La Razón de Ser de este Aviso, por Luis Eduardo López Padilla

Publicación autorizada por su autor, Luis Eduardo López Padilla, de su libro, “EL GRAN AVISO DE DIOS.”
http://www.apocalipsismariano.com/@lopezpadilla7

Del Libro: El Gran Aviso de Dios.
Escrito por: Luis Eduardo López Padilla

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V
Consecuencias para el mundo
y para la Iglesia

Hemos denominado el presente ensayo con el título de El Gran Aviso de Dios del Final de los Tiempos. Al principio del mismo hemos tratado de explicar al lector dónde hay que situar el período histórico del Final de los Tiempos. Si se ha comprendido bien, este período histórico corresponde, ni más ni menos, a nuestra época actual, particularmente pudiéramos decir a partir del cumplimiento de una profecía anunciada por Jesucristo nuestro Señor (Ver Lc. XXI, 24) respecto al Pueblo de Israel, Pueblo que, como sabemos, después de la muerte de nuestro Señor Jesucristo y su posterior Resurrección, y una vez habiendo rechazado a Jesús como su Mesías, fue derrotado lastimosamente en Jerusalén por el General Tito en el año 70; y fue de tal magnitud esta calamidad que no quedó “piedra sobre piedra” (Mt. XXXIV, 2). Desde entonces, los judíos estuvieron errantes por todo el mundo, sin patria, sin territorio, sin sacrificio, sin sacerdocio, sin nada. Como dejados de la mano de Dios y a su suerte. Todo esto sobrevino una vez que ellos decidieron que “la sangre de Jesucristo cayera sobre ellos y sobre sus hijos” (Mt. XXVII, 25). Pero estaba profetizado, contra todos los pronósticos, que este Pueblo se levantaría y que milagrosamente recuperaría la ciudad de Jerusalén (Lc XXI, 23 y 24) hecho que ocurrió después de la batalla de los seis días entre árabes y judíos en el año de 1967 y que de alguna manera vino a consumar y a darle forma a la constitución del nuevo Estado de Israel que, a partir de la Segunda Guerra Mundial, se consolidó en 1948 con el gobierno presidido por David Ben-Gurión. Este regreso a Palestina es una de las profecías más importantes de la Sagrada Escritura que ha tenido cumplimiento (ver Jr. XXXII, 6; Is. XI, 12; Jr. III, 18). Más aún, esta repatriación de judíos a Israel es otra señal de que grandes profecías que aún están pendientes van a tener fiel cumplimiento.

Y así, una de las más importantes piezas del rompecabezas apocalíptico, por decirlo así, se ha cumplido y nos da la certeza de que conforme a las Sagradas Escrituras, estamos viviendo ya en los umbrales del Final de los Tiempos de las Naciones, y que concuerda con la afirmación de la Santísima Virgen en Garabandal, España y que ya hemos mencionado, de que “Juan Pablo II, era el último Papa previo al Fin de los Tiempos”. Más adelante ahondaremos sobre este aspecto, cuando hablemos de cuándo debemos esperar este acontecimiento mundial.

Ahora bien, para poder entender por qué este Aviso de Dios vendrá a ocurrir precisamente en este Final de los Tiempos, es menester entender cuál es la situación mundial por la que el mundo está atravesando. En primer lugar, convendría tener muy presente que el Fin de los Tiempos tiene una característica esencial que lo identifica ampliamente y que se encuentra profetizada a lo largo y a lo ancho de la Sagrada Escritura. Esta característica es expresada, en un par de ideas, en la falta de fe en el mundo y la confusión, tanto en el nivel intelectual y de las ideas, como en el nivel práctico, en los hechos.

Sin pretender dedicar demasiado tiempo a esta demostración de la falta de fe en el mundo señalado en las profecías, solamente diremos que en el Fin de los Tiempos se van a dar cinco eventos o circunstancias especiales:

  1. La Falta de Fe en el mundo
  2. La Apostasía Universal
  3. La aparición del último y personal Anticristo
  4. El advenimiento de la Gran Tribulación
  5. El Juicio de las Naciones o el Día de la Ira de Yahvé.

Es decir, estos cinco eventos son los que esencialmente van a caracterizar al Final de los Tiempos y que de alguna manera este Aviso de Dios viene a advertirle al mundo, y aún, a la misma Iglesia.

Dice San Pablo a Timoteo:

“Has de saber que en los últimos tiempos sobrevendrán días difíciles, porque habrá hombres egoístas, avaros, amadores de sí mismos y del dinero, jactanciosos, soberbios, maldicientes, incontinentes, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traidores, temerarios, amadores de los placeres más que de Dios. Tendrán una apariencia de piedad más en realidad lejos de ella.” (III, 1-5). El mismo texto Paulino más adelante sigue diciendo: “… pues vendrá un tiempo en que no soportarán más la sana doctrina, antes bien, deseosos de novedades, se amontonarán maestros conforme a las pasiones, y apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas.” (IV, 3-4).


La Razón de Ser de este Aviso

Ya hemos desentrañado de alguna forma su naturaleza y su contenido. Ha quedado claro que es una luz para las conciencias de los hombres que les va a permitir ver su vida, mejor dicho, su alma, tal cual Dios la ve, y eso traerá un gran dolor y sufrimiento porque nos daremos cuenta de la exacta dimensión y las consecuencias de los pecados. Desde luego será medicinal para provecho espiritual del alma en un mejor deseo de vivir honestamente al servicio de Dios. Pero ahora lo que nos interesa entender y que el lector comprenda es lo siguiente: ¿Qué es lo que Dios quiere con este Aviso? ¿Por qué un Aviso de tal magnitud y de condiciones tan universales y dramáticas? Y queremos entender fácilmente la respuesta.

Es una realidad que el siglo XX que acaba de terminar se ha caracterizado por una verdadera confusión de valores que han desarrollado las conductas más disparatadas, desviadas y desconcertantes que el mundo jamás haya visto.

Somos testigos en este último siglo de una perversión de costumbres y de normas particularmente vinculadas al terreno de lo Moral. Vemos con asombro cómo la primacía absoluta y el reinado del Gran Becerro de Oro del siglo XX es, sin duda alguna, el ídolo del dinero. Todo se mueve, se ajusta, se mide y se valora en términos de poder económico. El dinero te da todo, dicen: salud, placer, viajes, fama, autoridad, poder, tranquilidad, etc.


Abandono de la Moral

Uno de los aspectos más peligrosos del ateísmo que ha sufrido el siglo XX es que ha invadido de una manera anárquica a la Moral, lo que significa un abandono completo de la antigua y vigente teoría de la Ley Natural, es decir, la misma Ley Eterna grabada por Dios en el corazón de los hombres, que dice: haz el bien y evita el mal. Si Dios desaparece o se disuelve en un Cristo cósmico etéreo, entonces la Ley Natural pierde su sentido y desaparece por tanto la Moral, que ahora sentimos sus efectos por la llamada secularización (darle un sentido mundano a lo profano) en la vida social, política, cultural, moral y religiosa, y que se ve sustituida paulatinamente por algo indefinido que llamamos ética, muy cacareada en la teoría pero deleznable en la práctica, y que ha llevado a que muy pocos hombres la practiquen.

En la época actual, es decir, a principios del siglo XXI y todo el bagaje del siglo XX, la práctica de la Moral, y lo que es peor, los criterios y las normas morales han sufrido un evidente y galopante deterioro. Cualquier observador serio que intente hacer un análisis del siglo XX, debe llegar a la conclusión de que hay un claro período de corrupción general. Se percibe y se siente en todos los niveles, es decir, en el político, en el económico, en el social, en el cultural, en el científico, en el moral y aún, desde luego, en el religioso. No hay ninguna línea ascendente o esperanzadora en estos campos que estamos citando. Cada uno de ellos va al suicidio y caos completo por más planes y proyectos que pretendan lo contrario.

Jamás se ha valorado menos la vida humana como hoy, lo que ha llevado que en el siglo XX, en un sinnúmero de escenarios, se hayan cometido los crímenes más aberrantes contra la humanidad, algunos que han sido denunciados y reprobados o castigados en su caso; otros que siguen ostentosamente impunes como podrían ser los que se han cometido en Ruanda, China, Cuba o en la antigua Yugoslavia. El comunismo ateo ha traído más de 120 millones de muertes, es decir, dos tercios del total de víctimas que ocasionaron en el siglo XX todos los regímenes dictatoriales. Esta desvalorización de la vida humana pasa desde luego por el terrorismo organizado y guerrillas por todo el mundo, tanto en Europa, particularmente en España, Irlanda e Italia, como en Centro y Sudamérica. Y ni qué decir también del horroroso holocausto Nazi donde fueron exterminados cerca de 22 millones de personas.

Más aún, en este tiempo existen no menos de 30 conflictos en todo el mundo, algunos de los cuales estallaron recientemente; otros vienen arrastrándose por décadas: Colombia, Argentina, Perú, Venezuela, Bolivia, Macedonia, Chechenia, Cachemira, Medio Oriente, Afganistán (y todas las consecuencias del inevitable recuerdo del 11 de septiembre), Irak, Indonesia, Sri Lanka, Laos, República Democrática del Congo, Angola, Sierra Leona, Etiopía, Namibia, Argelia, etc.

Así pues, no hay mayor degradación en el hombre y en la moral que el desprecio a la vida humana y esta es una de las características especialmente trágicas del siglo que terminó.

Junto con esta cultura de la muerte, desde luego, hay que incluir el abominable crimen del aborto que está prácticamente legalizado en casi todas partes, y su práctica sistemática que se disfraza como muestra de libertad y la más pura apelación genuina de los “derechos de la mujer”. Y por extensión, desde luego la eutanasia, la eugenesia, etc.

En la esfera pública la corrupción del estado, del poder y la perversión de la justicia, son rasgos generalizados en la tan llevada y traída democracia, que para lo poco que ha servido es para un deterioro impresionante de la sociedad. Efectivamente, en el vasto campo de las relaciones humanas, los criterios morales no solamente se han relajado sino que incluso han desaparecido. Es triste, alarmante y por momentos risible, escuchar los famosos programas “talk show” donde cada quien se cree poseedor de la verdad y emite su opinión como si la Moral fuera cuestión de gustos, opiniones y situaciones de cada uno. Esta penosa realidad también se ha dado por la amplísima contribución de los medios de comunicación que han promovido programas triviales, superficiales y frívolos, sin ningún tipo de formación ni educación hacia el Bien Común. Y no se salvan, desde luego, la gran mayoría de las corporaciones y producciones cinematográficas, salpicadas de sexo, confusión, violencia, deformación moral y esoterismo. Así pues, ya no es de extrañar que la simple mención de la fidelidad matrimonial, la defensa de la familia y de la moral sexual, suscite no ya rechazos sino carcajadas.

Todo esto ha traído entonces un deterioro en la sociedad, en la familia y en las personas que ha llevado a la enfermedad del alcoholismo, la drogadicción, el desenfreno sexual, la destrucción de la unidad de la familia a través de los miles de divorcios, el uso de pastillas anticonceptivas, relaciones de adulterio y prematrimoniales, explosión del lesbianismo y la homosexualidad como “derechos naturales” del ser humano, hasta el extremo de legalizarse ya en algunos países este tipo de uniones, incluso el derecho de adoptar menores.

Entonces, la sociedad se ha envuelto en un ambiente de frivolidad de pensamiento light que se traduce en la ley del mínimo esfuerzo, de la opinión cambiante, del nulo sentido del sacrificio, reduciendo todo a la búsqueda del placer como ley máxima y del consumismo para adquirir bienes y servicios superfluos, como consecuencia del efecto bombardeante de los medios de comunicación que van creando falsas necesidades.

Ahora bien, lo anterior se agrava cuando la Moral y Doctrina han caído por los suelos incluso dentro del pensamiento de los llamados teólogos morales, que ya ha pasado a una situación de abierta rebeldía, incluso, en contra de las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia y del Santo Padre, Benedicto XVI.

Vemos con inquietud cómo la formación religiosa en la inmensa mayoría de los católicos es sumamente deficiente, y esta ignorancia ha provocado un desconocimiento de lo que es el Evangelio y de toda la enseñanza que de ahí se deriva en materia de Doctrina, Fe y Moral. Esto ha dado lugar a una profunda indiferencia a las cosas de Dios y también a un relajamiento para lo divino que hace que el hombre le dé oídos a todo tipo de fábulas y falsas filosofías, como es la llamada New Age y todo el contenido que conlleva este pensamiento de la modernidad, vinculado a prácticas de origen oriental como el yoga y la meditación trascendental, así como otras tendientes a un mejoramiento personal energético, como por ejemplo, el control mental, dianética, uso de talismanes, cuarzos, técnica del feng shui, retiros chamánicos, talleres de autoestima, terapias en base a flores, cristales y aromas, donde el hombre pretende buscar beneficios espirituales a través de estas técnicas naturales y algunas no exentas de esoterismo. A la vida del hombre en la tierra se le quiere encontrar justificación y apoyo astrológico, como si ya todos estuviéramos “predeterminados por nuestro karma”, minimizando o aún anulando la libertad y responsabilidad humana ante el Creador.

Así entonces, el hombre se ha ido envolviendo en un profundo egoísmo en todos los niveles que le ha llevado a cometer toda clase de pecados sin que le importe en lo más mínimo. Existe como una anestesia en la conciencia humana. Aunado a esto, vemos cómo ha ido creciendo un alarmante despertar hacia lo oculto, lo misterioso y lo esotérico que junto con la ignorancia religiosa ha dado un resultado catastrófico donde muchos hombres y mujeres se encuentran bajo un pacto tácito o expreso con el mismo Demonio, de quien paradójicamente hoy muchos ridiculizan o niegan su existencia. Asistimos consecuentemente a una explosión y proliferación de espiritismo, brujería, hechicería, astrología, fenómenos psíquicos, superstición y satanismo. También comuniones sacrílegas y narcosatánicos. El “endiosamiento del hombre” llega a límites intolerables y a querer remedar mediante la manipulación genética y clonación, la potestad exclusiva de Dios: Crear.

Esta es la aplastante e innegable realidad que estamos viviendo. Pero no es todo. Este deterioro moral y espiritual alcanza a la misma Iglesia fundada por Cristo, Iglesia que desde luego es Divina por Su Fundador que es Cristo, pero que en su componente humano, que integramos todos los hombres que profesamos la fe en Cristo y su Iglesia, simplemente la hemos afeado con nuestros pecados personales, lo cual la hace irreconocible ante su Esposo que es Cristo. Por eso hoy ya es de conocimiento público la mala vida que llevan algunos sacerdotes y obispos, incluso cardenales, y que por su apego al dinero y a los placeres, por su irreverencia al celebrar los santos misterios, se convierten en aliados del Enemigo. Leemos noticias día a día de abusos sexuales y de todo tipo de corrupción en muchos de los pastores, quienes debieran dar ejemplo por la excelsa vocación que recibieron al servicio de Dios y de las almas.

No menos grave también resulta la falta de testimonio de muchos católicos que se dicen de nombre, pero que no practican lo que piensan, y acaban pensando como viven. Es decir, muchos católicos viven de meras apariencias un cristianismo completamente superficial, “Light” podríamos llamarle, donde los mandamientos son vividos a su antojo, sin mucha o nula práctica sacramental, sin acudir a la Confesión o a la Eucaristía, más que en ocasiones sociales como bodas, primeras comuniones, bautizos, o porque alguien ha fallecido. Simplemente para que nos demos una idea, en México, tres de cada diez asiste a misa los domingos. Y de este 30% de católicos de misa dominical, ¿cuántos comulgan?, y de los que comen el Cuerpo de Cristo, cuántos lo hacen en estado de gracia?, es decir, que tengan clara conciencia de no haber cometido pecado mortal desde la última confesión bien hecha.

Lo que queremos dejar sentado es que el crecimiento espiritual de la mayoría de los católicos prácticamente es mínimo, crecimiento que no es otra cosa que la santidad de vida de las almas que están en gracia de Dios y que además se esfuerzan en llevar una vida auténticamente cristiana en la vivencia de las virtudes, tales como por ejemplo, la humildad, la generosidad, la castidad, la paciencia, la templanza, la caridad y la diligencia. Virtudes que se contraponen a los siete pecados capitales que, junto con la oración, sacrificio, penitencia y la práctica sacramental, miden el nivel y estatura espiritual de un fiel creyente. Sin embargo, la realidad que vive hoy la Iglesia es muy distinta y grave. Esto ha llevado a que la humanidad viva en una profunda falta de fe, esperanza y caridad y envuelta en una densa niebla de oscuridad espiritual que alarmantemente pasa desapercibida.

Todo esto obliga y provoca que en justicia Dios tenga que intervenir en el mundo para hacer una verdadera llamada de atención, violenta y universal, ya que el estado actual de cosas no puede seguir como hasta ahora, so pena de que nos destruyamos física y espiritualmente.

Es por eso que la Santísima Virgen María, la Madre de Dios y Madre nuestra se ha venido manifestando con creciente presencia en los últimos 170 años a toda la humanidad, particularmente dentro del seno de la Iglesia Católica, aunque no exclusivamente, para hacer un llamado urgente a los hombres a la conversión de vida, a dejar el pecado que impera en el corazón humano y que está llevando a muchas almas al fuego del infierno eterno, tal y como Ella lo profetizó en Fátima, Portugal. De ahí su insistencia en rezar mucho por las almas pecadoras porque no hay nadie que rece y se sacrifique por ellas. Este mensaje de gravedad y urgencia proveniente de la Santísima Virgen María, ha sido repetido en diversos escenarios mundiales de los cinco continentes, en apariciones tan importantes como París, con la famosa manifestación de la Medalla Milagrosa; en La Salette y Lourdes, Francia; en Fátima, Portugal; en lugares importantes de Bélgica; y en países como Holanda, España, Alemania, Italia, Polonia, la India, Puerto Rico, Brasil, Egipto, Japón, Vietnam, Líbano, Venezuela, Nicaragua, Bosnia-Herzegovina, Ruanda, Siria, Argentina, Corea, Inglaterra, Estados Unidos y más, y donde Ella como Madre preocupada por el bien espiritual de todos nosotros, que somos sus hijos, ha alertado a la humanidad a que cambiemos urgentemente de vida. Sin embargo, Su Mensaje no ha tenido el eco y la respuesta que Dios esperaba. Más aún, mucho ha sido silenciado y obstaculizado por pastores y jerarcas de la Iglesia de Jesucristo nuestro Señor.

(Continúa…)

________________________
Fuente:
http://www.apocalipsismariano.com/index.php/articulos/profecia/503-la-iluminacion-de-las-conciencias 

Escritos de Luis Eduardo López Padilla publicados en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/luis-eduardo-lopez-padilla/

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