“Sólo sé que, del Cielo, un ángel bajó, fue una rosa blanca que del Cielo cayó”

De los Escritos de andrésdeMaría
ROSITA: HISTORIA DE UNA FLOR


UNOS VERSOS DE SU HERMANA

A los 14 años, su hermana Angelines, se fue al colegio de las “Anas” de Portugalete, en donde habiéndolas indicado en clase que cada una escribiese un verso, Angelines que llevaba muy vivo en el corazón el recuerdo de su hermana, escribió lo siguiente:

“El 11 de enero, yo no sé lo que pasó
sólo sé que, del Cielo, un ángel bajó,
fue una rosa blanca que del Cielo cayó
y por estar en la tierra, el ángel sufrió.
Fue una niña, fue una santa,
fue una rosa en nuestra casa”

La Hna. religiosa que las había encargado el trabajo, guardo un profundo silencio al leerla, al advertir el recuerdo tan profundo y entrañable que de su difunta hermana, guardaba la alumna.

Y es que creo que con estos versos está definido primorosamente el espíritu de Rosita.


LO QUE ME CONTÓ MARÍA DESPUÉS DE MUCHOS AÑOS

Creo que lo que me dijo María a mí personalmente, cuando ya vivía con nosotros en Valladolid por haberse quedado viuda, pudo muy bien ser un desahogo por necesitar compartir una noticia que quizás no se atrevió a darla a conocer anterior- mente.

Ya indiqué en el apartado de “Sobremesas inolvidables”, que la familia vivía feliz en sus primeros tiempos de su estancia en Orduña, y creo recordar, que ese fue el motivo por el que el corazón tan feliz de María, exultante de alegría, ofreciese espontáneamente al Señor, lo que Él quisiese tomarse.

No, no entendí que María hiciese referencia a una historia que tendría nada que ver con un sacrificio tan enorme, pero lo cierto es que asustada y al instante, le salió de lo más hondo de su corazón la siguiente frase:

“No, a Rosita no, a Rosita no”

Pocos días después, Rosita fue diagnosticada del sarcoma canceroso. Y es que existe un misterio, del que solamente Nuestro Señor tiene la llave, y es el de la unión del corazón de las madres con sus hijos, y no digo, el de los hijos con las madres.

Y como afirmación de lo dicho, vaya otro ejemplo ocurrido con María, Angelines de testigo, y como protagonista José Mari:

Ocurrió que en la Iglesia en la que hemos visto que entraba Rosita a saludar al Señor todos los días, y durante la celebración de una misa, a la que asistían madre e hija, María, de pronto, insistió repetida y angustiada a su hija, para que pidiese por Jose Mari.

Y es que, en ese mismo instante, según contó luego el mismo Jose Mari, estaba cayéndose desde una grúa al caldo de acero que estaba debajo, salvándole por un verdadero milagro, el haberse quedado enganchado con su ropa interior y en el último instante, a un providencial clavo que le pudo sujetar el peso del cuerpo.

No, no fue José Marí el que quería acordarse de la escena, fue su madre la que le insistió en que algo le había pasado aquella mañana, y fue entonces cuando termino confesando:

“Hoy he vuelto a nacer”


RECORDANDO A JUANITA

Sabemos que Juanita tomó un cariño muy especial por Rosita Juanita era de edad media cuando se fue de Segovia a Orduña, con un objetivo muy claro: el de seguir la dirección espiritual de un santo jesuita que había sido destinado a Orduña. Hasta ese punto llegaba su sensibilidad espiritual.

Confieso que siempre la acompañó aquella condición de niña huérfana, ya que su madre murió al darle a luz a ella. Su padre Notario con plaza en Segovia, volvió a contraer matrimonio, y a Juanita la cuido desde entonces una tía, hermana de su madre, a la que nunca pudo llamarla ni “mamá” ni “madre”, por expresa prohibición de ella. Había que evitar a toda costa, que se pudiese pensar que era una madre soltera.

Cómo le dolió a Juanita no poder llamar mamá nunca a nadie, y muy especialmente cuando siendo niña y al salir del colegio, escuchaba como las demás niñas llamaban a sus madres por ese nombre.

Había probado en varias ocasiones la vida de clausura en un convento de Carmelitas Descalzas, pero su pobre salud le impidió continuar en el empeño, dedicándose definitivamente a la enseñanza, en su condición de maestra, como ya sabemos.

He querido reflejar estas circunstancias de la vida de Juanita, para entender mejor lo que después quiso hacer con su inolvidable discípula.

Y es que todo su empeño fue el de tratar de promover la beatificación de Rosita.

Pero eran tiempos difíciles y también contaba y mucho, los costes económicos de la empresa, así que, aunque no esté canonizada por la Iglesia, todo nos dice que el Señor la canonizó aquel mismo día 11 de marzo de 1956.

Años después, afincada nuestra familia en Valladolid, nos volvimos a encontrar con Juanita, que ya había vuelto a su Castilla una vez se hubo marchado de Orduña su director espiritual.

Estaba ejerciendo sus últimos años de maestra en un pueblo de la provincia de Valladolid: “La Parrilla”, para años después ingresar en una residencia religiosa de ancianas en Valladolid.

Asistimos a su funeral, algunos amigos de Juanita, y como no tenía familiares directos, únicamente asistieron unos sobrinos, hijos de un hermanastro, hijo del segundo matrimonio de su padre. Vinieron desde Valencia y con los que no había tenido ningún trato.

Su última voluntad fue la de ser enterrada en una zona común del cementerio de Valladolid destinada a los pobres, manifestando con su ejemplo hasta el voto de pobreza que siempre vivió en silencio.

Y en el mismo silencio vivió en el mundo los votos de castidad, en su amado celibato, y el quizás el más difícil, el de suma obediencia a todos sus directores espirituales. Y es que, así se desahogó en cierta ocasión conmigo, hubo quien la hizo sufrir un verdadero calvario.


VEINTICUATRO AÑOS DESPUÉS

A las 8 de la mañana del día 11 de enero del año 1950, vino al mundo nuestra inolvidable Rosita.

Creo que Rosita desde el Cielo, pasando una vez más desapercibida, le regaló a su hermana una nueva e inolvidable compañera cuando se cumplieron los 24 años de su nacimiento.

Eran las 8 de la mañana del mismo día 11 de enero, del año 1974, cuando Angelines dio a luz a su única hija, bautizada con el nombre de Verónica, y puede ser que Rosita se lo inspirase, como un nuevo regalo, queriéndola ofrecer un precioso “pañuelo” en donde poderse reconfortar cuando llegase el momento.

Sus padres y sus hermanos al darles la noticia del nacimiento de Verónica, guardaron un profundo silencio, y es que jamás se les olvidó que el 11 de enero fue el día en que nació Rosita. Y Rosita, en absoluto se olvidó de sus queridísimos hermanos, orando desde el Cielo para que cada uno disfrutase de una preciosa hija, ayudándoles además de esta manera, a que no se olvidasen de que ella estaba más presente que nunca en la familia.

Mirenchu el regalo para José Mari y Raquel para Enrique.

Y para los otros sobrinos, Enrique, Luis, Francisco y Simón Jesús, que pregunten por su tía Rosita, que siempre les está esperando con el inalámbrico que une los corazones del Cielo con los de la tierra.

Fin.

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Escritos de andrésdeMaría publicados en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/andresdemaria/  

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