La hermana María Marta Chambon, apóstol de las Santas Llagas.

21 de Marzo – 109º Aniversario de su muerte
Año: 1866 / Lugar: Chambéry, Francia
Devoción a Las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo
Vidente: Hna. María Martha Chambon (1844-1907)

La hermana María Marta Chambon,
apóstol de las Santas Llagas.

María Marta Chambón era hermana lega en el monasterio de la Orden de la Visitación de Santa María, en Chambéry (Francia). Entre otras tareas, atendía el comedor de las niñas, la limpieza de algunas clases, y cuidaba de la huerta. También asistía a los actos propios de la comunidad.

Nació en Croix-Rouge (Chambéry), el 24 de Mayo de 1844, y murió el 21 de marzo de 1907. Entró en el convento a los 18 años. Desde 1866 se le manifestó el Señor en numerosas ocasiones. En septiembre de 1867 le dijo el Señor:

“Yo te he escogido para hacer revivir en los actuales tiempos, tan difíciles, la devoción a Mis Santas Llagas”.

La Madre superiora del monasterio de Chambéry, escribió en 1866: “La hermana María Marta goza de la visión de Dios y conversa largamente con el Salvador, su Santísima Madre, nuestros fundadores, los ángeles y los santos…”

A la hermana María Marta le fue revelado repetidas veces que, así como su hermana en religión Margarita María de Alacoque había sido escogida para revelar al mundo el amor y las riquezas del Corazón de Jesús, así ella lo había sido para hacer lo mismo con sus Llagas Santísimas.

San Francisco de Sales le dijo en cierta ocasión: “A mi hija Margarita le fue revelado el Corazón de Jesús; a mi pequeña María Marta, las Santas Llagas de Jesús”.

(Santa Margarita María de Alacoque y María Marta Chambon son ambas de la Orden de la Visitación de Santa María, fundada por San Francisco de Sales y Santa Juana Francisca Fremiot de Chantal).

Y la Santísima Virgen: “Tu santa hermana Margarita María ha reproducido en sí el Corazón de Mi Hijo para regalarlo al mundo. Y tú, hija Mía, has sido elegida para ofrecer satisfacción a la justicia de Dios, ofreciéndole los méritos de la Pasión, sobre todo de las Santas Llagas, de Mi único y muy querido Jesucristo”.

Palabras del Señor a María Marta Chambon:

“Cada vez que ofrezcas a Mi Padre celestial los méritos de Mis Santas Llagas, ganas riquezas infinitas… En la contemplación de Mis Llagas se encuentra todo, para sí y para los demás… Yo garantizo conceder todo lo que se Me pida por Mis Santas Llagas”.

En otra ocasión le dijo:

“¿Crees, hija querida, que Yo puedo permanecer sordo a los que se encomiendan a Mis Santas Llagas?”

Y se le apareció con Sus Santas Llagas brillando como soles, especialmente las de la cabeza y del costado, de tal manera que apenas podía soportar su resplandor.

“Así las verás tú —le dijo— por toda la eternidad, por haberlas honrado aquí en la tierra”.

Un día se le apareció Jesús y le enseñó esta oración:

“Jesús mío, perdón y misericordia por los méritos de Tus Santas Llagas”.

También le dio a entender cuánto le agradaba esta jaculatoria, qué gracias traía al alma y cuánto ayudaba, sobre todo, a los enfermos en sus necesidades espirituales y corporales.

Otra vez se le indicó que el ofrecimiento de su santa Pasión y de sus Llagas al Eterno Padre, le agrada inmensamente. Al pecador arrepentido se le concederá la conversión si repite con fe:

“Padre Eterno, Te ofrezco las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para que cures las llagas de nuestras almas”


Del Libro: La Hermana
María Marta Chambon de la Visitación de Santa María de Chambéry Las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo


Chambéry, 21 de Noviembre de 1923.

Por orden de S.I. Monseñor Castellan he leído el libro intitulado La Hermana María Marta Chambon y las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo y no he hallado nada en él que no pueda explicarse con conformidad de fe y de costumbres con la doctrina de nuestra Santa Madre la Iglesia.

Fr. Bouchage, C. SS. R.
Censor.

         IMPRIMATUR.
Chamberii, 21. Nov. 1923.

         † Dominicus
     Archiep. Camberiensis.

Santanderii, 20 Maii 1924.
Imprimi potest.
Joannes
Episcopus Santanderiensis.

De mandato S. I. R.
Dr. Aurelius Yanguas, C. S.

***

En el relato de los hechos contenidos en esta reseña y en la elección de expresiones, declaramos que no queremos anticiparnos en nada al juicio de la santísima Iglesia, nuestra Madre, a la cual estamos consagradas y sometidas de lo más íntimo de nuestros corazones.

La Superiora y las Religiosas de la Visitación de Santa María, de Chambéry.
¡Dios sea bendito!

***

VIVA † JESÚS

Al lector.

No otro intento nos mueve a publicar en nuestra hermosa lengua el presente opúsculo, sino el de ayudar a las almas a comprender más y más el amor ardiente que el Corazón de Jesús para ellas encierra y los infinitos méritos que en sus Llagas Sacratísimas tenemos.

En nuestra humilde tierra nació y se arraigó este hermosísimo árbol de la devoción al Sagrado Corazón. Jesús lo dio a su pequeñita Visitación, para que ella extendiera por el mundo entero los frutos preciosísimos de ese árbol de vida y aquella queja que al entregarle su Corazón, “ardiendo en llamas y coronado con una cruz”, escuchó un día nuestra Hermana Margarita María de Alacoque: “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres y de los cuales es tan mal correspondido”, resuena siempre en los nuestros cual eco dulcísimo que nos recuerda nuestra sublime misión de “ser las consoladoras de las agonías, de los dolores de su amabilísimo Corazón”. Y si a esto añadimos el estar nuestro Monasterio tan cerca del privilegiado Santuario de Limpias, de ese trono, donde desde su Cruz se complace nuestro dulcísimo Redentor en atraer a sus pies a las almas para que contemplen sus dolores y sepan apreciar, agradecer y recoger los inmensos frutos de su santísima Pasión, de su preciosísima Sangre y de sus adorables Llagas, se comprenderá el porqué nos ha parecido ser nosotras las llamadas a hacer conocer a todas las almas justas y pecadoras las consoladoras palabras y las regaladísimas promesas que el Salvador se ha dignado hacernos por medio de otra alma privilegiada, florecita humilde del humildísimo jardín de San Francisco de Sales: Hermana María Marta Chambon, a quien el divino Salvador decía: “Yo te he escogido para despertar la devoción a mi santa Pasión en los desgraciados tiempos en que vivís.”

En estas páginas encontrarán todos cuantos las leyeren luz, consuelo, fortaleza y esperanza dulcísima, que les hará exclamar con San Bernardo: “¡Oh, Jesús, tus Llagas son mis méritos!”

Así, pues, en este día de la Invención de la Santa Cruz ponemos a los pies del Santo Cristo de la Agonía nuestro modesto trabajo para que Él lo bendiga y haga que en estas páginas beban muchas almas el amor y la devoción a sus Santas Llagas, que, según su promesa, “repararán las nuestras”.

Las Hermanas de la Visitación de Santa María.
De nuestro Monasterio de Santander, a 3 de Mayo de 1924,
fiesta de la Invención de la Santa Cruz.

***

VIVA † JESÚS

La Hermana María Marta Chambon
de la Visitación de Santa María de Chambéry

y
Las Santas Llagas
de Nuestro Señor Jesucristo

««««»»»»

Infancia y juventud[1]

Francisca Chambon, nació de una familia modesta, pero muy cristiana, de labradores en el caserío de la Cruz Roja en Chambéry, el 24 de Mayo de 1844. En el mismo día recibió el santo Bautismo en la iglesia parroquial de San Pedro de Lémenc.

Quiso Nuestro Señor desde muy temprano revelarse a esta alma inocente. Apenas tenía Francisca nueve años, cuando llevándola su tía un Viernes Santo a la adoración de la Cruz, Cristo, Nuestro Señor, se ofreció a sus miradas, desgarrado, ensangrentado, como en el Calvario. “¡Oh, en qué estado estaba!…”, nos dirá ella más tarde.

Esta fue una primera revelación de la Pasión del Salvador que tanto lugar había de tener en su existencia. Mas la aurora de su vida aparece sobre todo favorecida por las visitas de Jesús Niño. El día de su primera Comunión, Él vino a ella visiblemente; desde entonces, en cada una de sus Comuniones, hasta su muerte, será siempre el Niño Jesús a quien verá en la santa Hostia. Él se hace el compañero inseparable de su juventud, la sigue al trabajo en el campo, habla con ella por el camino, la vuelve a la choza paterna: “Estábamos siempre juntos… ¡Ay, qué feliz era yo!, ¡tenía el paraíso en el corazón!…”, decía ella hacia el fin de su vida, recordando esos dulces y lejanos recuerdos.

En la época de estos precoces favores, Francisca no pensaba en hacer la confidencia de su vida de familiaridad con Jesús; se contentaba con gozar de ella, creyendo ingenuamente que todo el mundo poseía el mismo privilegio.

Sin embargo, el fervor y la pureza de esta niña no podían pasar desapercibidos al digno Cura de la parroquia; así la admitió con frecuencia a la santa Mesa. Y él fue quien descubrió en ella la vocación religiosa y la vino a presentar a nuestro Monasterio.


Primeros años de Religión.

Diez y ocho años tenía Francisca Chambón cuando la Visitación de Santa María de Chambéry le abrió sus puertas. Dos años después, en la fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles, 2 de Agosto de 1864, pronunciaba los santos votos y tomaba lugar definitivamente, con el nombre de Hermana María Marta, entre las religiosas de velo blanco.

Nada en lo exterior prevenía en favor de la nueva esposa de Jesucristo. La belleza de la hija del Rey era verdaderamente toda interior… Dios, que, sin duda, se reservaba compensaciones, había tratado a la Hermana María Marta respecto a los dones exteriores con una verdadera parsimonia. Modales y lenguaje rústicos; un entendimiento más bien mediano, que ninguna cultura, ni aun somera, viniera a desarrollar; la Hermana María Marta no sabía leer ni escribir[2] —sentimientos que no se elevarán sino bajo la influencia divina; un temperamento vivo y algún tanto terco—; las Hermanas, sus compañeras, lo declaran sonriendo: “¡Oh! Santa: ¡era una verdadera santa!; pero ¡cuánto ejercitaba algunas veces! ¡La santa bien lo sabía! En su sencillez encantadora se quejaba a Jesús de tener tantos defectos: “Tus imperfecciones, la contestaba Él, son la mayor prueba de que todo lo que en ti pasa viene de Dios. Yo no te las quitaré nunca; son la tapa que oculta mis dones. ¿Tienes muchos deseos de ocultarte? ¡Yo tengo aún más que tú!…”

Enfrente de este retrato, se colocaría con gusto un segundo con líneas muy de otro modo atractivas. Bajo el exterior de un bloque informe, la observación más atenta de los Superiores no tardó en adivinar una fisonomía moral ya hermosísima y que se embellecería cada día bajo la acción del Espíritu de Jesús. Se notaban en ella de esos rasgos trazados con señales infalibles que revelan al Artista divino… y lo revelan tanto mejor cuanto que la falta de gracias de naturaleza no ha desaparecido. ¡En ese entendimiento tan corto, cuántas luces, cuántas ideas profundas! ¡En ese corazón sin cultura natural, qué inocencia, qué fe, qué piedad, qué humildad, qué sed de sacrificios! Bastará por el momento recordar el testimonio de su superiora, nuestra respetable Madre Teresa Eugenia Revel: La obediencia es todo para ella. El candor, la rectitud, el espíritu de caridad que la animan, su mortificación y, sobre todo, su humildad sincera y profunda, nos parecen los más seguros garantes de la conducta de Dios sobre esta alma. Cuanto más recibe, mayor es el verdadero desprecio de sí misma, estando casi habitualmente aplastada por el temor de estar en ilusión. Dócil a los consejos que se la dan, las palabras del Sacerdote y de la Superiora tienen grande poder para darle la paz… Lo que nos tranquiliza, sobre todo, es su amor apasionado por la vida oculta; su imperiosa necesidad de ocultarse a toda mirada humana y el terror que tiene de que se den cuenta de lo que en ella pasa.”

Los dos primeros años de vida religiosa de nuestra Hermana se deslizaron bastante normalmente. Fuera de un don de oración poco ordinario, de un recogimiento perpetuo, de un hambre y sed de Dios siempre creciente, nada verdaderamente particular ni que haga prever cosas extraordinarias se advirtió en ella.

Pero en Septiembre de 1866, la joven conversa empieza a ser favorecida con frecuentes visitas de Nuestro Señor, de la Santísima Virgen, de las Almas del Purgatorio y de los Espíritus bienaventurados.

Jesús crucificado, sobre todo, la ofrece casi a diario sus Llagas divinas para contemplarlas, ya resplandecientes y gloriosas, ya lívidas y ensangrentadas, rogándola que se asocie a los dolores de su santa Pasión.


Velas y penitencias corporales.

Las Superioras, inclinándose ante las señales ciertas de la voluntad del cielo —señales sobre las cuales no podemos detenernos en este corto compendio—, se deciden poco a poco, a pesar de sus temores, a entregarla a las exigencias de Jesús Crucificado.

La Hermana María Marta se ve primero invitada a pasar las noches tendida sobre el suelo de su celda. Después recibe la orden de llevar día y noche un rudo cilicio. En seguida debe tejerse una corona de agudas espinas que no le permite descansar su cabeza sin sentir un vivo sufrimiento.

Al cabo de ocho meses, en Mayo de 1867, no contento de las noches pasadas en el suelo, con el cilicio y la corona de espinas, Jesús exige a la Hermana María Marta el sacrificio de su mismo sueño, mandándole velar sola, cerca del Santísimo Sacramento, mientras que todo dormía en el Monasterio.

A tales exigencias, no se encuentra a gusto la naturaleza. ¿Mas no es esto lo que premian habitualmente los favores divinos?… En el silencio de las noches, se comunica Nuestro Señor a su sierva del modo más maravilloso. Algunas veces, sin embargo, la deja luchar penosamente, durante largas horas, contra el cansancio y el sueño. Empero, lo más ordinario es que se apodere de ella inmediatamente y la arrebate en una especie de éxtasis. Él la confía sus penas y sus secretos de amor, la colma de caricias, toma su corazón para sumergirle en el suyo. Sus encantos sobre este alma humildísima, sencillísima y dócil crecen cada día.

Continúa…

________________________
[1] No se encontrará aquí una Vida completa de la Hermana María Marta Chambon, sino sencillamente algunas indicaciones biográficas, encajando un Expuesto de su devoción preferida: La devoción a las Santas Llagas.
[2] Conviene no perder nunca de vista esta completa ignorancia de la Hermana María Marta; de una parte se admirarán de encontrar tanta exactitud doctrinal y precisión de expresión en una persona tan poco cultivada; por otra parte se excusará fácilmente lo que puede dejar que desear en “ciertos detalles que no se refieren a lo sustancial de las cosas” (Apreciación del R. P. Mazoyer, S. J.).

Fuente:
http://www.maria-marta-chambon.info/

De los escritos de la Hna. María Marta Chambon aquí publicados:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/hna-maria-marta-chambon/

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