Las ciencias psicológicas y psiquiátricas, aplicadas a los éxtasis y raptos de los videntes de Ezquioga, dan por resultado que ninguno de éstos sufre anormalidad de la mente.

Tomado del Libro: “Los Hechos de Ezquioga ante la Razón y la Fe”
Escrito por: Fr. Amado de Cristo Burguera y Serrano, O.F.M.

Capítulo VI
… continuación

t) Un ejemplo entre muchos. El reputado director de un establecimiento oficial de alienados es interrogado amablemente por otro no menos reputado médico en ejercicio continuado, por un abogado de muchos años y otros señores que acompañan a éstos, que tienen un interés en esclarecer la doctrina precedente, para que sea aplicada precisamente a los casos que, con motivo de la persecución a los videntes de Ezquioga, van ocurriendo.

El grupo de señores visitantes expone al médico director la doctrina psico-mística sobre las visiones, que él ha examinado y examinando va, a tenor de los casos que se van presentando. Su conclusión, acompañada de razones y pruebas indestructibles, que el mismo director ha abonado con su silencio, es ésta: “Señores, yo en todo esto no tengo más conclusión que la siguiente: Si los llamados videntes vieran realmente, yo también vería; y ustedes, asimismo, verían; y todos los que presentes estuvieran en un mismo local, verían igualmente.  Cuando no vemos es porque ellos tampoco ven. Son alucinaciones, como las que padece los demás alienados…” ¿…? (Quedamos minutos antes en que ningún vidente es manicomiable)

Y preguntamos: Después, que atentamente se ha leído la doctrina mística, la patológica y la psíquica sobre las visiones: ¿qué tal parece la conclusión y el razonamiento del doctor nada menos que director de uno de los más celebrados manicomios…?

u) La telepatía. Hay en el cerebro humano, dicen ciertos hombres de ciencia, un centro nervioso, una célula, cuya función es adivinar lo que pasa a distancia; y así se da el caso de conocerse y compenetrarse dos personas que jamás se han visto ni conocido. Esta célula está todavía poco desarrollada, por lo que son escasamente generalizados sus fenómenos.

A esto llaman telepatía. Los que la han profundamente estudiado, la definen, diciendo que es “la percepción extraordinaria de un fenómeno ocurrido fuera del alcance de los sentidos”. Según la mente de F. W. H. Híers, que la propuso en 1882, significa “la comunicación de cualquiera clase de impresiones de un espíritu a otro, verificada independientemente de las vías sensorias”. Quieren que haya telepatía espontánea y experimental. Cuando la telepatía se la quiere sacar de quicio, se la confunde con el espiritismo.

Sobre la telepatía en sí considerada, que ni es ciencia ni arte, he aquí las conclusiones extractas de un recién trabajo científico:

“Prescindiendo de las pretendidas experiencias de lectura del pensamiento, en las que interviene el fraude y la prestidigitación, muchos, por lo menos, de los casos que se aducen a favor de la telepatía, consistentes en la transmisión de imágenes de movimiento o dirección y de no movimiento, pueden explicarse cierta y satisfactoriamente sin ella, por señales inconscientes dadas por el transmisor y producidas por el sujeto hiperestésico.

Hay algunos casos en los que la hipótesis de la telepatía se presenta como inmensamente más fácil que la de la hiperestesia.

Mientras no se descubran las condiciones fijas en las que el fenómeno debería necesariamente obtenerse, no es posible tributar a la telepatía los honores de una conclusión científica cierta.

Por esto, la telepatía no es más que una hipótesis más o menos probable, si se quiere única para algunos casos, pero, al fin y al cabo, solamente una hipótesis, que podrá ser substituida por otra mejor en la ciencia de mañana”.

v) El Ocultismo. Es tan antiguo casi como la sociedad. Las pitonisas, los oráculos paganos, los adivinos, es espiritismo: todo esto que se conoce bajo el pomposo nombre de “ciencias ocultas”, en que lo mismo puede actuar el mal espíritu que la prestidigitación y el compadrazgo o ambos unidos, merecen atención al observador, particularmente por la relación, aparente al menos, que muchos pudieran considerar con los Hechos de Ezquioga.

Los que no creen en Dios ni en su Revelación, creen en la astuta pitonisa, que sabe sacarles los cuartos a cuenta de hermosas mentiras. Los que no creen en las profecías divinas creen en los pícaros zahoríes y en las redomadas gitanas que, por alguna dádiva, les refieren halagadores disparates. Los que no creen en las Apariciones místicas, creen en las apariciones del espíritu en el salón de las sesiones espiritistas, y confunden o pretenden igualar el médium con el vidente auténtico. Está la sociedad tan materializada, que, percibiendo las sensaciones que produce la materia, no perciben los latidos de lo sobrenatural; y cuando ven algún fenómeno de éste, corren a compararlo y quizá a identificarlo con los fenómenos de aquella. 

Los que hasta hace poco propalaban: “No vayan a Ezquioga, porque en Ezquioga no hay nada”, ahora, al ver el gran fracaso suyo, han cambiado de táctica y enseñan que “hay algo, pero que lo que hay es espiritismo”. El objeto no es el no dar el brazo a torcer, y ver, si por este lado, los Hechos de Ezquioga se desacreditan, y caen en el vacío y olvido, lo mismo que ocurrió en Limpias. Pero, “están verdes”. Vamos, pues, a ver si contestamos a este formidable reparo, que se va apoderando de las inteligencias algo más de lo que parece.

w) El espiritismo. Una cosa es que en Ezquioga, como en todos lados donde se frecuenta la oración y la vida íntima de las almas, haya intervención del diablo, como tentador, sugestionador y perseguidor de los hombres, mediante la imitación, cuyo oficio tiene; y otra cosa es la invocación expresa o tácita del diablo para fines no lícitos, aunque no lo parezcan; y por esta invocación la participación del mismo en los asuntos de los que le invocan o con él juegan inocentemente al parecer, en que estriba el espiritismo, y su acción en cierta masonería. Porque no hay que jugar, ni por bromas, con el diablo, quien, si se presenta a donde no le llaman, mucho más se presentará a donde le conozcan o le invocan.

Como la falsa especie de que lo de Ezquioga es puro espiritismo, se va propalando más que de prisa, vamos a establecer puntos de comparación entre éste y lo de Ezquioga, al objeto de que el menos avisado sepa a qué atenerse.

“Dícese que el espiritismo se vale de los médiums y de las mesas volantes para las respuestas que desean, así como las Apariciones de Ezquioga se valen de los videntes y de los éxtasis de éstos para las mismas”.

Poco a poco: Las obras se conocen por sus principios u origen, sus medios, su fin, sus respuestas, y sus efectos.

Por sus principios: El espiritismo reconoce como origen la actuación directa del demonio y hasta de otra alma, condenada, en comunicación con él; mientras que los Hechos de Ezquioga reconocen como fuente, la actuación divina y los seres que del orden divino dependen en comunicación con ella.

Por sus medios: El espiritismo se vale del artificio en salones a propósito, con cambios de luces y obscuridad, su contacto de manos sobre la mesa y las interrogaciones de los asistentes interesados; mientras que los Hechos de Ezquioga se realizan en el campo raso, y no se valen de otra cosa que de la humilde oración a Jesús y a María, sin mezcla de artificio humano; y es tan sin humano artificio que, a veces, viene el éxtasis místico sin la oración o precediéndola.

Por su fin: El espiritismo busca fines temporales: dinero, acciones reprobables, cuando menos pasatiempo, jamás fines en orden al cielo, es a saber, la gloria de Dios y la santificación y salvación humanas, blasfémese o no del divino Nombre y reniéguese o no de las criaturas; mientras que las Apariciones de Ezquioga anhelan fines santos y en orden a la eternidad feliz, precisamente lo contrario de lo que ansía el espiritismo.

Por sus respuestas: Todas las respuestas que da el demonio son falaces y perjudiciales en algún modo. Pueden —no siempre— ser exactas con relación al pasado y a lo presente, nunca con relación al porvenir que, dependiendo de las causas contingentes, sólo de Dios puede ser conocido. Por lo demás, téngase muy presente que el diablo, en ningún caso, puede penetrar el pensamiento y el corazón humano; mientras que los videntes, en la medida de la voluntad divina, que se les comunica, penetran el pensamiento, el corazón y el porvenir.

Por sus efectos: Con el espiritismo se obtienen, a veces, enfermedades desastrosas. Tales, como sustos, insomnios, enfermedades graves, golpes súbitos, caídas funestas, perversiones del corazón, apostasías de la fe y entregas del alma al diablo, a cambio de conseguir reprobados deseos; mientras que las Apariciones de Ezquioga, sin obtener nada de todo esto, alcanzan la conversión y la paz del corazón y lo que se necesita para la obtención de la santificación y salvación eternas.

Tal es el parangón entre el espiritismo y los fenómenos de las apariciones de Ezquioga: Los que las persiguen a causa de espiritismo podrían darse una vuelta por el Club Náutico de San Sebastián, v. gr.; y conocer vis a vis a aquel, para ver si nuestra relación precedente resulta exacta; y luego, cuando pasan a Ezquioga, examinar también sus Hechos, para poder establecer su diferencia con los del espiritismo, y notar si nuestras apreciaciones son cabales.

Decir que los Hechos de Ezquioga parten del espiritismo, no es ignorancia: es maldad refinada; porque, reconociendo que, en efecto, hay “algo”, este “algo”, dicen es perverso, por cuanto se está informado por Satán.

Y no hay nada más lejos de esto que la realidad de Ezquioga:

  1. Porque esta realidad jamás invoca  al demonio para nada, y si alguna vez le nombra, es para despreciarlo y batirlo.
  2. Porque todo el que entiende directamente en las cosas de Ezquioga es católico, apostólico, romano, ferviente, dispuesto a dar su vida por la fe de esta Santa Iglesia Católica.
  3. Porque, aprueba, alaba, y ama precisamente todo lo que el espiritismo desaprueba, desprecia y odia, y
  4. Que en consecuencia, es el mismo demonio el que persigue con saña a los videntes, heraldos de las apariciones de Ezquioga; los cuales, si fueran espiritistas, serían, por el contrario, mimados por él. ¿Qué tienen que ver los fenómenos extáticos con las operaciones del espiritismo? ¡Señores: tengan lógica y buena fe, no se desacrediten, pretendiendo desacreditar inútilmente las cosas de Ezquioga!

    x) ¿Qué son, entonces, realmente las visiones y revelaciones, psiquiátricamente consideradas? Vale mucho la pena de que nos adentremos en el asunto para ilustración de los convencidos y, sobre todo, para persuasión de los reacios al convencimiento. Porque creemos que los que no admiten nada en este respecto han de doblegarse forzosamente ante las razones que vamos a exponer; de lo contrario, ¿podrían contestar satisfactoriamente a los interrogantes que siguen?

Tratamos, como en todas nuestras experiencias, de videntes sanos, de aquellos a quienes no se les ha probado que adolecen de enfermedades psicasténicas y psiquiátricas, y además de videntes auténticos.

Están en éxtasis, o como se dice vulgarmente, “en visión”, insensibles al modo explicado; —Capítulos IV y VIII— y, sin embargo, ven y perciben y oyen y se mueven espiritual, cuando menos, y también corporalmente. Ven y perciben objetos y seres en forma, color, olor y sabor proporcionales. Particularmente, ven y perciben una luz tan extraordinariamente potente, que supera en mucho a la del sol, y que envuelve a la Aparición, no obstante pueden mirar fijamente, sin que les hiera ni levemente moleste la retina.

 Y oye su voz, clara, natural, equilibrada, rotunda, insinuante; y notan sus movimientos naturales, cuando les miran, atienden, hablan, rezan y ordenan.

Y los ven y perciben y oyen y notan sus movimientos, no como en cinematógrafo, si se quiere sonoro, sino como en función escénica de las tablas, excepción hecha de la farsa, con sus trajes, acompañamiento decoración y armonía, todo ello proporcionado, regular y exacto.

El concepto formado por los videntes (avispados e ignaros) dentro del éxtasis, es que en todo este extraño funcionamiento no hay nada fuera de lo racional, sensato, ponderado y cristiano. ¿Qué es esto? Aquí, como anteriormente, no cabe duda que funcionan leyes contrarias a las naturales.  ¿Qué, pues, hay aquí?

Sobre todo, los casos de bilocaciones, bipersonaciones y desdoblamientos de la personalidad,  —Cap. X—  en que son dos sujetos, o dos modos de obrar, a la vez, los que en un mismo agente se patentizan, ¿qué hay aquí?

Observad atentamente los hechos; desagrupadlos, desdobladlos, simplificadlos, contadlos, examinadlos; atended a las leyes naturales que les son francamente contrarias; y decidme, luego, si en ellos no se realizan tantos prodigios cuantas leyes naturales dejan de realizarse.

¿Diréis que todo ello es alucinación? Mas, ¿no hemos advertido que en tales videntes probados no existen defectos psiquiátricos?

¿Diréis que, aunque no sean defectos de la mente, la prevención, la predisposición y el deseo de la visión podrían ser éstas como causas determinantes de la visión? No; porque, aun cuando supongamos que este caso se realizara a causa de lecturas, meditación y anteriores visiones: la Aparición, que es la causa de la visión y audición, se presenta, no cuando el vidente desea, sino cuando ella quiere y aun contra lo que el vidente apetece; y oye y obra lo que no espera y aun en contra de lo que espera.

¿Cómo es que el sujeto, afectado de estas visiones y audiciones, y movimientos, se halla no sólo contento y satisfecho de encontrarse en posesión y goce de ellas, sino que apetece que no concluyan; y así estaría horas, días, meses y años, sin ingerir alimentos, evacuar, dormir y sentir necesidad natural alguna; y sin embargo, tales visiones y audiciones y movimientos concluyen y desaparecen cuando el sujeto menos piensa y quiere? ¿Qué es lo que hay aquí?  ¡Cuántas leyes desconocidas en contra de otras conocidas!

Y no es que las visiones y audiciones son subjetivas, esto es, radicantes, respectivamente en los ojos, oídos, tacto e imaginación del vidente; porque, entonces, volveríamos a los defectos psiquiátricos, los cuales, dejamos dicho, que están ausentes de los videntes probados; sino que son objetivos, esto es, radicantes fuera del sujeto vidente, y por tanto, absolutamente independientes de éste. Con la particularidad de que se dejan rogar para mostrarse; y rogándolas, de ordinario aparecen, no como en cine, según quedó advertido, sino realmente, viniendo y marchando con una celeridad incomprensible, con la celeridad comparable a la del relámpago. ¿Qué son, pues, estas apariciones?

Deben ser, sí, objetivas con relación al sujeto vidente, subjetivas en sí mismo: reales y personales vivientes. ¿Pero, de dónde y cómo y para qué aparecen? Éste es el misterio que encaja en el molde de la teología mística y que nosotros explicamos en este libro. Mas, ¿quién entra plenamente, totalmente aquí? Si la ciencia teológica acaba por expresar: “¡Oh cuán incompatibles son, Señor, tus juicios!” —Rom. 11, 23— ¿Qué han de expresar las demás ciencias? Al menos callen y veneren.

y) Estudio psicológico de ciertos casos místicos, entre cuyas leyes en función anda una gradación de visibles milagros. Somos observadores directos y entramos a la parte repetidas veces en dichos casos. Las videntes, como Mª Recalde, Benita Aguirre y otras sanas de cuerpo y alma, quedan en probado éxtasis. Hablan conceptos, muchos, desconocidos e ininteligibles para ellas, precisamente los que hacen falta al testigo a quien van dirigidos, o que éste pregunta, o que el agente invisible, a quien ven y con quien comunican los videntes, quiere entienda o haga: Las locuciones son racionales, interesantes, de cielo.

Pero sucede aquí una cosa extraña, sorprendente. Y es que el vidente ignora totalmente lo que el agente invisible expresa; mientras que el testigo, que es el que pregunta a la aparición, (agente invisible) sin verla, es el que recibe de ésta las respuestas.

Por manera, que la aparición y el testigo se entienden perfectamente, mientras que el vidente únicamente opera de simple instrumento parecido al musical. —Los videntes, durante sus éxtasis, vienen a obrar como tubos de órgano, cuyo fuelle es el agente invisible; el tubo, la laringe; y la lengüeta, las cuerdas vocales con la lengua y boca.  Cesa de funcionar el fuelle, y cesa de sonar también el tubo del órgano.  La prueba está en que, antes y luego de funcionar el fuelle, el vidente ignora completamente lo que por su laringe y boca pasa.— En el detalle únicamente se descubre que obran aquí varias leyes naturales: audición y transmisión oral de la audición, sin facultades mentales de lo que se ha oído y preferido. Y, estando en el mismo plano, al parecer, el testigo, ni oye ni entiende a éste; quien oído, y entendido por otros testigos, y sobre todo, por la aparición, no es oído ni entendido por el vidente, quien, recogiendo de nuevo, las respuestas de aquél, y que, dejamos dicho, las oye y transmite, no las entiende ni retiene.

Si oye a la aparición y transmite du dictado, debiera forzosamente entenderla. Obra, pues, mecánicamente. Por la misma razón, debiera ver y oír al testigo. Y claro está; como las respuestas que la aparición da, corresponden a las preguntas del testigo, el vidente se extraña del dictado que da la aparición. —En los caso de que hablamos es Jesús y María particularmente, y no el vidente, los que hablan al testigo. La mayor parte de los documentos que integran la Documentación Serie B, nº 1, Secc. II y otros que en esta obra aducimos, pertenecen a este linaje de casos.—

He aquí unas leyes naturales en completa oposición a otras leyes de su mismo linaje. Entre ambas anda una gradación de milagros

Metapsíquica

Hasta aquí hemos estudiado a las ciencias psicológicas y psiquiátricas en relación con los éxtasis y raptos de Ezquioga; y hemos visto cómo los defectos de la mente no rozan ni aún levemente dichos éxtasis y raptos. Más, hemos afirmado, al principio de este capítulo, que se nombra por ahí una ciencia, llamada metapsíquica, que estudia lo que está más allá del alma. Veamos, pues, (porque hay que examinarlo todo, no dejando ningún portillo abierto) si los fenómenos de esta modernísima ciencia explica los fenómenos místicos de Ezquioga.

El presbítero D. Ricardo Sánchez Varela, en una atinada Obra que, hace poco, dio a luz con el nombre de “Eva y María”, —Eva y María. Fenómenos diabólicos y milagros que demuestran el cumplimiento de la promesa hecha en el paraíso —1925— Tip. Catól. Casals, Caspe, 108.— Barcelona— en su capítulo 4º, ha tratado magistralmente los problemas de metapsiquismo, de los que nosotros no haremos sino dar un simple esbozo, particularmente en lo que afecta a la relación que pudieran tener con los éxtasis de los videntesy pseudovidentes de Ezquioga. El caso estriba en sí todos estos fenómenos de metapsiquismo, nombre dado en 1905 por el Dr. Richet a esta materia, no puestos todavía muy en claro, destruyen o aminoran la doctrina que los teólogos sientan sobre los fenómenos místicos.

z) ¿Inconsciencia o subconsciencia? La inconsciencia tiene lugar en el profundamente hipnótico, cuando sin premeditación, ejecuta el mandato del hipnotizador; o también en las operaciones que maquinalmente ejecutamos y a que nos inclina el carácter. Tanto el uno como el otro caso, y lo veremos más extensamente luego, no rezan con el extático, porque la base sobre la que éste se asienta es la insensibilidad, en lo material; y el ejercicio de las potencias del alma, en lo espiritual, cosa diametralmente opuesta a los estados inconscientes o subconscientes.

aa) ¿Transmisión de pensamiento y cumberlandismo? Pregunta el presbítero Varela: ¿Se puede comunicar el pensamiento por una mera sugestión mental? Se contesta: “El citado Dr. Richet —Eva y María; Tratado de metapsíquica, pág. 161 y 162.— divide los individuos recipientes en varias clases, que son: sujetos normales con sensibilidad ordinaria, sujetos normales muy sensitivos, hipnotizados y médiums espiritistas. De los primeros a los últimos, como por escala gradual ascendente, hay probabilidades de aciertos.

Tanto los autores católicos como los racionalistas dan la siguiente explicación a la transmisión de las ideas: Cuando discurrimos trabajamos con ciertos órganos del cerebro; es cierto que no sabemos en qué consiste este trabajo; pero tal vez sea una operación capaz de encontrar un eco en otros órganos análogos que estén cerca; pues lo mismo sucede en muchos aparatos menos complicados que nuestro cerebro: así vemos que la corriente eléctrica del carrete inductor da origen a la corriente eléctrica del carrete inducido; el objeto que se retrata deja su imagen en el cliché colocado en la máquina fotográfica; el sonido de un instrumento musical encuentra resonancia en otro instrumento; la antena radiotelefónica emite ondas que producen iguales sonidos en el aparato receptor, etc., etc.

Con la transmisión del pensamiento tiene gran semejanza la hipótesis de que un individuo, solamente con ponerse en contacto con otro puede encontrar los objetos escondidos o ejecutar alguna acción sencilla, según la intención o el pensamiento de este director. A esto se llama cumberlandismo, por ser Cumberland el que lo inventó; pero muchos son de opinión de que aquí no hay transmisión de pensamiento, y sí una exquisita sensibilidad por parte del dirigido para dejarse guiar por los impulsos o presiones que inconscientemente le da el director.

¿Puede acaso, la transmisión del pensamiento tener puntos de contacto con la revelación mística, y con el conocimiento mutuo de videntes? Contestamos negativamente, porque en ninguno de ambos casos dichos, actúa la sugestión mental, puesto que el vidente, en éxtasis auténtico, independientemente de su voluntad, memoria e inteligencia, recibe el conocimiento de los conceptos o cosas que se le revelan. El cuerpo está como muerto y el alma como absorta. Luego, ni la transmisión del pensamiento ni el cumberlandismo metapsíquicos, pero siempre naturales, tienen nada que ver con la comunicación extática, que es enteramente sobrenatural.

bb) ¿Fenómenos de difícil clasificación? Así califica el presbítero citado:

  • Las maravillas de los faquires indianos.
  • Los animales calculadores.
  • Los niños prodigio.
  • La visión a través de cuerpos opacos.
  • Otras facultades extraordinarias anormales. —Eva y María, pág. 183—. 

De los cuales podemos afirmar, con dicho autor, que las maravillas de los faquires que, según dice el Dr. Bataille, citado por el Sr. Varela, forman una secta satánica; los animales calculadores, en los que debe intervenir el diablo; y las otras facultades extraordinarias anormales, de intervención ídem; los restantes pueden atribuirse a potencialidad humana; ya que los excepcionales casos que se registran bajo los apartados c) y d) demuestran la disposición asombrosa de ciertas humanas naturalezas para determinados asuntos. Mas estos casos son perfectamente naturales; nada tienen de preternaturales, como los de los apartados a), b) y e); y menos aún de sobrenaturalidad, como lo son los éxtasis auténticos.

Los de que en todo lo de Ezquioga primeramente no quisieron ver nada; y luego leyeron a algún Croockes, Tuys, Ochorowicz, Rochas, Beaunis, Richet, Janet, Charcot, Lombroso, Coste, Darieux, etc., que estudian los fenómenos de ocultismo y espiritismo (Metapsíquica) y que se asombran ante la telepatía, movimientos de objetos materiales no explicables por la Física, como la levitación o elevación espontanea de un cuerpo, entrando en ellos apariciones, etc., y a los que Coste denominaba fenómenos trascendentalizados del hipnotismo, y que o son producidos por el diablo, cuando no por fraudes y supercherías… ahora, declaran muy orondos que lo de Ezquioga es demoníaco.

La primera vez enormemente se equivocaron; porque había algo y muchos algos. La segunda vez también enormemente se equivocaron; porque, si hay algo del diablo, es sólo por vía de intervención en los verdaderos videntes, y por vía de acción o posesión en los falsos; y si hay alguna superchería, en quienes no han sido jamás videntes, y los ignorantes o apasionados los toman por tales, esto no significa nada comparado con lo que realmente hay de sobrenatural en los videntes auténticos, que es precisamente lo que no se quiere ver, lo que no se quiere entender, lo que no se quiere aceptar. Y a esto, ciertamente, no hay derecho.

cc) Los creyentes a medias. En el apartado rr) decimos que “los que no creen en las apariciones místicas, creen en las apariciones del alma en el salón de sesiones espiritistas”. Mas, añadimos que los que no creen en las apariciones de Ezquioga, luego de probadas, creen en las apariciones hechas, no digo ya a un siervo de Dios, canonizado y beatificado, sino a otro u otros por beatificar. Piénsese que por el hecho de la canonización de un santo, la Iglesia no obliga a que se crea en sus apariciones y revelaciones, sino que, en general, permite se crean piadosamente, mientras nada contra la fe y buenas costumbres ofrezcan; fuera de aquellas que están especialmente aprobadas por la misma Iglesia.

Ahora bien; las apariciones y revelaciones de Ezquioga, humano modo, en cuanto nada contra la fe y buenas costumbres ofrecen, pueden equipararse, al menos, a las de los siervos de Dios, todavía no canonizados. Nada hablamos aquí de licencias eclesiásticas dadas para la impresión de libros en que tales apariciones y revelaciones se contengan. Hablamos de las apariciones y revelaciones objetivamente consideradas. ¿Se creen las de los siervos de Dios mencionados, y no se quieren creer las hechas por Jesús y la Virgen a los videntes probados? Examínense; pero, una vez que en ellas nada se encuentre contra la fe y costumbres católicas; ¿por qué a unas se las da asentimiento y a otras no? ¿No es esto ser creyentes a medias? Y añádase, en cuanto a las de Ezquioga, que las apariciones y revelaciones pueden ser probadas experimentalmente es, a saber: en los instrumentos que aún viven; mientras que las de los siervos de Dios fallecidos, únicamente descansan en la fe histórica.

————————

Acabamos de ver cómo la ciencia médica general actual, tanto la psicasténica como la psiquiátrica, no pueden explicarse los fenómenos del éxtasis

Dejamos dicho la actual; porque, si repasamos la historia de la medicina, veremos, cómo hasta los tiempos de la enciclopedia francesa, en la que cristalizó el racionalismo, la medicina, entre cristianos, fue cristiana, y entre no cristianos, llevó la sana y rica savia de ésta. Buena prueba con las actas conciliares, cuando rozan este punto, particularmente el Concilio de Letrán, disponiendo sobre la obligación grave de los médicos en cuanto a avisar a los enfermos de gravedad para que reciban los Santos Sacramentos. Y esta disposición, no cabe duda, que obedecía a que algunos doctores, influenciados ya por el protestantismo, descuidaban su deber tradicional.

La actualidad científica medical, tanto como casi todas las ramas del saber humano, al independizarse de la Religión, que es tanto como separarse de la verdad (pecado liberalístico), ofrecen escasas y aun dudosas garantías para el contraste de los milagros, contando en estos al éxtasis místico.

Pero, así y todo, diversos regímenes médicos, como el hidroterápico, al frente de la cual va el sacerdote Kneip, con su seguida escuela, con Kunne y la suya, como más en contacto con la pura naturaleza, ofrecen menos óbices a la explicación y reconocimiento del éxtasis que la medicina escolástica.

Esto, de un lado; de otro, es tristísimo que, mientras en otras partes de Italia, v. gr., para conocer exactamente la substancia que derramó el famoso Crucifijo del Hospital de Santa Clara, de los religiosos josefinos, de Asti, se han empleado todos los procedimientos modernos: el macroscópico, el microscópico, el espectroscópico y el químico; y para evitar toda posible mistificación, se ha empleado la radiología, manejados todos ellos por reputados doctores. Aquí, en España, por lo que afecta a Ezquioga, en derredor de la cual son ya varios Crucifijos e imágenes de Jesús y María, que han derramado sangre, según se verá más adelante, se huye del examen —que es dar las espaldas a la luz—, y hasta se ocultan los casos por miedo a la persecución, burla y rechifla de los que lo viven de espaldas a Cristo y María o temen confesarlos.

Conclusiones

Son las siguientes:

  1. Las ciencias psicológicas y razonablemente psiquiátricas, aplicadas a los éxtasis y raptos de los videntes de Ezquioga, dan por resultado que ninguno de éstos sufre anormalidad de la mente, y por tanto, menos son manicomiables.
  2. El asunto de las visiones y revelaciones no pertenece a estas ciencias.
  3. Tampoco la metapsíquica, aunque roza más los fenómenos ultra-anímicos, ofrece ninguna conclusión seriamente filosófica en contra de los éxtasis y raptos místicos.

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Los Hechos Ezquioga publicados en este sitio:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/los-hechos-de-ezquioga/

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