“Oración, obediencia, humildad, penitencia, sacrificio. Con estas armas entraréis en la pelea.”

Tomado del Libro: “Los Hechos de Ezquioga ante la Razón y la Fe”
Escrito por: Fr. Amado de Cristo Burguera y Serrano, O.F.M.

Declaraciones de Benita Aguirre
SECCIÓN II
…(continuación)

Núm. 15.- Instrucción dada por la Santísima Virgen sobre el modo que hemos de luchar durante estas persecuciones y término de los falsos videntes, con otros pormenores muy dignos de atención

“A mayor revolución más calma después. Cuantos más elementos formen esa revolución mayor será esa calma luego. En la que ahora atravesáis, hijos del alma, cuando mi Hijo confundió las lenguas, al querer edificar la torre de Babel, no fue tan grande la confusión como en los tiempos presentes. Advirtiendo que el delito y daño cometido es más grande hoy que entonces. Entonces se trataba de la confusión por un bien material. Hoy se trata de la confusión por un bien sobrenatural. Tanto más debe el hombre poner sus fuerzas cuanto más agradable sea el objeto que ejecuta. Si entonces fue una simple torre, hoy es la omnipotencia de todo un Dios y el amor de una Madre siempre Virgen. Entre lo humano y lo divino existe una diferencia de muchos millones. Entre la torre y Nosotros la diferencia es inconmensurable. Si entonces, Dios permitió la confusión de los hombres, para el bien de ellos, hoy hará la confusión para el bien de mis hijos, para el honor de la Madre y para salvación de las almas que deseen salvarse. Yo pido; Jesús espera; y el Padre celestial aguarda la hora en que ha de dar el golpe definitivo. Pobres hijos del alma: ¿Lucharéis a favor de la hora de vuestra Madre? (Lucharemos).

Luchad, luchad sin cortapisas. No tengáis miedo en decir que es vuestra Madre la que baja; pero añadid también que no baja para todos. Sólo baja para aquellos que obedecen a aquél a quien Yo he puesto en la tierra. Decid que estabais muy solos; que os hizo falta uno que os enseñase a andar por el camino emprendido. Éste fue mi hijo Amado. Le coloqué ¡Qué pocos le han hecho caso! Que no le importe. Después de mucho tormento viene más gloria y contento. No hagas caso. Todo pasa. Deja que te digan, deja. Deja que te digan cosas. Que después que esto termine, porque tiene que terminar, tendrás quien te sepa defender. El día está cercano. Poco falta, no desmayes. Pasa tú por ese mundo sin saber que existe nadie más que tu Madre, que quiere que trabajes por su honra. Después, Yo sabré pagarte el trabajo que hayas hecho. Alienta a los míos, vosotros, vosotros, hijos del alma: No hagáis caso a los otros, que se han vuelto rebeldes a los consejos de su Madre y no los quieren aceptar. ¡Oh, cuánto van a llorar! Di al Padre que ya empecé mi tarea; que están dados algunos puntos; que la labor está muy bien preparada. Que quiero que me ayuden a recoger los hilos de esta labor. Yo me encargo del trabajo. ¡Oh, no os desaniméis! Tuyos somos hasta morir.

Con el obispo hay tres canónigos: dos de V. y el tercero de fuera; aquellos dos traidores. Los cuatro van a acabar mal.

Todos los videntes falsos van a sufrir un castigo grande. Quiero probar hasta dónde llegan. Diles, hija, que según sean las causas, así habla vuestra Madre. Porque, así como una madre en la tierra a todos los hijos quiere igual, y sin embargo, a aquél que le ha ofendido le castiga, le reprende; lo mismo Yo soy Madre de todos vosotros. Pero aquél que me ha ofendido, aquél que me ha vendido ¡oh! Le tengo que castigar. Entre ellos, hija mía, reina un gran desconcierto. Todos son falsos. La señal que te doy para que tú les conozcas es: Aquellos que hayan pasado por la prueba de fuego y que hayan obedecido a aquél a quien Yo mandé, esos son los verdaderos. Los demás no me ven a Mí. Esos andan muy cogidos del demonio. Triste es decirlo, hija, pero es la realidad. Todavía es más triste pensar que, después de haberles dado Yo misma mis gracias y de haberlos escogido, me han desobedecido. No han hecho caso de Mí, y andan a merced de todos los que quieran llevarlos. Si no se arrepienten antes de que venga el castigo, serán piedra de escándalo al mundo. Fueron míos y ya no son.

Han deshecho la justicia y el poder de mi Hijo. No han querido atender los consejos que Yo les he dado, y por eso tendrán que sufrir. Por mi parte les perdono, pero Jesús no transige con las faltas cometidas contra su Madre, y Jesús no ha empezado todavía a castigar. Creían que su poder había terminado.

Mira si el castigo está cerca, hija, que si ellos se diesen cuenta, se prepararían este mismo día. Muchos, del hambre que mi Hijo va a mandar, no la podrán pasar, porque habrán fallecido.

El obispo ha arrojado un jarro de agua a toda la luz que había. La luz está apagada. —Esta instrucción la dio Nuestra Señora a raíz de la publicación de la circular de Septiembre de 1933—. Cuando esa luz empiece a brotar de nuevo, Jesús no va a dar lugar a que muchos se alumbren con ella; pues, teniéndola encendida, no quisieron aprovecharse de ella. Todos los delitos que ha cometido en esta temporada el primero que fue a apagar esa luz, los va a pagar el obispo. Tú no lo sabes todo, hija, hay muchas cosas tan grandes, tan terribles que no se pueden contar. No podéis verlas hoy día. Las veréis cuando Yo os encienda la luz de mi lamparilla.

Habrá mucha lluvia de fuego; habrá catástrofes grandes, en que los hombres por no entenderse, se matarán unos a otros. Y esto empezará por las cabezas. Todas aquellas personas que, por culpa de sus jefes han salido de sus filas, tendrán calabozo perpetuo. Han sido como los soldados de Efraín que, dispuestos y armados para la lucha, al entrar en ésta todos abandonaron sus puestos. Lo cual tiene mucha relación con lo que pasa en el Monte Ezquioga, con la diferencia de que aquí van a luchar por una causa espiritual, por la salvación de sus almas y la gloria de su Madre. Estaban muy bien alineados, al principio, cuando aún no había nada. Pero cuando han visto que la lucha es cierta, que había que pelear y que si querían triunfar a muchos les costaría la vida, entonces todos se me han retirado. ¿Dónde están, hija del alma, dónde están aquellos ministros de mi Hijo que, con los brazos en cruz y rosario tras rosario, no abandonaban mi Monte hasta muy entrada la noche? ¿Qué se han hecho? ¡Oh! Dicen que es perder el tiempo en una cosa como ésta.

¡Hija!: El mundo está horrible. ¿Qué se han hecho tantos miles de hijos como en la falda del Monte rezaban con gran respeto? ¿Qué se han hecho? ¡Ah! Los verás diseminados. Tienen que ir a las playas, a cafés, a reuniones, a circos y a fiestas. Tienen que alternar porque el mundo así lo exige; y mientras tanto, me tienen abandonada a Mí, su Madre. Yo espero el día de fiesta, porque es el más acertado para reunirse la familia en torno de la Madre. Pero para Mí, para esta Madre que los ama, es el día de más angustia; es el día que Yo no quisiera que llegara. Tienen que cumplir con el mundo. ¡Oh!, el mundo no les va a dar el pago. El mundo se ha de acabar. Todo pasa en esta vida.

Di al Padre que no atienda los ruegos que le van a hacer, porque le quieren coger para hacer una trampa; que no se fíe. Es persona que merece crédito de los hombres en la tierra; pero Yo haré que se tuerza todo, y así no podrán llegar en modo alguno hasta donde ellos quieren; que no se fíe y no tenga miedo.

Que la labor, que él sabe, está en unas manos. Todo está preparado: Yo mandaré recado con alguien, que va a venir, que tenga un poco de calma, que todo lo arreglaré. Hay dos personas en Legazpia que pretenden hacer una cosa con él. Van a salirle al camino, pues dicen que están fastidiados porque le ven venir tantas veces. Les intriga lo que viene a hacer aquí. Cuando el cabecilla de la expedición tenga preparadas las personas, tendremos una expedición. —Afirmamos que los hechos posteriores respondieron exactamente a como la Santísima Virgen los anunció en esta Instrucción, días antes—.

Unos, que fueron mis devotos, están hoy muy satisfechos porque el obispo ha demostrado que no hay nada en el Monte; y que por tanto, no hay ningún vidente auténtico. Si en Ezquioga no estoy, y no hay videntes, tampoco la de ellos lo es, porque si Yo no existo en el Monte, tampoco existo para que cierta sierva mía hable a ella. Que por tanto, ella no verá a mi sierva, porque ésta, por si misma, no puede hablar nada.

Yo soy para todos la Virgen, y puedo presentarme a cada uno de distinto modo. Con aquella vidente me valgo de mi sierva. Con vosotros lo hago personalmente. Es mayor la gracia que vosotros recibís que aquella vidente. ¿Por qué ésta se ensoberbece? ¿Por qué os echa a rodar por tierra? La alegría de C. va a terminar. Yo les voy a inutilizar el instrumento. Y cuando el instrumento desaparezca, y quieran recurrir a Mí, como no es verdad que bajo, no les voy a escuchar. ¿A ver qué hacen entonces? ¡Tanto como están hablando de vosotros, hijos míos! Cuando ellos no tengan nada, y lo de vosotros haya salido, a ver entonces qué dicen. Hay personas particulares que son instrumentos de los cuales se ha valido el demonio para haceros daño. ¡Qué amarguras van a tener que pasar!

Vosotros, los míos, recordad que el día está cerca. Vuestra honra saldrá a flote, Jesús se despedirá de vosotros, como en la última Cena, y en esa despedida, la Madre sabrá pedir la fuerza que necesitéis para el viaje que vayáis a emprender. Ánimo, fuerza, oración, obediencia, humildad, penitencia, sacrificio. Con estas armas entraréis en la pelea. Pulidlas, limpiadlas, preparadlas; y mientras esto hacéis, Yo rogaré por vosotros al Padre y al Hijo. La bendición que os da en unión de los tres, vuestra Madre. María.”

(Núm. 16: No existe en el libro)

Núm. 17.- Instrucción dada por la Santísima Virgen sobre exvidentes y falsos simpatizantes de Ezquioga 

  • (Vidente) ¡Qué miedo! Estás disgustada… No quieres que te la nombre —una exvidente— a causa de su defección. Está contento el demonio… ¡Qué horror!
  • (Virgen) Dejo a elección del Padre el dejar o no subsistentes en el Libro las declaraciones de ella.
  • De F. —Un exvidente— nada, nada. 
  • (Vidente) ¿Y si el diablo lo coge?
  • (Virgen) ¡Más cogido del demonio de lo que está! Qué herida más grande tiene.
  • (Vidente) Son gusanitos pequeños…
  • (Virgen) Eso es que el corazón de él está encogido. No hay sangre, no hay vida en él. No quiero que el Padre haga nada. No se desesperará F.

Es necesario castigar para que los demás se vean en el ejemplo castigado. No hay que lisonjear a los que algo tienen, porque lo que tienen es recibido. Ensalzaron a F., lo mimaron, cifraron toda su dicha en cosa terrena, sin pensar que lo que él tenía no era suyo; que se lo daban, y debía haber correspondido a esa gracia, mas ellos han sido su obstáculo. No han dejado que las gracias recibidas se desarrollasen para su bien. Lo han estropeado, y ahora, a él, ¿qué le queda? Como lo que tenía no era suyo, se lo han quitado; y ahora, han comprendido que es un hombre como los demás, que si algo tenía ha desaparecido. El remordimiento del mal obrar está constante en él; quiere remediar lo que podía no haber sucedido, y se encuentra desprestigiado de aquellos que más le habían ensalzado. Huid de las pompas. En vosotros, hijos míos, quiero la sencillez. Dejad que mi trabajo se extienda y ramifique. Ya llegará la hora en la cual podrán ver y admirar las Obras mías hechas por vuestra mediación. Mientras tanto no hagáis caso de nada ni de nadie. Seguid trabajando con las gracias que os doy. No cojáis operarios que en menos tiempo quieran hacer más, porque la Obra se concluirá. El Padre, nada; ése es mi gusto; tiene él también que hacerles ver que lo que de él han dicho, todo lo mal que han hablado, tiene su fin; y en el momento supremo en el que más falta les hace, es mi deseo que no tome parte en nada. Aquellos que eran salomones para él, arreglen las cuestiones que, según ellos, nada tenían de sobrenatural.

De la otra nada. Tendrás en ello una enemiga acérrima; tendrás que sufrir mucho; más nada imites. Siquiera a lo menos, que me ayude alguien con quien pueda compartir mi tristeza. Fue la preferida; la supe distinguir; mas ella no ha sabido agradecer. Ha tenido avisos claros y patentes de la Madre que no quería abandonarla: no los ha recibido. Y ahora se extraña de cómo es posible, después de haber tenido tantas gracias, que Yo no haya dicho eso de ella. Pues, así es. Para Mí es recuerdo de que alguien ha dicho lo mío; lo demás todo pasó; ya no queda rastro de nada; ésta es la vida: luchas, zozobras, que siempre paran en desengaños.

Allí, en mi Monte, reina grande envidia. Todos quieren ser más que los otros. En vosotros, los míos, la humildad sea vuestro distintivo; no os preocupéis por los demás; cada cual mire a sí mismo; y si observa todos sus deseos, al pie de la letra, ése será el más perfecto.

Obediencia, humildad, silencio. Hay personas que no van más que por molestar, por ser vistas, porque no se hable mal de ellas, por figurar; sus pensamientos no están en aquello que realizan, y ésas son las que más daño os hacen. Procurad hablar poco con ellas. Huid de todas aquellas que os molesten y molesten mi Obra: —Aquí señala, uno a uno, los principales enemigos de las Apariciones que frecuentan el Monte santo y cuyos nombres quedan archivados—. Temblad de todos, no os fiéis. Hay muchos más, ya te los iré diciendo: hay 14 sacerdotes; 30 señoras que frecuentan Ezquioga, cerca de 40 hombres y 7 pequeños.  Tened cuidado, no os fiéis.

Que es cierto que el demonio puede hablar otras lenguas; mas él no las habla. Obra en el alma como instrumento, pero él no realiza la función. Mientras que vosotros, los míos, tenéis la contraseña de que soy Yo. Una vez dada la lengua que Yo hable, la podéis hablar. Ésa es mía, la podéis hablar; no es de él. La que Yo hablo cuando te quiero hacer saber algo, que a los demás no les interesa, di al Padre que es mía. Que es la lengua primitiva mía, que él ya sabe cuál es (la aramea), pero no media el demonio. No tengas miedo, la hablo Yo; tú ves que Yo soy la Virgen, no soy él (el diablo).

Cuando estáis conmigo, vuestra alma disfruta de paz y sosiego. Los que están con él, tienen agitación en su alma. Los efectos que produzco Yo en el alma no puede producirlos él; son completamente opuestos. De aquí que el demonio, cuando obra en alguno, haciéndole hablar otro idioma, no lo hablará tranquila y reposadamente, sino que como está col él, y su espíritu está agitado, agitada también será la forma de decirlo. Estate tranquila, que hay muchas cosas que él puede hacer, mas son, con permisión divina. De otra forma no las hace. Y aun con permiso divino no llega más que hasta donde le dejan. Estad tranquilos los míos, que si sabéis responder a mis llamadas, si sabéis atender mis súplicas, Yo obraré en vosotros, y rara vez permitiré al demonio que esté con vosotros. Éste será también el distintivo que separe a los míos de los demás, es a saber: en que ellos rara vez tendrán mi gracia.

De aquí al 8 de septiembre di al Padre que no sucederá nada —Se atribuye a cierto vidente que el 15 de agosto, en el lugar de las Apariciones y en visión, dijo que de aquella fecha al 8 de septiembre acontecerían graves sucesos atmosféricos y terráqueos. Pero el mismo vidente, en carta suya del 21 de agosto nos declara hagamos patente que la Santísima Virgen le ha revelado igual que se apunta en esta Instrucción. Esto es: que, en ese tiempo, de Ella, nada pasará.— que si algo sucede no es mío. Cuando suceda algo será sin aviso, porque mi Hijo Jesús no tiene que ni debe dar satisfacción a nadie de lo que piensa hacer. Hace mucho tiempo que os viene encargando de que os preparéis. Al deciros esto es para que os preparéis, pero él no tiene por que fijar fecha. Pasará como el otro día. No falta mucho; esperad y veréis con vuestros ojos lo que vuestra Madre os dice. Si algo sucede, os repito, no es mío. —Interrumpimos diciendo que si sucediera algo dirían que es por lo que atribuyen al apuntado vidente, con lo que se daría pábulo a la mentira y al descrédito de Ezquioga; y acto seguido, añadió Nuestra Señora—: Di al Padre que si dicen eso que él dice, Yo sabré decir otra cosa que nadie sabe todavía, y entonces verán como no puede ser.

Di también al Padre que, respecto del señor que vino el otro día, es mi gusto que esté aquí hasta que él regrese; y observe y vigile, sin decir nada a nadie, pues está para lo que está, y que el Padre está fuera. Es a fin de que el Padre, mientras está fuera, tenga una persona que le lleve cuenta de todo lo que sucede; y a su regreso, sepa darle cuenta de lo que ha sucedido. Así, el Padre no tendrá necesidad de preguntar nada a nadie, sino que por sus datos se podrá guiar. Quiero y es mi gusto, que él sea quien ayude al Padre, en esta temporada, en la Obra mía. María.”


Núm. 18.- Instrucción del Sagrado Corazón sobre el fin para que Nuestro Señor vino al mundo, y el valor de la Madre de Dios, con explicación por la Santísima Virgen

“Hija, estoy solo, y desde el silencio de mi Sagrario te busco para hablar contigo. Quiero explicarte por qué vine Yo al mundo. Cuál es mi Madre, para que sepáis amarla cual merece.

Los hombres no piensan para qué han sido creados, hija. Están embebidos en diversiones y juergas, sin pensar que hoy, el mundo se haya peor que nunca. El diluvio no bastó para la impureza que en él había. Con el fuego no pude acrisolar los corazones de los hombres. Todo eran basuras, y Yo no podía pasar por ellas sin mancharme. Mas, como el amor que profeso a mis hijos es grande, quise venir a ellos y busqué una Mujer que me ayudase a bajar.

Miradla, y veréis levantarse detrás del horizonte a una Mujer que tiene en sus pies la luna. En su cintura van ceñidos los rayos del sol con el azul del cielo. En su cabeza lleva corona de doce estrellas. Miradla, es bella por sus facciones, es bella por sus virtudes, es bella en su tipo, es más bella en su amor hacia  los hombres. Esa Mujer había de ser la anunciada por el ángel y dar al mundo el fruto de la Redención. La escogí pura, sin mancha alguna. Y en Ella se escondió la flor de la virginidad. Única flor que se desarrolla en el jardín hermoso de mi Iglesia. La flor de la virginidad, los colores delicados de sus pétalos recrean mi vista. El olor que exhala sirve para hacer bienaventurados a los ángeles con los cuales me recreo.

Yo soy la virginidad, la flor de los campos y el lirio de los valles. Todo lo que me rodea es virginal. En el cielo, las almas gozan de la virginidad suma. Mi Madre es la Mujer Virgen por excelencia, que os dará fuerza para poder adquirir en grado sumo la virtud de la virginidad. ¿A quién se la vais a pedir sino a Aquella que es la Madre virginal por esencia?

Amad a mi Madre. Sed vosotros, hijos de mi alma, fieles espejos y retratos de esa Madre. Su ayuda no os faltará. Su deseo es socorreros. Su amor es tan grande que quiere dulcificaros vuestras penas. Pero, hijos, amadla, defendedla, queredla, respetadla. Es Madre de la humanidad. Sus hijos deben de aconsejarse de Ella. ¡Cuán pocos son! Baja a ese mundo a anunciar lo que el Padre va a hacer. Oídla y sabréis lo que dice:

Hijos míos: El Padre celestial agita la espada de su justicia divina. Las ingratitudes de los hombres van llenando, hasta los bordes, el cáliz del Padre adorado. Preparaos. Con pasos de gigante el día terrible y espantoso se acerca. Temblad y no temblad. Temblad, si no habéis puesto de vuestra parte todo lo necesario para defenderme a Mí. No temblad, si habéis hecho lo contrario, porque en el día terrible, la Madre sabrá agradecer los favores que hacen los hijos que la aman. Sabrá colocar en primer lugar a los hijos que supieron defenderla.

(¿Qué veo, Madrecita? Si miro hacia arriba te veo a gran altura. Si miro hacia abajo ¿qué es lo que veo? Veo mucha gente, mucha. Van y vienen muy de prisa; dan desde aquí la sensación de que están locos. No entiendo yo lo que es eso.)

Pues es muy sencillo, hija. Ése es el confuso remolino de seres vivos enfrascados en sus pasiones y vicios. Todos simulan estar alegres. A la vista unos de otros todos parecen contentos. Sin embargo, unos a otros se difaman; unos a otros se descubren; unos a otros no se entienden.

Al crear mi Hijo al mundo creó un jardín bello, muy bello. En él puso toda clase de plantas para que allí diesen sus frutos. El jardinero regaba y las flores crecían. La naturaleza toda se asociaba al encanto de Aquél que los creó. Pero hubo un día triste, hubo un día negro en el cual las dos primeras plantas fueron emponzoñadas por la cizaña del enemigo. Y como sale el tiro del cañón, de esa misma forma, como reguero de pólvora, se contaminaron las flores del jardín. Desde entonces las flores no crecen ya fuertes y robustas. Tienen mucha debilidad. Tienen orgullo y soberbia. Tienen muy poca humildad.

¡Oh, hija!: La humanidad está toda perdida. Son muy pocas las flores que se conservan bien. ¿A qué es debido, pues? Yo te lo explicaré. Yo vi el jardín enteramente marchito; recogí flores que introduje en el invernadero, y éstas son las que están bien. Supieron corresponder a mis deseos y hacer que todo el trabajo mío sirviese para multiplicar las flores que estaban dentro. El resto está marchito, no se pueden levantar. No saben que hay que dar la mano a Aquél que está muy alto. No piensan que hay que mirar a la estrella que es potente.

Vosotros, hijos del alma,
mirad fijos a esta Estrella;
es reluciente y muy bella
y de Ella sois todos hijos.

Es la Madre idolatrada,
que de amor siempre encendida,
supo consagrar su vida,
y estar siempre amargada.

Es la Madre que derrama
lágrimas de gran dolor;
es la Madre, que de amor
muere, por ser siempre amada.

…………..

Oh, María Inmaculada,
Reina, Señora, Esperanza
del alma que en Ti confía:
ruega de noche y de día
por esta Nación amada.

No la dejes marchitarse,
y ruega mucho por ella;
Madre, sé su dulce Estrella,
en que pueda ella mirarse.


Núm. 19.- Mensaje del Divino Corazón respecto al modo de tomar las falsas acusaciones

“Para enseñanza de mis fieles quise ser perseguido por los poderes públicos. Ante Anás y Caifás se me hicieron preguntas sobre mis discípulos y mi doctrina. Como a Mí no me acusase la conciencia de nada malo, con caridad suma callé de ellos; y de mi doctrina dije: Que públicamente había enseñado al mundo. Que lo había hecho en sinagogas y templos donde se reunían los judíos, y que a escondidas no había enseñado. Y estas verdades debían de servir de práctica a los míos. Mi Doctrina es la verdad suma, y no necesita de la noche para apoderarse de las inteligencias, ni necesita mendigar la fuerza para conseguir el asentimiento de los hombres. El que me oye no anda en tinieblas, porque Yo soy la Luz del mundo.

La sencillez que obraba en la verdad fue causa de que mis respuestas cayesen con desdén en los sacerdotes; y un soldado se atrevió a cruzar Mi rostro con una bofetada. Pude hablar, pero ésa no era la manera práctica de defender la Verdad. La Verdad se defiende sola, porque sus claridades disipan las nubes de las acusaciones humanas.

Llegará día en que seréis acusados por vuestros enemigos, por la sola razón de seguir mi Doctrina y de no pertenecer a los bandos contrarios. Pero no temáis. Cada vez que seáis acusados, poned los ojos en Mí, y veréis lo loco que está el mundo en la manera de entender las cosas, Yo, Sabiduría infinita, me toman por loco, por alterador del mundo, por profanador de la ley, por pecador y seguidor de pecadores. Todas estas cosas decretaron mi sentencia, y por ellas dijeron que Yo había blasfemado y que era reo de muerte. Pero, si ante las palabras de los hombres callé, no debí callarme ante la pregunta que se me hizo con la autoridad de Dios, mi Padre: En el nombre de Dios, dinos si tú eres el Cristo. A esta pregunta contesté serena y claramente que sí; que Yo era. Yo os aseguro que llegará un día en que veréis al Hijo del Hombre sentado sobre las nubes del cielo venir a tomar posesión a la diestra del poder de Dios.

Ésta debe ser la confesión que hagan los míos, cuando llegue la hora de confesar mi fe. La mejor virtud de un cristiano es no hacer caso a los juicios de los hombres. No hay mayor maldad que la hipocresía. Ella envenena y seca los sentimientos del corazón. Para el hipócrita no hay virtud. El hipócrita es mentiroso. Tiene que obrar así, puesto que no le conviene que su adversario salga a flote.

¡Cuántas reuniones de bandidos y criminales se juntan para dar el golpe definitivo a mi Iglesia! Mas, no prevalecerán contra Ella. Yo os he prometido estar con vosotros hasta la consumación de los siglos. Haced caso a mis consejos; y ¡ojalá que estas palabras mías queden bien grabadas en vuestras almas, para que de esa manera sean bálsamo que cicatrice las horas de angustia en los días de prueba!

Os da la bendición triple vuestro Jesús”.


Núm. 20.- Explicación de la Santísima Virgen sobre interpretación que algunos dan al cargo conferido al autor

Después de contestarme cabalmente la Santísima Virgen a cinco preguntas mentales, dijo: “Cierta persona piensa pedirme consejo, mas no lo he de recibir. Para dar Yo los consejos no hubiese puesto al Padre. Si algo me llevó a obrar así, fue el que vosotros, los míos, no os habían de creer. Le puse a él para que a él se le hiciera caso, para que el pudiese contestar a muchas cosas, que a vosotros, los míos, os hubiese sido difícil. Como vosotros no sois más que instrumentos míos, hay muchas cosas con respecto a las cuales no hacéis sino repetirlas, pero que vuestras inteligencias no son capaces de concebirlas y vosotros de expresarlas. Por eso le puse a él, para que estudiara los casos e hiciese lo que más acertado fuera.

Hay personas que quieren anteponerse a mis designios. Estas personas no encontrarán mi auxilio. Que vayan a buscarlo a quien Yo lo he confiado; que vayan a consultar a aquél que Yo he elevado. No quieren rendir su juicio. Tienen mucho orgullo y amor propio. Son muy dueños de su voluntad.

Para vivir y ser de mi agrado, es necesario vivir de mi voluntad y prescindir de la que tengáis vosotros. Si queréis ser míos habéis de hacer lo que Yo quiera por mandato de él. Habéis de pisar vuestro orgullo, sometiéndoos a las pruebas que, por su mano, os envío. Sólo así seréis del agrado de vuestra Madre. Desgraciado de aquél que no siga mis consejos, porque a la hora de mayor angustia no lo escucharé. Bienaventurado el que los practique, porque en el gran día, la Madre sabrá ponerlo en el lugar que se mereció. María.”


Núm. 21.- Alocución de Jesús sobre el arrepentimiento

“Todos fueron culpables de mi muerte. Todos dijeron que sí en la sentencia que dieron contra Mi persona. Es preciso, dijo con voz potente, a todo el concurso, el sumo sacerdote, es preciso que Él muera para que no perezca el resto de la gente. Yo, conforme con la voluntad de mi Padre, cogí la cruz y fui camino del Monte para ser sacrificado por la salvación del mundo. Y así se llevaría a efecto la redención del pecador. Escucha atenta, hija mía: Mírame salir con la cruz a cuestas, sirviendo de risa, escarnio y burla a toda la gente. Esta gente está dividida en dos bandos: unos me miran con odio y rencor, otros lloran y se arrepienten. Para los primeros, mi Pasión y Muerte les sirve de condenación. Para los segundos les sirve de salvación. De los primeros, el primero que se condena es Judas. Éste sigue con su vista a su Maestro en todo el proceso de Mi causa. Cuando llega a Mi sentencia, se arrepiente y devuelve las monedas diciendo: He pecado, porque he vendido la sangre de un inocente. Yo le sigo con mi vista, y en los ojos de su conciencia ve la bondad Mía para con él. Y en sus oídos resuenan las dulces palabras de Amigo mío. Todo puede servir para su arrepentimiento. Todos los recuerdos pueden obligarle a que así lo haga. Mas no se arrepiente de veras. En su arrepentimiento está la desconfianza y cree que su delito es tan grande que no alcanzará misericordia, y ese solo pensamiento le obliga a ahorcarse.

Con la cruz a cuestas me ve Pedro, y con sus ojos llenos de lágrimas me sigue con la esperanza del perdón. No viene a defenderme, porque ve que es el mandato de mi Padre el que me obliga a beber, hasta las heces, el cáliz de la amargura. Tengo que consumirlo para la salvación del mundo, y él me sigue de lejos, dándose golpes de pecho en señal de verdadero arrepentimiento.

Hija: Quisiera Yo, vuestro Jesús, que os fijaseis en lo que os digo. Los dos son discípulos míos; a los dos quiero igual; los dos me han ofendido. Uno me ha vendido como se vende una bestia; otro me ha negado con juramento, como se rechaza a un pecador. Los dos me ven camino de la muerte cargado con la cruz de sus maldades. Uno se arrepiente con esperanza de alcanzar perdón; otro se arrepiente sin esperanza de conseguirlo. Para uno mi cruz es su salvación; el otro, a pesar de mi cruz, se condena.

De la gente que me seguía, un grupo de mujeres se conduele de Mí. Pero los fariseos, los sacerdotes, los soldados, en sus caras se reflejaba el odio y la maldición. Todos piensan en el suplicio, pero nadie se conduele de Mí. Aquellas mujeres y algunos niños, sin temor al orgullo de los escribas y a los sacrílegos sacerdotes, llegan hasta Mí llorando, y se conduelen de Mi persona. Mas sus lágrimas no sirven, porque las derraman por verme así, debiendo llorar por el pecado, única causa que así me puso.

Quiero que a los míos os queden bien grabadas estas enseñanzas. No consiste en condoleros de mis sufrimientos, sino en saber llevar la cruz vuestra con amor, con odio al pecado, con arrepentimiento del mismo, dispuestos a recibir con alegría todas las cruces que mi Padre Celestial quiera enviaros. Porque al final, no serán coronados más que aquellos que lleven la cruz de su sufrimiento y pasiones con el verdadero arrepentimiento de ellas.

Di a los míos que mediten, que piensen cuál de los dos les conviene. Cuál de los dos me es más agradable y en cuál de los dos van a sacar más partido. El mundo no os importe. Las cosas se suceden y se sucederán todavía más torcidas. Veréis que los canallas ocupan buena posición, y los que sois míos, por el mero hecho de pertenecer a Mí, sois calumniados. No os importe. Sufrid, orad, obrad, callad: Éste es el deseo de vuestro Padre, que os ama y os da su bendición. Jesús.”

________________________
Los Hechos Ezquioga publicados en este sitio:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/los-hechos-de-ezquioga/

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