“Es necesario descansar, como San Juan, en el Corazón de vuestro Maestro.”

Del Libro: La Hermana María Marta Chambon de la Visitación de Santa María de Chambéry Las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo

¡El Corazón de Jesús!

Si el Salvador descubría así todas las bellezas y todas las riquezas de Sus Divinas Llagas a la humilde Conversa, ¿podía dejar de abrirle los tesoros de Su grande Herida de Amor?

“Ved aquí el Manantial del que debéis sacarlo todo; ¡es rico, sobre todo, para vosotras!…” —decía Él— mostrándole Sus Llagas con un resplandor luminoso, y la de Su Sagrado Corazón, que brillaba entre las otras con un brillo incomparable:

“Ven solamente aquí a la Llaga de Mi Divino Costado… ésta es la Llaga del Amor, de donde salen llamas muy vivas.”

Algunas veces, durante varios días seguidos, Jesús le concedía la vista de Su santísima Humanidad gloriosa. Entonces Él se mantenía cerca de Su sierva, conversaba amigablemente con ella, como en otro tiempo con nuestra santa Hermana Margarita María Alacoque. Esta última, que nunca se apartaba del Corazón de Jesús, decía: “Así es como Nuestro Señor se me mostraba a mí”; mientras tanto, el buen Maestro reiteraba Sus amorosas invitaciones:

“Ven a Mi Corazón; nada temas… Pon aquí tus labios para sacar la caridad y derramarla en el mundo… Mete aquí tu mano para coger Mis tesoros.”

Un día, Él le da parte de Su inmenso deseo de derramar las gracias que desbordan de Su Corazón:

“Coge, porque la medida es colmada. No puedo ya contenerlas; tantas ganas tengo de darlas.”

Otra vez es una invitación a que utilice aún y siempre esos tesoros:

“¡Venid a recibir la expansión de Mi Corazón que desea derramar Su excesiva plenitud! Quiero derramar en vosotras de Mi abundancia, porque hoy he recibido en Mi Misericordia algunas almas salvadas por vuestras oraciones.”

A cada instante, bajo diversas formas, hace llamamientos a una vida de unión con Su Sagrado Corazón:

“Mantente bien pegada a este Corazón para tomar y derramar Mi Sangre.”

“Si queréis entrar en la luz del Señor, es necesario ocultaros en Mi Divino Corazón… Si queréis conocer la intimidad de las entrañas de misericordia de Aquél que tanto os ama, es necesario pegar vuestra boca a la abertura de Mi Sagrado Corazón con respeto y humildad. Ahí está vuestro centro. Nadie podrá impediros amarle ni hacéroslo amar sin que vuestro corazón corresponda a ello. ¡Todo lo que digan las criaturas no puede arrebataros vuestro tesoro, vuestro amor!… Yo quiero que Me améis sin apoyo humano.”

Aquí, Nuestro Señor insiste dirigiendo a Sus esposas una exhortación apremiante:

“Yo quiero que el alma religiosa esté desprendida de todo, porque para venir a Mi Corazón, no hay que tener apego ninguno, hilo ninguno que esté aún sujeto a la tierra; es necesario ir a la conquista del Señor a solas con Él; es preciso buscar a este Corazón en vuestro propio corazón.”

Después vuelve a la Hermana María Marta; pero a través de Su dócil sierva, Él mira a todas las almas, y más especialmente a las almas consagradas:

“Necesito tu corazón para que Me indemnice y haga compañía… Yo te enseñaré a amarme, porque tú no sabes hacerlo; la ciencia del amor no se aprende en los libros; sólo se da al alma que mira al Divino Crucificado y le habla de corazón a corazón. Es necesario que estés unida a Mí en cada una de tus acciones.” Y Nuestro Señor le hace comprender las condiciones y frutos maravillosos de la unión íntima de Su Divino Corazón:

“Pierde el tiempo la esposa que no se pone sobre el pecho de su Esposo en sus penas, en su trabajo. Cuando ha cometido faltas, es necesario que se recueste con grande confianza sobre Mi Corazón. ¡En este ardiente foco desaparecen vuestras infidelidades; el amor las quema, las consume todas!… Es necesario amarme, abandonármelo todo. Es necesario descansar, como San Juan, en el Corazón de vuestro Maestro. Amándole así Le proporcionaréis una gloria muy grande.”

¡Ah! ¡Cómo desea Jesús nuestro amor! ¡Él lo mendiga! Apareciéndose un día en toda la gloria de Su Resurrección, dijo a Su muy amada con un profundo suspiro:

“¡Con esto, hija Mía, mendigo como lo haría un pobre! ¡Soy un Mendigo de Amor! ¡Yo llamo a Mis hijos uno por uno.., los miro con complacencia cuando vienen a Mí.., Yo los espero!…”  

Tomando verdaderamente el aspecto de un mendigo, le repetía aún, lleno de tristeza:

“¡Yo mendigo amor; pero la mayor parte, aun entre las almas religiosas, Me rehúsan este amor!… Hija Mía: ámame puramente por Mí mismo, sin tener en cuenta ni el castigo ni la recompensa.”

Designándole a nuestra santa Hermana Margarita María, —cuya mirada devoraba el Corazón de Jesús: “¡Ésta Me ha amado con este amor puro y únicamente por Mí, tan solo!…”

Y la Hermana María Marta trataba de amar con este mismo amor. Como un foco inmenso, el Sagrado Corazón le atraía a Sí con ardores indecibles… ¡Ella se iba hacia su muy Amado en transportes de amor que la consumían… pero que al mismo tiempo dejaban en su alma una suavidad toda divina! Y Jesús la decía:

“Hija Mía: Cuando Yo Me he escogido un corazón para amarme y hacer Mis voluntades, enciendo en él el fuego de Mi Amor. Sin embargo, no avivo este fuego sin interrupción por temor de que el amor propio gane alguna cosa y que se reciban Mis gracias por costumbre. Yo Me retiro de vez en cuando para dejar al alma a su propia debilidad. Entonces ve ella que está sola… comete faltas; estas caídas la mantienen en la humildad… Mas Yo no abandono por esas faltas al alma que he escogido; la miro siempre. No soy tan delicado; perdono y vuelvo.”

“Cada humillación os une más íntimamente a Mi Corazón.”

“No os pido grandes cosas; quiero sencillamente el amor de vuestro corazón. Estréchate con Mi Corazón; descubrirás toda la bondad de que está lleno. Ahí es donde aprenderás la dulzura y la humildad. Ven, hija Mía, a arrojarte allí dentro. Esta unión no es solamente para ti, sino para todos los miembros de tu Comunidad.”

“Di a tu Superiora que venga a depositar en esta abertura todas las acciones de tus Hermanas, aun las recreaciones; allí estarán como en un Banco y estarán bien guardadas.”

Un detalle conmovedor entre otros mil: cuando la Hermana María Marta dio cuenta aquella noche no pudo menos de interrumpirse a sí misma, para preguntar a su Superiora: “Madre mía: ¿Qué es eso de Banco?” Era una pregunta de su cándida inocencia… Después continuó su mensaje:

“Es necesario que por la humildad y el anonadamiento, vuestros corazones se unan al Mío. ¡Ay!, hija Mía: ¡Si supieras cuánto sufre Mi Corazón por la ingratitud de tantos corazones!… Es menester unir vuestras penas a las de Mi Sagrado Corazón.”

Es aún más particularmente a las almas encargadas de la dirección de las demás directoras o Superioras, que el Corazón de Jesús se abre con sus riquezas:

“Harás un grande acto de caridad ofreciendo cada día Mis Divinas Llagas por todas las directoras del Instituto.”

“Dirás a tu Maestra que venga al Manantial a llenar su alma, y mañana su corazón estará lleno para derramar Mis gracias sobre vosotras. A ella toca poner en las almas el fuego del Santo Amor, hablándolas muy a menudo de los sufrimientos de Mi Corazón. Yo daré a todas la gracia de comprender las máximas de Mi Sagrado Corazón. A la hora de la muerte, todas llegarán ahí por el trabajo y la correspondencia del alma.”

“Hija Mía: Tus Superioras son las depositarias de Mi Corazón; es necesario que Yo pueda poner en sus almas todo lo que Yo querría de gracias y de sufrimientos. Di a tu Madre que venga a sacar de estos Manantiales (Su Corazón y Sus Llagas) para tus Hermanas… Debe mirar a Mi Sagrado Corazón y confiárselo todo sin cuidarse de la mirada de los hombres.”

Promesas de Nuestro Señor

Nuestro Señor no se contenta con confiar a la Hermana María Marta Sus Santas Llagas, exponerla los motivos apremiantes y los beneficios de esta devoción, al mismo tiempo que las condiciones que le aseguran el éxito… Él sabe también multiplicar promesas alentadoras. Estas promesas vuelven con tanta frecuencia y bajo tan variadas formas, que forzoso es limitarnos; por otra parte, el pensamiento queda el mismo en el fondo.

La devoción a las Santas Llagas no puede engañar.

“No hay que temer, hija Mía, el expansionaros en Mis Llagas, porque ahí jamás se verá uno engañado, aun cuando las cosas parecieran imposibles.”

“Yo concederé todo lo que se Me pida por la invocación a las Santas Llagas. Es necesario difundir esta Devoción.

“Todo lo obtendréis, porque es el mérito de Mi Sangre, que es de un precio infinito.

“Con Mis Llagas y Mi Corazón Divino, podéis obtenerlo todo.”

Las Santas Llagas santifican y aseguran el adelantamiento espiritual.

“De Mis Llagas salen frutos de santidad. Así como el oro purificado en el crisol se torna más hermoso, así es necesario poner tu alma y la de tus Hermanas en Mis Sagradas Llagas. Ahí se perfeccionarán como el oro en el crisol… Siempre podéis purificaros en Mis Llagas.”

“Mis Llagas repararán las vuestras…”
“Mis Llagas cubrirán vuestras faltas…”
“Los que las honraren tendrán un verdadero conocimiento de Jesucristo.”
“Meditando sobre ellas, encontraréis siempre un nuevo alimento de amor.”

Las Santas Llagas dan precio a todo.

“Hija Mía: Sumerge todas tus acciones en Mis Llagas y se convertirán en alguna cosa. ¡Todas vuestras acciones, aun las menores, empapadas en Mi Sangre, adquirirán por esto solo un mérito infinito y contentarán Mi Corazón!…”

“Ofreciéndolas por la conversión de los pecadores, aunque los pecadores no se conviertan, tendréis delante de Dios el mismo mérito que si se hubiesen convertido.”

Las Santas Llagas son un bálsamo y un refuerzo en el sufrimiento.

“Cuando tengáis alguna pena, alguna cosa que sufrir, es necesario llevarlo pronto a Mis Llagas, y la pena se suavizará.”

“Cerca de los enfermos hay que repetir a menudo esta aspiración: “¡Jesús mío, perdón y misericordia por los méritos de Vuestras Santas Llagas!” Esta oración aliviará al alma y al cuerpo.”

Las Santas Llagas tienen una maravillosa eficacia para la conversión de los pecadores.

Un día, la Hermana María Marta, penetrada de angustia con el pensamiento de los crímenes de la tierra, exclamaba: “Jesús mío: Cuidad de vuestros hijos; no miréis a sus pecados.”

El divino Maestro, respondiendo a su llamamiento, le enseñó la aspiración que ya conocemos: “Jesús mío: Perdón y misericordia, etc.”

Después añadió: “Muchas personas experimentarán la eficacia de esta aspiración. Yo deseo —prosiguió el Salvador— que los Sacerdotes la den a menudo a sus penitentes en el Santo Tribunal.”

“El pecador que diga la oración siguiente: “Padre Eterno: Os ofrezco las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo para curar las de nuestras almas”, obtendrá su conversión.”

Las Santas Llagas salvan al mundo y aseguran una buena muerte.

“Mis Santas Llagas os salvarán infaliblemente… ellas salvarán al mundo. Es necesario expirar con la boca apoyada sobre esas sagradas aberturas… No habrá muerte para el alma que expire en Mis Llagas; ellas dan la verdadera vida.”

Las Santas Llagas dan todo poder sobre Dios.

“Nada sois por vos misma; pero vuestra alma unida a Mis Llagas se hace poderosa; puede aún hacer varias cosas a la vez: merecer y obtener para todas las necesidades sin que sea menester particularizar nada.”

Poniendo Su Mano adorable sobre la cabeza de la querida privilegiada, añadía el Salvador:

“Ahora tienes tú Mi poder. Siempre Me complazco en dar las mayores gracias a los que como tú no tienen nada. Mi poder está en Mis Llagas; con ellas tú te harás poderosa… ¡Sí; todo lo puedes obtener; tú tienes todo Mi poder! En cierta manera, tú tienes más poder que Yo; tú puedes desarmar Mi Justicia, porque, aunque todo viene de Mí, Yo quiero ser rogado, quiero que se Me pida.”

Las Santas Llagas serán particularmente la salvaguardia de la Comunidad.

“Haciéndose cada día más crítica la situación política cuenta nuestra Madre, en Octubre de 1873 hicimos una Novena a las Santas Llagas de Jesús. En seguida manifestó Nuestro Señor Su alegría a la confidente de Su Corazón. Después le dirigió estas confortantes palabras:

“Amo tanto a tu Comunidad; nunca le sucederá mal ninguno.”

“Que tu Madre no se detenga ante las noticias del tiempo, porque con frecuencia las noticias de fuera son falsas. ¡Sola Mi Palabra es verdadera! Yo os lo digo; nada tenéis qué temer… Si dejaseis la oración, entonces sí tendríais qué temer… Este Rosario de la Misericordia hace contrapeso a Mi Justicia, detiene Mi venganza.”

En fin; ratificando de nuevo el don de Sus Santas Llagas a la Comunidad, Nuestro Señor le decía:

“¡He ahí vuestro tesoro!… El tesoro de las Santas Llagas encierra coronas que debéis coger y dar a los demás, ofreciéndolas a Mi Padre para curar las de todas las almas. Algún día esas almas, a quienes por vuestras oraciones hayáis obtenido una santa muerte, se volverán hacia vosotras para agradeceros… Todos los hombres comparecerán ante Mí en el día del Juicio, y Yo mostraré entonces a Mis esposas privilegiadas que habrán purificado al mundo por Mis Santas Llagas. Llegará un día en el que veréis estas grandes cosas…”

“Hija Mía: Esto se dice para humillaros, no para ensoberbeceros. ¡Sepas bien que todo esto no es para ti, sino para Mí, a fin de que tú Me traigas almas!…”

Entre las promesas de Nuestro Señor Jesucristo deben señalarse muy especialmente dos: las que conciernen a la Iglesia y las que convienen a las Almas del Purgatorio.

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Fuente:
http://www.maria-marta-chambon.info/

De los escritos de la Hna. María Marta Chambon aquí publicados:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/hna-maria-marta-chambon/

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