“No existe santidad sin trato íntimo con el Amado.”

Tomado del Libro: El Reinado Eucarístico
Dictados de Jesús a Marga

Marga_El Reinado Eucarístico-grande

01-08-2015

       (Como siempre, al poco de acabar la Misa, ya no quedaba nadie. Se les oía hablar afuera. Son gente muy maja).

Jesús:

¿Crees tú que todos éstos saben de la necesidad que tengo de escucharles?, ¿de la necesidad que tienen mis ojos de verlos, y mi Corazón de achucharles?, ¿la necesidad que tienen mis brazos de abrazarles? ¿Saben de la necesidad que tiene el Hombre-Dios en el Sagrario? ¿Saben de mis Dones? ¿Saben que Yo estoy deseando dárselos? ¿Saben que mi Corazón no encuentra a quien regalar?

No lo saben. Y eso que se llaman «Los Míos».

Lo son, no sólo porque se lo llaman, sino porque lo son. Pero ellos no conocen las Honduras de mi Pecho, el reclamo de mi Corazón. No conocen mi trato de Amigo, de Amante, de Hermano. Sí de Padre, o de Rey. No conocen mi trato de Niño Pequeño, necesitado de ellos como un Niño de pecho necesita de su Madre, un Amante que necesita de su amada, un Hermano de su hermana, un Marido de su esposa, un Cazador de su presa. Pero un cazador de Amor, con su presa de amor. Que no es para suplicios a los que os llamo: es para Deleites de amor. Que no es para que trabajéis fríamente por el Reino, sin entrar en contacto con el Rey, alejado de vosotros.

No os llevo sólo a cumplir puntualmente con vuestro trabajo en la tierra. Que también. Pero no podéis reducir sólo a eso la santidad: No existe santidad sin trato íntimo con el Amado.

Vuestras obligaciones materiales no os pueden alejar tanto del Amado. En ellas veis a Dios, sí, pero si no estáis íntimamente unidos a Mí, pronto dejaréis de hacerlo, para convertiros en otro mundano más que busca para sí mismo las glorias del mundo.

Amada: ¡qué difícil llegar a vosotros! Me lo hacéis difícil.

Amada, no puedo llegar si no existe vida eucarística. Vida eucarística no es sólo venir a Misa, aunque sea todos los días, e irse corriendo. No hay vida eucarística sin vida de oración, sin trato directo y prolongado Conmigo.

Si no, se convierte (uno) en esa persona que sabe muy bien las Normas de la Iglesia, pero nada de su Hacedor. Conoce muy bien qué hay que hacer y qué no hay que hacer, pero no sabe nada del Dios Amado, manifestado en Jesús, que es Quien constituyó la Iglesia, y que es Quien se desvive día y noche por ella, entregándose en el Altar. A toda la tierra alcanza su pregón[179], el Santo Sacrificio se perpetúa por todas las edades y en todos los siglos, en todos los tiempos y a todas horas, día y noche. Y los hombres no saben nada de Aquel que se entrega por ellos. Ahí estoy, esperándolos. Quisiera tener un trato íntimo con ellos.

«Trato íntimo» no es sólo para una religiosa de clausura. No es sólo para un monje.

Muchos piensan que ni tan siquiera es para el sacerdote o para una religiosa de vida activa. ¡Van a pensar que es para ellos, los seglares «ocupados de las cosas del mundo»! En el mundo, sí, pero no mundanos[180].

Decidme en qué os diferenciáis de los paganos, los que no creen en Mí y no creen en mi Presencia Eucarística, humanamente presente en el Santísimo Sacrificio del Altar. Si vosotros creyerais que aquí estoy, vendríais largos ratos a pasarlos Conmigo. Pero a veces creen más esos paganos que persiguen a la Iglesia, que vosotros mismos.

¡Decidme qué tenéis que hacer más importante que venir todos los días a estar con vuestro Dios!

Y te verán salir de aquí, una hora después[181], y pensarán que es pérdida de tiempo, que cómo te gusta perder el tiempo. ¡Pero eso lo harán los creyentes! Que para los paganos serás la más congruente del pueblo. Esa que se pasa largas horas en la Capilla o en la Iglesia. Ésa, ésa es la que cree en lo que hace.

Los que sólo vienen para cumplir y para ser vistos, abandonando su vida de fe en todos los demás aspectos de su vida, no son creyentes.

Creyente es quien alaba a Dios con las palabras, con obras y con proyectos, pero también y principalmente en Adoración hermosa y larga frente al Santísimo.

Creyente en el Santo Sacrificio del Altar es quien se viene a pasar largos ratos conmigo en los Sagrarios de vuestras iglesias. Si no venís ni siquiera a visitarme no creéis en Mí. ¡No creéis en el Santo Sacrificio del Altar que se ha perpetuado por los siglos! No creéis en el Amor, y el Amor entregado en oblación. No creéis en mi Amor.

Es normal, hija mía, que un día las Hordas del Enemigo penetren en las iglesias saqueándolo todo. ¡Están vacías, a su disposición! Por parte del Gobierno civil no se hará nada.

Aun es asombroso cómo no se han atrevido a hacerlo todavía. Son más cobardes de lo que os parece. Sin embargo, vosotros, ¡les tenéis tanto miedo! ¡No les temáis tanto! También ellos necesitan que les plantéis cara. Hacedlo también por su bien.

Es raro que la Autoridad civil no haga nada por mantener el orden, ¡pero más raro será que no lo hagan desde la misma Iglesia! Algunas voces se alzarán dentro de los Obispos, pero, «para mantener el orden», «mantener la paz», «por un orden mayor», dejarán que se imponga la opinión de la mayoría, que no son tanto la mayoría fáctica, sino la mayoría silenciosa. Ésa que se deja llevar. Por varias razones: para mantener el puesto, por ignorancia, por pereza, por ideas equivocadas que no corrigieron en favor de Dios… Por conveniencia. Porque no lo ven tan importante.

Y la Autoridad eclesial no os dirá al Pueblo de Dios que os alcéis contra aquellos que osan entrometerse en vuestra Casa y desvalijarla.

«¡Demasiados bienes tiene la Iglesia!», piensan. «No es malo compartirlos con los pobres.» Pero, ¿y cuando os roban el Bien Preciado? ¿El Bien de Bienes? ¿La Eucaristía pisoteada por el pueblo? La Eucaristía pisoteada por el pueblo, y mis ministros que no hacen nada. ¿Qué teméis, amada, vosotros?

He querido que tú seas despreciada y ultrajada como lo soy (he sido) Yo. He querido que lo seas por tus seres queridos, tus más allegados.

Así te sientes tú despreciada sin motivo. Es como aquel que ofrece un tesoro a otro, unas perlas, y éste se las tira, se las arroja al suelo. Y que sientas algo, aunque muy pequeño, de lo que Yo siento cuando las almas rechazan y rechazan todo llamamiento de Amor por mi parte, todo intento de unión.

Así quiero que estés Conmigo, para entender más y poder transmitir el desgarro interior de mi Corazón por vuestra poca correspondencia, por vuestras negaciones: «No, ¡no le conocemos!», y por vuestros desprecios.

Es un Corazón Enamorado que sólo entiende de Amor, y sólo sabe dar Amor. Por tanto, sólo espera Amor.

¡Ah!, ¡qué bagatelas!, ¡a qué poca cosa dedicáis vuestros días y vuestra vida! Y qué poco os afanáis por venir a Mí a conocerme y a amarme, que es lo que verdaderamente importa.

Mirad que eso será lo que os haga dichosos.

Mirad que así descubriréis a Dios, el Amor de Dios a vosotros, al mundo. Y descubriréis el sentido de vuestra existencia.

________________________
[179] Cfr. Sal 19,5.
[180] Cfr. Jn 15,19.
[181] De haber acabado la Misa.

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Dictados de Jesús a Marga aquí publicados:
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4 respuestas a “No existe santidad sin trato íntimo con el Amado.”

  1. Hemoso comentario. De ese libro. Quisiera saber donde puedo conseguir este maravilloso libro. O si me lo pueden descargar . Les estaria muy agradecida.

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