Sin saberlo, estaban de pie, listos para recibir el saludo de despedida de aquella santa niña.

De los Escritos de andrésdeMaría
ROSITA: HISTORIA DE UNA FLOR


LAS CAMPANAS TOCAN A MUERTO

Hacía ya muchos años que en Orduña no se había celebrado el funeral de ningún niño.

Y ocurrió que una niña, que vivía en el mismo portal que Rosita, de nombre Ascensión, se fue a Aloria, un pueblo perteneciente a la ya mencionada Arrastaria, para disfrutar del nacimiento de un burrito en la casa de unos familiares. Y una cabra, cuando la niña emocionada se fue acercando al burrito, saltó asustada, dándole con la cadena a la que estaba sujeta y, quedando la niña sin conocimiento y con apariencias de ser algo muy grave. “Asun”, así la llamaban, fue llevada inmediatamente a Basurto, un hospital de Bilbao, y cuando llegó ya era difunta. Era el día 11 de marzo.

Y las campanas de la Parroquia “tocaron a muerto”, y como además se añadían diferentes repiques para señalar el barrio al que pertenecía el difunto, ocurrió que el pueblo pensó que la que se acababa de morir era Rosita, de la que ya conocían que su estado era muy grave.

Pero el anuncio no era por Rosita, era por la muerte de “Asun”, de la que por la rapidez de los acontecimientos aún no se tenía pública noticia.

Y ocurrió, que mientras estaban Francisco, María, Angelines y Enrique confeccionando la cinta y la corona de rosas blancas de papel, para el funeral de “Asun”, ya que ni en Bilbao las pudieron conseguir naturales, Rosita, que había permanecido extenuada e inmóvil durante mucho tiempo en la cama, se levantó de pronto.

Impresionante, muy impresionante lo que ocurrió en aquellos pocos segundos: Y es que todos estaban de pie antes de levantarse Rosita.

Francisco acababa de finalizar de escribir la última letra de la cinta. María y Angelines daban por ultimada su labor con la corona, al colocar la última rosa de papel y Enrique estaba impresionado por lo que estaban viviendo.

De forma que todos, sin saberlo, estaban de pie, listos para recibir el saludo de despedida de aquella santa niña. Angelines, desconcertada por el inesperado movimiento de su hermana, se fue rápidamente a la cuna y de rodillas la preguntó:

“Rosita, Rosita, ¿qué te pasa?”

Y fue la primera en recibir aquella mirada serena, muy serena, de su santa hermanita, para después ir mirando a sus padres y a su hermano, despidiéndose de esta manera de todos.

Mirada serena, acompañada de una carita de ángel que ya reflejaba el Cielo.

Pero también quiso dar a entender su paso por la pasión dolorosa, ya que, al caer hacia atrás, ya sin vida, despidió por la nariz sangre ya digerida formada por el suero y unos pequeños coágulos.


Y VOLVIERON A TOCAR LAS CAMPANAS

La sorpresa llegó cuando las campanas volvieron a “tocar a difunto” anunciando la segunda muerte y además con los mismos repiques de campana que antes.

Ahora si eran por Rosita, la vecina de “Asun”.

A la tarde, aunque estaban rotos los corazones, Angelines fue a pedir a una casa de las afueras de Orduña, unas flores de narcisos amarillos, para acompañar a las rosas blancas de papel.

Y la corona, la cinta, y las flores de narciso, sirvieron para los dos funerales. Primero el de “Asun” y seguidamente el de Rosita

Colores blancos y amarillos por los que Juanita, después de celebrados los funerales le recordó a Angelines que eran los colores de la bandera del Papa.


LOS FUNERALES DE LAS DOS NIÑAS

Al siguiente día en Orduña, se celebraron los funerales de las dos niñas, los dos por la mañana, el primero el de “Asun” y después el de Rosita.

Orduña se volcó en las despedidas, y los obreros de la fábrica “Gama”, donde trabajaba su padre y había trabajado su hermano, y donde volvió después de licenciarse, tuvieron permiso para asistir al sepelio, cerrándose por fin la fábrica, ya que todos quisieron asistir a los funerales.

La predicación corrió a cargo de un padre jesuita, que resaltó vivamente lo que ya hemos contado de las virtudes de Rosita.

Su féretro blanco iba adornado por todos sus alrededores por unos abalorios blancos, y que la gente pidió permiso para cogerlos como recuerdo, y con dolor rememora su hermano Enrique, el que casi tiran el ataúd al suelo al arrancar las tiras de los collares. Y aún aumentó el desenfreno cuando arrancaron el crucifijo y le quitaron el rosario de las manos, por considerarlos como unas reliquias de la difunta niña.

“Petri”, amiga de María, se llevó muy agradecida la estampa del Niño Jesús que le acompañaba a Rosita en la cabecera de la cuna. Unas amigas de María, confeccionaron una túnica blanca de raso sirviendo de sudario y del último vestido de Rosita.

Esta es la imagen del recordatorio del fallecimiento de Rosita. No se puede poner el texto, ya que se agotaron por las innumerables peticiones de la gente, quedándose la familia sin ningún ejemplar.

Su hermana Angelines, llevó el estandarte de la Cruzada Eucarística. Y es en este momento donde voy a referir lo que anuncié anteriormente, el de un regalo que no dudo que le hizo Rosita a su hermana, correspondiendo a las atenciones que esta tuvo con ella, recordando quizás de manera especial, aquel 11 de enero en el que tuvo que llevarla en brazos desde la escuela a casa.

Regalo intransferible, que solo lo disfruta quien lo recibe, creando incluso confusión para los que lo desconocen. Y es que Angelines disfrutó de una paz tan señalada después de la muerte de su hermanita, que ni su mismo y dolorido padre podía comprender la serenidad de su hija, no pudiendo evitar el decirla que parecía que tenía el corazón endurecido. Frase dolorosa de recibir en aquellas circunstancias, pero como era un regalo que procedía del Cielo, nada turbó la paz que le estaba enviando Rosita.

Y no quiero omitir lo ocurrido al cabo de unos meses, cuando hicieron los niños de Orduña la primera comunión, la homilía del Padre Jesuita, invitado a predicar por D. Pedro, la dedicó enteramente a destacar las virtudes de Rosita, poniéndola como modelo, y muy especialmente de la devoción con que recibió su PRIMERA COMUNIÓN.


EL HERMANO QUE NO PUDO ASISTIR AL ENTIERRO

Y en Canarias, haciendo la “mili” como voluntario, como he indicado anteriormente, cuando le dieron la noticia del fallecimiento a su hermano mayor, José Mari, y como todo ocurrió tan de prisa, no pudo asistir a los funerales de su querida hermanita. Su sufrimiento, solo Dios lo sabe.

Y es que además, no recuerdo haber conocido a una persona que quisiese tanto a los niños. Mis propios hijos cuando iban a Orduña, saludaban rápidamente a sus abuelos, mis padres, para ir cuanto antes a ver a su tío José Mari.

Es más, en Canarias, era el que cuidaba de los hijos del comandante, siendo su esposa la que dijo que nunca había tenido un asistente al que le quisieran tanto sus hijos, insistiendo para que continuase en la milicia y poder así, seguir cuidando de los pequeños.

En fin, que sus hijos Enrique y Mirenchu, saben mejor que nadie, como disfrutaron sus hijos del abuelo José Mari.

Continúa…

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Escritos de andrésdeMaría publicados en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/andresdemaria/  

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