¿Grave Crisis en la Iglesia?, por el Padre Ángel Mª Rojas, S.J.

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¿GRAVE CRISIS EN LA IGLESIA?

Hoy abundan los comentarios alertando sobre una crisis muy seria en la Iglesia.

¿Qué hay sobre esto?

Creo que es cierto. Por lo tanto, en calidad de Director espiritual de algunas personas, me creo en la obligación de proporcionar algunos datos para afrontar correctamente la situación.

Es sabido que hay Fuerzas poderosas (masonería, comunismo, liberalismo, etc.) que quieren acabar con la Iglesia Católica, porque hoy es la Entidad que más defiende a la persona humana, su libertad, la justicia, la verdad, la caridad, y se resiste al Nuevo Orden Mundial, que quieren imponer.

Pero saben que, para poder derrotarla, hay que acabar con el Papado.

Con el Papa Juan Pablo II no pudieron los progres.

A Benedicto XVI le hicieron la vida imposible. Le acusaban de un discurso muy teórico, de estar alejado del pueblo. Aunque sus intervenciones eran muy estudiadas y matizadas, le sacaron punta a todo lo que pudieron. Recordemos Ratisbona (aunque el tiempo le dio la razón). Viendo que con su salud débil no podía hacer frente un ataque tan fuerte, se vio obligado a dimitir.

Los ataques al Papa Francisco comenzaron a las siete y media de la tarde del 13 de marzo de 2013, en el momento en que, desde “el  Balcón de las Bendiciones”, dijo “buenas noches” a toda la gente reunida en la Plaza de san Pedro. Ya ese “buenas noches” fue criticado…

También fue puesta en cuestión su primera decisión: vivir en la Residencia de Santa Marta, para evitar el aislamiento que rodeaba a los Papas anteriores al residir en sus apartados apartamentos pontificios. El Papa Francisco quiere estar pendiente de lo que ocurre a su alrededor y fuera de los muros vaticanos. En el apartamento papal hubiera estado aislado y vigilado, mediatizado, desinformado y a merced de los que quisieran manipularlo.

Como se ve, no había ningún argumento teológico, sino que era, simplemente, ganas de atacarle.

En cuanto el Papa indicó que quería reformar la Curia vaticana, eliminando la pompa, el lujo y la ostentación, los que estaban enquistados en puestos altos vieron peligrar su status y desenterraron las hachas de guerra.

Por ejemplo, les molestó mucho que el Papa Francisco visitara los garajes del Vaticano y, ante tantos cochazos carísimos, recomendara la sencillez y la pobreza.

La Fiscalía romana anticorrupción hizo un importante decomiso de cientos de cajas de documentos que comprometían a las finanzas vaticanas y a importantes eclesiásticos con la “mafia” italiana y gigantescas operaciones de blanqueo de capitales y desvío de fondos de fondos vaticanos en un complicado mecanismo para desaparecer dineros. Este escándalo hizo temblar la ostentosa y lujosa estructura vaticana. La “Masonería Iluminatti”, así como influyentes sectores bancarios, económicos, sectores mafiosos italianos, y la “mafia y el poder vaticano” se sienten en peligro por el decomiso de documentos muy comprometedores por parte de la Fiscalía romana anticorrupción.

Para colmo, ven que el Papa Francisco tiene la intención de sanear y poner controles a las finanzas vaticanas y a todos los negocios sucios que aún rigen en altos poderes dentro del Vaticano.

A la “Mafia vaticana” le preocupa que el Papa Francisco no esté de acuerdo en que “delincuentes con sotana” vivan en terreno vaticano, refugiados, escondidos, evadidos de enfrentar la ley. El Papa dio instrucciones para que todo aquel con cuentas pendientes con procesos o acusaciones penales, salgan de suelo vaticano, ya que no  quiere que en su Pontificado el Vaticano sea santuario de infractores de la ley. Los lobos vestidos de oveja afilan más sus hachas de guerra.

¡LA GUERRA ESTABA DECLARADA! 

Era claro el deseo de cargarse al Papa como fuera, aunque sin argumentos teológicos, porque aún no había hablado apenas. Para algunos, un verdadero TOC (trastorno obsesivo-compulsivo).

En cuanto el Papa empezó a hablar, la “Mafia”, que ve peligrar su cómoda situación, adopta la táctica de atraer a los sectores más conservadores de la Iglesia, mediante la manipulación de los medios de comunicación, sitios webs y redes sociales.

A los Papas anteriores les achacaban un lenguaje difícil y alejamiento del pueblo.

Pero, en cuanto el Papa Francisco empezó a tener intervenciones, se cambiaron las tornas: vieron que el pueblo estaba con él y programaron una nueva táctica: que fueran los tradicionalistas quienes se escandalizaran, achacándole un lenguaje demasiado espontáneo y sin suficientes precisiones teológicas.

A Juan Pablo II y Benedicto XVI los progres les achacaban de tradicionalistas. A Francisco, los tradicionalistas le acusan de progre. ¡Ganas de incordiar!

Yo me pregunto: si hoy viniera Jesús, ¿cómo le trataríamos? Por lo que se otea, creo que sería exactamente igual de lo que hicieron en su tiempo: ¡protestaban de Juan Bautista porque ayunaba y de Jesús porque comía!

* “¿Con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo: “Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os habéis lamentado.” Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Demonio tiene.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.” (Mt 11,16-19).

* “Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?» Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores.» Ellos le dijeron: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben.» (Lc 5,30-33).

Así ocurre hoy también. Si el Papa actúa como teólogo, le acusan de subido, de distanciado del pueblo sencillo. Si se acerca a la gente y es espontáneo, le acusan de falta de precisión teológica.

Pero la gente de la calle está muy feliz con este Papa, más comprensible y accesible para ellos. Por eso la Mafia ha trabajado eficazmente para sublevar a los teólogos que se dejen manipular.

En una entrevista que le hicieron los periodistas del PAÍS, publicada el pasado 22 de enero, dice el Papa que se siente utilizado, que le cambian el sentido de sus frases. También reconoce que le gusta la espontaneidad: “estoy tratando de que el Evangelio vaya adelante. Pero imperfectamente, porque pego patinazos a veces.”

Hace más de veinte años, don José Antonio Sayés me preguntó si yo opinaba que podría surgir un cisma en la Iglesia. Le respondí que el cisma existía ya, aunque latente. Ya había sacerdotes que predicaban herejías; ya había Obispos abiertamente reticentes con el Papa; ya había Órdenes religiosas que renegaban de sus Fundadores.

Pero hoy ha salido del armario lo que entonces estaba escondido y el cisma es ya patente.

Los que antes criticaban al Papa en corrillos, lo hacen ya públicamente y se esfuerzan por contagiar su odio.


“Tontos útiles”

Esta expresión es originalmente atribuida a Lenin: Полезный идиот (transliterado como Poljeznyj idiot). Describía a los intelectuales y periodistas occidentales que viajaban a la URSS y que regresaban a sus respectivos países de origen hablando de forma entusiasta acerca de los “logros soviéticos en educación y salud, los avances técnicos en agricultura e industria y la construcción de una nueva sociedad”. El término “tonto” se refería a la ingenuidad o credulidad de esos visitantes cuando el gobierno soviético -con visitas guiadas- les hacía ver diversos hospitales, granjas, escuelas y fábricas, cuyas instalaciones habían sido especialmente preparadas o maquilladas con exclusivos fines propagandísticos.

Esta expresión es ahora usada más ampliamente para describir a alguien que es manipulado por un movimiento político o religioso, generalmente de tendencia extremista. 

Las fuertes Mafias que quieren acabar con el Papado están fomentando hoy los “tontos útiles”, que resultan ser precisamente aquellos sacerdotes y movimientos religiosos que pretenden ingenuamente (?) ser más fieles a la doctrina católica.

Tenemos que partir de la base de que la doctrina del Papa Francisco es plenamente coherente con la de sus predecesores, así como con la Escritura y la Tradición de la Iglesia.

La manipulación utiliza la táctica de olvidar el conjunto del texto y fijarse en una frase, desenfocándola y examinándola con una lupa, para poner luego el grito en el cielo.

Los puntos de fricción que han creado son múltiples. Muchos verdaderamente ridículos. Quizás el más frecuentado sea la famosa nota 351 del capítulo octavo de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia.

Este documento es excelente. Si no hubiera existido la campaña anti-Francisco, todo el mundo la hubiera leído con gusto, encontrándola muy provechosa.

Ahora bien, los detractores del Papa poniendo la lupa en las 73 palabras de esa nota, desprecian las 60.753 del resto del documento.

Esa nota, leída con espíritu sencillo, se entiende perfectamente a la luz de la Tradición de la Iglesia. Pero cuando algo se quiere interpretar enrevesadamente, es dudoso que 2 + 2 = 4. Si utilizamos el método quisquilloso con la Sagrada Escritura, ¡la de cosas que podrían salir! Recordemos simplemente Mt 5,32: “Pues Yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto en caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio.” ¿Es que Jesús admite el divorcio en caso de fornicación de uno de los cónyuges? Es un texto difícil, con el que aún no se atreven los detractores del Papa. Si fueran coherentes en aplicar su lupa buscadora de textos menos claros, lo harían como lo hicieron los fariseos del tiempo de Jesús. 

Vamos a hacer juntos un experimento.

Hacedme el favor de leer este soneto de Lope de Vega:

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana»

¿Os ha gustado? Eso significa que lo habéis leído bien, como lo hace una persona normal.

¿Qué me diríais de alguien que pusiera el grito en el cielo, quejándose de que al final falta un signo de admiración?

Que es un quisquilloso, ¿no es verdad? Teniendo un soneto tan magnífico, denotaría un espíritu enfermizo dar vueltas a tan pequeño descuido, decir que Lope de Vega es un poeta pésimo, publicar artículos en contra suya… Entendéis la comparación. El Papa Francisco publica la magnífica Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, y se levanta una turba de quisquillosos que, olvidando las riquezas teológicas y espirituales del conjunto, se quedan hurgando en un detalle que, por lo demás, se puede entender bien.  

¡Sí, se puede entender bien!

El arzobispo de Baltimore (Maryland, EEUU), Mons. William E. Lori, ha pedido en una carta a sus sacerdotes (16-02-2017) que interpreten «Amoris Laetitia» teniendo en cuenta «Familiaris Consortio» de san Juan Pablo II y «Sacramentum Caritatis» de Benedicto XVI.  

Su carta es coherente con las enseñanzas de los papas Francisco, Benedicto XVI, San Juan Pablo II y el Beato Pablo VI.

El arzobispo anima a leer «Amoris Laetitia», especialmente el capítulo 8, párrafo 305 (y la nota 351 al pie), sobre el acompañamiento a personas en situaciones irregulares, junto con los puntos correspondientes de las exhortaciones apostólicas de San Juan Pablo II «Familiaris Consortio» (#84) y del Papa Benedicto CVI «Sacramentum Caritatis» (#29).

Ambos documentos afirman la necesidad de que los divorciados vueltos a casar por lo civil obtengan la nulidad de su primer matrimonio antes de que se les permita el acceso a los sacramentos. «Esos documentos afirman la indisolubilidad del matrimonio sacramental, pero el último reconoce que quizás haya casos legítimos en que la fe católica pueda, por ejemplo, ser incapaz –en sentido jurídico– de probar que su anterior matrimonio era inválido».

Ésta debe ser la actitud correcta: serena, coherente con el “depositum fidei”, sin exaltarse, alborotarse ni irritarse, que no son estados de ánimo del buen espíritu, según las Reglas de Discernimiento de espíritus de san Ignacio de Loyola.

Desgraciadamente pululan ya Obispos y Superiores religiosos que discrepan abierta y públicamente de la actuación del Papa Francisco. Esto es muy grave porque, teniendo como misión la de fomentar la unidad en la fe, utilizan su autoridad y prestigio para fomentar el cisma entre sus súbditos.[1]

No niego que muchos lo hagan con buena intención subjetiva (“tontos útiles”), pero el perjuicio es real y muy grave. Y en muchos casos irreparable.

No quisiera estar en el pellejo de los que critican al Papa Francisco, cuando ellos mismos sean juzgados por Dios. Recordemos las palabras, bien claras, de Jesús: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: “Deja que te saque la brizna del ojo”, teniendo la viga en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.” (Mt 7,1-5).

En una entrevista concedida a la revista alemana Rheinische Post, el 17 de febrero de 2017, el cardenal Müller ha asegurado que no cree que sea «particularmente beneficioso que cada superior comente los documentos papales para explicar cómo entiende subjetivamente el documento». «No puede admitirse que la doctrina universalmente vinculante de la Iglesia, formulada por el Papa, reciba interpretaciones diferentes e incluso contradictorias en cada región. La base de la Iglesia es la unidad de la fe».


¿Cómo está la situación en España?

El estilo del Papa Francisco también levanta ampollas en un puñado de comentaristas y teólogos de tendencia conservadora.

* Recordemos a Francisco José Fernández de la Cigoña.
Laico de setenta y tantos años, abogado, licenciado en Ciencias Económicas. Escribe en su blog para comentar lo que ocurre en la Iglesia, con contento de unos e indignación de otros, diciendo siempre lo que le dé la gana pues no le pueden quitar la parroquia ni tampoco se juega el que no le nombren obispo. Entre sus virtudes no destacan precisamente la justicia, la verdad, la prudencia y la caridad. Tal vez olvida el que Juicio último, verdadero y definitivo es el de Dios y que “con la medida con que midáis, seréis medidos.”

* La página web Infocatolica, tan de derechas que se ha pasado al juego de las izquierdas, torpedea al Papa Francisco “bajo capa de bien” y retorciendo argumentos.

* Lo mismo Infovaticana, medio de información (¿o des-información?) religiosa vinculado a Intereconomía y dirigido por Gabriel Ariza, hijo del empresario Julio Ariza.

Gabriel y su hermano Julen administran varias empresas relacionadas con las compañías de su padre, en las que ha habido intervenciones de la Policía y parece que hay deudas de varios millones de euros con Hacienda, que sospecha actuaciones no limpias. Cristina López Schlichting podría dar más datos…

* Francisco José Delgado, joven sacerdote de la diócesis de Toledo, el pasado 21 de enero publicó (¡en Infocatolica!) un artículo titulado “La obediencia al romano pontífice en el contexto actual”.
Como ha corrido mucho en las redes, comento un par de detalles.
Aparentemente claro, es un texto enrevesado: “Poner el grado supremo de obediencia en aquel ser movido el entendimiento por la devota voluntad en cuanto ésta pueda hacerlo, hace que sea más fácil explicar cuáles son los límites de la obediencia, que distinguen la verdadera y virtuosa de la falsa y viciosa.”
Comienza partiendo de la base de que la Amoris Laetitia está mal y se apoya en interpretaciones tendenciosas. Me pregunto por qué no procura interpretarla con sencillez, según el contexto de la Doctrina de la Iglesia, sin basarse en quienes la malinterpretan: “A los que expresamos posiciones críticas con todo lo que está pasando últimamente en la Iglesia nos suelen recordar que debemos ser obedientes al Romano Pontífice. Pero, ¿en qué sentido hay que ser obediente? ¿es ciega la obediencia? ¿se debe obedecer contra el propio criterio? Siempre he sido defensor de la «obediencia ciega» en sentido ignaciano, por lo que he decidido repasar un poco lo que dice San Ignacio sobre esta obediencia, completando su reflexión con algunas cosillas de Santo Tomás, que me parece que están en consonancia.”
Ya que cita a san Ignacio, sería bueno que aplicara lo que este santo escribe al comienzo de los Ejercicios Espirituales:

Se ha de presuponer que todo buen christiano ha de ser más prompto a salvar la proposición del próximo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquiera cómo la entiende, y, si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve.” [EE 22].

También se sirve de santo Tomás, pero a la inversa. Santo Tomás suele comenzar sus tesis enunciando los argumentos contrarios a la fe, para luego defender los que están en pro de la doctrina de la Iglesia. En cambio, Paco-Pepe, como le llaman, primero defiende la obediencia al Papa, para después utilizar toda su artillería en atacarla.
Para no perder tiempo con sus enrevesados argumentos, vayamos a la conclusión:Para que se dé la obediencia que da unidad y armonía al orden en el que se constituye el cuerpo Místico de la Iglesia no sólo es necesario que los súbditos sepan obedecer, sino también que los superiores sepan mandar.” Tras muchas disquisiciones sobre si se debe obedecer, termina sugiriendo que el Papa Francisco manda mal. ¡Haber empezado por ahí, soltando su rencor al Papa, y nos habríamos ahorrado tiempo!

También existen, evidentemente, teólogos y superiores que saben interpretar las cosas con sencillez, sensatez, paz y en concordancia con el resto de la Doctrina de la Iglesia. Creo que constituye la mayor parte que, como es callada, no hace ruido.

Señalo solamente a uno: el Padre Santiago Martín. Contradice en vídeos, artículos y charlas la interpretación sesgada de los medios de comunicación y de teólogos desviados, tales como José Ignacio González Faus o Andrés Torres Queiruga. Demuestra que el Papado de Francisco no es rupturista y que nunca ha dicho ni propuesto las cosas que le atribuyen los m.c.s. “El Papa no ha tocado ni una coma de la doctrina”, repite.

El 13 de mayo del año 1981, el turco Mehmed Ali Agca disparó contra el Papa Juan Pablo II, con el propósito de asesinarle. Gracias a Dios, parece que la Virgen desvió el recorrido de la bala y la herida no fue mortal.

Hoy, los que le disparan con artículos, conferencias, webs…, no son los turcos, sino los que se llaman “sus amigos”

El Corazón de Jesús dijo a santa Margarita María de Alacoque que lo que más le duele es que sean los consagrados a Él quienes estén fríos espiritualmente. ¿Qué será si esos consagrados, además, le disparan abiertamente? 

Hoy se hace realidad aquella famosa profecía de san Juan Bosco, del 26 de mayo de 1862, en la que vio cómo “muchas naves, dispuestas en orden de batalla, armadas de cañones, cargadas de fusiles y de armas de diferentes clases; de material incendiario y también de libros, se dirigen contra otra embarcación mucho más grande y más alta, intentando clavarle el espolón, incendiarla o al menos  hacerle el mayor daño posible.” Es la nave del Papa.

“Las naves enemigas se disponen a asaltarla, haciendo lo posible por hundirla. Unas con los escritos, otras con los libros, con materiales incendiarios que intentan arrojar a bordo; otras con cañones, con fusiles, con los espolones: el combate se torna cada vez más encarnizado. Los enemigos, encendidos de furor comienzan a luchar empleando el arma corta, las manos, los puños, las injurias, las blasfemias, maldiciones, y así continúa el combate.”
Cuando el Papa logra amarrar su nave a las dos columnas, que tienen las imágenes de la Eucaristía y de la Virgen, “todas las naves que hasta aquel  momento habían luchado contra la embarcación capitaneada por el Papa, se dan a la huida, se dispersan, chocan entre sí y se destruyen mutuamente.”

Cuando estuve con el Papa Francisco, hace unos meses, comentando que probablemente él era el Papa anunciado por san Juan Bosco, se dio por aludido.[2]

Ahora bien, si él es ese Papa, hay que preguntarse quiénes son los que le atacan, insultan, persiguen.

Tengo pena de ellos: san Juan Bosco vio que todas esas naves atacantes se hundían…

Volvemos a preguntarnos: ¿Hay crisis en la Iglesia?

Es evidente que sí. Y grande.

¿Tienen la culpa los Papas?

Echemos una ojeada a la Historia, que nos lo aclarará fehacientemente.

Ha habido épocas en la Iglesia en que los Papas han sido modelos de perversión.[3]

Recordemos dos casos:


1º.- Juan XII
(955-964).-

Alberico, gobernante absoluto de Roma, tanto en lo religioso como en lo civil, impuso un juramento a los nobles romanos, para que su hijo Octavio fuera elegido Papa. Efectivamente, a los 18 años, Octavio fue Papa y adoptó el nombre de Juan.

El nuevo Papa era una persona inmoral, de tal modo que del palacio Lateranense, donde vivía, se hablaba como de un burdel.

Le agradaba más la guerra que el gobierno de la Iglesia.

Mató a un cardenal, castró a otro y durmió con su madre y con las prostitutas de su padre.

Fue convocado en San Pedro un sínodo compuesto de cincuenta obispos. Juan XII fue acusado de sacrilegio, simonía, perjurio, asesinato, adulterio, e incesto.  

El Papa se vengó sangrientamente. A un Cardenal le inhabilitó su mano derecha. El Obispo Otgar de Speyer fue azotado. Un alto oficial palatino perdió nariz y orejas.

Juan murió ocho días después de haber sido, según los rumores, atacado por la parálisis en el momento de un adulterio.

La Iglesia entera conocía la situación de Juan XII, pero los “fieles” no perdían el tiempo en disquisiciones ni críticas, buscando los defectos ajenos, sino que se dedicaban a alcanzar la santidad. Bajo el Pontificado de Juan XII hubo un buen abanico de santos: Abón de Fleury, Adalberto de Praga, Atanasio de Athos, Bruno de Querfurt, Bruno I de Colonia, Dunstán, Edith (santa), Gebardo de Constanza, Gerardo de Brogne, Gerardo de Toul, Adalberto de Magdeburgo, Matilde de Ringelheim, Nilo de Rossano, Olga de Kiev, Pedro Orseolo, Rosendo, Simeón el Nuevo Teólogo, Teodora de Rossano, Ulrico de Augsburgo, Vladimiro I de Kiev, Wolfgango de Ratisbona, Wulfrida, etc.


2º.- Alejandro VI (1492-1503).-

Rodrigo de Lançol y Borgia, nació en Játiva, Valencia, en 1431. Pertenecía a la familia de los Borgia y era bisabuelo de san Francisco de Borja.

Hizo una rápida carrera eclesiástica a base de intrigas, bajo la protección de su tío y padre adoptivo, el papa Calixto III (Alfonso Borgia).

Ascendió al trono papal con sobornos. Tenía fama de vida inmoral (había tenido cuatro hijos con su amante más conocida, Vanozza Catanei, entre los que figuraban César y Lucrecia Borgia).

Alejandro VI era conocido por la cantidad de amantes que tenía (niñas entre las edades de 15 años), con quien tenía relaciones dentro del Vaticano. Como resultado de estas orgías, el Papa se convirtió en padre de varios hijos.

Utilizó los bienes de la Iglesia para enriquecer a su familia y situar a sus ocho hijos ilegítimos.  

Pero, aunque todo el mundo conocía la vida disoluta y escandalosa de Alejandro VI, los “fieles” no se dedicaban a criticarle, sino a alcanzar ellos la santidad. De ahí que tengamos un elenco de santos de primera categoría durante su Pontificado: Francisco de Paula, Pedro de Alcántara, Ángela de Mérici, Basilio el Bendito, Catalina de Génova, Cayetano de Thiene, Gennadi de Nóvgorod, Ignacio de Loyola, Jerónimo Emiliani, Juan de Dios, Juan Fisher, Juana de Valois, Serapión arzobispo de Nóvgorod, Tomás Moro, Tomás de Villanueva, etc.

Por lo tanto, aun habiendo Papas abiertamente inmorales, la Iglesia ha continuado y, durante sus Pontificados, han brotado santos de primera categoría. Por lo tanto, la causa de la crisis no estaba en los Papas.

En estos últimos 170 años, Dios ha concedido a la Iglesia (y al mundo) unos Papas de una categoría excepcional: beato Pío IX, León XIII, san Pío X, Benedicto XV, Pío XI, Pío XII, san Juan XXIII, beato Pablo VI, Juan Pablo I, san Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco… ¡Podemos estar orgullosos!

Por lo tanto, si hay crisis, no es por los Papas, sino por los “fieles” (¿o “in-fieles”?) que se dedican a denigrarlos, faltando por lo menos a la justicia, a la verdad, a la prudencia, a la caridad…

No, la grave crisis de hoy no es por Papas malos, sino por fieles “infieles”.
En síntesis, y para terminar, creo que lo mejor es que nunca busquemos los hipotéticos defectos de los demás, sino los nuestros, que probablemente tendremos bastantes más que aquellos a quienes criticamos Además, Dios no nos va a pedir cuenta de los fallos ajenos, sino de los propios.

Y, en lo que respecta al Santo Padre, “dulce Cristo en la tierra”, como le llamaba santa Catalina de Siena, nuestra obligación es acompañarle con nuestro afecto filial y con nuestra constante oración.

Oh Dios misericordioso y eterno, nuestro Pastor y Guía, mira con amor a Francisco tu siervo, a quien elegiste como sucesor de san Pedro y pastor de tu grey.
Escucha, Señor, la plegaria de tu pueblo y haz que nuestro Papa, Vicario de Cristo en la tierra, confirme en la fe a todos los hermanos, para que toda la Iglesia se mantenga en comunión con él por el vínculo de la unidad, el amor y la paz.
Concédele valor, sabiduría y amor a tu pueblo, para que sirva con fidelidad a todas aquellas personas a quienes tú le has confiado sus cuidados y lleve a tu Iglesia unida en la fe, de corazón y voluntad, mientras procuramos llevar a su pleno cumplimiento la misión de tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

P. Ángel Mª Rojas, S.J.

________________________
[1] También habría que considerar que, cuando un Superior de la Iglesia falta gravemente a su misión, como es el tema de que hablamos ahora, los súbditos tienen obligación en conciencia de corregirlo. San Agustín escribe en su Regla: “No os compadezcáis sólo de vosotros mismos, sino también del Superior, que corre mayor peligro cuanto más alto puesto ocupa. Pero la corrección fraterna es obra de misericordia. Luego también los superiores deben ser corregidos.” San Pablo reprendió a san Pedro cara a cara y delante de todos (Ga 2,11ss) porque se consideraba igual a él de alguna manera en la defensa de la fe. Pero amonestar privadamente puede y debe hacerlo también un súbdito. Por eso, escribiendo a los Colosenses (4,17) pide San Pablo reprender al superior: “Decid a Arquipo: cumple tu ministerio.” Es más, en el caso de que amenazare un peligro para la fe, los superiores deberían ser reprendidos incluso públicamente por sus súbditos, como explica santo Tomás (Summa theol., II-II, 33, 4c). Por eso San Pablo, siendo súbdito de San Pedro, le reprendió en público a causa del peligro inminente de escándalo en la fe. Y como dice la Glosa de San Agustín: Pedro mismo dio a los mayores ejemplo de que, en el caso de apartarse del camino recto, no desdeñen verse corregidos por los inferiores.

[2] Recordemos que Jorge Mario Bergoglio estudió de joven con los salesianos, por lo que conocía bien este famoso sueño de san Juan Bosco.

[3] Esto es una prueba de que la Iglesia está mantenida por Dios. A pesar de tantos fallos en algunos Papas, la Iglesia ha subsistido a través de tantas persecuciones…

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Una respuesta a ¿Grave Crisis en la Iglesia?, por el Padre Ángel Mª Rojas, S.J.

  1. María Isabel dijo:

    Aquí dos artículos interesantes que tratan el tema en cuestión:

    http://www.hispanidad.com/el-papa-francisco-les-habla-del-gran-cisma-y-el-pais-no-se-entera.html

    http://www.hispanidad.com/cuidado-con-atacar-a-francisco-a-lo-mejor-le-estamos-haciendo-el-juego-al-enemigo.html

    Sólo nos resta seguir rezando mucho por el Papa y la Iglesia, teniendo siempre presente la promesa de Jesús: “Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mateo 16, 18)

    Paz y Bendiciones

    María Isabel

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