“Antes que ocurra el milagro tenéis que sufrir muchas persecuciones”

Tomado del Libro: “Los Hechos de Ezquioga ante la Razón y la Fe”
Escrito por: Fr. Amado de Cristo Burguera y Serrano, O.F.M.

Documentación Serie B
(Continuación…)

Número 6

Declaraciones de José Antonio Garmendia

NÚMERO 6.— Declaraciones de José Garmendia. Actas. Visiones extraordinarias

José Antonio Garmendia nació el 7 de enero de 1893, en Segura (Guipúzcoa). Herrero de profesión en Legazpia, y casado, sin hijos, es de complexión robusta. Luego de llenar las horas reglamentarias del trabajo, ha ido casi diariamente, hasta que se le ha prohibido, con gran sacrificio a Ezquioga (21 kilómetros entre ida y vuelta) a practicar sus rezos ante la Santísima Virgen que se le aparecía. El equilibrio de sus facultades mentales está plenamente demostrado por el Dr. Carrere, en certificado, que, en el capítulo VII reproducimos, y también por la oficina médica de Santa Águeda, a donde sectariamente fue internado. Es de condición entera, franca, sencilla y generosa y se le acusa de amigo del vino, cuando hay que tener en cuenta que le dispensa un tanto el oficio que ejerce, en la que, agotando mucho las energías físicas, necesita de reparadores.

Tanto sus visiones y revelaciones, como sus declaraciones, son notables y de grandes enseñanzas, habiendo sido muchas de ellas documentadas. Ha sido convertido y privilegiado por la Santísima Virgen en sus Apariciones a Ezquioga.

8 Diciembre 1931. He preguntado a la Virgen, si el Rvdo. V. cambiará, y contestó: “Es el mayor enemigo que tenéis vosotros. Son los apóstoles de mi Hijo que me están vendiendo a mí y a Él. Con el tiempo ya les arreglaré Yo. Llegará un día en que no van a tener tiempo de creer en Mí”. La dije que había muchos que creían, y contestó: “No basta decir que se cree, sino que hay que creer de corazón. Añadió que nosotros somos los que la defendemos”. 

Pregunté a la Santísima Virgen, cuándo sería el milagro y me ha contestado, “que no tenía por qué preocuparme, añadiendo que si estoy dispuesto a hacer lo que Ella me mande”. Contesto que sí; y me responde: “será algo difícil”. Yo la he replicado que haré todo lo que pueda; y me ha respondido, “que Ella ya me acompaña a todas partes, igual que en Ezquioga, y además, que buscará quien me acompañe. Ha vuelto a hablar de los enemigos de los videntes, y estaba triste”. 

7 Marzo 1932. Primero he visto a la seudo-virgen (al demonio) con corona y espada y sin el niño Jesús. La he preguntado dónde ha dejado al Niño, y me ha contestado: “En el cielo”. La he dicho: No eres tú la virgen que veo otros días, y me ha respondido que sí”. Al poco tiempo le he visto unas piernas muy delgaditas, y al momento se me ha presentado la Virgen verdadera. Entonces he preguntado a Ésta, quién era el que se me ha aparecido antes, y me ha contestado: “El diablo”. Al decir esto, el diablo ha querido coger al Niño Jesús, tirándole con fuerza y no pudiendo llevárselo, le ha cogido la Cruz que llevaba en sus manecitas. He llamado a San Miguel, quien al llegar con su espada, el diablo ha marchado seguidamente. La Virgen ha añadido: “Éste te perseguirá a ti, pero Yo te acompañaré”.

8 Marzo 1932. Empieza la visión como la de ayer, pero continúa de la siguiente forma:

Al terminar de añadir la Virgen, “éste te perseguirá a ti, pero Yo te acompañaré”, me ha dicho el diablo: “No; ahora te vamos a clavar y no podrás soltarte”. Pregunto a la Virgen: Madre, ¿me clavarán ahora? Y Ella me ha respondido: “No”. Seguidamente tres soldados, capitaneados por el diablo, me han cogido las manos, al mismo tiempo que la Virgen me decía: “Ahora te separarán las manos, pero no te clavarán, y vendrá San Miguel”. Aparece San Miguel, y el diablo con los tres soldados huye, mientras aquél me decía: “Ya te clavaremos, tú eres el que me lo hechas todo a perder, y como tú otros videntes. Ya me lo pagaréis todos”. Después dice la Virgen: “No tengas miedo, que aquí estoy Yo, y conmigo Jesús, que será vuestra salvación”. Entonces Jesús, a quien siempre había visto inmóvil en el brazo de María, con el Crucifijo que lleva entre las manos, dio su bendición.

Actas

Acta I. Ante todo hacemos constar que José Garmendia, el pasado 1º del presente Marzo de 1932, afirmó en la fonda de Ezpeleta a Luis Palá, y más tarde, en el hotel Urola, a Rafael García Gascón, que en una de las expediciones nuestras le había dicho la Virgen que llevaríamos un vidente. Hoy, día de la fecha, hemos presenciado el siguiente hecho:  Una vez llegados del monte Ezquioga, donde hemos pasado la tarde, al Hotel Urola, el vidente José Garmendia ha dicho que tenía un encargo para nosotros;  y una vez reunidos todos, ha dicho lo siguiente: “¿Quién de vosotros ha visto una luz y un resplandor?” Seguidamente la religiosa Emilia Cantero Llaurada, de la Congregación de Esposas de la Cruz, ha dicho: “Yo”. De todo lo cual y para que conste lo firman todos los presentes por duplicado. El vidente José Garmendia. Siguen las firmas: Mariano Bordas. Ana de Bordas.  Ana Pecero. Josefa Pellicer. Manuel Mª Pecerp. M. Cervera. Luis Corominas. Joaquín Mª. Dolores Roca. Enrique Maine. Carmela R. de Roca. Luis Palá. Ana Casademunt. Carmen Bertrán. María Caret. María Brugalla de Jutglar. María Franch. A. Hernández. Ermergda A. de Juanola. Segimón Milist. Leandro Larama.

Acta II. Zumárraga, 13 de Marzo de 1932. Por la presente hacemos constar que hoy, día de la fecha, el vidente José Garmendia ha manifestado que en una de nuestras expediciones tendremos otro vidente entre nuestros expedicionarios. Lo firman: el vidente José Garmendia. Siguen las firmas: Antonio P. Roca. Luis Palá. Francisco Villafranca. Segimón Molist. Teresa Gener. Concepción Arumi de Subira. David Droi. María Sabater. Dolores Subira. Agustina Figueras. Flora Batllo. Teodora Nogués, Vda. De Puig. Monserrat Puig. José Tortra. Lolita Serra Batllo. Mª Carmen Palliso. Mª de los Ángeles Rius. Benedicto Monclus. Mª del Carmen Monclus. Antonio Tortras Vilella. Rosario Gimenez. P.O. Antonia Quiñonero. Josefa Rovira de Monclus. Dolores Moval. Francisca Mitjana.

La Virgen me ha dicho: “Mañana me verá uno de la expedición catalana; hoy ha visto ya mi corona y mi cuerpo juntamente (silueta); mañana me verá más claro”; y efectivamente, hoy 15, doña Antonia Quiñonero ha visto a la Virgen, según como Garmendia dijo. P. O. del Vidente. Antonia Quiñonero. Testigos. Antonio P. Roca. Luis Palá.

A fines del mes de Octubre de 1931, en vista de la campaña de la prensa y de los comentarios de la gente sobre la veracidad del origen de las heridas que el día 15 del citado mes, aparecieron sobre las manos de Ramona Olazábal, de Beizama, preguntándola si las heridas de Ramona eran verdaderas, o sea, si se las había hecho Ella (la Virgen) a lo que Ésta contestó: “Sï”. Por lo cual yo he creído siempre que dichas heridas fueron hechas por la Santísima Virgen.

Acta III. Hotel Urola. Zumárraga. En la ciudad de Zumárraga a 3 de Abril de 1932, reunidos en el hotel Urola, los infrascritos, que forman la décima expedición a Ezquioga de las organizadas por el Casal de Dª Dorotea, de Barcelona, solemnemente declaran, que don José Garmendia, del vecino pueblo de Legazpia, después de haber pasado la tarde acompañando a los infrascritos en Ezquioga, donde tuvo tres visiones, y otra al regresar a Zumárraga; y después de haber cenado con nosotros, manifestó al director de la expedición, don José Mª Boada que tenía unos encargos que dar a los expedicionarios de parte de la Virgen; y como sea que en el comedor del hotel había personas ajenas a la expedición, se entrevistó con éste en la habitación nº 6 del mencionado hotel, convocando a la mitad de dicha expedición, y a continuación, la otra mitad, y a ambas les manifestó, entre otras cosas, que mañana 4 de Abril, y en ocasión de hallarse en visión el expresado José Garmendia, una persona de nuestra expedición tendrá una visión, que dicho vidente expresó de la siguiente manera textual: “La Virgen me ha dicho que cuando esté yo en la visión, pasará una luz, a ver ¿quién será el que la vea?. Del texto de la conversación quedó perfectamente claro que la explicada visión había de tener lugar en el día de mañana. Y al objeto que conste la explicada manifestación y a todos los efectos pueda servir la presente acta de comprobación del hecho que la motiva, se levanta y firma este documento en el lugar y fecha al principio indicados. José Garmendia. Luis Palá. Andrés Tore. Matilde Beltrán. Mercedes Maiz. Jose Mª Boada. María Dolores Ventosa y otras veinte firmas.

Este documento es copia del original que obra en el archivo del Casal de doña Dorotea, de Barcelona. Firmado y rubricado José Mª Boada.

Acta IV: Hotel Urola. Zumárraga. Día 4 de Abril de 1932. Hoy día de la fecha, el vidente José Garmendia, se ha dirigido a la Señorita Mercedes Ricar, y le ha preguntado ¿qué había visto en la tarde de hoy?, y ella no ha contestado nada. Entonces la ha mirado varias veces, sonriendo, y, al último ella ha dicho: ¿Por qué mira tanto? Y él ha respondido: Porque usted tiene algo que decir. “La Virgen me ha dicho que Vd. Ha visto algo, y que es un aviso, y me ha enseñado su retrato”. Entonces ella ha dicho que ha visto en la Cruz de Ezquioga una luz brillante, que ha caído como si fuera un relámpago, y ahora declara Garmendia, “que mañana verá una Cruz y el resplandor de la Virgen, y esto sucederá cuando él esté en el monte”. José Garmendia. Mercedes Ricar. Posa Tapias. María Dolores Ventosa. Segismundo Molins. Asunción Alonso. Pilar Molins. María Estel Villarrubia. Antonia Villarrubia. N. Ramirez. José Mª Boada. Francisco Mas. María Loreto Albo. Lola Molins. B. Noguea Puig. Andrés Seras. (Todas las firmas rubricadas).

Acta V. En la ciudad de Zumárraga a 4 de Abril de 1932. Los propios firmantes que suscribieron el acta de fecha de ayer, solemnemente declaran: Que en la tarde de hoy, y con ocasión de hallarse todos los suscritos en el entarimado en que tienen lugar las apariciones, poco después de las seis de la tarde, llegó el vidente José Garmendia, el cual entró en visión aproximadamente después de media hora; y en el mismo momento que esto ocurría, entró en visión nuestra compañera de viaje doña Loreto Albo Molins, mayor de edad, soltera, natural y vecina de San Martín de Riuderas, diócesis de Vich. La visión de dicha señorita, ha durado de veinte a treinta minutos, terminado en el mismo momento en que se acabó la de Garmendia. Debe hacerse constar al propio tiempo que ocurrían las dos visiones, en uno de los extremos del entarimado se hallaba en visión, Evarista Galdós, de Gabiria, la cual iba repitiendo, en estado de visión, la que tenía la señorita Albo.

Preguntada ésta, qué es lo que había visto, manifestó que a su derecha en el firmamento y sobre una nube, había divisado tres estrellas resplandecientes, y a su izquierda, y partiendo de la Cruz, había visto la silueta de una mujer, vestida de blanco, con manto del propio color, que se ha perdido en la espesura del bosque.

Asimismo, la compañera de viaje de Mercedes Ricar y Mora, natural de Santa María de Seva, a instancias de José Garmendia, declara haber visto detrás de la Cruz una luz, como de relámpago, que ha desaparecido poco antes de entrar en visión Garmendia.  Debe hacerse constar que ha sido este vidente quien ha provocado la declaración de la señorita Ricar, la cual, hasta aquel momento, nada había manifestado, conforme se expresa en acta de esta misma fecha. Se hace constar también que la señorita Albó, esta mañana y con ocasión de practicarse colectivamente el Vía Crucis, al empezar éste, ha sufrido la amargor de hiel y vinagre, la cual amargor en menor intensidad le dura en estos momentos, once de la noche; y así mismo ha declarado que, al practicarse esta tarde dicha devoción del Vía Crucis, al hacer la última Estación, ha visto sobre su cabeza una hilera de estrellas. Y para que conste se firma en el lugar y fecha arriba indicados. José Garmendia. B. Noguea. Manuel Puig. Segimont Goliart y otros trece más de la expedición. Es copia exacta del original que obra en mi poder. José Mª Boada.

7 Abril 1932. He visto al diablo, a quien he dicho: Tú no eres la Virgen, y me ha contestado: Sí. Me ha agregado que si no quiero creer, ya me hará creer algún día. Al momento se me ha aparecido la Virgen, a la que pregunté: ¿Por qué consientes que aparezca el diablo? “El diablo aparece para engañarte”, —contesta. Después, éste me ha dicho que en la última expedición de los catalanes le he quitado siete almas, y añadió, “no hay otro vidente que me haga tanto daño como tú, pero ya me las pagarás”. Entonces la Virgen me ha dicho: “No tengas cuidado, pues cada vez que se te aparezca el diablo yo también me presentaré”. He preguntado a la Virgen, ¿si el diablo me cogería a última hora?; y me ha contestado que, “si sigo como hasta ahora, no”.

24 Abril 1932. He visto a la Virgen como siempre, y la he preguntado si nos prohibirían a los videntes subir al lugar de las apariciones, y me ha contestado, “que nos perseguirán mucho. Además, aunque nos prohibieran a nosotros, no faltarían nuevos videntes”. —Este vaticinio se cumplió en Septiembre-Octubre de 1933, con motivo de la atroz persecución episcopal.—. Después la he pedido que haga algún milagro para que la gente crea en Ella, y me ha contestado: “Ya haré, pero todavía no. Antes que ocurra el milagro tenéis que sufrir muchas persecuciones, y tiene que convertirse mucha gente, pero los perseguidores de los videntes sufrirán mayores persecuciones”.

30 Abril 1932. Me dijo la Virgen: “¿No me conseguirás una ermita, aunque sea pequeña, para que Yo pueda cobijarme en ella en este mismo lugar de Ezquioga?” La he contestado que yo estaba dispuesto a hacer todo lo que pueda para dar gusto a Ella. Luego la pregunté: ¿Madre, en qué forma quieres que te pongamos? Y me contestó: “En la misma forma que tú me ves todas las veces”.

1º Mayo 1932.  He preguntado a Nuestra Señora: ¿Si las visiones de los videntes de Ezquioga están de acuerdo con las profecías de la Madre Rafols?, y me contestó: “Sí, pero todavía aparecerán más documentos suyos, y entre ellos, uno muy importante. Además, dijo que la Madre Rafols sabía que aquí se iba a levantar una ermita y que por causa de dicha ermita, seríamos perseguidos los videntes. Después me indicó el lugar donde quiere se le ponga su imagen”. —Sor María Rafols (1781-1853). El 19 de abril de 1815: “Yo salvaré a España recurriendo a prodigiosos milagros que muchas personas verán claramente con sus propios ojos. Y mi Santísima Madre les comunicará lo que tendrán que hacer para apaciguar a mi Padre Eterno y hacerles pedir perdón” (M. Servant, págs. 721-722). El 1º de Julio de 1838: “Mira, hija mía, tú no puedes comprender todo lo que voy a decirte, pero tampoco hace falta que lo sepas, pues, no lo digo para ti, sino para otros hijos míos que serán muy perseguidos y estarán muy dudosos y apurados con las luchas que les armará el enemigo que quiere destruir la religión y hasta mi dulce nombre de todos los ámbitos de la tierra. Cuando llegue esta época, que empezará abiertamente en el año 1931[*], quiero que todos mis hijos, los hombres, cuando sean probados, levanten su espíritu y pongan en mí y en mi Santísima Madre, toda su confianza” (S. M. Mirakles, págs. 84-85; M. Servant, pág. 722). [*] El año 1931 cayó la monarquía en España y se proclamó la República.—

11 Mayo 1932. Apareció primeramente la Virgen, y junto a Ella, un convento ardiendo, y la pregunté, ¿qué significaba aquello? Porque del Sagrario de dicho convento subían al cielo, llevadas por las manos de los ángeles, innumerables Hostias. La Virgen me contestó, “que aquellas Hostias eran su propio Hijo, y que los ángeles las salvaban de la profanación”. Además, añadió, “hace un año que en aquel día habían sido quemadas más de seis mil Hostias, pero que su Hijo no había sido quemado en ninguna de ellas”.

23 Mayo 1932. Me reveló “que todos los que se opongan a que se haga la ermita, que Ella quiere en ese lugar o que nieguen el permiso para este fin, serán castigados, y que a última hora, inútilmente recurrirán a Ella. Añadió, que muchos están dejados en manos del demonio, y que no entrarán en el cielo”.

 24 Mayo 1932. Me dijo, “que tendremos una gran lucha; que los que cuenten con Ella se salvarán, y en cambio, los que no cuenten con Ella se perderán”. Yo la pregunté, ¿si esta lucha sería pronto? Y me contestó “que sí, pero que si se ablandan los corazones se librarán de la gran lucha”.

2 Junio 1932. Nuestra Señora me ha manifestado, “que volverá la Compañía de Jesús y será más apreciada que antes”. Acerca de la capilla manifestó, “que si no se obedecen sus mandatos, Ella nos demandará a nosotros después”. Prometí entonces, hacer de mi parte todo lo posible, y que aunque fuera con cuatro árboles y tejas, me esforzaría en complacerla, contestando Ella “que así lo aceptaba”.

Acta VI. Hotel Urola. Zummárraga. Día 21 de junio de 1932.— El que suscribe, José Garmendia, declara: Que hoy, la Santísima Virgen me ha revelado “que mañana, cuando yo esté en visión, Doña Carmen Visa, expedicionaria de la 18ª de Barcelona, verá a Jesucristo clavado en la Cruz, en medio de un gran resplandor”. José Garmendia—. Esto ha sido oído en la misma fecha por los señores siguientes: Luis Palá. José Mª Font. Josefa Martín y otros 28 de la misma expedición.

Acta VII. Ezquioga, 21 de Junio de 1932. Los que suscriben se complacen en declarar, que hoy, día de la fecha, cuando estaba en visión D. José Garmendia, la Sra. Doña Carmen Visa ha visto a Cristo clavado en la Cruz en medio de un gran resplandor, tal como lo anunció ayer el citado vidente, de la cual declaración se extendió el correspondiente documento; y además, ha visto a la Virgen Dolorosa. De esto dan fe, según declaración pública, hecha por la misma favorecida mientras tenía la visión. Carmen Visa. José Garmendia.  Testigos: Luis Palá. José Mª Font. Josefa Martín y otros 36 presentes en dicho lugar y hora.

Visiones extraordinarias

Que en forma de agonía y muerte del pecador y del justo, he tenido los días 21, 23, 25,  28, 30 y 31 de julio y 1 y 2 de agosto:

El 20 de julio me anunció la Virgen cómo daría al diablo libertad para que me hiciera lo que suele hacer con los agonizantes impenitentes, pero que no le dejaría me engañase ni me perdiese, pues esta prueba solamente consistía para que apreciáramos la diferencia que hay entre la muerte del justo y del pecador impenitente. Primero, veía a la Virgen que me anunciaba que pronto se me aparecería el diablo; y al presentarse éste, la Virgen se ponía detrás de él. Inmediatamente el diablo se acercaba y me cogía todos los rosarios, escapularios y demás objetos piadosos, y me obligaba a tirar al suelo todas las cruces y medallas. Yo, en medio de convulsiones y estertores de muerte, arrojaba espuma por la boca y me encontraba ante la puerta del infierno. ¡Qué horror! La Virgen, por detrás, intentaba alcanzarme un poco de agua alargando su brazo, pero el diablo le impedía. ¡Desgraciado el pecador que se encuentre en este caso! En aquel momento crítico, la Virgen se presentó delante de mí; ahuyentaba al pestilente demonio, me dirigía palabras de consuelo, y al verme con el sudor de la agonía, me dio a beber el agua hasta tres veces, y después me presentaba una vasija con agua bendita para que yo, mojando en ella los dedos índice y medio, hiciese la señal de la Santa Cruz y me dispusiese a bien morir en sus brazos. Veía ante mis ojos un camino estrechito, que la Virgen me decía que era el del cielo. Le rogué que lo ensanchase para que todos pudiésemos ir por el mismo, pero ¡ay!, la culpa la tenemos nosotros, los pecadores. Yo, después veía algo que no puedo explicar, pero que quisiera conseguir cuanto antes. ¡Madre! ¡Virgen Santa! ¿Cuándo me vas a llevar allí?

19 y 20 de Agosto de 1932. Me ha dicho la Virgen, “que los sacerdotes no tienen atribuciones para prohibir a nadie, y menos por motivos de la confesión, a que se suba al lugar de las Apariciones de Ezquioga, siempre que se guarden las debidas formas en el trato y modo de vestir; y además, que no es materia de penitencia”.

3 Septiembre 1932. Unos días antes, me mandó la Santísima Virgen, que dijese en público que en este día mismo, Ella me daría un mensaje para que lo declarase a los que en tal fecha y hora concurriesen al templete. Me habló en vasco, con la orden de que tradujesen sus palabras al castellano. Dijo la Virgen así: “Ahora os diré para qué ha venido la Madre a Ezquioga: Porque muchos apóstoles (sacerdotes) de mi Hijo hacen menos caso de la Religión. Ellos y otros que les ayudan, han vendido a mi Hijo. Por esto vengo a separar los que van a favor de los que van en contra de mi Hijo y de Mí. Muchos de estos sacerdotes parece que me quieren, y realmente no es así. Y por cuanto en muchas iglesias y santuarios me hallo abandonada, por esto escojo un sitio nuevo a fin de ver si se acuerdan de Mí. A vosotros os escojo para que propaguéis mi fe. Mi Jesús quiere que los actos que en las iglesias se practican, como la oración, la dispensación de los sacramentos y el entierro sean gratuitos…”

10 Septiembre 1932. Me tentó primero el demonio, y luego la Santísima Virgen me afirmó, “que no me haría Ella más declaraciones en aquel momento, porque estaba allí presente un contrario, que proyectaba escribir mis palabras, cosa que no convenía, y que volviéramos al mismo lugar, después de cenar, y entonces me hablaría”.

Hacia las diez y cuarto de la noche salí de la fonda con dos amigos devotos. Cuando habíamos subido algo más de la mitad del camino, se me presentó el diablo, amenazándome con no dejarme subir. Le contesté en alta voz, que no obstante él, subiría y que lo declararía todo. Inmediatamente Múgica y Gurruchaga me cogieron de los brazos y me llevaron hasta cerca de la plataforma de los videntes. Ahora hablan mis acompañantes:

Al llegar a las inmediaciones de la plataforma, Garmendia opuso tal resistencia, que no había forma de poder llegar al templete, y levantando ambos pies en alto, los zarandeaba con harta violencia. Si avanzábamos, como cinco metros, retrocedíamos luego casi otro tanto, arrojando el vidente espuma por la boca y mordiendo la cadena de su Crucifijo. Sudábamos mucho y avanzábamos poco. Invocamos a San Miguel, y cambiando de táctica, lo cogimos de los brazos y la cintura y lo llevamos al templete. Llegando a las once.

Una vez en el templete, sigue Garmendia, me dejó en paz el demonio, y se me apareció la Santísima Virgen, a la que dije:

Sí, Madre, aunque me quemen vivo no diré nada. Las publicaremos todas (se refería a las declaraciones que son impedidas por el enemigo). Veo tres, ¡qué horror!, Madre. Otros dos también veo. Son apóstoles de tu Hijo. Una de esas estrellas, aunque sea la del medio, la grande, que la vean éstos. ¿Por qué no les muestras alguna luz, alguna señal?

17 Septiembre 1932. La Santísima Virgen me dijo: “que me iba a dar agua bendita para los fieles presentes”, y en efecto, alargué los dedos índice y medio y me los mojó.  Testigos: Tomás Imaz, José Joaquín Guerra y José Antonio Múgica.

Cuando yo iba subiendo en compañía de José Joaquín Guerra y otro amigo, y nos faltaban 90 metros para llegar al templete, me salió el demonio a impedirme el acceso. Después de una lucha enconada, pudimos llegar al templete. Una vez allí, me dejó en paz el demonio, apareciéndome la Santísima Virgen, quien me anunció que enseguida me iba a hablar su divino Hijo. Me dijo el niño Jesús, “que tanto Él como su Madre, aparecen para aumentar la fe, ya que muchos de sus apóstoles les han abandonado, como le abandonaron San Pedro y Lucifer. A San Pedro perdonó, porque le pidió perdón de rodillas; mas en cambio no perdonó a Lucifer, porque no le pidió perdón, y porque quiso ponerse por encima de todos. Agregó, que los apóstoles actuales han implantado nuevas doctrinas, que no son como la que Él ha enseñado, y que no se empeñan en enseñar la verdadera doctrina. Que nos odian, persiguen y venden lo mismo que a Él, y que los perdonemos, si nos piden perdón”.

De los videntes y su director.

20 Noviembre 1932. En la primera visión me dijo el Niño Jesús: “Entre los videntes hay uno que os está vendiendo, como Judas me vendió.” En la segunda visión me añadió, “que tanto Él, como su Santísima Madre y San José, después del gran castigo, en que sobrevendrá una era de paz y tranquilidad completa, volverán a este mundo, y andarán, durante cierto tiempo más o menos largo, entre los verdaderos videntes, apareciéndoseles constantemente”. “Deberá ser un modo análogo a como el Señor aparecía a los apóstoles y discípulos, después de su Resurrección”.

19 Diciembre 1932. En visión tenida en la casa donde está la imagen de la Madre de Dios de las Apariciones, y refiriéndose al P. Burguera, que regresaba a Sueca, me dijo: “Ya se os va vuestro apóstol, pero volverá, Yo pondré otro en su lugar”.

6 Abril 1933. He visto tres cordeles, correspondientes a cada persona viva, que penden del cielo sobre cada uno de nosotros, y “denotan el cielo, el purgatorio y el infierno.” Cuando se comete un pecado mortal, engruesa el cordel del infierno a costa de los otros dos, los cuales, consiguientemente adelgazan; y viceversa, cuando se vive en gracia de Dios, engruesa el cordel del cielo a costa de los demás. Sorprendiéndonos la muerte, en un estado u otro, el cordel grueso, por su mismo peso, tira hacia abajo o hacia arriba, según corresponda al alma el infierno o cielo, cortándose por su flaqueza, los demás cordeles, y siendo el individuo llevado hacia el punto que el cordel grueso le atraía. La Santísima Virgen me dijo, “que ciertamente, el demonio lleva trazas de querer matar al P. Burguera, pero que no tema éste, que Ella le defenderá y no le matará”. Los que estaban presentes, incluso dicho Padre, oían de vez en cuando, ruidos espantables, que hacían mirar hacia la izquierda de donde parecían salir, y aterrorizaban mucho, siendo, en efecto trazas del maldito enemigo”.

7 Mayo 1933. Tengo visión en que la Santísima Virgen me manda diga a los videntes “que obedezcan al P. Burguera; y a éste que separe los verdaderos de los falsos; y que no deje de subir a éstos al Monte”.

24 Mayo 1933. Se me apareció la Santísima Virgen, como otras veces, y me manda diga a los videntes, “que obedezcan al P. Burguera en todo aquello que nos ordene, pues para eso nos le trajo. Que los videntes que firmen que sus visiones no son de la Virgen, dicho Padre los borre, con sus declaraciones, del Libro. Que ya nos ha dicho otra vez que, después de su Hijo, está el referido Padre para dirigirnos en estas cosas. Y que, cuando tenga que dar un recado al mismo Padre se me aparecerá por el tiempo que para darlo haga falta”.

17 Junio 1933. Me dice, “que los videntes deben sujetarse a la prueba del fuego; y que los que no han venido todavía es por miedo, pero que de éstos vendrán algunos”.

24 Junio 1933. Visión, como siempre, y en ella me dijo la Santísima Virgen que diga al Padre Burguera, que como me dijo el día 16, publique el libro pronto y tal y como está escrito. “Que los videntes que van con I. le están vendiendo a Ella y a nosotros. Y que aparece en todos los sitios donde hay videntes verdaderos”.

25 junio 1933. Visión, como otras veces, y en ella me repite lo que me dijo en la visión del 24 de mayo anterior: “Que diga a todos los videntes que el que no obedece al P. Burguera no obedece a Jesús y a la Virgen y que andará con el diablo. Y que dicho Padre declare “no videntes” a los videntes desobedientes”.

28 Junio 1933. Visión, como siempre. “Encarga diga al P. Burguera que ponga en el Libro las pruebas que faltan”.

29 Junio 1933. La Santísima Virgen me dijo: Todo aquel (vidente) que no obedezca a vuestro P. Burguera, no lo estimaré Yo; dejarles en un rincón y el demonio estará con ellos. Haced oración corta y con devoción; no larga y con tentación. Cuando se hace una oración corta y con devoción, no entra el demonio”.

  • Madre mía: Quítanos el demonio cuando nos tienta.
  • “Tengo que probaros para ver hasta donde llegáis”.
  • Madre: Os pido perdón por todos los que estamos aquí. Si hay alguno en pecado mortal que se confiese. No lloro de tristeza, sino de alegría.
  • “Mañana hará dos años que aparezco, sin que en Mí crean, y los que han creído se han enfriado”.
  • No castigues a ninguno; perdónanos a todos. Pídelo, Madre, al Niño Jesús, que llevas en el brazo izquierdo. Perdono a mis enemigos como Jesús perdonó a los que le crucificaban.
  • “Repito, que hagáis oración corta y con devoción. Rezad siete avemarías con una Salve, o sea, cinco a las cinco llagas de mi Hijo y dos a Mí. Ya veis que me contento con dos avemarías”.

 Oraciones e instrucciones

 16 Julio 1933. Oraciones que la Santísima Virgen, el 16 de Julio de 1933 me enseñó, estando yo en éxtasis en el lugar de las Apariciones, ante numerosa concurrencia, “ordenándome las recemos diariamente y las ofrezcamos a Ella, para que Ella, a su vez, las presente a Dios Nuestro Señor, poniéndome esta hermosa comparación:

De la misma manera que un padre, a causa del mal comportamiento del hijo, castiga a éste; y la madre, saliendo en su defensa le ordena que pida perdón al padre, quien viendo a su hijo humillado y que hace lo que su madre le ordena, le perdona; del propio modo nos sucede a nosotros con respecto a Dios, nuestro Padre, y a María, nuestra Madre.

Y si el hijo sale de casa y enferma, y aun así sus padres le buscan y le vuelven a casa, colocándole en cama limpia y cuidándole con esmero; pero después el hijo, despreciando a los padres, vuelve a las andadas, llegará día en que, volviendo a enfermar y viéndose entre miserias, sus padres se olvidarán y morirá. Así sucede con vosotros. Cuando pecáis, confesaros, y los apóstoles de mi Hijo os perdonarán; pero si sois en esto abandonados, temed no os suceda como al hijo del ejemplo.

Las oraciones son así, a cada una de las cuales rezaréis un padrenuestro, avemaría y gloria patri:

Dios y Señor nuestro: Así como nos has dado gracia para pasar el santo día de hoy, dánosla para pasar la santa noche.

  • En honra y alabanza de Nuestra Señora de los Dolores.
  • En honra de la Virgen Madre de Ezquioga.
  • Para que el ángel de la Guarda nos acompañe en vida y a la hora de la muerte.
  • Para que San Miguel nos libre del diablo en la hora de la muerte.
  • Para que el Padre San José nos alcance una buena muerte.
  • Para que el Padre San Antonio nos libre de todos los males y peligros.
  • Por las almas del purgatorio de mi mayor obligación.
  • Por las almas del Purgatorio que más sufren y sean llevadas a la gloria”.

19 Julio 1933. La Santísima Virgen me dijo: “Cuando tenéis aviso para ir a una ciudad, ¿no es verdad que procuráis, si tenéis el traje sucio o roto, quitarle las manchas o componerlo, para que vuestros hermanos no se rían? Así también debéis limpiaros y arreglaros para ir a la Ciudad Eterna del cielo.

¿No es verdad, también, que cuando, no tenéis traje, vais a un almacén a comprarlo? Así también tenéis a los apóstoles de mi Santísimo Hijo, que os darán el traje nuevo de la gracia. Aquí (en el otro mundo) hay cuatro almacenes (uno no es para vosotros: el limbo). El segundo es el “purgatorio”, donde os acaban de limpiar el alma, y después de purificada, entráis en la “gloria”, donde no hace falta traje. Si el purgatorio no puede purificar el alma, iréis al tercer almacén, el infierno, donde no hay más que fuego.

Cuando sufrís algún dolor, es un castigo para que os acordéis de Dios; y cuando le suplicamos nos le quite, lo hace por medio de médicos y medicinas; mas es siempre Él quien lo extirpa: Así vosotros, espiritualmente, acudís a mis sacerdotes (médicos del alma) y os curan. Sucede a veces, que después no os acordáis del beneficio, y volvéis a caer. ¡Ah, y cuánto sufrimos mi Hijo y Yo hasta que volvéis a confesaros!

Luego de bautizados, y hasta que tengáis el uso de la razón, quedáis perdonados. Pero, si pecáis de nuevo, tenéis que recurrir a mis apóstoles para que os perdonen”.

30 Julio 1933. Cuánto hacen ciertas compañías, que deben ser a todo trance evitadas, lo prueba el serio caso siguiente: Garmendia guardaba estrecha amistad con algunos que llegaron a sublevarse contra el que debían obediencia, impuesta por la Virgen. Cuando Nuestra Señora habló claramente del caso, avisamos al vidente de Legazpia para que procurase aislarse de los cismáticos. Éste, no obstante conocer el hecho, continuó la antigua amistad, con harto sentimiento nuestro, pues barruntábamos la futura pérdida de Garmendia, ya que por tales caminos andaba.

Así fue. El 30, por la tarde y antes de ir a visitar a Ezquiga, Garmendia estuvo normalmente con nosotros. De vuelta, ya no era el mismo. El diablo se apoderó de él, y bien lo manifestó el vidente en el hotel X, cuando nos faltó a todo linaje de consideraciones.

Nuestra Señora le había revelado varios puntos negros sobre aquellos amigos suyos, puntos trasladados por el vidente de Legazpia a nosotros, algunos firmados por él; más ¡Cuánto no marearían aquella tarde al infeliz que, desde luego, haciéndole ver lo contrario; le exigían negase lo que había afirmado, que era negar las revelaciones de la Santísima Virgen, a fin de que nosotros quedásemos en situación lamentable!

Garmendia, en efecto, negaba lo que el mal consejo le sugería, exigiéndonos le probásemos lo contrario. Fue inútil que le diésemos pertinentes explicaciones, puesto que el mal espíritu se había apoderado de él. Tomamos el caso como perdido, encomendándolo a Nuestra Señora.

Desde el Hotel marchó a Ezquioga, y pretendiendo subir a la campa, aunque era ayudado de tres jóvenes, el demonio no le dejó caminar adelante, hasta algo después. Fue esto último castigo de la Santísima Virgen, según supimos luego. Al fin, la divina Madre tuvo compasión de él; y apareciéndosele días más tarde, le reconvino y le mandó que viniese a nosotros, nos pidiese perdón, aceptase nuestra penitencia y no volviese a las andadas. Garmendia humildemente lo hizo así; y sólo cuando hubo cumplido, volvió a tener visión de la Santísima Virgen, aunque según confesión de él, la veía muy seria; menos veces y tasadamente.

Zumárraga, a 1 de octubre de 1933
José Garmendia  (rubricado)

A últimos de 1933, Garmendia dejó de tener visiones de la Santísima Virgen.

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Los Hechos Ezquioga publicados en este sitio:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/los-hechos-de-ezquioga/

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