Vida y Obra de San Luis María Grignion de Montfort (1673–1716)

28 de Abril – 300º Aniversariode su muerte
Año: 1700 / Lugar: Montfort, Francia
La Verdadera Devoción a la Santísima Virgen
San Luis María Grignion de Montfort (1673–1716)

Primeros Años

Nace el 31 de enero de 1673 en Montfort-la-Cane (hoy Montfort-sur-Meu), cerca de Rennes, en la Bretaña francesa. Sus padres fueron: Jean-Baptiste Grignion, un abogado que trabajaba en el tribunal de Montfort, y Jeanne Robert. Es el segundo hijo de este matrimonio, pero llega a ser el hijo mayor debido a la muerte de su hermano a la edad de 4 meses. Fue bautizado al segundo día de nacido, con el nombre de Luis; su segundo nombre lo tomará ya adulto en honor a la Virgen María. A los pocos meses de nacido lo confiaron al cuidado de una nodriza, “la madre Andrea” que es probablemente la campesina que está al cuidado de todos los pequeños hijos de los Señores Grignon, “el chiquillo fue creciendo durante algunas estaciones, entre cosas sencillas y figuras de pobres, de una residencia de campesino bretones, donde las paredes —amasadas de paja y barro arcilloso— hablan de un profundo vínculo con la tierra”. Luego de dos años y medio, la madre Andrea devuelve a Juan Bautista Gringon, un chico robusto, bronceado que balbuce las primeras palabras.

Desde su infancia le agrada hablar de Dios, aprende pues a orar con una rectitud de intención que lo lleva a buscar para ello el silencio y el recogimiento. Se retira a un rinconcito de la ruidosa casa o se arrodilla, rosario en mano ante una imagen de Nuestra Señora. Tenía una gran devoción a la Eucaristía y a la Virgen María. Cuando tenía suficiente edad, pidió permiso para asistir en la misa de la parroquia en las mañanas. Como la Iglesia le quedaba a dos millas de su casa, tenía que levantarse muy temprano para llegar a tiempo. Mientras estudiaba con los jesuitas en Rennes siempre visitaba la iglesia antes y después de las clases. Participó en una sociedad de jóvenes que durante las vacaciones servían a los pobres y los enfermos incurables. Les leían libros inspirados durante las comidas.

Pero no todo en su juventud era de color de rosas. Su padre, Jean Grignion, tenía la fama de ser uno de los hombres más coléricos en toda la región de Rennes. Y como Luis era el hijo mayor, era quien sentía más el peso de la furia. Su papá constantemente lo incitaba a la ira. Ya por sí mismo Luis tenía un temperamento tan fuerte como el de su papá, lo cual le hacía aun más difícil soportar aquellas pruebas. Para evitar un enfrentamiento con su papá, y el mal que su ira podría traer, Luis salía corriendo. Así evitaba la ocasión de pecado. Era todo lo que podía hacer para controlar su temperamento. Luis aprendió a morir a sí mismo y a ser paciente, dulce y crecer en virtud. Su papá, sin quererlo le proporcionó un medio para entrar en la lucha por la santidad a una temprana edad.

San Luis Mª Grignionmontfort2013Un toque de Gracia lo lleva al Sacerdocio

Entre los 16 y 18 años, Luis tuvo una experiencia de Dios que marcó su vida para siempre. Ante este encuentro personal e íntimo con Dios, la vida de Luis cambió radicalmente. Se entregaba totalmente a la oración y a la penitencia, encontrando su delicia tan sólo en Dios. Aprendió rápidamente que lo que verdaderamente valía no eran los grandes acontecimientos en este mundo: el dinero, la fama, etc. Sino que el verdadero valor ante Dios estaba en la transformación interior.

 Escribe San Luis: “Ésta es la forma en que actúan las almas predilectas. Se mantienen dentro de su casa… o sea, mantienen sus mentes en las verdades espirituales (y no en  las de la tierra). Se aplican a la oración mental, siguiendo el ejemplo de María, su Madre, cuya mayor gloria durante Su vida era Su vida interior y quien amaba tanto la oración mental. Estas almas observan cómo tantos trabajan y gastan grandes energías e inteligencia para ganar éxitos y reconocimiento en la tierra. Por la luz del Espíritu Santo, saben que hay más gloria y más gozo, permaneciendo escondidos en Cristo y en perfecta sumisión a María, que en hacer grandes cosas o grandes milagros.”

En 1693, a los 20 años, siente el llamado de consagrar su vida a Dios a través del Sacerdocio. La primera reacción de su padre no era favorable, pero cuando su papá vio la determinación de su hijo, le dio su bendición. Y así, a finales de ese año, San Luis sale de su casa hacia París.

El Seminario

Renunciando a la comodidad de su caballo, San Luis se decidió caminar los 300 kilómetros hacia el seminario en París. Durante su camino, se encuentra con dos pobres en distintos momentos. Al primero le da todo el dinero que su padre le había entregado, quedándose con nada. Al segundo, no teniendo ya más dinero que darle, le entrega su único traje, regalo de su mamá, cambiándolo por los trapos del pobre. De esta manera, San Luis marca lo que ha de ser su vida desde ese momento en adelante. Ya no se limitará a servir a los pobres, pues es ya uno de ellos. Hace entonces un voto de vivir de limosnas.

En aquella época había seminarios separados para ricos y pobres. Cuando llega San Luis al seminario, viéndolo en tan miserable condición, los superiores lo mandan al seminario de los pobres. Así se privó de las ventajas ofrecidas en el mejor seminario. En el seminario, San Luis fue bibliotecario y velador de muertos, dos oficios que eran poco queridos por los demás. Mas en el plan providente de Dios le proporcionaron oportunidades de mucha gracia y crecimiento.

Por su oficio de bibliotecario, San Luis pudo leer muchos libros, sobre todo, libros de la Virgen María. Todos los libros que encontraba de Ella, los leía y estudiaba con gran celo. Este período llegó a ser para él, la fundación de toda su espiritualidad Mariana.

El oficio de velar a los muertos fue también de gran provecho. Era su responsabilidad pasar toda la noche junto con algún muerto. Ante la realidad de la muerte que estaba constantemente ante sus ojos, San Luis aprendió a despreciar todo lo de este mundo como vano y temporal. Esto lo llevó a atesorar tesoros en el cielo y no en la tierra. El llegó a reconocer que nada se debe esperar de lo que es de este mundo más todo de Dios.

Su tiempo en el seminario estuvo lleno de grandes pruebas. San Luis era poco comprendido por los demás. No sabían cómo lidiar con él, si como un santo o un fanático. Sus superiores, pensando que toda su vida estaba movida más bien por el orgullo que por el celo de Dios, lo mortificaban día y noche. Lo humillaban y lo insultaban en frente de todos. Sus compañeros en el seminario, viendo la actitud de los superiores, también lo maltrataban mucho. Se reían de él, lo rechazaban muy a menudo. Y todo esto San Luis lo recibió con gran paciencia y docilidad. Es más, lo miraba todo como un gran regalo de Cristo quién le había dado a participar de Su Cruz.

San Luis Mª Grignion de Montfort3Sacerdote

El 5 de junio de 1700, San Luis, de 27 años,  fue ordenado sacerdote. Escogió como lema de su vida sacerdotal: “Ser esclavo de María”. Enseguida empezaron a surgir grandes cruces en su vida. Pero no se detenía a pensar en sí mismo sino que su gran sueño era llegar a ser misionero y llevar la Palabra de Cristo a lugares muy distantes.

Después de su ordenación, sus superiores no sabían aún cómo tratar con él. San Luis estaba ansioso de poder empezar sus obras apostólicas. Sin embargo sus superiores le negaron sus facultades de ejercer como sacerdote… no podía confesar ni predicar… y lo mantuvieron un largo rato en el seminario haciendo varios oficios menores. Esto fue un gran dolor para San Luis, no por los trabajos humildes sino por no poder ejercer su sacerdocio. Tenía como único deseo dar gloria a Dios en su sacerdocio y en sus obras misioneras. Mas como siempre, San Luis obedeció con amor.

Después de casi un año en el seminario, por fin San Luis se encontró con un sacerdote organizador de una compañía de sacerdotes misioneros, que le invitó a acompañarlo en otro pueblo. Sus superiores, aprovechando esta oportunidad para salir de él, le dieron permiso. A San Luis le esperaba otra gran decepción pues cuando llegó a la casa de los padres misioneros, vio tan grandes abusos y mediocridad entre ellos que no le quedaba duda de que no podía quedarse. Escribió inmediatamente a su superior del seminario pidiendo regresar a París pero éste le dijo que estaba siendo malagradecido y le hizo quedarse. San Luis, que obedecía santamente a sus superiores, se quedó. Aun no le daban permiso para confesar y pasaba los días enseñando el catecismo a los niños.

Capellán de Hospital

Después de varios meses en que se encuentra relegado, San Luis es asignado capellán del hospital de Poitiers, un asilo para los pobres y marginados. No era el apostolado que San Luis buscaba, pues su deseo era ser misionero, pero aceptó con docilidad. Cuando ya percibía los frutos llegó la prueba otra vez. Los poderosos del mundo no podían aceptar la simplicidad y naturalidad que tenía San Luis con los pobres y  empezaron los ataques y la persecución. Vive, como todos los santos, el sufrimiento de Cristo. 

De vuelta en París, el predilecto de la Virgen Santísima empieza a ver cómo las puertas se le cerraban con rapidez. Muchos, no entendiéndolo, crean falsos testimonios de él, desacreditándolo como sacerdote y como hombre. Es rechazado hasta por sus amigos más íntimos. Fue tanto el rechazo contra él, que en uno de los hospitales en que servía, su superior le puso una nota bajo su plato a la hora de la cena informándole que ya no necesitaba de su ministerio. Hasta su propio obispo empieza a dudar seriamente de él y dos veces lo manda a callar.

San Luis, aunque sufrió enormemente, se mantuvo firme en su fe actuando como un santo sacerdote. Dios lo estaba purificando y fortaleciendo para que su vida sea un amor puro a Dios y al prójimo. En su total humillación y abandono de todos se abre cada vez más a la total conciencia de que Dios es su único apoyo, su única defensa. Él ve en esto una nueva oportunidad de abrazar su determinación de vivir en plena pobreza, tanto espiritual como física. También llega a entender que la razón de los ataques es la doctrina Mariana que enseña. Primero porque Satanás no la quiere y segundo porque la humanidad no está dispuesta a abrazar sus enseñanzas.

San Luis Mª Grignion de montfort5Recurso al Papa quien le hace misionero

San Luis decide, en el año 1706, recurrir al Santo Padre, el Papa Clemente XI. Quería saber si en verdad estaba errado como todos decían o si cumplía la voluntad de Dios, lo cual era su único deseo. Se logra el encuentro y San Luis recibe del papá la bendición y el título de Misionero Apostólico. 

Durante su vida apostólica como misionero, San Luis llegará a hacer 200 misiones y retiros. Con gran celo predicaba de pueblo en pueblo el Evangelio. Su lenguaje era sencillo pero lleno de fuego y amor a Dios. Sus misiones se caracterizaban por la presencia de María, ya que siempre promovía el rezo del santo rosario, hacía procesiones y cánticos a la Virgen. Sus exhortaciones movían a los pobres a renovar sus corazones y, poco a poco, volver a Dios, a los sacramentos y al amor a Cristo Crucificado. San Luis siempre decía que sus mejores amigos eran los pobres, ante quienes abría de par en par su corazón.

Fundador

Un año antes de su muerte, fundó junto con la beata Marie-Louise Trichet, la congregación femenina de las Hijas de la Sabiduría dedicada principalmente al servicio de los más pobres. Fundó también la Compañía de María, Congregación de sacerdotes misioneros popularmente conocidos hoy como los Padres Montfortianos. Hacía años que soñaba con estas fundaciones pero las circunstancias no le permitían. Humanamente hablando, en su lecho de muerte la obra parecía haber fracasado. Sólo había cuatro hermanas y dos sacerdotes con unos pocos hermanos. Pero el Padre Montfort, quien tenía el don de profecía, sabía que el árbol crecería. Al comienzo del siglo XX las Hermanas de la Sabiduría eran cinco mil con cuarenta y cuatro casas, dando instrucción a 60.000 niños.

Después de la muerte del fundador, la Compañía de María fue gobernada durante 39 años por el Padre Mulot. Al principio había rehusado unirse a Montfort en su trabajo misionero. “No puedo ser misionero”, decía, “porque tengo un lado paralizado desde hace años; tengo infección de los pulmones que apenas me permite respirar, y estoy tan enfermo que no descanso día y noche.” Pero San Luis, inspirado por Dios, le contestó, “En cuanto comiences a predicar serás completamente sanado”. Así ocurrió

¿Cuál es esta espiritualidad tan atacada?

La espiritualidad de San Luis María de Montfort se basa en dos fundamentos:

  1. Reproducir la imagen de Cristo Crucificado en nosotros.
  2. Hacerlo a través y por medio de nuestra Consagración a María como esclavo de amor.

En otras palabras: Vivir la Cruz Redentora a través de María.

Toda la vida de S. Luis fue centrada sobre un deseo: La adquisición de la Sabiduría Eterna que es Jesucristo, Hijo de Dios e Hijo de María. 

Optó por una condición radical de vida formulada como “La santa esclavitud” o la esclavitud voluntaria de amor a la Virgen Santísima para llevarnos a la de Cristo. A Ella le entregamos cuerpo y alma para que haga con nosotros lo que quiera pues todo lo que Ella quiere es de Dios. La Virgen, Gestora de Cristo, pasa a ser la que dispone de nosotros.

Es una vía de perfección y unión, de ascética radical y de misticismo dentro del corazón de María Santísima. Enseña que el alma abandonada en las manos de la Madre es unida a la obediencia del Hijo. Esta entrega es total cuando el alma se separa de todo apego terrenal y así es reengendrada en el seno de María donde se encarnó Jesús. Llega a ser así perfecta imagen de Dios quien escogió ser obediente hasta la Cruz.

San Luis no ve en María una simple devoción piadosa y sentimental, sino una devoción fundada en teología sólida, la cual proviene del Misterio inefable de lo que Dios ha optado realizar por Su Mediación y por Su perfecta Docilidad a esa obra. Esto es muy importante, ya que es este desarrollo lo que ha hecho posible la revolución teológica que causó S. Luis de Montfort.

Su Santidad Juan Pablo II fue un gran devoto de Montfort. De él tomó su lema “Totus Tuus” y se ha referido al santo en su encíclica Mariana Redemptoris Mater y en muchas otras ocasiones. También visitó su tumba Saint Laurent sur Sevre, añadiéndola al itinerario de su visita a Francia. Allí, junto a la tumba sufrió un atentado, plantaron una bomba que fue descubierta por la seguridad. Providencialmente, nada detuvo al Papa de honrar al santo que tanto ama.

Escritos

Su obra literaria comprende varias obras mayores y numerosos cánticos populares de temática religiosa. Entre sus obras más importantes se encuentra, “El Amor de la Sabiduría Eterna”, obra que resume globalmente su espiritualidad (contemplación de Jesucristo como Sabiduría de Dios Eterna y Encarnada, importancia de la Virgen María en el misterio de la Encarnación y en la vida de los cristianos; centralidad de la Cruz en la vida bautismal…) y que tiene un arraigo profundo en la Escritura, especialmente en los libros Sapienciales. Su obra más conocida es el Tratado de la Verdadera Devoción a la Virgen, donde expresa la práctica de la Consagración a Jesucristo por medio de la Virgen María.

  • EL AMOR DE LA SABIDURÍA ETERNA.
  • TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN – PREPARACIÓN DEL REINADO DE JESUCRISTO.
  • EL SECRETO ADMIRABLE DEL SANTÍSIMO ROSARIO para convertirse y salvarse.
  • EL SECRETO DE MARÍA.
  • CARTA A LOS AMIGOS DE LA CRUZ.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Muerte y Canonización

  • San Luis murió en Saint Laurent sur Sevre el 28 de Abril de 1716, a la edad de 43 años.
  • Fue beatificado en 1888 y canonizado el 20 de Julio de 1947.
  • Es venerado como sacerdote, misionero, fundador y sobre todo, como Esclavo de la Virgen María.

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Fuente:
https://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Mar%C3%ADa_Grignion_de_Montfort
http://www.corazones.org/santos/luis_montfort.htm 

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