, regresen a la oración del Rosario. Récenlo con sentimientos de bondad, de sacrificio y de misericordia. Oren no solo con las palabras, sino también con obras de misericordia; oren con amor hacia todas las personas. Mi Hijo, con Su Sacrificio, ha enaltecido el amor; por eso, vivan con Él para tener fuerza y esperanza, para tener el amor que es vida y que conduce a la vida eterna. Por ese amor de Dios también Yo estoy con ustedes y los seguiré guiando con amor materno. Les doy las gracias”.

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Fuente:  http://rosasparalagospa.com/

Para descargar los Mensajes en PDF:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/mensajes-actuales/

Los Mensajes de Medjugorje publicados en este sitio:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/videntes-de-medjugorje/

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Entrevista al Padre Fortea sobre el Apocalipsis

En tiempos de preparación, vigilia y espera, la voz del Padre Fortea nos orienta:

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Fuente:
http://blogdelpadrefortea.blogspot.com/
https://www.youtube.com/channel/UCXrm0eoBQfQzoB7Vg3_cIGQ

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Novena a La Inmaculada Concepción, versión Hispanoamericana

Modo de hacer la Novena

Puestos de rodillas, delante de una imagen de la Inmaculada Concepción, se hará la Señal de la Cruz y luego las oraciones de todos los días.

 Por la Señal de la Santa Cruz,
 de nuestros enemigos,
 líbranos, Señor, Dios nuestro.

 En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


Acto de Contrición:

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero. Ante Tu Divina Presencia reconozco que he pecado muchas veces, y porque Te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa porque puedes castigarme con las penas del infierno. Ayudado (a) de Tu Divina Gracia, propongo no volver a caer más, confesarme y cumplir la penitencia que el confesor me imponga. Amén.


Oración para todos los días:

Dios Te salve, María, llena de Gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida para Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de Tu Concepción; así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por Ti que, por la Gracia de Dios, has sido elegida para ser Madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con Su Sangre.

A Ti, Purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta Novena para rogarte nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos Tuyos y de Tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado. Acuérdate, Virgen Santísima, que has sido hecha Madre de Dios, no sólo para Tu dignidad y gloria, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano.

Acuérdate que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a Tu protección e implorado Tu socorro haya sido desamparado. No me dejes pues a mí tampoco, porque si no me perderé, que yo tampoco quiero dejarte a Ti; antes bien, cada día quiero crecer más en Tu verdadera devoción. Y alcánzame principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un gran aprecio de la virtud, y la tercera, una buena muerte. Además, dame la gracia particular que Te pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios, Tuya y bien de mi alma.


Día Primero
(Dicho el Acto de Contrición y la Oración para

Todos los Días, se considera el Día 1)

¡Oh, Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro! Así como preservaste a María del pecado original en Su Inmaculada Concepción y a nosotros nos hiciste el gran beneficio de librarnos de él por medio de Tu Santo Bautismo, así Te rogamos humildemente nos concedas la Gracia de portarnos siempre como buenos cristianos, regenerados en Ti, Padre nuestro Santísimo.

  • Rezar 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Gloria a la Santísima Trinidad.
  • Luego se pide lo que por intercesión de La Inmaculada Concepción se desea conseguir de esta Novena y se concluye con los Gozos.


Gozos a la Inmaculada Concepción
de Nuestra Santísima Señora

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(Escritos en el año de 1762.
A cualquiera que dijere o cantare estos gozos,
concedieron por cada copla Sr. Arzobispo de Tarragona,
80 días de indulgencia.

Y 380 días por los Gozos completos por día).

Para dar Luz inmortal,
siendo Vos, Alba del Día:
Sois concebida María,
Sin pecado original.

Ave sois, Eva trocada,
sin el ay, de aquella pena:
¿Cómo os dirá Gracia plena,
quien os busca maculada?
Si lo dice la Embajada
del Ministro Celestial:
Sois concebida María,
Sin pecado original.

Ester, que tocáis primero
en el cetro de la Cruz,
que ya para darnos luz
ofrece el Divino Asuero:
Porque no os comprende el fuero
de la provisión Real:
Sois concebida María,
Sin pecado original.

Como la culpa traidora
al sol no pudo mirar,
tampoco pudo aguardar,
que amaneciese la Aurora:
Pues huye de Vos, Señora,
este nocturno animal.
Sois concebida María,
Sin pecado original.

Con armónica unión
se ajusta el divino acento
a Vos, sonoro Instrumento
de toda la redención:
Por tocar con proporción
la música más cabal,
Sois concebida María,
Sin pecado original.

De la harina sois la Flor
para el Pan Sacramentado,
que nunca tuvo salvado
la masa del Salvador:
Si para formarse Amor
la previno candeal:
Sois concebida María,
Sin pecado original.

En Gracia el Eterno Dueño
creó los Ángeles bellos;
y en Vos, que sois Reina de ellos,
no dejaría el empeño:
Siendo para el desempeño
la Prenda más principal.
Sois concebida María,
Sin pecado original.

Dice que sois toda Hermosa,
en sus cantares un Dios,
no hallando mácula en Vos
para ser Su amada Esposa:
canción tan misteriosa
repitan con gozo igual:
Sois concebida María,
Sin pecado original.

Ya en la Iglesia es más constante
que su culto en la intención
mira a vuestra creación
Pura, limpia y radiante:
Del Mundo en aquel instante
la Patrona Universal.
Sois concebida María,
Sin pecado original. 

En esta primera entrada,
Sion Divina, el Señor
Os mira con más amor,
que a cuanto en Jacob le agrada:
Así en Gracia acumulada
con tan inmenso Caudal,
Sois concebida María,
Sin pecado original.

Pues pudo elegiros tal,
El que para Madre Os cría;
Sois concebida María,
Sin pecado original.

V: En Tu Concepción fuiste Inmaculada.
R: Ruega por nosotros al Padre, cuyo Hijo diste a luz.


Oración Final:
Bendita sea Tu Pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa Belleza. A Ti, Celestial Princesa, Virgen Sagrada María, Te ofrezco en este día: alma, vida y corazón. ¡Mírame con compasión! ¡No me dejes, Madre mía, morir sin confesión!

Mi corazón a Tus plantas
pongo, oh Divina María,
para que a Jesús lo ofrezcas
junto con el alma mía.
Amén.

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El Año 1854, el Papa Pío IX, en Bula Ineffabilis Deus, proclama el dogma de la Inmaculada Concepción de María.


Día Segundo
(Dicho el Acto de Contrición y la Oración para

Todos los Días, se considera el Día 2)

¡Oh, Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro! Así como preservaste a María de todo pecado mortal en toda Su vida y a nosotros nos das Gracia para evitarlo y el Sacramento de la Confesión para remediarlo, así Te rogamos humildemente, por intercesión de Tu Madre Inmaculada, nos concedas la Gracia de no cometer nunca pecado mortal, y si incurrimos en tan terrible desgracia, la de salir de él cuanto antes, por medio de una buena Confesión.

  • Rezar 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Gloria a la Santísima Trinidad.
  • Luego se pide lo que por intercesión de La Inmaculada Concepción se desea conseguir de esta Novena y se concluye con los Gozos.


Día Tercero
(Dicho el Acto de Contrición y la Oración para

Todos los Días, se considera el Día 3)

¡Oh, Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro! Así como preservaste a María de todo pecado venial en toda Su vida, y a nosotros nos pides que purifiquemos más y más nuestras almas para ser dignos de Ti, así Te rogamos humildemente, por intercesión de Tu Madre Inmaculada, nos concedas la Gracia de evitar los pecados veniales y de procurar obtener cada día más pureza y delicadeza de conciencia.

  • Rezar 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Gloria a la Santísima Trinidad.
  • Luego se pide lo que por intercesión de La Inmaculada Concepción se desea conseguir de esta Novena y se concluye con los Gozos.

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Día Cuarto
(Dicho el Acto de Contrición y la Oración para

Todos los Días, se considera el Día 4)

¡Oh, Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro! Así como libraste a María del pecado y le diste dominio perfecto sobre todas Sus pasiones, así Te rogamos humildemente, por intercesión de Tu Madre Inmaculada, nos concedas la Gracia de ir domando nuestras pasiones y destruyendo nuestras malas inclinaciones, para que Te podamos servir con verdadera libertad de espíritu y sin imperfección ninguna.

  • Rezar 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Gloria a la Santísima Trinidad.
  • Luego se pide lo que por intercesión de La Inmaculada Concepción se desea conseguir de esta Novena y se concluye con los Gozos.


Día Quinto
(Dicho el Acto de Contrición y la Oración para

Todos los Días, se considera el Día 5)

¡Oh, Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro! Así como desde el primer instante de Su Concepción diste a María más Gracia que a todos los Santos y Ángeles del Cielo, así Te rogamos humildemente por intercesión de Tu Madre Inmaculada nos inspires un aprecio singular de la Divina Gracia que Tú nos adquiriste con Tu Sangre y nos concedas el aumentarla más y más con nuestras buenas obras y con la recepción de Tus Santos Sacramentos, especialmente el de la Comunión.

  • Rezar 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Gloria a la Santísima Trinidad.
  • Luego se pide lo que por intercesión de La Inmaculada Concepción se desea conseguir de esta Novena y se concluye con los Gozos.


Día Sexto
(Dicho el Acto de Contrición y la Oración para

Todos los Días, se considera el Día 6)

¡Oh, Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro! Así como desde el primer instante infundiste en María, con toda plenitud, las Virtudes sobrenaturales y los Dones del Espíritu Santo, así Te suplicamos humildemente, por intercesión de Tu Madre Inmaculada, nos concedas a nosotros la abundancia de estos mismos Dones y Virtudes, para que podamos vencer todas las tentaciones y hagamos muchos actos de virtud dignos de nuestra profesión de cristianos.

  • Rezar 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Gloria a la Santísima Trinidad.
  • Luego se pide lo que por intercesión de La Inmaculada Concepción se desea conseguir de esta Novena y se concluye con los Gozos.


Día Séptimo
(Dicho el Acto de Contrición y la Oración para

Todos los Días, se considera el Día 7)

¡Oh, Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro! Así como diste a María, entre las demás virtudes, una Pureza y Castidad eximia, por la cual es llamada Virgen de las Vírgenes, así Te suplicamos, por intercesión de Tu Madre Inmaculada, nos concedas la dificilísima virtud de la castidad, que no se puede conservar sin Tu Gracia, pero que tantos han conservado mediante la devoción de la Virgen y Tu protección.

  • Rezar 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Gloria a la Santísima Trinidad.
  • Luego se pide lo que por intercesión de La Inmaculada Concepción se desea conseguir de esta Novena y se concluye con los Gozos.


Día Octavo
(Dicho el Acto de Contrición y la Oración para

Todos los Días, se considera el Día 8)

¡Oh, Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro! Así como diste a María la Gracia de una ardentísima Caridad y Amor de Dios sobre todas las cosas, así Te rogamos humildemente, por intercesión de Tu Madre Inmaculada, nos concedas un amor sincero a Ti, oh Dios y Señor nuestro, nuestro verdadero Bien, nuestro Bienhechor, nuestro Padre, y que antes queramos perder todas las cosas que ofenderte con un solo pecado.

  • Rezar 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Gloria a la Santísima Trinidad.
  • Luego se pide lo que por intercesión de La Inmaculada Concepción se desea conseguir de esta Novena y se concluye con los Gozos.

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Día Noveno
(Dicho el Acto de Contrición y la Oración para
Todos los Días, se considera el Día 9)

¡Oh, Santísimo Hijo de María Inmaculada y benignísimo Redentor nuestro! Así como has concedido a María la Gracia de ir al Cielo y de ser en él colocada en el primer lugar después de Ti, así Te suplicamos humildemente, por intercesión de Tu Madre Inmaculada, nos concedas una buena muerte, que recibamos bien los últimos Sacramentos, que expiremos sin mancha ninguna de pecado en la conciencia y vayamos al Cielo para siempre gozar en Tu compañía y la de nuestra Madre, con todos los que se han salvado por Ella.

  • Rezar 3 Padrenuestros, 3 Avemarías y 3 Gloria a la Santísima Trinidad.
  • Luego se pide lo que por intercesión de La Inmaculada Concepción se desea conseguir de esta Novena y se concluye con los Gozos.

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Fuente:
http://miamigoelcipres.blogspot.es/categoria/novena-inmaculada/

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Comienza la Publicación de la Autobiografía de Santa Margarita Mª Alacoque

A U T O B I O G R A F Í A  
DE  LA  B.  MARGARITA MARÍA ALACOQUE

COPIADA TEXTUALMENTE DE LA QUE DEJÓ MANUSCRITA ELLA MISMA
POR  ORDEN  DE  SU  DIRECTOR  EL  P.  ROLIN,  S. J.

T R A D U C I DA
POR  EL  P.  ÁNGEL  SÁNCHEZ  TERUEL
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS

autobiografiasantamargaridamaria

AL  QUE  LEYERE

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NADIE ignora la deuda inmensa que contrajo la Compañía de Jesús con el Divino Corazón por haberla elegido para defender en primera línea sus intereses y establecer su reinado. Tampoco se desconoce que deben los hijos de San Ignacio mostrarse agradecidos a la B. Margarita María Alacoque, por haber sido la escogida para comunicarles tan divina elección.

Ahora bien: cumpliéndose en este año de 1890, el 17 de Octubre, dos siglos del glorioso tránsito de Margarita María al cielo, y presentándose con motivo de  este Centenario la ocasión de pagar de, algún modo esa doble deuda, me propuse- contribuir a ello, por mi parte, con una obra que no fuera indigna de nuestra gratitud. Tal ha sido mi principal objeto al traducir en nuestra hermosa lengua la vida de la Beata, escrita por ella misma; vida exclusivamente dedicada por Margarita a la gloria de Jesús y ordenada por Jesús para dar a conocer la obra de su amor, el corazón de Margarita.ADIE ignora la deuda inmensa que contrajo la Compañía de Jesús con el Divino Corazón por haberla elegido para defender en primera línea sus intereses y establecer su reinado. Tampoco se desconoce que deben los hijos de San Ignacio mostrarse agradecidos a la B. Margarita María Alacoque, por haber sido la escogida para comunicarles tan divina elección.

Además, España conoce a Margarita, tiene noticia de las heroicas virtudes que practicó y de los extraordinarios favores que recibió del Corazón divino; sabe quizá por diversos autores todos los sucesos de esta vida admirable; pero no posee este preciosísimo tesoro, que tienen ya otras naciones, y no merece ser la última en poseerle mi patria, que en aprovecharse de él será la primera.

Expuestas ya las razones que me han movido, sólo me resta añadir cuatro palabras sobre la traducción.

Confieso que hubiera preferido conservar el fondo y variar la forma, verter íntegro el pensamiento y dejar correr libremente la pluma dando más soltura a la frase y amenidad al estilo, no por vanidad pueril, sitio por vencer más fácilmente y aun encubrir las dificultades que a cada paso me salían al encuentro, ya por las cosas mismas, ya por la manera particular con que están expresadas. Sin embargo, pro curando vencerlas y aun sacrificando mi deseo de evitar al menos las frecuentes repeticiones, he optado por la versión literal, sin más variaciones que las necesarias, a mi juicio, para que la frase resulte lo más castiza posible, y para presentar más clara alguna idea.

Así lo exige la índole del escrito para que quede intacta la plenitud de su autoridad; así, para que conserve toda su fuerza el sentimiento como inherente a las expresiones mismas, con que el alma describe sus luchas y victorias, pinta sus penas y sus goces, descubre todos sus más íntimos secretos; así lo exige, finalmente, la utilidad de los lectores, como se deduce de la promesa hecha por Jesús de unir la unción de su gracia a los escritos de la Beata con este exclusivo objeto.

A fin de facilitar la lectura y hacerla adaptable a los nueve días de una novena, he admitido la reforma introducida por la versión italiana de dividir la Autobiografía en nueve capítulos, agregando al último de estos un apéndice, por ser su preparación a la muerte escrita por la misma Beata. Finalmente, añado también el décimo capítulo, para describir la muerte de Margarita y dejar terminada la obra. No dudo que semejante división será del agrado de mis lectores.

Hechas estas ligeras observaciones para dar completa razón de mi obra, y deseando que ésta ceda en gloria del Sacratísimo Corazón, en honra de la B. Margarita María y en bien de mi amada patria, voy a permitirme hacer una súplica. Todos sabemos aquella inefable promesa del Divino Corazón: «Reinaré en España, y con más veneración que en otras partes,» y todos deseamos que se inaugure pronto ese reinado, para vernos libres de tantas calamidades como nos rodean. Ninguna ocasión hay más oportuna que la presente para obtener esa gracia: este mismo año se hace al Corazón de Jesús la ofrenda más pura y agradable a sus ojos, la ofrenda de la inocencia en la Consagración de los niños: por medio del libro que pongo en las manos del lector, podemos hacer nosotros la of renda de la penitencia, pues nada se vinculca en él tanto como el horror al pecado y el amor al sacrificio. Leámosle, pues, meditémosle, empapémonos bien en esos sentimientos, y preparados así, pidamos a la B. Margarita que se digne ella misma presentar esas dos ofrendas al Divino Corazón, y hacérnosle propicio para que more Él en nosotros y nosotros en Él, en lo cual consiste su reinado.


I

FAVORES CON QUE MARGARITA MARÍA
FUE PREVENIDA POR JESÚS
EN SUS PRIMEROS AÑOS

POR sólo vuestro amor, es por lo que me someto a la obediencia de escribir esto, pidiéndoos perdón de mi resistencia a ejecutarlo. Pero como nadie conoce, sino vos, la grandeza de la repugnancia que siento al hacerlo, nadie puede, sino vos solo, darme fuerza para vencerla. Recibo esta obediencia como de parte vuestra, cual si quisierais castigar así el exceso de mi gozo y de las precauciones, que había tomado para seguir la grande inclinación, que siempre tuve, de sepultarme en un eterno olvido de las criaturas. Porque, cuando ya había obtenido las promesas de las personas que, a mi parecer, podían contribuir a esto, y había quemado cuanto por obediencia escribí, es decir, lo que habían dejado en mi poder, me fue comunicado este mandato. Soberano Bien mío, haced que nada escriba, sino lo que haya de ser para vuestra mayor gloria y mi mayor confusión.

Único amor mío, ¡cuánto os debo por haberme prevenido desde mi más tierna edad, constituyéndoos dueño y posesor de mi corazón, aunque conocíais bien la resistencia que había de haceros!OR sólo vuestro amor, es por lo que me someto a la obediencia de escribir esto, pidiéndoos perdón de mi resistencia a ejecutarlo. Pero como nadie conoce, sino vos, la grandeza de la repugnancia que siento al hacerlo, nadie puede, sino vos solo, darme fuerza para vencerla. Recibo esta obediencia como de parte vuestra, cual si quisierais castigar así el exceso de mi gozo y de las precauciones, que había tomado para seguir la grande inclinación, que siempre tuve, de sepultarme en un eterno olvido de las criaturas. Porque, cuando ya había obtenido las promesas de las personas que, a mi parecer, podían contribuir a esto, y había quemado cuanto por obediencia escribí, es decir, lo que habían dejado en mi poder, me fue comunicado este mandato. Soberano Bien mío, haced que nada escriba, sino lo que haya de ser para vuestra mayor gloria y mi mayor confusión.

No bien tuve conciencia de mí misma, hicisteis ver a mi alma la fealdad del pecado, que imprimió en mi corazón un horror tal, que la más leve mancha me era tormento insoportable; y para refrenar la vivacidad de mi infancia, bastaba decirme que era ofensa de Dios; con esto contenían mi ligereza y me retraían de lo que ansiaba ejecutar. Sin saber lo que hacía, me sentía continuamente impulsada a decir estas palabras: «Dios mío, os consagro mi pureza y hago voto de perpetua castidad.»

Un día las dije entre las dos elevaciones de la santa Misa, que de ordinario oía con las rodillas desnudas en tierra, por frío que hiciese. No comprendía lo que había hecho, ni lo que quería decir la palabra voto, ni tampoco esta otra, castidad. Toda mi tendencia era ocultarme en algún bosque, y nada me detenía sino el temor de encontrar hombres en aquel sitio.

La Santísima Virgen tuvo siempre grandísimo cuidado de mí: yo recurría a ella en todas mis necesidades y me salvaba de grandísimos peligros. No osaba dirigirme a su divino Hijo de modo alguno, sino siempre a ella, a la cual ofrecía el rosario hincadas las rodillas desnudas en tierra, o haciendo tantas genuflexiones y besando tantas veces el suelo, cuantas Ave Marías rezaba.

Perdí a mi padre niña aún; y como era la única hija, y mi madre, encargada de la tutela de sus cinco hijos, paraba muy poco en casa, me crié por este motivo hasta la edad de unos ocho años y medio sin más educación que la de los domésticos y campesinos.

Me llevaron a una casa religiosa, donde me prepararon a la primera comunión cuando tenía unos nueve años, y esta comunión derramó para mí tanta amargura en todos los infantiles placeres y diversiones, que no podía ya hallar gusto en ninguno, aunque los buscase con ansia, pues al punto que quería tomar parte en ellos con mis compañeras, sentía siempre algo que me separaba de allí y me impelía hacia algún rinconcito, sin dejarme reposar hasta que lo hubiese ejecutado. Allí me precisaba a ponerme en oración, pero casi siempre postrada o con las rodillas desnudas en el suelo, o haciendo genuflexiones con tal que no me vieran, pues sufría un extraño tormento cuando así me encontraban.

Tenía vivas ansias de hacer todo lo que veía practicar a las religiosas, considerándolas a todas como santas, y pensando que, si fuese religiosa, llegaría a ser como ellas. Por lo cual se apoderó de mí tan grande ansia de serlo, que a esto sólo aspiraba. Aunque no eran, a mi parecer, de bastante retiro para mí, como no conocía otras, juzgaba que debía quedarme en su convento.

Pero caí en un estado de enfermedad tan deplorable, que pasé como unos cuatro años sin poderme mover. Los huesos me rasgaban la piel por todas partes, y por esta causa no me dejaron allí más que dos años. No pudo hallarse, en definitiva, otro remedio a mis males, que el de consagrarme con voto a la Santísima Virgen, prometiéndole que, si me curaba, sería un día una de sus hijas. Apenas se hizo este voto, recibí la salud acompañada de una nueva protección de esta Señora, la cual se declaró de tal modo dueña de mi corazón que, mirándome como suya, me gobernaba como consagrada a ella, me reprendía mis faltas y me enseñaba a hacer la voluntad de Dios.

Me sucedió una vez, que estando rezando el rosario sentada, se me presentó delante y me dio tal reprensión, que aunque era aún muy niña, jamás se ha borrado de mi mente. «Hija mía, me admiro de que me sirvas con tanta negligencia.» Tal impresión dejaron estas palabras en mi alma, que me han servido de aviso para toda mi vida.

Recobrada la salud, no pensé ya sino en buscar mi contento en el goce de mi libertad, sin darme gran cuidado el cumplimiento de mi promesa. Mas, ¡oh Dios mío! no pensaba entonces lo que después me habéis hecho conocer y experimentar, y es que, habiéndome engendrado con tantos dolores vuestro Corazón en el Calvario, no podía sostener la vida, que me habíais concedido, sino con el alimento de la Cruz, que sería mi manjar delicioso. He aquí cómo pasó. Apenas comencé a gozar de plena salud, me fui tras la vanidad y el afecto de las criaturas, halagándome el que la condescendiente ternura que por mí sentían mi madre y mis hermanos, me dejase en libertad para algunas ligeras diversiones y para consagrar a ellas todo el tiempo que deseara. Pero bien me hicisteis conocer, Dios mío, que andaba muy errada en mis cálculos, pues los había hecho según mi propensión, naturalmente inclinada al placer; mas no según vuestros designios tan diferentes de los míos.

Mi madre se había despojado de su autoridad en casa para trasmitirla a otros; y de tal manera la ejercieron, que nunca nos vimos ni ella, ni yo en más dura cautividad. No es mi ánimo ofender a esas personas en cuanto voy a referir, ni creer que obrasen mal haciéndome padecer (líbreme Dios de tal pensamiento), sino solamente mirarlas como instrumentos, de que se valía el Señor para cumplir su santa voluntad. No teníamos, pues, autoridad alguna en casa, ni osábamos hacer nada sin permiso. Era una guerra continua y todo estaba bajo llave, de tal modo, que con frecuencia ni aun hallaba con qué vestirme para ir a Misa, si no pedía prestados cofia y hábito. Entonces fue cuando comencé a sentir mi cautiverio, en el cual tan adentro penetré, que nada hacía, ni aun salía de casa, sin el permiso de tres personas.

Desde este tiempo todos mis afectos se dirigieron a buscar mi completa dicha y consolación en el Santísimo Sacramento del altar. Pero hallándome en un pueblo distante de la iglesia, no podía ir a ella sin el permiso de esas personas, y acontecía, que cuando quería una, la otra me negaba su permiso; y muchas veces, cuando demostraba mi dolor con el llanto, me echaban en cara, que era porque habría dado cita a algunos jóvenes y sentía mucho no poder ir a su encuentro, bajo el pretexto de oír Misa, o ir a la bendición del Santísimo. ¡Y yo, que tenía en mi corazón un horror tan grande a todo esto, que hubiera consentido ver desgarrar mi cuerpo en mil pedazos antes de abrigar tal pensamiento! Esta fue la época en que, no sabiendo dónde refugiarme, sino a un ángulo del jardín, o del establo u otro lugar secreto, en el cual pudiera arrodillarme y derramar los afectos de mi alma con mis lágrimas en la presencia de Dios, por medio de la Santísima Virgen, mi buena Madre, en la que había puesto toda mi confianza, permanecía allí días enteros sin comer ni beber. Esto era lo ordinario; a veces algunas pobres gentes del pueblo me daban por compasión un poco de leche o fruta hacia la tarde. Después, cuando volvía a casa, era tal mi miedo y temblor, que me parecía ser una pobre criminal, caminando a oír su sentencia; y antes que vivir así, me hubiera tenido por más dichosa yendo a mendigar un pedazo de pan, pues con frecuencia no osaba tomarlo de la mesa. En el momento en que entraba, comenzaba la batería con mayor fuerza, diciéndome que no había tenido cuidado del arreglo de la casa y de los niños de aquellas amadas bienhechoras de mi alma; y sin permitirme hablar una sola palabra, me ponía a trabajar con los criados. Después de esto, pasaba las noches, como había pasado el día, vertiendo lágrimas a los pies de mi Crucifijo, el cual me manifestó, sin que yo comprendiese nada, que quería ser el dueño absoluto de mi corazón y hacerme en un todo conforme a su vida dolorosa, y a este fin quería constituirse Maestro mío, haciéndose presente a mi alma para obligarme a obrar como Él en medio de sus crueles dolores, dándome a conocer que los había sufrido por mi amor.

Quedó desde entonces tan impresionada mi alma, que desearía no cesasen ni por un momento mis penas. Porque después le tenía siempre presente bajo la forma de un Crucifijo o de un Ecce homo llevando su cruz, lo cual imprimía en mí tal compasión y amor de los sufrimientos, que todas mis penas me parecían ligeras comparadas con el deseo, que sentía de sufrirlas para conformarme con mi Jesús paciente. Y me afligía al ver que aquellas manos que se levantaban a veces para herirme, estaban detenidas y no descargaban sobre mí todo su rigor. Me sentía continuamente impulsada a prestar toda clase de servicios y obsequios a estas personas, verdaderas amigas de mi alma, y a sacrificarme por ellas gustosa, no teniendo placer mayor que hacerles bien y hablar de ellas todo lo mejor que podía. Pero no era yo, quien hacia todo lo que escribo, y escribiré bien a mi pesar, sino mi soberano Maestro, que se había apoderado de mi voluntad y no me permitía quejarme, ni murmurar, ni tener resentimiento con esas personas, ni aun tolerar que me tuvieran lástima y compasión, diciéndome que Él había obrado así, y quería que, cuando no pudiese impedir me hablasen de esto, les diese toda la razón y echase sobre mí toda la culpa, añadiendo, como era verdad, que mis pecados merecían otros muchos castigos.

Mas en la extrema violencia, que necesito hacerme para escribir esto, que había siempre tenido oculto con tanto cuidado y precaución para lo porvenir, aun procurando no conservar idea alguna en mi memoria para dejarlo todo en la de mi buen Maestro, le di mis quejas por la grande repugnancia, que sentía; pero Él, fijando mi atención, me dijo: «Prosigue, hija mía, prosigue, que ello ha de ser, ni más, ni menos, a pesar de todas tus repugnancias; es necesario que mi voluntad se cumpla. —Mas, ¡ay de mí, Dios mío!; ¿cómo he de acordarme de lo que pasó hace ya cerca de veinticinco años?—; ¿No sabes que soy la memoria eterna de mi Padre celestial, que jamás olvida cosa alguna, y ante la cual lo pasado y lo futuro son como el presente? Escribe, pues, sin temor todo, según te lo dictaré, que te prometo derramar en lo que escribas la unción de mi gracia, a fin de ser por este medio glorificado.

Primeramente quiero esto de ti, para hacerte ver que me gozo inutilizando todas las precauciones, que te dejé tomar para ocultar la profusión de las gracias, con las cuales tuve el gusto de enriquecer a una tan pobre y débil criatura como tú, cuyo recuerdo jamás debes perder, a fin de rendirme por ello continuas gracias.

En segundo lugar, para enseñarte que no te debes apropiar esas gracias, ni ser mezquina en distribuirlas a los demás, ya que he querido servirme de tu corazón, como de un canal, con el fin de repartirlas, según mis designios, en las almas, muchas de las cuales serán retiradas por este medio del abismo de perdición, como te haré ver en adelante.

Y en tercer lugar, para hacer ver que soy la Verdad eterna, que no puede mentir; que soy fiel a mis promesas, y que las gracias, que te hice, pueden resistir todo género de exámenes y de pruebas.»

Después de estas palabras me hallé tan fortalecida, que no obstante mi gran pena de que se lea este escrito, me resolví a continuar a toda costa, para cumplir la voluntad de mi Soberano Maestro.

La más áspera de mis cruces era el no poder suavizar las de mi madre, para mí cien veces más duras de soportar que las propias, si bien no le daba el consuelo de hablarme de ellas, temiendo ofender a Dios con el placer de comunicarnos nuestros sufrimientos. Pero en sus enfermedades era cuando mi dolor llegaba al extremo; porque entregada por completo a mis pobres cuidados y servicios, sufría mucho, tanto más, cuanto que a veces se hallaba todo cerrado con llave, y me era preciso ir a mendigar hasta los huevos y otras cosas necesarias a los enfermos. No era esto pequeña aflicción para mi natural tímido, aun pidiéndolo en casas de campesinos, pues me decían no pocas veces, más de lo que hubiera deseado.

En una erisipela, que tuvo en la cabeza, de una hinchazón, inflamación y dureza horribles, que la ponía a las puertas de la muerte, se contentaron con hacerla sangrar por un pobre cirujano de pueblo, que por allí pasaba, el cual me dijo que sin milagro no podría vivir. Nadie se afligió ni se molestó por esto, a no ser yo, que no sabía dónde acudir, ni a quién dirigirme, sino a mi asilo ordinario, la Santísima Virgen y mi soberano Maestro.

En las angustias en que continuamente me hallaba sumergida, en medio de las cuales no recibía sino burlas, injurias y acusaciones, no sabía dónde refugiarme. Habiendo, pues, ido a Misa el día de la Circuncisión de Nuestro Señor, para pedirle que se dignase ser Él mismo el médico y el remedio de mi pobre madre, y enseñarme a mí lo que debía hacer, lo ejecutó con tanta misericordia, que a mi vuelta encontré reventada la mejilla con una llaga casi tan ancha como la palma de la mano, la cual despedía un hedor insoportable, y nadie quería acercarse a la enferma. No sabía yo curar llagas, y antes ni aun podía verlas ni tocarlas; para ésta no tenía más ungüento que el de la divina Providencia, y todos los días cortaba mucha carne podrida. Me sentí con tal valor y confianza en la bondad de mi Soberano, el cual parecía hallarse siempre presente, que al fin en pocos días se curó, contra toda humana esperanza.

Durante todo el tiempo de sus enfermedades, ni me acostaba ni apenas dormía; comía muy poco y pasaba las noches frecuentemente sin tomar alimento. Pero mi divino Maestro me consolaba, y sustentaba con una conformidad perfecta con su voluntad santísima. No dirigiéndome sino a Él en todo cuanto me pasaba, le decía: «Mi soberano Maestro: si Vos no lo quisierais, no sucedería esto; pero os doy gracias de haberlo permitido para hacerme semejante a Vos.»

En medio de todas estas cosas, me sentía atraída tan fuertemente a la oración, que me atormentaba mucho el no saber, ni hallarme en disposición de aprender cómo había de hacerla, no teniendo trato ni conversación alguna con personas espirituales, y no sabiendo de ella otra cosa más que esta palabra, oración, que me arrebataba el alma. Mas habiéndome dirigido a mi soberano Maestro, me enseñó cómo quería que la hiciese, y me ha servido para toda mi vida. Me hacía postrar humildemente en su presencia para pedirle perdón de cuanto le había ofendido, y luego, después de haberle adorado, le ofrecía mi oración sin saber aún sobre qué había de hacerla. Entonces se me presentaba Él mismo en el misterio, en que quería le considerase, y atraía tan fuertemente mi espíritu, teniendo en Él absortas mi alma y todas mis potencias, que no sentía distracción alguna, sino mi corazón consumido por el deseo de amarle, lo cual me producía una insaciable ansia de comulgar y sufrir. Pero no sabía cómo arreglarme; no tenía más tiempo que el de la noche, del cual tomaba cuanto me era posible; y aunque esta ocupación me fuese más deliciosa de lo que pudiera expresar con mis palabras, no la tenía por oración, y me sentía continuamente perseguida por el deseo de hacerla, prometiendo al Señor, que tan pronto como me enseñara, dedicaría a ella todo el tiempo disponible. Sin embargo, su bondad me retenía con tanta fuerza en la ocupación dicha, que me disgustaron las oraciones vocales, las cuales no podía rezar delante del Santísimo Sacramento, donde me encontraba tan absorta, que jamás sentía cansancio. Hubiera pasado allí los días enteros con sus noches sin beber, ni comer y sin saber lo que hacía, sino era consumirme en su presencia como un cirio ardiente para devolverle amor por amor. No podía quedarme en el fondo de la iglesia, y por confusión que sintiese en mí misma, no dejaba de acercarme cuanto pudiera al Santísimo Sacramento. No juzgaba felices, ni envidiaba, sino a las que podían comulgar con frecuencia, y tenían la libertad de poder quedarse ante el Señor sacramentado: bien es verdad, que allí empleaba muy mal mi tiempo, y creo que no hacía sino negarle el honor debido. Procuraba ganar la amistad de las personas, de quienes he hablado más arriba, a fin de obtener algunos momentos libres para dedicarlos al Santísimo.

Me sucedía, en castigo de mis pecados, no poder dormir las vísperas de Navidad, y como en alta voz decía el Párroco en su plática que no debían comulgar los que no habían dormido, sin hacerlo antes[1], no pudiendo yo conseguirlo, no osaba recibir al Señor. Así, el día de regocijo era para mí de lágrimas, las cuales me servían de único alimento y placer.

¡Mas también fui culpable de grandes delitos! Pues una vez en tiempo de Carnaval, estando con otras compañeras, me disfracé por vana condescendencia, lo que ha sido objeto de mi dolor y llanto durante toda mi vida, así como también la falta, que cometía usando vanos adornos por el mismo motivo de complacer a las personas arriba citadas. Dios las ha hecho servir de instrumentos de su divina justicia, para vengarse de las injurias, que le hice pecando, aunque siendo personas virtuosas no creyesen obrar mal en nada de cuanto pasó en nuestra conducta, y pienso lo mismo, que no obraban mal, puesto que era Dios quien así lo quería, y yo no alimentaba hacia ellas ningún descontento.

Pero, ¡ay de mí! Señor mío, compadeceos de mi debilidad, en medio del extremo dolor y confusión, que me imprimís con tanta viveza, mientras esto escribo, por haberme resistido tan largo tiempo a ejecutarlo. Sostenedme, Dios mío, para que no sucumba bajo el peso de tan justas reconvenciones. No, protesto no resistir jamás con el auxilio de vuestra gracia, aunque debiera costarme la vida, atraerme el desprecio de todas las criaturas, y armar contra mí todos los furores del infierno, para vengaros de mis resistencias. Os pido perdón de todas ellas y fuerzas para terminar lo que de mí deseáis, no obstante la repugnancia, que me haga sentir el amor propio.

________________________
[1] O se expresó mal el Párroco o no le comprendió bien nuestra Margarita.

Fuente:
http://sacredheartchurchaustin.org/documents/2016/5/1080021338.PDF

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Conversación sobre la Parusía de Cristo – Padre Adam Skwarczynski

Tomado de la Entrevista al Padre Adam Skwarczynski, Doctor en Teología. Realizada por el Padre Artur Migas – Polonia, 27 de Julio de 2012.
Traducido al español por Pilar Zarama – Colombia.

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Sobre el Advenimiento de la Era Mariana —como san Maximiliano la llamó—, como una era del Espíritu Santo, como siendo el mismo Triunfo del Inmaculado Corazón, como lo llamamos hoy, basado en las palabras pronunciadas por Nuestra Señora en Fátima…

Sin duda, la Iglesia temprana vivió un ambiente de gozosa expectativa en el pendiente regreso del Señor. La frase griega, “Maranatha”, era una forma de expresión de bienvenida a éste…

Más tarde, sobre los siglos siguientes, es difícil señalar cuándo, sucedió una disminución del entusiasmo conectado con la Parusía, la segunda venida del Señor.

Eventualmente, la Parusía comenzó a ser identificada con el último juicio, lo cual se supone que tendrá lugar al fin del mundo. Así, no nos maraville que el evento esté asociado con un inmenso temor, entonces cualquier presión sobre un advenimiento haría que nadie levantara la cabeza sin susto. Este miedo también alcanzó expresión en algunas canciones litúrgicas como el famoso himno “Dies Irai”: El Día de la Ira.

Todavía Cristo el Señor claramente habló de sus dos venidas, más que de su única venida final. Cuando predijo el castigo que iba a purificar a toda la raza humana y a toda la Tierra en el sentido físico. Él habló de naciones perplejas por el estruendo del mar y de las olas, de los signos en el Cielo: las estrellas que caerán, el Sol que no brillará, la Luna que será eclipsada y todo esto será tan abrumador, que la gente se consternará, como lo puso, en anticipación de lo que está sobreviniendo en el mundo, porque al mismo final habrá solamente un remanente de creyentes rodeado por adoradores de Satanás, quien será soltado de su prisión…

Hoy la Iglesia está de alguna manera dividida en su parte jerárquica: la que espera solamente el último juicio, y la otra parte, la multitud… estamos esperando lo que está por venir.

Así como algunos creen con una gran expectativa, los otros se ríen…

No nos maraville que yo, quien ha visto la totalidad de mi vida sobre el trasfondo de la caída futura del mundo y tengo la osadía de predicar estas cosas en mis alrededores, me encuentre yo mismo en este tranquilo lugar, lejos del mundo, de la diócesis y de la parroquia, percibido como alguien que no está mentalmente sano en su juicio, porque predica algo que no es generalmente aceptado…

Mi conocimiento del futuro me permite examinar los mensajes contemporáneos, evaluarlos y corregirlos, y rechazar los falsos… He escrito una novela sobre esta materia.

No pudiendo hablar claramente como teólogo, quien debería predicar sobre estos asuntos, desde que he sido descalificado, recurrí a otra forma de poner las cosas. Primero recolecté todos los datos disponibles desde el libro de las Revelaciones, pronunciamientos de Nuestro Señor Jesucristo, mensajes de las apariciones marianas de los últimos siglos, mensajes de los carismáticos contemporáneos, tanto como las visiones en que yo mismo he sido transportado en el futuro.

Basado en tales textos y mensajes, escribí una novela titulada, “Into a new world with an angel”. He tenido que escribirla usando un pseudónimo peculiar: Ivan Novotny…

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Más tarde escribí una continuación llamada, “Entrando en la alegría”, pertinente a los tres años y medio antes del fin de los tiempos y la entrada al nuevo mundo…

Desde que yo ofrecí mi vida a Nuestro Señor alrededor del año 1977 para acelerar la venida del Reino de Dios sobre la Tierra para el Triunfo de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, y estoy agregando ahora el Corazón de José. Así habrá un mundo en que los tres más Sagrados Corazones triunfarán. De alguna manera ellos representan a la Santísima Trinidad: Dios Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y así en la Tierra: Jesús, María y José…

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Concerniente a los conocimientos que me fueron dados sobre los eventos por venir, cómo este mundo maravilloso, llamado por algunos el nuevo paraíso en la Tierra, vendría a darse. La primera etapa de esta parusía será la justicia que Cristo ha predicho: tomándonos a todos por sorpresa, como un relámpago que brilla en el Este y al mismo tiempo aparece en el Oeste. Así será la venida del Hijo del Hombre.

Él aparecerá con gran poder sobre las nubes rodeado por ángeles y santos, como lo hemos podido saber por los escritos de los santos y místicos…

…en el marco de las revelaciones de Garabandal, encontré la confirmación de que la Parusía consistirá en varias etapas. Se podría decir que iniciará desde la aparición de Cristo en las nubes y el juicio que se dará en el Aviso, “The Warning”, hasta la venida del fin de los tiempos. Porque Cristo no vendrá sólo por un momento. Pero entonces precisamente comenzará la venida de su Reino sobre la Tierra.

El Aviso consistirá en dos etapas: la primera de ellas, gozosa para aquellos que nunca han conocido a Cristo, ya sea porque no han tenido enseñanzas anteriores, o porque no han tenido contacto con su Iglesia. Ellos Lo verán en toda Su Belleza, en toda Su Majestad, en todo Su Resplandor, obviamente rebajado a lo que nuestros ojos humanos puedan observar en una mirada de tal gloria, y en un momento, Cristo se dará a la tarea de juzgar en un juicio muy parecido al que tiene lugar después de la muerte.

Muy probablemente incluirá gente de todas las edades, ya seamos adultos o niños mayores de ocho años, o que hayan entrado en la edad de la razón. Todos veremos una clase de película ante nuestros ojos, que describirá nuestras vidas…

Uno solamente estará absorbido por esa visión, en un examen de nuestra vida entera ante los ojos de Dios. Aquellos que estén espiritualmente preparados, en una relación cercana con Cristo, viviendo en su gracia, no tendrán nada que temer. Aunque ellos hayan visto sus pecados, han recibido los sagrados sacramentos, lo más probablemente, no tendrán nada que temer.

Si los han recibido de manera desordenada, estarán perplejos…

Por otro lado, estarán los que no sólo han vivido alejados de Dios, sino que son hostiles hacia Dios, que han luchado contra Él. Están también aquellos que han sido esclavizados y poseídos por Satanás, están tan poseídos por él, que no son capaces de estirar sus manos hacia Dios y pedirle su misericordia. Ellos actúan bajo la influencia de una imagen distorsionada de Dios, porque Satanás distorsiona esta imagen. Ellos ven a Dios como un ser cruel, ausente, distante en sus vidas, y aún si Dios se aparece a ellos como el mismo Amor, lo rechazarán. Para tales personas será su muerte. Éste será el juicio relacionado a su muerte. En el momento del Aviso, millones morirán y los que mueran serán aquellos poseídos por el amor a sí mismos y al mal.

Los que permanezcan en la Tierra estarán divididos en dos categorías: aquellos que ya he mencionado, los penitentes, y aquellos que primero han resuelto corregirse a sí mismos, pero que su resolución no ha sido suficientemente fuerte para perseverar. En un instante, Satanás regresará trayendo con él siete peores que él mismo, y los dejará poseídos hasta el máximo grado. Así esta gente se convertirá en los perseguidores de la Iglesia. El tiempo de los mártires, que Juan Pablo II mencionó en Fulda, tomará lugar. La Iglesia será purificada por su sangre.

No será una persecución larga. Después del Aviso, cerca de un año, el Señor Dios intervendrá en la historia del mundo y llevará a cabo el Milagro predicho en Garabandal y descrito de manera similar en Medjugore. El milagro se presume será parecido a la nube que caía sobre la Tierra, bajo la cual los israelitas vagaron por el desierto para encontrar refugio: la columna de nube que los condujo por cuarenta años…

Durante el día la columna de nube va a tocar el suelo y durante la noche vendrá a ser una columna de fuego. Se supone que el Papa, desde donde se encuentre, va a ver esta columna, y también se va a ver en Medjugore en la montaña de las apariciones llamada Podbro.

Será como el Dedo de Dios señalando sobre la Tierra y proclamándole al pueblo: “Se les ha dado una oportunidad final para arrepentirse y reconocer Mi Autoridad Paterna sobre ustedes mostrándoles Mi Amor”. Y esto es de alguna manera un ultimátum a la humanidad. Aquellos que ignoren este ultimátum serán sacados repentinamente de esta Tierra y Dios dejará solamente a aquellos que sean dignos de entrar en Su Reino en la Tierra.

No sabemos sin embargo, en qué momento colocar los castigos predichos por Nuestro Señor Jesús. Estos probablemente tengan lugar entre el Milagro y la columna de nube y los llamados Tres Días de Oscuridad. Probablemente terminarán con la limpieza del Castigo y la purificación de la Tierra…

Me fue dada la oportunidad de vivir viendo ese Castigo, pero siendo yo un niño, no recuerdo mucho de esto aparte de la atmósfera de espíritus infernales que llueven sobre la Tierra que ha sido sometida a unas terroríficas convulsiones. Yo miraba la Tierra desde una gran altura y así fui capaz de tomar en una sola mirada el hemisferio norte cubierto con nieve y cuando vino la primavera, todo fue transformado en un instante.

La gente se llenó de alegría. Salió cantando himnos al Señor en gratitud por haberlos preservado y haberlos llevado hasta los umbrales del Nuevo Mundo. Solamente puedo decir con visiones a ojo de pájaro, que fui consciente del paso de la Tierra a través de esas convulsiones horribles, involucrada la Tierra en alguna clase de guerra y explosiones posiblemente nucleares, que en algún momento estuve bajo la impresión de que dejaría de existir, de que simplemente se partiría. Más tarde también vi castigos específicos. Uno de ellos fue un enorme meteoro que golpeaba la Tierra, llegando a ser meteorito.

Es un meteoro en el aire y meteorito cuando golpea un objeto. Así que cuando fui levantado en el cielo, capaz de mirar a este enorme meteoro hacia el cual los habitantes de la Tierra habían disparado posiblemente dos misiles, que fueron apartados por alguna mano, perdiendo el objetivo. Entonces era obvio que el meteorito debería haber golpeado la Tierra. Recuerdo el susto precedente, algo como un conteo regresivo de los minutos y segundos y probablemente el golpe causando un terremoto. Aunque no recuerdo la conexión entre uno y otro.

El terremoto lo estaba experimentando aquí en esta casa en la cual hay una capilla en el sótano donde terminaremos nuestra reunión de hoy. Yo estaba acurrucado en una esquina y corriendo en medio de un movimiento de la Tierra, o un sacudón de toda la casa, que la dañó parcialmente, porque el yeso estaba cayendo del techo y las escaleras estaban probablemente cubiertas y fragmentadas…

p-adam-36Sobre las visiones del nuevo mundo…

Yo describí lo mejor que pude sobre eso en la novela, “Introducido al Nuevo Mundo con un Ángel”.

…será el espíritu, no la materia, lo que llenará el mundo purificado y renovado.

Entonces, la transformación del Espíritu fue lo que Nuestro Señor vio cuando habló del advenimiento de su Reino y no solamente en la manera en que los judíos lo esperaban, sino Él tenía en mente el Reino del Espíritu. “Si alguno me ama, dijo, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará y vendrá a él, y habitará dentro de él.” Ése será el reinado de Dios en las almas. Cuando Él reine en las almas de la gente, también reinará en el mundo circundante. Toda la naturaleza será transformada con nosotros. No solamente vendrá a ser amigable al hombre, quien en este momento está rodeado de plagas, gusanos, enfermedades y microbios que están destruyendo al hombre. Pero cuando hay fe en Dios, el nuevo Israel recibirá una promesa similar a aquella del viejo Israel: “Si ustedes me obedecen, Yo los bendeciré.” Esta misma bendición se hará manifiesta en todo el mundo que nos rodea, en nuestro estado físico y en el estado de toda la naturaleza a nuestro alrededor, que será transformada.

Padre Adam Skwarczynski

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ORACIÓN DE PREPARACIÓN PARA EL JUICIO–AVISO,
SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

Te adoramos a Ti, Señor Jesucristo, en este lugar tan escondido, tan solitario, tan lleno de paz. Trato este lugar como un calabozo, o puesto de otra manera, como la prisión en Jerusalén, en la cual tú fuiste guardado esperando por el juicio, antes de ir al Gólgota. Es justamente aquí, donde yo me estoy preparando Contigo para mi Gólgota.

Yo Te alabo, Te adoro en esta hora, cuando tú nos diste Tu Vida en la Cruz. Qué maravilloso y especial es que este mismo momento, a la tercera hora, podamos estar aquí. Así, a ésta, la Hora de Tu Misericordia, cuando Tú morías en el Gólgota.

En Tus Heridas, especialmente en las Heridas de Tu Corazón, nosotros guardamos a toda la humanidad en peregrinaje a través del mundo y sufriendo en el Purgatorio. En una forma especial nos sumergimos nosotros mismos en Tus Heridas y entramos en las corrientes de Tu Sangre, aquellos que pronto experimentarán el juicio sobre ellos mismos, el juicio particular, llamado El Aviso en el momento de Tu Parusía.

Estamos volviéndonos hacia Ti, Señor, con las frases de Letanía que yo he escrito esperando el regreso del Señor.

Te pedimos, Señor, que nos des confianza para que no estemos temerosos aunque la Tierra se estremezca en el momento de Tu venida y las montañas caigan en los abismos del mar.

R/ ¡Cristo Reina! ¡Cristo Impera!

Juzga al mundo y a sus pueblos justamente, llamando a Tu Verdad. Así que podamos ver Tus Obras, los hechos sorprendentes que Tú estás realizando sobre la Tierra.

R/ ¡Cristo Reina! ¡Cristo Impera!

Pueda aun Tu Ira contra los pueblos traer Tu Gloria.

R/ ¡Cristo Reina! ¡Cristo Impera!

Expulsa las guerras de los confines de la Tierra, rompe flechas y arcos, quema los escudos con fuego.

R/ ¡Cristo Reina! ¡Cristo Impera!

Que Tu Justicia y gran Paz florezcan en Tus días, antes de que la luna se extinga a sí misma.

R/ ¡Cristo Reina! ¡Cristo Impera!

Que el lobo paste con el cordero y puedan los viejos tiempos ser olvidados, y que nunca vengan a la mente de nuevo nunca más.

R/ ¡Cristo Reina! ¡Cristo Impera!

Que la Tierra se llene del conocimiento del Señor como las aguas llenan el mar.

R/ ¡Cristo Reina! ¡Cristo Impera!

Extrae nuestros corazones de piedra y danos corazones de carne en su lugar.

R/ ¡Cristo Reina! ¡Cristo Impera!

Imbúyenos con felicidad y deja que la Tierra produzca su fruto.

R/ ¡Cristo Reina! ¡Cristo Impera!

 

¡Descienda Tu Espíritu y renueva la faz de la Tierra! Venga Tu Reino y nos libere del enemigo.

R/ ¡Descienda Tu Espíritu y renueve la faz de la Tierra!

Brille Tu Luz a través de Tu acercamiento y se ilumine desde el Este, y al mismo tiempo brille en el Oeste.

R/ ¡Descienda Tu Espíritu y renueve la faz de la Tierra!

Ven sobre nubes celestes revestido de gran Poder y Gloria. Que todas las naciones Te pidan:

R/ ¡Descienda Tu Espíritu y renueve la faz de la Tierra!

Protégenos cuando bendigas a los mansos que heredan la Tierra.

R/ ¡Descienda Tu Espíritu y renueva la faz de la Tierra!

Que un Nuevo Pentecostés, mayor que el primero en el Cenáculo, renueve la faz de la Tierra con Su Esplendor.

R/ ¡Descienda Tu Espíritu y renueve la faz de la Tierra!

Que Tu Sacratísimo Corazón Triunfe al final, para el Triunfo del Corazón Inmaculado de María.

R/ ¡Descienda Tu Espíritu y renueve la faz de la Tierra!

Que Tu Paz, que es Tu Don, llueva sobre la Tierra, ¡oh, Altísimo Señor!

R/ ¡Descienda Tu Espíritu y renueve la faz de la Tierra!

Que la barca de Tu Iglesia fortificada por las columnas de la Sagrada Eucaristía y de la Santísima Virgen María sea salvaguardada de los asaltos del enemigo.

R/ ¡Descienda Tu Espíritu y renueve la faz de la Tierra!

Que la Iglesia entre en su nueva primavera, y que la juventud, su esperanza, empuje con fuerza hacia la santidad.

R/ ¡Descienda Tu Espíritu y renueve la faz de la Tierra!

Que Tu Segunda Venida sea el establecimiento de Tu Reino en Justicia, Amor y Paz en el mundo.

R/ ¡Descienda Tu Espíritu y renueve la faz de la Tierra!

Señor, Tú no deseas que ningún pecador muera, sino que sea convertido y tenga vida. Te pedimos que pongas sobre nosotros Tus Ojos de Misericordia, y que cumplas Tus eternas Promesas.

Renueva la faz de la Tierra por el Poder de Tu Espíritu y da a Tu Iglesia una nueva primavera para que pueda disfrutar del Triunfo del Sacratísimo Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María en humildad, pureza y santidad. Por Cristo, Nuestro Señor. Amén.

Señor, Jesús, bendice a todos los que están esperando Tu Segunda Venida, aquellos que Te están llamando: ¡Maranatha! ¡Ven, Señor Jesús!

Bendice a aquellos que Te han esperado, pero también a aquellos que todavía no Te conocen. Bendice a las almas sacrificiales, los ángeles terrestres en el borde del abismo. Y a esta hora de Tu muerte en la Cruz, ayúdalos a vivir vidas heroicas para que su red de sacrificios sea extendida a toda la Tierra, para atrapar los miles de millones de corazones hacia Ti.

¡Oh, Dios! Quien en un maravilloso Sacramento has dejado sobre nosotros el Memorial de Tu Pasión, concédenos preparar nuestra alma para venerar los Sagrados Misterios de Tu Cuerpo y de Tu Sangre, y que podamos percibir siempre dentro de nosotros los frutos de Tu Redención, hojas y lluvias en un mundo que no tendrá fin. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Padre Adam Skwarczynski

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Fuente:
https://drive.google.com/file/d/0ByOeY7SSb-25YkpERE9aVktPc1E/view

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Santa Matilde de Hackeborn

Apariciones de Jesús y María

19 de Noviembre – 716º Aniversario de su muerte
Año: ~1261 / Lugar: Helfta, Alemania
Revelaciones Místicas, Libro de la Gracia Especial
Santa Matilde de Hackeborn (1241-1299)

Santa matilde_de_hackebornSanta Matilde de Hackeborn

Matilde nació en el castillo de Helfta, región de Sajonia, reino de Germania, en el seno de la noble y poderosa familia de los Hackeborn. Nació tan débil que se la creyó muerta, pero al presentarla al sacerdote para que la bautizara, éste profetizó que llegaría a ser santa y Dios obraría grandes cosas a través de ella.

A los siete años visitó con su madre a su hermana Gertrudis de Hackeborn, futura abadesa del monasterio cisterciense de la localidad de Rodersdorf (no confundir con Gertrudis de Helfta o Gertrudis la Grande). En 1258, debido a la escasez de agua, las monjas se trasladan a Helfta. Este nuevo monasterio llegaría a prosperar tanto económica como cultural y espiritualmente. Matilde…

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Historia de la Virgen de La Chinita – Maracaibo, Venezuela

Apariciones de Jesús y María

18 de Noviembre – 306º Aniversario
Año: 1709 / Lugar: Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela
Aparición la Virgen de Chiquinquirá en una tablita
María Cárdenas, una humilde lavandera

Virgen de la Chinita_historiaLa imagen de la Virgen de Chiquinquirá, ‘La Chinita’, Patrona de Maracaibo, es una pintura al óleo sobre madera resinosa; una “tablita”, cuyas dimensiones son: 26 centímetros de alto, por 25 de ancho y 3 milímetros de espesor. Según la tradición zuliana, la “tablita” fue encontrada por una sencilla mujer, flotando sobre las olas, cuando acababa de lavar su ropa en las orillas del lago de Maracaibo.

Historia de la Virgen de La Chinita

Virgen de la Chinita_2Historia de la Virgen de La Chinita

El Hno. Nectario María (1888-1986), en el libro Historia de Nuestra Señora de Chiquinquirá de Maracaibo, relata que “María Cárdenas, una humilde señora que acudía junto con sus vecinas a lavar ropa a orillas del Lago, divisó una pequeña tabla blanca…

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