Delante de la Imagen de la Santísima Virgen del Olvido, la vimos levantada del suelo en éxtasis, mas de una cuarta (20 cm.), su rostro más parecía un ángel que criatura humana.

Tomado del Libro: Vida Admirable de la Sierva de Dios Madre Patrocinio
Escrita por: Sor María Isabel de Jesús, r.c.f.

CAPÍTULO XXVI

Desde Aranjuez.- Observancia y caridad ante todo.- Ejemplos singulares de virtud.- Fundación del Real Sitio del Pardo.- En la casa de oficio.- Éxtasis maravillosos.- El nuevo Convento y traslación a él de las Religiosas, asistiendo mi venerada Madre.- La Madre Cándida, subió al Cielo.- La fundación del Escorial.- Todas buenas y contentísimas.- Caso milagroso.- Instrucciones de la Sierva de Dios. La fundación de Lozoya.- Primera visita y elección de Abadesa.- Entusiasmo y desusado fervor religioso.- Se salva la Sierva de Dios de una caída inminente.- El caballo obedece al mandato de mi Madre venerada.

A pesar de hallarse mi venerada Madre molestada, constantemente, por tan fuertes dolores de cabeza, que apenas la dejaban fuerzas para nada, solícita siempre del bien de sus hijas, y deseosa de que en sus Comunidades no se entibiase el fervor religioso y el celo por la observancia regular, véase lo que la Sierva de Dios, trascurrido apenas un año, decía, escribiendo a la Rda. M. Abadesa del Convento de este Real Sitio:

“… has hecho muy bien en no celebrar las octavas de profesiones, aquí hago yo lo mismo; y no se celebran tampoco las segundas clases, ni en sentarse en el coro, ni en disciplina, ni en nada; y no dispenso nada, como no sea las tres Pascuas y sus octavas; la Asunción y su octava, la Natividad y su octava, nuestro P. San Francisco y nuestra M. Purísima; y el Oficio parvo, no le dispenso tampoco más que en estas festividades, o rezándose de la Santísima Virgen y oficiando la prelada… Cuando en nuestra Comunidad de Madrid pusieron estas costumbres, apenas habría alguna segunda clase; ahora son muy frecuentes y lo mismo los dobles mayores; y lo que entonces pudo ser prudencia, para dar alivio a la Comunidad, ahora puede decirse que sería relajación; porque observándolo de ese modo que se prueba, apenas conoceríamos la vida religiosas, y las cosas si no se hacen no se aprenden… En puntos de regularidad, sabes ya mi voluntad, desde ahora para siempre, y ésta es, de que cuanto más, mejor, procurando regular las cosas con prudencia.

En puntos de caridad, era la Sierva de Dios tan delicada y exigente, que escribiendo a la M. Concepción, Abadesa de uno de sus conventos, le dice:

“… serán mis amadas y queridas hijas, si son como yo deseo: muy amantes de su Dios, muy obedientes a su Prelada, muy sencillas y calladas, con prudencia, no moviendo la lengua sino para alabar a Dios, bendecir a su Purísima Madre y dar gracias a su Prelada, por lo mucho que se esmera en todo lo que les pertenece, no permitiendo que ninguna hable lo que no debe; y la religiosa que lo oye y no le remedia la falta, y el divino Esposo huye de las almas de sus esposas que, en vez de glorificarle con su lengua, se ocupan en la murmuración, viendo la paja en el ojo de la hermana y no viendo la viga en el suyo propio”.

No perdonaba ninguna falta que con las enfermas pudiera cometerse; y, conociendo ella que las enfermeras se distraían llevándolas el socorro a tiempo, se lo avisaba o se lo adelantaba llevándolo la misma Sierva de Dios.

Moría en cierta ocasión una religiosa llena de gran temor y miedo, y, habiéndolo observado mi venerada Madre, movida de misericordia, al oír del médico que no se explicaba que la enferma ya no hubiese muerto, enseguida impuso a sí misma y a sus monjas penitencia conveniente, convidando también a ello al Sr. Doctor, y al punto entró en agonía tranquila la antes atribulada enferma y expiró dulcemente, mientras las religiosas cantaban el Credo.

Se consumía en celo por la gloria de Dios y exaltación de su santo nombre, y sólo al verle ofendido cambiaba su semblante. En cierta ocasión, debió Dios manifestar a su Sierva alguna falta grave y, traspasada de dolor por no poder evitar la injuria divina, hizo por espacio de tres días, con la Comunidad, penitencia pública, en desagravio al Señor y para alcanzar su misericordia a favor del delincuente.

Escribiendo una de las religiosas de Aranjuez acerca del espíritu de mortificación y penitencia de mi santa Madre, dice, que un día se postró la Sierva de Dios en la puerta del refectorio, mandando a todas que pasaran por encima, lo que hicieron las religiosas, llorando amargamente. Añade que otro día llevó la santa cruz grande y pesada, sostenida con la mano izquierda, llevando la derecha a la espalda, atada fuertemente, que parecía descoyuntarse, y tan ennegrecida por la opresión, que temieran se le abriese. En ocasiones pidió a las Religiosas la penitencia que llamamos el bofetón, diciendo al mismo tiempo ser ella la mayor pecadora, con tantas lágrimas, que a todas las conmovía, de suerte que, siendo en el refectorio, ninguna podía comer después. En esta vida de heroicas virtudes se ejercitaba esta inflamada Esposa del divino Cordero, en los intervalos de tiempo que transcurría de una fundación a otra; preparándose así para hacerlas y ofreciéndose víctima de amor a Dios, después de hechas, para el mejor éxito y en holocausto de gratitud a la Majestad divina.

Mientras la Sierva de Dios descansaba de sus pesadas tareas de apostolado y reponía un poco su salud para emprender otras nuevas, los Reyes disponían las cosas de la fundación de El Pardo, entendiéndose, a la vez, para ello con su Emcia. Rma. El Sr. Arzobispo de Toledo y con la misma bendita Madre mía. Efectivamente, el día 10 de Diciembre de 1859, salieron de Aranjuez la Sierva de Dios y varias religiosas de las más observantes y fervorosas de la Comunidad de San Pascual de dicho real Sitio y, llegando el mismo día a El Pardo, se instalaron por de pronto, en una de las dependencias del palacio de los Reyes, llamada Casa de Oficios, por no estar terminadas las obras del Convento nuevo que, después, al año siguiente, se inauguró. Una vez instaladas, ordenó mi amada Madre que todo se dispusiese y arreglase de forma que la expresada Casa pareciese y fuese de verdad morada de religiosas contemplativas: con su clausura, oficinas, coro y demás como en los conventos de más rigor.

Tan excelente impresión causó enseguida en los habitantes de aquel Real Sitio la vida austera y fervorosa de las nuevas monjas, que, antes de trasladarse el convento, al año siguiente, ya eran varias las jóvenes que vistieron el hábito de la Concepción Franciscana. Pocos días estuvo la Sierva de Dios en El Pardo en esta ocasión, porque asuntos de gran importancia reclamaban su presencia en Aranjuez; pero estuvo lo bastante para revelar Dios, como en otras partes solía hacerlo, la extraordinaria santidad de su virginal esposa. Estando un día en oración nuestra amada Madre, —dice una de las religiosas de las que fueron a fundar El Pardo,— delante de la Imagen de la Santísima Virgen del Olvido, la vimos la M. María Ana de la Presentación y una servidora, levantada del suelo en éxtasis, mas de una cuarta (20 cm. aprox.), su rostro preciosísimo, que más parecía un ángel que criatura humana.

Al año siguiente de haberse  instalado las religiosas en la Casa de Oficios, en el mes de Junio y una vez terminadas las obras del nuevo convento, volvió la Sierva de Dios a El Pardo, por orden del Sr. Cardenal y se hizo la traslación de la Comunidad con la solemnidad y entusiasmo que puede suponerse. Sobre este hecho y las condiciones del nuevo Convento, dice la Sierva de Dios escribiendo así la M. Presidenta del Convento de Aranjuez, lo siguiente:

“Ya te habrán dicho que el camino fue fatal; fuertísimo dolor de cabeza; hoy estoy mejor, he descansado algo y he encontrado a todas gruesas, contentas y que han trabajado muchísimo en cosa que me han enseñado. Salió lo mismo que yo pensé. Vi el convento nuevo que es preciosísimo y todo muy bien. Las campanas lo pagaron; pues como estaban en las guardillas, me vieron de lejos y tocaron sin cesar. Gracias a Dios que he encontrado esto bastante bien. Las cantoras lo hicieron muy bien, la organistilla regular, pero todas muy contentas, como es natural…”

Como urgía cuanto antes la fundación del Escorial, apenas se abrieron las clases del colegio de gratuitas se volvió mi amada Madre a Aranjuez, cumpliendo las órdenes del Prelado.

Florecía por aquel entonces en virtudes y milagros una célere religiosa Agustina del convento de Toledo, natural de Valdepeñas, llamada Sor María Cándida de San Agustín, con la cual ningún trato ni amistad tuvo nunca mi Madre amada, aunque si tenía su santidad en grande aprecio.

Hallábase mi Madre en su convento de San Pascual de Aranjuez, recién llegada de vuelta del Pardo, preparándose para salir a la fundación del Escorial, y el Sábado Santo, 30 de Marzo de 1861, después del toque de las campanas a Gloria, se volvió a dos religiosas de la Comunidad que con su Reverencia se encontraban, Sor María Facunda de Guadalupe y Sor María del Carmen, y les dice: “Sabed que la Madre Cándida se ha marchado al cielo al toque de Gloria”. Efectivamente, se comprobó después que así fue. Cuando esto escribo se halla muy adelantado el proceso de Beatificación de esta santa Religiosa.

La fundación del Convento del Escorial se hizo en el mes de Abril de 1861, con las formalidades de costumbre, pero con ciertas circunstancias especiales que no es justo que omitamos.

Asistieron a ella, además de su Eminencia el cardenal de Toledo y su secretario, en nombre y representación de SS. MM., el Excmo. Sr. Inspector del Real Palacio y Reverendos PP. Vicarios de nuestros conventos de Aranjuez, La Granja, y el nombrado para este Convento. Las Religiosas fundadoras pertenecían a las Comunidades de Aranjuez y La Granja, todas de gran virtud y celo por la observancia. Satisfecha la Sierva de Dios de lo bien que resultó la inauguración del convento y de las condiciones del mismo, escribe desde él a una de sus hijas: la M. Vicaria de Aranjuez:

“En esta casa todas las religiosas buenas y contentísimas. El convento es magnífico y ya, gracias al Señor y a la Santísima Virgen, lo dejo todo bien arreglado; las religiosas colocadas cada una en sus oficios; el 22 abriré las escuelas. A la apertura asistió el Sr. Alcalde con el Ayuntamiento. Aquí todo el mundo se presenta muy bien y contentísimo y el Sr. Cura Párroco, con su clero, finísimo. Muchas gracias debemos dar a Dios por tan grandes beneficios. Su Eminencia está con esta fundación muy contentito”.

Con una religiosa de esta Comunidad sucedió años después el milagro siguiente: hallábase enferma de cáncer al estómago Sor María Sebastiana de Santa Constancia, y visitando mi amada Madre el convento, se le presentó y le dijo: “Madre, estoy muy mala”; y al punto le dice la Sierva de Dios: “Vamos a ver lo que tienes”. Descubrió la parte dolorida, pidió agua y lavando dicha parte en forma de cruz, añadió: “Hija ya no tienes nada”, “ahora vete a maitines”. Y así lo hizo, quedando todas maravilladas, sobre todo el médico, que sabía cuánta era la gravedad de la enferma y lo imposible de ser curada en tan poco tiempo y por medio tan inocente y sencillo como el empleado por la Sierva de Dios.

 En la última ocasión que tuvo mi Madre Patrocinio de visitar a esta Comunidad, después de inculcar a las religiosas la necesidad y ventaja del santo silencio para la guarda del corazón y para la observancia de las promesas hechas a Dios en la profesión, les hizo una ferviente instrucción acerca de Jesús coronado se espinas, y la mala correspondencia de las criaturas para con su divina Majestad. Terminó anunciándoles que ya no las volvería a ver en aquel Real Sitio.

Corría y se extendía la fama de las virtudes y santidad de mi amada Madre a medida que iban apareciendo los frutos de sus fundaciones, y ansiosos los pueblos de participar en sus beneficios acudían sin cesar, implorándoles unas veces a SS. MM., otras a su Eminencia Reverendísima, y con frecuencia a la misma Sierva de Dios.

Las autoridades de Lozoya, estimuladas por las súplicas constantes de sus subordinados, tuvieron la dicha de ser escuchadas y atendidas por fin de su Eminencia y lograron la fundación de un nuevo convento de nuestra Orden y Reforma, cuya Comunidad salió formada de San Pascual de Aranjuez. Por encontrarse enferma mi venerable Madre, no pudo asistir a la inauguración del Convento; la que tuvo lugar el 31 de Julio de 1851.

Al año siguiente, en el mes de Julio, por orden del Excmo. Sr. Cardenal, fue mi amada Madre a este convento de Lozoya y sucedió a su llegada lo que la misma Sierva de Dios cuenta a la Madre Carmen de Jesús Nazareno; dice así: “Yo he llegado delicada, como siempre, y sigo lo mismo, poco más o menos; aquí todo marcha bien; ya te contaré todo a nuestra vista. Pide a Dios y que pidan todas que todo sea a su mayor honra y gloria, que es lo que deseo. En el pueblo es delirio el que tienen por ellas, y las traen muchísimo; más de veinte gallinas las han traído desde que yo estoy, una ternera, un cordero, muchísimas cestas de huevos, leche, en fin, hija mía, están con regalo y no sé que más pueden desear. El convento es precioso y nunca pude creer lo bien que está todo. Ninguno de los Conventos de los Sitios Reales está mejor, no con más luz, alegría, hermosas vistas y ventilación; todo entarimado, no como nuestro coro, sino al sesgo con preciosas labores. La Iglesia es pequeñita y el coro, pero suficiente para las religiosas que son; la huerta es más grande que la de La Granja y tiene de todo. A mí me han hecho un recibimiento que puede pasar por la buena fe con que fue hecho; pero has de saber que han puesto arcos de flores, todas las calles colgadas, un campaneo, me han dicho, desde las siete de la mañana; todo el suelo sembrado de flores y hierbas olorosas; salieron a muy larga distancia, me daban muchos vivas durante las leguas que faltaban; al entrar en el pueblo, todo era poco para ellos y no se puede pintar; cada clase o estado puso sus arcos diferentes; en fin, hija, han hecho la barbaridad de ponerlo todo como el día del Corpus y más, todo lo que han podido. Dios y la Santísima Virgen habrán recibido su buena fe y se lo habrán admitido; yo cuando vi aquella tropelía en el camino y al Sr. Alcalde y los Regidores, me tentó la risa de sus cumplidos; pero al fin me hicieron llorar al entrar en el pueblo… “

En este camino de Lozoya se vio la Sierva de Dios en un gran peligro de que, casi por milagro, salió bien. El camino para ir al mencionado pueblo era por partes tan malo, tan peligroso, que sólo en caballerías se podía hacer y aún así con trabajo. Mi amada Madre iba montada en un caballo muy hermoso. Cuando caminaba por uno de los sitios de mayor peligro, acometió a mi Madre Patrocinio un dolor tan fuerte y tan violento al lado del hígado que, no pudiendo resistirlo, quiso tirarse al suelo. Estaba ya a punto de caer y recibir un golpe mortal y advirtiéndolo los que le acompañan a V. R. acudieron presurosos y asustados en su auxilio, y ¡oh maravillas de Dios! Vieron con asombro que el caballo, doblando las cuatro patas, se bajó hasta poner el vientre en el suelo, exclamó: “No puedo más; bájame, animalito”, y sucedió lo que acabamos de decir. Agradecida la Sierva de Dios, se hizo con el providencial animal para el convento de su residencia, dejándole, siempre que salía a la visita de sus conventos, muy recomendado. Cuando vinimos a esta fundación de Guadalajara, le trajimos con nosotras; y después nos le llevamos a Francia, donde por cierto, nos hizo un gran servicio; pues nuestro demandadero Santiago Lucas, se lo llevaba a los pueblos inmediatos a hacer los encargos que era menester para la Comunidad. Volvió con nosotros a España y murió pasados algunos años sin más mal que su vejez.

Sor María Juana de Nuestra Señora del Olvido, religiosa de esta Comunidad en Lozoya, cuenta en una relación que conservamos escrita de su puño y letra, que la Sierva de Dios se mostró, al visitar este convento, “muy contenta, por la gran observancia que en él había; y nos exhortó al trabajo y a perfeccionarnos cada vez más, cumpliendo todas y cada una con sus respectivas obligaciones. También vi en ella, (dice), un rasgo de celo por el culto divino; sabiendo que la parroquia del pueblo estaba a falta de algunas ropas, llenó un baúl de lo que había en el convento y lo mandó a la Iglesia, prometiendo resarcir a toda la Comunidad como lo hizo; y mandó que las religiosas cuidáramos de los corporales y purificadores de la parroquia, sin llevar nada por arreglarlos”.

¡Así parece siempre esta enamorada virgen; como celoso apóstol del honor y culto divino y cual mariposilla celestial que revolotea en torno de los sagrados donde vive abrasado en divinos incendios, Jesucristo, su Esposo, Sol de infinita caridad y de inmaculada justicia!

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Vida de la Madre Sor María de los Dolores y Patrocinio publicada en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/sor-patrocinio/

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