“Para renovaros, necesitáis la Eucaristía. Yo me he quedado aquí para eso. ¡Todos los días!”

Tomado del Libro: El Reinado Eucarístico 
Dictados de Jesús a Marga

Marga_El Reinado Eucarístico-grande

02-11-2013

Jesús:

Estoy deseando cogerte. Algo así como un enamorado la primera noche de bodas, que se halla ardiente en deseos de tener para sí a su amada, Yo, pero ¡siempre!

¡Oh, si creyerais en mi Amor! Experimentarías estos deseos, y vuestra oración no sería árida, como lo es. ¡Si os sumergierais en mi Amor! Encontraríais que nada en esta vida os satisface, y viviríais cada momento deseando uniros a Mí en la Comunión, que es nuestra noche nupcial.

Así, y todos los días. Una noche nupcial renovada. Nunca igual, siempre Nueva y siempre ardiente. No-cambiante, pero vital y renovada. No-cambiante porque mi Amor por vosotros es Inamovible, mi Amor por vosotros es Eterno, mi Amor no lo cambian vuestras infidelidades. ¡Oh, si entendierais esto! La (esta) iglesia se encontraría llena, y no vacía, como lo está.

Sólo dos almas se queman a mi lado, cual lamparitas. Me sois suficientes, porque os amo como si fuerais mi única amada cada una de las dos[64]. Contemplándoos, amándome y diciéndome palabras de amor, me hacéis olvidar, olvido todas las ingratitudes del resto. Reparáis por ellos y por vosotros.

¡Oh, si comprendierais… si el mundo comprendiera el Amor (Don) de Dios![65]

Aunque vuestro amor me llena, y en ocasiones es como si no existiera el resto, porque me hace olvidar, no puedo dejar a un lado la ingratitud de la gente. No puedo olvidar que no me conocen, que nadan en pecado, y que muchos caminan por el camino de su condenación, condenándose algunos al fin. Y eso me hace no descansar, día y noche, pensando y suscitando caminos para ellos de conversión. Caminos, que muchos se basan en gentes como vosotros, que me habéis conocido. Y que me tenéis que llevar al resto. Porque si no lo hacéis vosotros, ¿quién lo hará?

Querida: mi Corazón arde en deseos por ti.

Y Yo te amo. Jesús, no soy digna de esto.

Mas Yo he querido elevarte.

Cumple a rajatabla el horario inspirado por mi Madre. ¿Lo harás?

Sí, Jesús. Por Ti.

Querida, ¿no ves en ti deseos nuevos, impulsos nuevos, como si fueras otra criatura?

Sí lo veo, Jesús. ¡Gracias!

Es la transformación de los corazones, que va operando mi Madre en vosotros.

Vosotros, cuando sintáis eso, debéis dejaros llevar. ¿Quién puede impedir vuestra felicidad? ¿Es que el Corazón de Dios no puede hacer felices a sus criaturas, las que Él desea?

Es mi Madre quien me las prepara, y me las prepara bien, a mi gusto. Sabe que cada criatura que se entregue a Mí, Yo la trataré como si fuera única en el mundo. ¿No es lo que todos estáis deseando? El Amor sin medida, que se os ame sin medida. Pues ese deseo sólo lo colmaréis en Dios.

Jesús, pero para llegar aquí hace falta mucho camino, ¿no podrías ponerlo Tú más fácil? O si no, muchos no te encontrarán.

Es lo que hago ahora con la Efusión a torrentes de mi Espíritu.

Tú eres un exponente. Pero como tú hay muchos, muchos rayos de mi Espíritu. Mi Espíritu se difunde en rayos sobre la tierra. Es como unos rayos de luz, pero que son arroyos límpidos y relucientes de agua, que se lanzan al mundo como cuerdas. Asíos a ellas: veréis, y os limpiaréis, os saciaréis y seréis renovados en Él. Al final resurgirá una nueva criatura.

(Yo veía cómo desde el Cielo, de Dios, emanaba su Luz en rayos, cada rayo era un Carisma de su Espíritu, yo soy uno de ellos. Llegan a la tierra y son Agua. La gente los coge, y son como cuerdas. Ahora suena una pieza de música sacra en la iglesia, que Jesús sabe que me gusta. Siempre tiene para mí estos detalles).

El Carisma que te doy a ti es una forma sencilla de encontrarme, ésta que tú me pides. ¡Yo ya veo esto mismo!, y la necesidad de mis gentes. Por eso suscito en cada momento lo que estimo necesario.

Por eso muchas veces leer uno solo de tus Mensajes impulsa a las gentes a conversión.

Tú sólo tienes que hacer que conocieran que Yo les amo. El resto de cosas que te doy, son adornos del Mensaje: predicciones, acontecimientos.., son para validar y adornar el Carisma, que es mostrar al mundo mi Amor.

Mi Amor es como un Enamorado, pero también es como el de un Niño Pequeño necesitado de su madre. ¡Me he hecho tan pequeño…! Tan pequeño que, por Amor, me he quedado en esta Eucaristía, y estoy a merced de lo que decidáis hacerme.

Tanto riesgo he corrido. Lo he hecho por tu Amor.

Puedo estar esperando…, solo…, paciente,.. Esperando a que tú me quieras amar. No por eso desisto y me canso. Mi Amor está aquí como el primer día.

Si vienes a Mí, ¡no te estaré echando en cara tus faltas! Tus actos de amor, los que hagas para Mí delante del Sagrario, me harán olvidar todas tus ingratitudes.

Aunque seas el mayor pecador que exista sobre la tierra, si te arrepientes y vienes a Mí, si me amas, será para Mí como si nunca hubieras cometido un pecado. Tanto es mi Amor. ¡Es Infinito! Queridos, no podéis comprenderlo. Tan sólo experimentadlo. ¡Venid a experimentarlo! Venid al Sagrario a experimentarlo. Saldríais de aquí, como criaturas nuevas, renovadas.

Queridos: para renovaros, necesitáis la Eucaristía. Yo me he quedado aquí para eso. ¡Todos los días! Todos los días necesitáis la Eucaristía.

Queridos, ¡amados!, el mundo se os pega y establece sobre vosotros una relación de tiranía. Os aplasta, os ensucia, os tira para abajo. Pero si venís a la Eucaristía, ¡cada día!, cada día os limpio y salís renovados. ¡Me necesitáis!, ¿no lo veis? Me necesitáis… ¡Venid a comprobar cómo Yo os amo![66]

El mundo os dice que no crucéis el umbral de esa puerta[67]. Por eso mis iglesias permanecen vacías. Pero Yo os digo a través de este mi pequeño instrumento: ¡Venid a Mí! ¡Venid a Mí, Eucaristía! Sólo Yo os podré renovar, sólo Yo os puedo limpiar y purificar, sólo Yo daros el Amor que merecéis.

El mundo no os sabe amar, ni os valorará nunca en el valor que tenéis. Para Mí, cada uno de vosotros es sagrado. Para Mí, es único. Por cada uno de vosotros, en individual, Yo morí y resucité. Por cada uno de vosotros vivo y lato. Por cada uno me hice Corazón. Y por cada uno estoy aquí, en todos los Sagrarios de la tierra, latiendo en Horno Ardiente de Amor. 

¡Ah… si conocierais el Don de Dios![68] Si conocierais el Don de Dios, hija mía, las iglesias se tornarían llenas, y no vacías, como lo está ésta, ahora sólo contigo[69].

¡Oh, querida!, ¿sabes? ¿Sabes tú por este Mensaje la cantidad de almas que vendrán a Mí?

Por todo esto: por perseverar, por venir y por amarme, por confiar y olvidarte de ti y tu pequeñez.

Yo te bendigo, en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Y te colmo de besos, de mis besos.

(Del Cielo caían gotitas cristalinas hacia mí, al llegar eran como besos del Espíritu Santo).

¡Qué bonito! ¡Gracias, Jesús! No soy digna. Qué pena tener que salir de aquí. Cruzo ese umbral, y el mundo es feo.

No lo es, si vas de mi mano y amas como Yo. En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

________________________
[64] Una amiga y yo hacíamos la oración juntas en una iglesia.
[65] Cfr. Jn 4,10.
[66] Cfr. Mt 11,28,
[67] La de las iglesias. Donde está Jesús
[68] Cfr. Jn 4,10.
[69] Mi amiga ya se había ido.

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