El Aviso supondrá tan gran purificación que estaremos en condiciones para ver el Milagro sin morir.

Publicación autorizada por su autor, Luis Eduardo López Padilla, de su libro, “EL GRAN AVISO DE DIOS.”
http://www.apocalipsismariano.com/@lopezpadilla7

Del Libro: El Gran Aviso de Dios.
Escrito por: Luis Eduardo López Padilla

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Conclusiones

De todo cuanto se ha escrito en los capítulos precedentes podemos sacar un sinnúmero de conclusiones, y aún mejor, de propósitos para llevar a nuestra vida personal.

I

La primera idea que nos viene a la mente es que aún cuando el Aviso será un acontecimiento muy violento para todos nosotros, será fruto del amor que Dios tiene por nosotros. Es decir, analizando a detalle cada una de las implicaciones que tendrá el Aviso, es claro que es una manifestación indudable de la infinita Misericordia de Dios. Acaso no nos preguntamos ¿cuántas decenas o cientos de miles de personas van a cambiar radicalmente a raíz del Aviso? ¿Cuántos enderezarán su vida hacia una auténtica conversión, caminando por el sendero estrecho que lleva a la salvación y abandonando el ancho camino que lleva a la perdición eterna? De otro modo, si no viniera este Aviso no hay forma de que esto pudiera ocurrir. A veces es necesario entender “a la mala” para portarse bien. No es que Dios quiera que suframos gratuitamente, sino que por nuestro provecho y bien espiritual permite ciertas cosas que sabe que nos van a ayudar a corregirnos. Aquí se aplica la máxima de que “Dios saca de los grandes males, grandes bienes”; y esta experiencia, aunque nos supondrá un gran dolor y sufrimiento, es para nuestro bien.

No olvidemos que hay cuatro principios fundamentales que están contenidos en la Revelación y Magisterio de la Iglesia y que dejan en claro la acción de Dios en el hombre:

  • Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad;
  • Jesucristo murió en la cruz por todos los hombres de la tierra, del pasado, del presente y de los que vendrán en el futuro;
  • Todos los hombres, absolutamente todos, cuentan con la gracia necesaria para alcanzar su salvación (piense en Judas, aún él tenía esa gracia necesaria para salvarse; pero la rechazó); y
  • Nadie, absolutamente nadie, nace a esta vida “predeterminado” o “predestinado” para condenarse: nadie, el que se condena es porque quiere.

Así que en base a estos cuatro principios, ningún hombre puede justificar su mal comportamiento o excusarse en sus desgracias personales, o en su vida miserable para no obrar correctamente y perder su alma para siempre. Dios es justo, y cada uno será juzgado según las gracias y talentos que en mayor o menor medida haya recibido. Un chino, por ejemplo, practicante del taoísmo, no será juzgado igual que un católico, pues no tuvo en su vida las mismas condiciones que tuvo un católico por su formación doctrinal y religiosa; ni será juzgado igual el hijo que vive sin un ambiente familiar porque fue abandonado, que aquel que es educado en una familia unida. A quien más se le da, más se le pedirá.

Así que por más mal que estemos en nuestra vida espiritual, y por más alejados de Dios que nos encontremos, mientras haya vida, si nos arrepentimos con un corazón sincero y lleno de dolor, Dios está dispuesto a perdonarnos y nos espera con los brazos abiertos. “Habrá entonces en el cielo alegría y gran fiesta por el pecador arrepentido que por 99 justos” (Mt. XVIII, 13). Por tanto, el Aviso es un acto bien grande de la Misericordia de Dios.

II

Por otra parte, pasar por la experiencia del Aviso supondrá una gran purificación de nuestros pecados. Todo dolor y sufrimiento que vivamos en esta vida tiene la posibilidad, si lo aceptamos y ofrecemos con ese fin, de servir como medio de purificación de nuestros pecados y la conversión de otras personas.

Cuando hablamos del purgatorio, se dijo que todo el dolor y sufrimiento que experimenta el alma en el purgatorio, sea por años o siglos, no es meritorio, es decir, ya no otorga al alma ningún grado mayor de santidad. En cambio, toda purificación en esta vida, ya sea una enfermedad o una pena moral, sí es meritoria; por tanto, nos hace crecer más en el espíritu y nos hace, por decirlo así, más santos y justos a los ojos de Dios, y el premio en el cielo será mayor. El Aviso tendrá, pues, esa cualidad intrínseca, que como fruto de la acción de Dios servirá para purificarnos ante Su Justicia infinita.

Comprendamos que Dios no nos creó para sufrir sino para gozar con Él eternamente, pero fue el pecado original el que trajo la desgracia al mundo, por lo que ahora es menester que tengamos que “pagar” y restituir lo que hemos ocasionado con nuestro pecado. ¿Y por qué con dolor y sufrimiento? Porque Jesucristo dejó la cruz como medio de santificación. “El que quiera venir en pos de mi, tome su cruz y sígame” (Mt. XVI, 24). Y el Papa Juan Pablo II lo confirmó cuando en 1993, dijo; “No es que el dolor y el sufrimiento sean el mejor camino para llegar al cielo, es que son el único”. Así que, si Jesucristo fue el Cordero sin mancha, sin culpa, quien por voluntad del Padre murió en la cruz de manera afrentosa y con una pasión terrible, ¿qué será de nosotros que sí somos culpables? Por eso, ahora queda más claro por qué se verá la Cruz en el cielo, de la que le habló Nuestro Señor a Santa Faustina Kowalska y a otros videntes: para ser testigos una vez más de Su Crucifixión, y así entender que la cruz fue, a consecuencia de nuestros pecados, la que llevó a la muerte al Salvador, y también que es esa misma cruz, sólo a través de ella, que llegaremos a la salvación. No hay otro camino.

Como efecto de lo anterior, el Aviso nos dará la Luz para comprender lo que en realidad es el pecado y las funestas consecuencias que trae, el único mal capaz de llevar al alma a la condenación eterna, por lo que debemos evitarlo.

III

El aviso nos preparará a otro acontecimiento extraordinario, el Gran Milagro, también profetizado en varios lugares de apariciones marianas. Este Milagro será el más grande que Jesucristo hará para el mundo después de Su Resurrección. El único ser humano que tuvo oportunidad de presenciar anticipadamente el Milagro fue el Padre Luis Andreu, quien murió de felicidad unas horas después. Así se lo confirmó la Santísima Virgen a Conchita González, principal vidente de Garabandal, lugar en que el Padre Luis vio el Milagro. Pero la misma Santísima Virgen dijo que en el futuro Milagro los hombres que lo vieran no morirían puesto que contarían con una gracia especial. Pues bien, esta gracia especial para no morir es el Aviso. El Aviso supondrá tan gran purificación que estaremos en condiciones para ver el Milagro sin morir.

Así como existen razones para considerar que el Milagro hará referencia al sacramento de la Eucaristía (será un jueves —día dedicado a la Eucaristía—; coincidirá con la fiesta de un santo mártir de la Eucaristía; probablemente el Milagro esté relacionado a la comprensión, en un instante, de lo que es el misterio de la Transubstanciación, es decir, el pan y el vino que se convierten en la Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo durante la consagración) el Aviso, por su parte, hará referencia al sacramento de la Penitencia. Dos sacramentos fundamentales para alcanzar la gracia de Dios y que lamentablemente están hoy muy olvidados. Así pues, Aviso y Milagro, equivaldrán a la Confesión y a la Eucaristía para prepararnos a lo que, a partir de entonces, vendrá al mundo y a la Iglesia.

IV

El Aviso será luz y fuego, símbolos del Espíritu Santo, por lo que el Aviso supondrá una efusión de gracia y renovación espiritual para muchos cristianos, para fortalecerlos e impulsarlos en un salto cualitativo en la gracia que les permitirá desarrollar un amor y celo por la gloria de Dios como nunca antes habrá ocurrido. Es entendible y justificable esta gracia especial y extraordinaria, puesto que el Final de los Tiempos, que como trompeta apocalíptica anunciará el Aviso, será la etapa más violenta de persecución en contra de los cristianos y la más llena de apostasía y oscuridad con el reinado del Anticristo, una época “como nunca la ha habido ni la habrá, y si aquellos días no fuesen acortados nadie se salvaría”. (Mt XXIV, 22)

El Final de los Tiempos es en esencia el “comienzo de los dolores”, al que hizo referencia Jesucristo cuando habló de “guerras y rumores de guerras, hambre, pestes y terremotos”. (Mt XXIV, 6-8). Será el Final de los Tiempos la hora de la potestad de las tinieblas con el Anticristo a la cabeza, llegando hasta el sacrilegio máximo de usurpar el lugar y el nombre santo de Cristo, proclamándose Dios a sí mismo, suprimiendo el Santo Sacrificio de la Misa, aplastando a los santos y abatiendo toda ley, matando a todos aquellos que no quieran servirle y adorarle, obligando a imponer a los hombres una marca impresa en la mano derecha o en la frente como signo de sumisión y adoración, y el que no la tenga no podrá comprar ni vender. Será pues un control totalitario y cruel, con las más duras pruebas y un culto malvado y sacrílego, en medio de una libertad desenfrenada de placeres y alegría falsa que encubrirán la más profunda desesperación. El único que tendrá poder en el mundo será el Anticristo, protegido e “iluminado” por Satanás y los espíritus diabólicos que harán uso de un poder extraordinario sobre la naturaleza.

El Aviso pues es grave y serio. Anuncia a todo el mundo el Final de los Tiempos y, por ende, los grandes y terribles castigos que vendrán al mundo y a la Iglesia como consecuencia del pecado del hombre. Pecado que ha llegado a tales proporciones que el Cielo entero clama por Justicia. El Aviso nos preparará a todo ello.

V

El Aviso también traerá una corrección de la conciencia del mundo. Mucho tendrá que enderezarse y la Verdad quedará ahí, expuesta ante todos. Cada uno tendrá la libertad de seguirla para su bien o de rechazarla para su mal. Quedará de manifiesto que Dios Existe. Nadie podrá dudar de ello. Los ateos y los que dicen serlo se enfrentarán a la realidad de Dios y también tendrán que tomar una decisión trascendental en su vida. Todos tendremos que tomar una decisión. Porque aún cuando el Aviso será contundente, la voluntad humana, si bien será motivada sobrenaturalmente para inclinarse al bien, quedará en libertad de obrar como le dicte su razón y conciencia. Por tanto, se radicalizarán el bien y el mal y la estirpe de la Mujer y la estirpe de la Serpiente y el dragón se tenderán en la gran batalla de los tiempos.

En la Iglesia, mucho de orgullo tendrá que vencerse, y por lo mismo, se espera que al fin el Aviso contribuya a la unidad de la Iglesia, la unidad en la Verdad, teniendo al fin lugar el proyecto tan anhelado y que tanto trabajó el Papa Juan Pablo II.

Mucho más podríamos decir, pero esto no es un resumen, sino una conclusión general del tema expuesto. Sólo nos resta afirmar con certeza moral que el Aviso está a las puertas. No es un hecho profetizado para una época posterior, sino para ahora. ¿Cuándo será esto? Muy pronto.

 

Apéndice
Otras Profecías

Quizá la profecía más antigua respecto a esta Iluminación de las Conciencias se ha atribuido a San Edmundo que nació en Londres en el año de 1540 y murió como mártir de la fe en 1581. Él fue canonizado por el Papa Pablo VI en 1970. Tuvo él una revelación de parte de Dios nuestro Señor que le dijo:

“Yo he decretado un gran día, será donde un terrible Juicio revelará las conciencias de todos los hombres y probará a todo hombre de cualquier religión. Este será el día del cambio…” (Citado por Thomas Petrisko. The Micacle of the Illumination of All Consciences. St. Andrews Productions. PA. U.S.A. 2000. P. 21.)

En 1836, la Beata Ana María Taigi gran profeta de nuestros tiempos y una de las grandes místicas más extraordinaria de la Iglesia, también recibió una revelación sobre este evento, en los siguientes términos:

“Habrá un momento de Iluminación de las Conciencias en donde cada persona se verá a sí misma como la ve Dios. De esta iluminación resultará la salvación de muchas almas, porque muchos se arrepentirán como resultado de esta advertencia, de este milagro de iluminación propia.”(Idem. P. 27).

En 1839 el Padre Bernardo María Clausi de la orden de los Mínimos Franciscanos, tuvo la siguiente revelación:

“Antes del advenimiento del triunfo de la Iglesia, Dios primero tomará venganza en contra de los malvados, especialmente de los hombres sin fe. Vendrá un Juicio en Pequeño como nunca antes se ha visto y será de carácter universal” (Idem. P. 28).

En abril de 1968, nuestro Señor le transmitió a Rosa Quattrini, conocida como Mama Rosa, vidente de la aparición en San Damiano, Italia, las siguientes palabras:

“Vendré a dar una gran Luz para alumbrar a todas las almas. Pero será muy tarde para aquellos que no entienden el amor de una Madre. Estarán todos en el centro de un gran Juicio.”.

El 5 de agosto de 1968 nuestro Señor le reveló a Rosa lo siguiente: “Pronto vendré con una gran Luz para convertir a muchas almas y entonces el cielo y la tierra temblarán con Mi Poder. Todas las almas verán la Luz y todos los corazones serán incendiados de Mi Amor” (Idem. P. 45).

La estigmatizada Elena Leonardi, en Roma, Italia, también fue advertida sobre el Aviso el 2 de abril de 1976, cuando la Virgen le dijo: “Muchos signos nunca antes vistos ocurrirán en el mundo como un Aviso a los hombres de que la medida está llena. Vendrá el temido momento cuando mi Hijo hablará con Su Voz de Juez y dará el veredicto sobre una ansiosa y drogada humanidad.”.

Cinco meses después, Jesús le dijo a la Madre Elena Leonardi lo siguiente: “Mi mano izquierda mira al Aviso y mi mano derecha al Milagro” (Idem. P. 46).

En 1980, la vidente de Betania, Venezuela, María Esperanza, tiene el siguiente mensaje:

“Está llegando el gran momento de un Gran día de Luz. La conciencia de este amado pueblo debe ser sacudida violentamente para que pongan sus asuntos en orden y ofrezcan a Jesús la justa reparación por las infidelidades cometidas diariamente” (Citado por Luis E. López Padilla. La Hora de la Verdad. P. 191).

La vidente irlandesa de reconocida fama por sus estigmas en su cuerpo, Cristina Gallagher, en 1988 también fue advertida de este acontecimiento: “Vendrá una señal por la cual toda la humanidad experimentará un conocimiento externo de que Dios existe, y sabrá que proviene de Dios; todos se verán a sí mismos como realmente son” (Idem. P. 190).

En 1989, el 20 de febrero, un mensaje de Nuestro Señor reveló a una vidente anónima americana, de la devoción Jesús Rey de Todas las Naciones lo siguiente: “Los pecados y maldades cometidos por la humanidad son tan grandes que ya no retardaré por más tiempo que Mi Juicio se manifieste para corregir toda la conciencia de la humanidad” (Thomas Petrisko. Ob. Cit. P. 46).

En Denver, Colorado, Teresa López en 1990 también recibió el siguiente mensaje:

“Nuestra Señora se refiere a la Advertencia como un momento de silencio. Y en el momento de silencio, nuestro interior se nos será revelado con el objeto de impulsar el alma a la conversión” (Ted Flynn. Ob. Cit. P. 328).

En Cold Spring, Kentucky, el 20 de diciembre de 1992, la Virgen María dijo: “Pronto vendrá un tiempo donde cada uno dará una mirada personal e individual a sus almas y verán debilidades y falsedades. Cada alma tendrá que pasar por esto sin excepción.”(Thomas Petrisko. Ob. Cit. P. 46)

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Fuente:
http://www.apocalipsismariano.com/index.php/articulos/profecia/503-la-iluminacion-de-las-conciencias 

Escritos de Luis Eduardo López Padilla publicados en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/luis-eduardo-lopez-padilla/

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3 respuestas a El Aviso supondrá tan gran purificación que estaremos en condiciones para ver el Milagro sin morir.

  1. Iñigo dijo:

    Gracias por compartir el libro. Falta el Capítulo 7 (VII).

    • Agradezco muchísimo tu comentario. No me había dado cuenta que me había saltado el Capítulo VII. Que Dios te bendiga.

      • Iñigo dijo:

        Muchas gracias Fátima, por publicar el capítulo. Así podré leer el libro completo. Te escribiré un comentario (alguna pregunta sobre el tema), en cuanto lo haya leído. Un abrazo

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