El Aviso como el Juicio Particular, por Luis Eduardo López Padilla

Publicación autorizada por su autor, Luis Eduardo López Padilla, de su libro, “EL GRAN AVISO DE DIOS.”
http://www.apocalipsismariano.com/@lopezpadilla7

Del Libro: El Gran Aviso de Dios.
Escrito por: Luis Eduardo López Padilla

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VI
Juicio Particular y Purgatorio

Se ha mencionado que el Aviso que vendrá al mundo será una especie de Luz que nos iluminará, como una efusión del Espíritu Santo con el fuego de Su Amor.


Una Efusión del Espíritu Santo

Precisamente, la Santísima Virgen le habló al Padre Gobbi de este Pequeño Juicio en fechas que la Iglesia conmemoraba la fiesta de Pentecostés, es decir, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles.

El 22 de mayo de 1988 dijo: “El Espíritu Santo… con Su Divino Amor abrirá las puertas de los corazones e iluminará todas las conciencias. Cada hombre se verá a sí mismo en el ardiente fuego de la Divina Verdad. Será como un juicio en pequeño. Después, Jesucristo implantará su reinado glorioso en el mundo.” (A los Sacerdotes Hijos Predilectos. Movimiento Sacerdotal Mariano. 19a Edición Española. 1997. P. 718.)

El 22 de mayo de 1994 dijo: “Descenderá un nuevo fuego del cielo y purificará toda la humanidad que se ha vuelto pagana. Será como un Juicio en Pequeño y cada uno se verá a sí mismo en la Luz de la Verdad misma de Dios. Así, los pecadores volverán a la gracia y a la santidad; los descarriados, al camino del bien; los alejados a la casa del Padre; los enfermos a la completa curación; los soberbios, los impuros, los colaboradores malvados de Satanás, serán para siempre vencidos y condenados.” (Idem. P. 1035.)

El 4 de junio de 1995, la Virgen dijo: “Lenguas de fuego descenderán sobre todos vosotros… Y así seréis iluminados por esta Luz Divina y os veréis a vosotros mismos en el espejo de la Verdad y de la Santidad de Dios. Será como un Juicio en Pequeño que abrirá la puerta de vuestro corazón para recibir el gran don de la Divina Misericordia.” (Idem. P. 1091 y 1092.).

Finalmente, el 26 de mayo de 1996 dijo: “Lenguas de fuego milagrosas y espirituales purificarán los corazones y las almas de todos, que se verán a sí mismos en la Luz de Dios, y serán traspasados por la afilada espada de Su Verdad Divina. El segundo Pentecostés vendrá para conducir a toda la Iglesia al vértice de su máximo esplendor” (Idem. P. 1153.).

Los mensajes de la Virgen al Padre Gobbi sobre el Aviso, claramente lo asocian a una acción concreta del Espíritu Santo sobre las almas. Textos como “el Espíritu Santo abrirá las puertas de los corazones e iluminará todas las conciencias…”; “descenderá un nuevo fuego del cielo… será como un juicio en pequeño”. “Lenguas de fuego milagrosas y espirituales purificarán… las almas… que se verán a sí mismas en la luz de Dios”; confirman con absoluta claridad que el Aviso será, como se dijo al principio, una especie de efusión del Espíritu Santo que, entre otras cosas, fortalecerá y renovará a los cristianos para un fuerte impulso de crecimiento espiritual que les preparará convenientemente a la Gran Tribulación venidera, y al corazón lo irá transformando para vivir en la nueva comunidad que se formará con el advenimiento de Cristo a la tierra. Dice el profeta Ezequiel: “Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne un corazón de piedra y os daré un corazón de carne.” (XXXVI, 26).

En efecto, las acciones que el Espíritu Santo derrama en nuestras almas son: el perdón de los pecados, la iluminación de la inteligencia y la ayuda para cumplir los mandamientos, efectos que se palparán con fuerza en las almas que acepten para sí los frutos del Aviso.

Por otro lado, el Aviso es luz y fuego, símbolos propios del Espíritu Santo que con su luz nos ilumina y con su fuego nos transforma. Dice el Nuevo Catecismo de la Iglesia: “Mientras que el agua significa el nacimiento y la fecundidad de la vida dada por el Espíritu Santo, el fuego simboliza la energía transformadora del Espíritu Santo.” (696).


El Aviso como el Juicio Particular

Es de fe que el hombre inmediatamente después de su muerte, en el mismo lugar en que ocurre el acontecimiento final de su vida, pasa por lo que conocemos como el Juicio Particular. Este Juicio no es otro sino la Luz de Dios que nos ilumina para ver las obras buenas que nos justifiquen o las malas que nos condenen, como un acontecimiento al que no tenemos más que enfrentar ante la Majestuosa presencia de la Verdad misma, Jesucristo, y que nos desnudará completamente de nuestro ser. Inmediatamente oiremos la sentencia definitiva por la eternidad: la salvación o la condenación de nuestra alma.

No obstante, los que se salven, si no están totalmente purificados de todos su pecados tendrán que forzosamente pasar al Purgatorio, cuya existencia también es una Verdad de Fe.


El Purgatorio

¿Cuál es la enseñanza de la Iglesia respecto al Purgatorio? Desde sus orígenes, la Iglesia, mediante sus oraciones y sufragios por los difuntos, manifiesta claramente su fe en el Purgatorio. En su momento, definirá esta doctrina del Purgatorio en el Segundo Concilio de Lyón de 1274, en el Concilio de Florencia de 1438 y en el Concilio de Trento en 1563. Esta doctrina esencialmente se reduce a lo siguiente: (Purgatorio. Una Revelación Particular. Rialp. Madrid, España. 1994. P. 233.)

  1. En el Purgatorio las almas de los justos pagan su deuda a la Justicia divina, sufriendo las penas purificatorias. Digamos que la purificación del Purgatorio no está fijada por la culpa, sino por la pena. Es decir, el perdón de Dios que se otorga al alma arrepentida en el momento de la confesión sacramental, borra la falta o la culpa, no así la pena, que es el medio que tiene el hombre para reparar el desorden que se haya ocasionado por los pecados. Aquí en la tierra, el alma sufre la pena bajo la forma de una penitencia voluntaria y meritoria. En el otro mundo la penitencia se expía mediante una purificación obligatoria y no meritoria.
  2. Según la Doctrina de la Iglesia hay dos clases de Purgatorio, la principal es la privación temporal de la visión de Dios, que va acompañada de un gran sufrimiento. La hora de la unión ha llegado; el alma arde en deseos de ver a Dios pero no puede alcanzarle porque no ha expiado suficientemente sus pecados antes de la muerte. La expiación debe terminar, pues, en el Purgatorio y se reviste de una forma de sufrimiento que aquí en la tierra no se puede imaginar. En el Purgatorio hay otras penas llamadas penas de los sentidos en las que de acuerdo al apegamiento desordenado del alma a las criaturas, o lo que es lo mismo, de acuerdo a la gravedad y número de sus pecados, tendrá que purificarlos por medio del fuego.
  3. Las penas del Purgatorio no son las mismas para todas las almas. Varían en duración e intensidad según la culpabilidad de cada uno. Y las almas reciben serenamente los sufrimientos expiatorios que Dios les impone. Las almas no buscan más que la Gloria de Dios y desean contemplar ardientemente a Aquél, que es, desde ahora, toda su esperanza. En el Purgatorio hay una paz y una alegría cierta pues se tiene certidumbre de la salvación, y ven su pena únicamente como un medio de glorificar la Santidad de Dios y llegar a la visión gloriosa. Los sufrimientos del Purgatorio ya no son meritorios, ya no aumenta la caridad en el alma que los padece. (Los sufrimientos de la tierra, en cambio, son meritorios para acrecentar la santidad de las almas).
  4. La Iglesia Militante puede ayudar con sus sufragios a la Iglesia Purgante. Esto crea lo que se conoce como la Comunión de los Santos. Las almas del Purgatorio, incapaces de procurarse a sí mismas el menor alivio, pueden así aprovechar las obras satisfactorias que los vivos realizan en su favor con la intención de pagar sus deudas. Esas obras satisfactorias tienen valor de expiación por las penas de las ánimas del Purgatorio, y es Dios quien regula, según Su Sabiduría, la aplicación de los sufragios por los difuntos.

La Misa es el socorro, el medio más eficaz que la Iglesia de la tierra puede proporcionar al alma que se purifica. También las limosnas, oraciones y toda forma de sacrificio son medios extraordinarios para las almas.

Finalmente, el Purgatorio terminará con el Juicio Final. Todas las almas destinadas a la Gloria habrán retribuido ya, de una u otra forma, a la Justicia divina.


Revelaciones Privadas

Ahora bien, para que el lector pueda comprender mejor de qué estamos hablando, existen dos textos dictados directamente por Jesucristo en 1943 y 1988 a dos instrumentos suyos, (María Valtorta y Vassula Ryden) y que resultan especialmente reveladores sobre el tema del Juicio y el Purgatorio y que nos van a dar más claridad sobre el evento que está por caer al mundo: el Aviso de Dios.

Dice Jesucristo: “Quiero explicarte qué es y en qué consiste el Purgatorio. Y te lo voy a explicar de forma que ha de chocar a tantos que se creen depositarios del conocimiento del más allá y no lo son.

Las almas inmersas en aquellas llamas no sufren sino por el Amor. No desmerecedoras de poseer la Luz, más tampoco dignas aún de entrar inmediatamente en el Reino de la Luz, (mueren en estado de gracia pero no han purificado totalmente su alma, pues no han pagado las penas que se acumulan en virtud de los pecados cometidos en la tierra) al presentarse ante Dios, son revestidas por dicha Luz. En una breve y anticipada bienaventuranza que les certifica su salvación, les hace ver lo que será su eternidad y lo que hicieron a su alma privándola de años o de siglos de feliz posesión de Dios.

“¿Qué es lo que quiere el Dios Uno y Trino para las almas creadas por Él? El Bien. El que quiere el Bien para una criatura, ¿qué sentimientos abriga hacia ella? Sentimientos de Amor. ¿Cuáles son los mandamientos primero y segundo, los dos más importantes, aquellos de los que yo dije no haber otros más grandes y estar en ellos la llave para franquear la vida eterna? Es el mandamiento del Amor: Amar a Dios con todas tus fuerzas y al prójimo como a ti mismo.

“¿Qué os dije infinidad de veces por mi boca, por boca de los profetas y de los santos? Que la Caridad es la más grande de las absoluciones. Que la Caridad cancela las culpas y las debilidades del hombre, ya que quien Ama vive en Dios y, al vivir en Dios, peca poco y si peca, al punto se arrepiente y para el que se arrepiente se haya presto el perdón del Altísimo.

“¿En qué faltaron las almas? En el Amor, de haber amado mucho, hubieran cometido pocos pecados y estos leves, debidos a vuestra debilidad e imperfección.

“Por eso, Amando en la tierra es como trabajáis para el cielo. Amando en el Purgatorio es como conquistáis el cielo que en la vida no supisteis merecer. Y Amando en el paraíso es como gozáis del cielo.

“Este es el tormento: el alma recuerda la visión de Dios habida en el Juicio Particular. Si lleva consigo aquel recuerdo es porque, aun cuando no sea más que el haber entrevisto a Dios, representa un gozo que supera toda otra cosa creada y el alma se deshace en deseos de volver a gozar de aquella dicha. Aquel recuerdo de Dios y aquella Luz que le penetró al comparecer ante Él, hacen efectivamente que el alma “vea” en su exacta dimensión las faltas cometidas contra su bien, y este “ver”, junto con el pensamiento de que con aquellas faltas se privó voluntariamente para años o para siglos de la posesión del cielo y de la unión con Dios, constituye su pena purgativa.”

“El Amor y la convicción de haber ofendido al Amor es el tormento de los purgantes.” (María Valtorta. Cuadernos 1943. Edición Española. 1990. Dictado el 17 de octubre. P. 442.)

Este primer texto auto certifica su autenticidad, ya que en él se describe insuperablemente las consecuencias para el alma de ver a Dios por un instante. De algún modo, esto será el Aviso. Hemos visto que diversos videntes lo denominan con el nombre de Juicio en Pequeño o Juicio en Miniatura. Ahora se entiende mucho mejor por qué el Aviso será como una llama interior que vibrará al unísono de un fenómeno exterior semejante para la naturaleza terrestre. Una verdadera iluminación de su conciencia que mostrará insuperablemente al alma, la necesidad de purificar nuestros pecados con amor extremo, acompañado por el dolor intenso de haber ofendido a Dios.

El segundo texto seleccionado, sigue también las mismas ideas, pero 45 años después:

“¡Alma, si tan sólo supieras cuántas almas sufren en este momento en el Purgatorio… ellas desean ardientemente estar conmigo, pero no pueden a causa de las manchas de sus almas… líbralas con oraciones y sacrificios… líbralas con actos de Amor… líbralas compartiendo Mis Sufrimientos. Vassula esas almas suspiran por Mí para estar de nuevo unidas a Mí y para siempre, pero deben primero purificarse antes de llegar a Mi Presencia.

“Señor, tú has dicho: “… para estar de nuevo unidas a Mí” ¿Han estado Contigo algún tiempo, después de la muerte?

Yo he liberado sus almas de sus cuerpos. Yo les he mostrado Mi Santo Rostro sólo un instante. Y sus ojos, liberados al punto de su velo, viéndome cara a cara en Mi Pureza y Mi Luz, instantáneamente se han puesto en presencia de la Verdad. Al comprobar cuán manchadas están sus almas por el pecado, a pesar de su ardiente deseo de echarse en Mis brazos abiertos y seguirme, comprenden que esto es imposible antes de limpiar su alma. Entonces, en un intenso dolor de arrepentimiento, se retiran y se preparan para ser purificadas. Esto les duele y les consume, más allá de lo que puede decirse, porque no pueden verme. Mi ausencia les consume. En el Purgatorio, la causa de su mayor sufrimiento es Mi ausencia. Ellas experimentan también otros sufrimientos, con fuego, según sus pecados.

Preparad vuestras almas por anticipado. Creación, no esperéis que la muerte os arroje en las sombras. Guardad vuestra alma limpia y sin tachas, alimentaos de Mi Cuerpo y bebed Mi Sangre lo más a menudo que podáis. Arrepentíos muchas veces, estad dispuestos para ese día. Ayunad. El ayuno os ayuda. Escuchad Mi Voz y preparad vuestras almas, como si Nuestro encuentro debiera ocurrir hoy mismo. No esperéis. Esperar es dormirse, esperar es dejar vuestras lámparas sin aceite. Estad prestos a encontrar a vuestro Salvador. Yo os amo a todos hasta la locura. Comprended que por Mi Misericordia insondable quiero preparaos a todos.”(Vassula Ryden. La Verdadera Vida en Dios. Encuentros con Jesús. Palencia, España. 1992. P. 350. Tomo II. Dictado del 19 de agosto de 1988.)

Estos textos nos ayudan a comprender que el Aviso hay que prepararlo. Así como para el alma —que muere en estado de gracia— llegar a la hora del juicio particular resultará de grande dolor y sufrimiento por la purificación expiatoria de sus penas, que puede durar años o siglos de privación de Dios, de la misma manera, para el alma que tenga mayor y mejor preparación espiritual, el Aviso será menos terrible, más soportable y de mucho mayor provecho para nuestra santidad y fortalecimiento espiritual. Quien no esté preparado y viva en pecado mortal, el Aviso será de violentísimo impacto y de gran sufrimiento y pena, hasta el límite incluso de morir de la impresión.

Junto con algunas experiencias de quienes ya han pasado por un proceso similar, ahondaremos en el siguiente capítulo en la conveniente y apremiante necesidad de preparar el Aviso.

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Fuente:
http://www.apocalipsismariano.com/index.php/articulos/profecia/503-la-iluminacion-de-las-conciencias 

Escritos de Luis Eduardo López Padilla publicados en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/luis-eduardo-lopez-padilla/

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