“Hereje…y ¿deja de ser Papa?”, por Luis Eduardo López Padilla

Publicación, autorizada por su autor, Luis Eduardo López Padilla, de algunas partes de su último libro, “TÚ ERES PEDRO.” 
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Del Libro: Tú eres Pedro. Profecías sobre el Papa, la Iglesia y el Mundo. Escrito por: Luis Eduardo López Padilla

Tú eres Pedro_López Padilla

Hereje…y ¿deja de ser Papa?

Los que afirman que el Papa puede ser hereje y en automático deja de ser Papa se fundan en un texto que se le atribuye a San Roberto Belarmino, y que es el siguiente:

“El Romano Pontífice, si cayera en herejía notoria y públicamente divulgada, por el mismo hecho, y aún antes de cualquier sentencia declaratoria de la Iglesia, queda privado de su potestad de jurisdicción. Esta es la sentencia más común y cierta”.

Sin embargo, lo anterior es un clásico ejemplo de sacar un texto de su contexto, como oportunamente lo explica el preclaro abogado y filósofo, Don Rigoberto López Valdivia – padre del suscrito – que como excelente jurista llamaba técnicamente no “falsedad literaria” sino “falsedad ideológica” el cual se da cuando se suprimen palabras que le dan otro alcance a la frase. En efecto, el verdadero texto de San Roberto Belarmino visible en el Capítulo 30 del Libro II del Tomo I de sus Obras Completas dice:

“Un Papa manifiestamente hereje automáticamente dejaría de ser Papa y cabeza, pues automáticamente deja de ser cristiano y miembro de la Iglesia; por lo cual podría ser juzgado y castigado. Esto es según la sentencia de los antiguos Padres, que enseñan que los herejes manifiestos inmediatamente pierden toda jurisdicción”.

Pero ni de los antiguos Padres ni de Roberto Belarmino es la teoría de que el Papa pueda incurrir en herejía.

En efecto, esa opinión, que acabamos de citar, es la 5° de las que él anuncia al principio de ese mismo capítulo 30, cuyo título es: “De si el Papa hereje puede ser depuesto” y a continuación dice Belarmino:

Sobre este particular hay 5 opiniones. La primera es la de Alberto Pighio Libro IV Cap. 8 Hierarch. Eccles, donde sostiene que el Papa no puede ser hereje y por lo tanto no puede ser depuesto en ningún caso”, sentencia que es la más probable  – agrega Belarmino – y que fácilmente se puede defender como en su lugar lo mostraremos” (Opera Omnia. Tomo I p. 608).

Aquí dice que la inerrancia (libre de error) del Papa es lo más probable, y no se atreve a afirmarlo categóricamente, pues esto en su tiempo no era una verdad definida como dogma.

Sin embargo, en el curso de su extensísimo tratado sobre el Sumo Pontífice, se dedica a demostrar, primero doctrinalmente y luego con la Historia, que no puede haber un solo Papa hereje ni ha caído alguno en herejía.

San Roberto Belarmino cita como autoridad a Orígenes (siglo III):

Manifiesto es, aunque no se diga si, que ni contra Pedro ni contra la Iglesia podrán prevalecer las puertas del infierno; porque si prevalecieran contra la piedra en que está fundada la Iglesia, también contra la iglesia prevalecerían”.[19]

El pontífice es el doctor y pastor de toda la Iglesia; luego la Iglesia entera debe escucharlo y seguirlo; luego si él yerra, toda la Iglesia erraría”.

Solamente a Pedro le dijo el Señor: ‘He orado por ti… y apacienta a mis ovejas’. No le dijo estas palabras a Pedro y al concilio. Además, sólo a Pedro lo llamó roca y fundamento; no a Pedro con el concilio… de lo cual resulta que toda la firmeza de los concilios legítimos radica en el Pontífice; no en parte en el Pontífice y en parte en el concilio… luego debe haber en la Iglesia aún sin concilio general un juez que no puede errar”.[20]

Por tanto, según San Roberto Belarmino, Doctor de la Iglesia, no puede errar el Papa en ninguna de las cosas necesarias para la salvación; lo que quiere decir que no puede errar en las siguientes 4 cosas: 1.- en la doctrina sobre la fe; 2.- en la doctrina sobre las costumbres; 3.- en el culto y, 4.- en todas las cosas que sean intrínsecamente buenas o malas. “Ciertamente – concluye Belarmino – si Dios no le falta ninguna cosa en lo necesario, mucho menos a su Iglesia[21]. Y en la misma línea está Santo Tomás de Aquino.[22] Roberto Belarmino reconoce que

por su sola naturaleza podría el Papa incurrir en herejía; más tal cosa no puede ser si aceptamos la singular asistencia de Dios que Cristo impetró con su oración para Pedro: Oró Cristo porque no fallara la fe de él, no porque no incurriera en otros pecados”.[23]


Falta de Fe y Pecado contra el Espíritu Santo

Con todo lo anteriormente expuesto, podemos afirmar que la forma de conducirse de parte de aquellos que denuestan al Papa Francisco tachándolo de hereje o de falso pastor, es claro que muestran una falta de fe en la eficacia de las palabras de Jesucristo a Pedro, que al final del día no se traduce sino en un pecado contra el Espíritu Santo, pecado que como se sabe no se perdona ni en esta vida ni tampoco en la otra.

Dice el Señor a Pedro – y a todos los que serían sucesores:

Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt. XVI, 18). “He rogado por ti para que tu fe no desfallezca” (Lc. XXII, 32). “… y yo te daré las llaves del reino de los cielos, y lo que tú ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que tú desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt. XVI, 19).

Cristo le da así a Pedro en la Tierra y en el Cielo exactamente el mismo poder que en lo espiritual tiene el mismo Jesucristo en el Cielo y en la Tierra.

También es una falta de fe en la eficacia de las palabras de Jesucristo al Colegio Apostólico y a todos sus sucesores, o sea, los obispos reunidos en concilio siempre unidos con su cabeza, el Papa: “Id y enseñad a todas las naciones” (Mt. XXVIII, 19; Mc. XVI, 15; Lc. XIV, 47; Jn. XX, 21; Hc. I, 8). Y “he aquí que yo estoy con vosotros siempre hasta la consumación de los siglos” (Mt. XXVIII, 20).

Entonces, aquellos que afirman que lo que hacen es defender la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, en realidad están luchando y hacen la guerra a la misma Tradición de 20 siglos, la cual desde el Concilio de Jerusalén hasta el Concilio Vaticano II reitera de manera absoluta la inerrancia del Papa en todo aquello que sea necesario para la vida de la Iglesia y su Infalibilidad cuando quiere ligar a la Iglesia Universal, lo mismo él sólo en lo individual que como Presidente y cabeza de un Concilio Ecuménico.

Por tanto, es de fe la asistencia eficaz y perpetua divinamente garantizada de Cristo a su Iglesia.

Y esto está soportado ni más ni menos que en la misma palabra de Jesucristo, que no puede ni engañarse ni engañarnos.

Más aún si esa asistencia no es para la enseñanza de la verdad que salva – referente a todo lo que es la fe y costumbres, así como lo que es el juicio sobre lo intrínsecamente bueno o malo – no serviría de nada.

A mayor abundamiento si esa Asistencia Divina no preserva de manera absoluta al Papa y a los obispos en unión con él de toda posibilidad de error doctrinal, entonces de nada sirve la Iglesia, es irrisorio. Simplemente Cristo habría fracasado y sería un mentiroso.

La sanción para quien no crea en todo esto, para el que no crea en este Magisterio confirma su misma inerrancia y su poder:

El que no crea será condenado” (Mc. XVI, 16); “El que a vosotros escucha, a mí me escucha; el que a vosotros desprecia, a mí me desprecia” (Lc. X, 16).

Y en esta línea, Jesucristo dijo:

Yo rogaré al Padre y Él os dará otro consolador que permanezca con vosotros perpetuamente: el Espíritu de Verdad, que el mundo no puede recibir porque ni lo ve ni lo conoce. Vosotros, al contrario, lo conocéis porque permanecerá en medio de vosotros y estará en vosotros mismos…” (Jn. XIV, 16, 17, 26).

En los textos citados anteriormente descansa la autoridad de los Concilios Ecuménicos que para serlo deben ser presididos por el Papa, el único a quien individualmente le dijo Cristo en la persona de Pedro: “Yo he rogado por ti…” “Yo te daré a ti las llaves del reino de los cielos” (Mt. XVI, 18–19).

En conclusión, el que no crea en la inerrancia de Pedro en lo necesario para la Iglesia y en la Infalibilidad del Concilio Ecuménico presidido por él es no creer en las palabras de Jesucristo y por ende pecar contra el Espíritu Santo, pecado que, insistimos una vez más, no se perdona en el siglo presente ni en el futuro.


Infalibilidad Papal

El Concilio Vaticano I definió dogmáticamente que la enseñanza del Romano Pontífice – el Papa – es infalible.

Pero no cada enseñanza de cada Papa cae dentro de la Infalibilidad Papal. El Concilio claramente estableció que las enseñanzas papales deben cumplir ciertos criterios para ser infalibles. Estos criterios se pueden enlistar y enumerar como sigue:

  1. “el Romano Pontífice”
  2. “habla ex cathedra (“esto es, cuando en el ejercicio de su oficio como pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su autoridad suprema apostólica”)
  3. “define”
  4. “una doctrina concerniente a la fe o moral”
  5. “a la que toda la Iglesia debe adherirse”

La primera condición es que la enseñanza debe ser del Sumo Pontífice.

La segunda es que el Papa debe estar hablando “ex cathedra” (esto es, “desde la silla” del Apóstol Pedro). En otras palabras, debe estar en el ejercicio de su misión de Pastor y Maestro de todos los cristianos, en virtud de su Suprema Autoridad Apostólica.

El tercer punto es que debe ser una definición doctrinal: “define una verdad”. Si el Papa está discutiendo diversas opiniones teologales, o proponiendo una respuesta tentativa a una cuestión teológica, no es una definición.

El cuarto criterio es que el Papa debe estar expresando “una doctrina concerniente a la fe o moral”.

Por tanto, sólo una enseñanza, es decir, una doctrina, puede ser definida infaliblemente. La Infalibilidad Papal sólo aplica a la doctrina, por lo que una decisión papal en disciplina no goza de la infalibilidad. Las enseñanzas infalibles siempre son irreformables, mientras que las decisiones en disciplina siempre son reformables.

El V Concilio de Letrán (1512-1517) confirmó que la Iglesia tiene dos tipos de autoridad: 1.- la autoridad docente, también llamada Magisterio, y 2.- la autoridad temporal. La primera es sobre materia de doctrina, y la segunda es sobre materia de disciplina, incluyendo juicios de orden prudencial o temporal.

Algunos ejemplos recientes de Infalibilidad Papal – pero no los únicos desde luego – sería por ejemplo los dogmas de la Inmaculada Concepción en 1854 y el de la Asunción de la Virgen en 1950.

Si bien las enseñanzas magisteriales para que sean infalibles son claramente limitadas a ciertas condiciones, no son tampoco tan restrictivas como para pensar que raramente se den. Por ejemplo, tenemos el caso de San Juan Pablo II sobre la reserva exclusiva de ordenación sacerdotal a varones:

Si bien la doctrina sobre la ordenación sacerdotal, reservada sólo a los hombres, se ha conservado por la Tradición constante y universal de la Iglesia, y se ha enseñado firmemente por el Magisterio en los documentos más recientes, no obstante, en nuestro tiempo y en diversos lugares se la considera discutible, o incluso se atribuye un valor meramente disciplinar a la decisión de la Iglesia de no admitir a las mujeres a tal ordenación.

Por tanto, con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia.[26]

De una atenta lectura, es claro que esta enseñanza cumple con los criterios para que sea Enseñanza Infalible: 1.- el Papa en su función de confirmar en la fe a sus hermanos; 2.- tratándose de la misma constitución divina de la Iglesia; 3.- declara conforme a la Tradición constante y universal y al Magisterio de los documentos más recientes; 4.- establece como definitiva una enseñanza; 5.- como obligatorio para todos los fieles de la Iglesia. En conclusión, estamos ante un Dogma formal de la Iglesia: la ordenación sacerdotal no se puede conferir a mujeres. Es exclusivo para varones. Y esta definición opera ipso jure, es decir, no necesita de una declaración formal posterior de ninguna autoridad para que sea infalible. Ni del mismo Papa.

________________________
[19] Ob. Cit. Controversiarum de Summo Pontifice. T.II L.IV Cap. III pág. 83.
[20] Ob. Cit. L. IV Cáp. III pág. 84.
[21] Ob. Cit. T. II p. 87.
[22] “Suma contra Gentiles”. L. IV Cap. LXXVI.
[23] Ob. Cit. T. II p. 90.

[26]
Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis, 22 de mayo de 1994.

Fuente: http://www.apocalipsismariano.com/index.php/articulos/signos-de-los-tiempos/492-libro-tu-eres-pedro 

Escritos de Luis Eduardo López Padilla publicados en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/luis-eduardo-lopez-padilla/

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