“Así como el fuego se alimenta con el combustible, así Mi Misericordia se alimenta con las miserias que consume”

Tomado del Libro: “Los Hechos de Ezquioga ante la Razón y la Fe”
Escrito por: Fr. Amado de Cristo Burguera y Serrano, O.F.M.

Declaraciones de Benita Aguirre
…(continuación)

23 Diciembre 1933. “Los pecados de los hombres son los que destrozan este Corazón divino, y tiene tan grandes deseos de santificar a las almas. Las resistencias que éstas me oponen le hieren, y por el contrario, ¡qué consuelo reciben aquellos que corresponden a sus invitaciones! Quiero que todas las criaturas sepan que la mayor ofensa que pueden hacer a mi Corazón es dudar de su bondad. Mi Corazón no sólo se compadece, sino que se regocija cuando haya mucha materia en qué ejercer la reparación, con tal de que no vea malicia”.

24 Diciembre 1933. “Si supierais lo que haría en un alma, aunque estuviera llena de miserias, si ella me dejara obrar… El Amor de nada necesita, sólo desea no encontrar resistencia. Y frecuentemente lo que exijo de un alma, a la que quiero hacer muy santa, es que me deje obrar en ella. Las imperfecciones del alma, cuando no son consentidas, no me disgustan, sino que atraen la compasión de mi Corazón… ¡Amo tanto a las almas! Las imperfecciones deben servir al alma como de escalones para subir a Mí, por medio de la humildad, la confianza y el amor. Me inclino hacia el alma que se humilla; voy a buscarla en su nada para unirla conmigo”.

25 Diciembre 1933. “¡Si supieran la pena que a Dios le causan dudando de su bondad divina! Por grandes, por enormes y numerosos que sean los pecados de mis criaturas, estoy dispuesto no sólo a perdonarlos sino a olvidarlos, con tal de que los pecadores se vuelvan a Mí”.

26 Diciembre 1933. “Cuando un alma se arrepiente, cuando detesta el pecado, que tuvo la desgracia de cometer, cuando le llora de todo corazón, ¿me creeríais tan duro que no lo olvide? No conoceríais mi Corazón si lo juzgaseis así. Mi amante Corazón tiene tal hambre y sed de los pobres pecadores, que cuando un alma empieza a volverse a su Dios, ya mi Corazón no puede contener y corre a su encuentro”.

27 Diciembre 1933. “No me descorazonan las miserias, con tal de hallar una buena voluntad. En habiendo buena voluntad, hay probabilidad de trabajar. Mi amor se alimenta consumiendo miserias, y el alma que mayores las traiga, con tal de que tenga corazón contrito y humillado, es la que más me agrada, por darme mayor ocasión de ejercitar mi oficio de amante Salvador”.

28 Diciembre 1933. “Así como el fuego se alimenta con el combustible, así Mi Misericordia se alimenta con las miserias que consume; y mientras mayores sean las que tenga que consumir, más se engrandece mi misericordia, como sucede con el fuego que se aviva a medida que le echan combustible. Si se supiera lo que goza Mi Corazón cuando creen las criaturas en su amor, y ¡creen tan poco el Él…!”

29 Diciembre 1933. “¡Oh!, con mis Crucíferos hago lo que quiero, con ellos puedo andar a mis anchas, ellos me abren las puertas de su corazón de par en par. Son azucenas, pero entre espinas muy punzantes. Hace algún tiempo aprieto las espinas de sus alrededores a fin de que les pinchen. Algunos de los corderos se enfrían, pero que no se turben, pues Yo les prometo guardar a todos dentro de Mi Corazón”.

30 Diciembre 1933. “Yo soy el Amor. Mi espíritu es suave, y es preciso atención para sentirle. Así como el árbol necesita de un viento impetuoso para mover su tronco, sobre todo cerca de sus raíces; y para mover las ramas basta un viento menos fuerte (aunque fuerte también), pero las hojas, por poco que sea el viento, se mueven; así sucede con las almas. Para mover a los pecadores más obstinados todo se necesita. Para otras almas, aún se requiere trabajo, empero las almas fieles sienten súbitamente las inspiraciones, y las mismas inspiraciones no son sentidas de todos. Vosotros no seáis como una hoja cualquiera, sino como una hoja muerta, que la arranca el viento y la lleva donde quiere”.

31 Diciembre 1933. “Al principio de este año, que hoy terminamos, os manifesté que éste era el año de los castigos. Sí, hubieran llegado, si no se hubiera hecho mucha oración, pero ha sido bastante la que se ha hecho. Ahora bien, si no se enmiendan los hombres, éste que empezaremos, será el año de los castigos. Mucho he esperado y no puedo esperar más, pues la tierra se volvería infierno. ¡Oh! Hasta necesito víctimas para conservar a los buenos”.

El Amor de los amores

1º Enero 1934. “He amado de tal manera al mundo, que he derramado mi Sangre por él, Yo por él he muerto en el árbol de la Cruz. En este árbol, el pecador arrepentido encuentra la vida. ¡Oh, si supierais cuánto os amo!; mas esto, no lo podréis comprender, ni aún en la misma vida (el cielo)”.

2 Enero 1934. “Ven, pecador endurecido, ven. Mira mi Corazón, mira este agujero de donde salen rayos de misericordia para contigo… Mira mis pies por ti desgarrados… ¡Mírame, ámame! Si me miras, me amarás. Si me amas vivirás… porque el amor es la vida. ¡Ven, ven a Mí! Jesús te espera con los brazos abiertos. ¡Mírame! Servirme a mí es reinar”.

3 Enero 1934. “Si quieres aprender a amarme tienes que ir a María, mi Madre, y también la tuya. Ella te enseñará. El camino para llegar a Mí, es María. De María a Mí. Hay dos escaleras: La primera es blanca, adornada de azucenas, y al final está María. La segunda es roja, adornada con cruces y espinas, y al final estoy Yo. Los que quieran venir a Mí, han de ser por María.”

 4 Enero 1934. “Amadme, pues soy muy despreciado. Amadme con amor más fuerte que la muerte. Amad a este Corazón que tanto os ama. ¡Oh, si supierais qué consuelo recibo cuando en medio de tantas blasfemias oigo un, “JESÚS, TE AMO!” Si este, “Jesús, te amo” es salido del corazón… Si supierais cuántas ganas tengo de llevar al cielo a todos los hombres… no porque me hacen falta, sino para que sean felices, pues sólo busco vuestra felicidad”.

5 Enero 1934. “Tengo sed de amor de mis criaturas. Los serafines me quieren sobre todas las cosas; los santos también; y su amor es más puro y más perfecto: Tengo, pues, mucho amor en el cielo; pero vengo a buscarlo sobre la tierra, porque en ella el amor es libre. Yo tengo un Corazón humano. Quiero a los hombres, porque son mis hermanos, y atraigo a Mí las miserias de mis pobres y débiles criaturas para consumirlas en el fuego de mi divina caridad”.

6 Enero 1934. “Quiero resucitar vuestros Lázaros, vuestros hermanos los pecadores. ¡Tenéis tantos de éstos! Llevadme a sus sepulcros, ¿dónde están sus sepulcros? Mira, uno está sepultado en el vicio de la gula… Pues éste está muerto; ese vicio es un sepulcro, y cuando vosotros practicáis alguna mortificación, me conducís al sepulcro del primero. El segundo está sepultado en otros vicios; está muerto, y vosotros viviendo una vida angélica, me lleváis a su sepulcro. Pero escuchadme con atención; enseguida doy orden al muerto y hago que resucite; pero queda todavía ligado, y mando a los suyos que desaten sus ligaduras. Así vosotros debéis perseverar en las prácticas de mortificación para acabar la obra de la resurrección de los pecadores y conseguir que se vean libres de sus malas costumbres”.

7 Enero 1934. “Preparaos, hijos, pues el viento se alza furioso para pelear con las olas del mar. La ola de la revolución llega, aunque está cubierta ahora con espuma blanca; más otra vendrá que le pasará por encima. ¡Oh, hasta los que se llaman católicos se hallan enredados entre la espuma! Despertaos, que pronto el reloj divino dará la hora”.

8 Enero 1934. “¡Oh, mendigo vuestro corazón! Y, ¿por qué creéis que ando mendigando vuestros corazones, siendo Yo tan rico, sino porque quiero que seáis felices y gocéis por toda la eternidad? Todos podéis ser santos y, si no lo sois, es porque no queréis. ¡Oh!, por unos gustillos de ahí, de la tierra, perdéis una eternidad feliz y ganáis el infierno”.

9 Enero 1934. “Dadme, sí, dadme vuestro corazón. En el cielo tengo muchos corazones, pero vengo a buscar sobre la tierra, pues en ella el amor es libre. Haced actos de amor, pues un solo acto de amor repara miles de blasfemias. Quiero, sí, quiero vuestros pobres corazones, vacíos por la humildad y ensanchados por el amor. Sí, enriquecido con las hermosas perlas de las virtudes”.

10 Enero 1934. “Yo soy el Amor. Mi Espíritu es suave y es preciso atención para sentirle. El martirio de amor consiste en abandonarse al Amor como la leña al fuego, como el oro en el crisol. El fuego consume a la leña y la reduce a cenizas. El fuego purifica al oro y lo vuelve resplandeciente. Un alma abandonada al Amor, ya no puede temer la operación del amor, a menos que siendo infiel, por ella misma se sustraiga a su acción. El amor no cesa hasta llevar al alma al grado de perfección que Dios quiere de ella. Del mismo modo que el fuego sigue consumiendo la leña, hasta que ya no queda ni una astilla”.

11 Enero 1934. “La confianza es la llave que abre los tesoros de mi infinita misericordia. ¿Sabéis cuáles son las almas que gozan de mi bondad? Son aquellas que más confían en Mí. Las almas confiadas son las ladronas de mis gracias. El placer que experimento en un alma confiada es muy grande. Si clavaran las manos a un ladrón, ¿podría robar aunque quisiera? Pues bien, Yo me he dejado clavar las manos para no poder, por decirlo así, castigar a los pobres pecadores. Sufrieron tanto mis ojos por la sangre que entraba en ellos, que apenas podía abrirlos, pero los abría de vez en cuando para mirar con mucha compasión a los verdugos”.

12 Enero 1934. “Sí, concededme el consuelo que tanto ansío: el de darme vuestras miserias. Quiero ser el trapero, es decir, el que se queda con los trapos, y además paga al que se los presta. Si me dais vuestras miserias, Yo las pago, os saco de la confusión en que os halláis, y con ello me agradáis; pero hay que vendérmelas por un acto de profunda humildad, no superficial, sino sentida. Oh, sí, dadme esos harapos, con los cuales no sabéis que hacer. Yo sacaré con ellos algo provechoso; dejad obrar a Mi Amor. El Amor y la Misericordia son como la respiración de Mi dulcísimo Corazón”.

13 Enero 1934. “Si quieres amarme a Mí / has de aprender a sufrir, / pues, acuérdate que así / por tal camino has de ir. / En la Cruz encontrarás / a Jesús tu Salvador: / fuera de la Cruz, jamás / podrás hallarle mejor. / Jesús padeció por ti / muchas penas horrorosas; / y al cielo no llegarás / por un camino de rosas. / Mucho tendrás que sufrir; / mas Él te lo pagará / y allí, muy arriba, sí, / Él, su cielo te dará. / Cuanto más sufras aquí / más feliz allí serás, / y siempre toma la Cruz / sin desaliento jamás. / Gozando dichoso allí / oh, ¡qué dichoso serás! / mas mientras estés aquí / nunca pienses descansar. / En Mi regazo sentado / en él, caliente estarás / oh, aquel dichoso estado, / oh, qué feliz tú serás. / Ama a Jesús por María / y a María por Jesús. / Busca estos dos, hija mía / y dichosa serás tú”.

14 Enero 1934. “Si queréis ser santos, no fieis en vosotros mismos y confiad en Mí.  No basta el uno sin el otro; sería un carro al que le faltaría una rueda y no podría marchar con una sola. Si quieres agradarme confía en Mí; si quieres agradarme más, confía aún más, y si quieres agradarme inmensamente, confía inmensamente. Nunca podrás confiar lo que desea Mi Corazón. Un acto de confianza me agrada hasta este punto por la razón de que con él se honran mis más queridos atributos: la bondad y la misericordia”.

15 Enero 1934. “¡Oh, muchos son los que me aman durante el consuelo, pero pocos en la tribulación! Tengo muchos amadores del cielo, pero pocos que quieran sufrir para entrar en él. Muchos me siguen durante los consuelos, pero después me abandonan.  Muchos quieren mis milagros, pero pocos mi Pasión. ¡Cuán pocos me aman! Muchos se apartan de Mí como si fuera un asesino, un malhechor que quiera hacerles daño… ¡Cuán pocos son los que se arrojan en mis brazos…!”

16 Enero 1934. “Los malos quieren quitar hasta el último vestigio de mi Religión, y los que se llaman católicos se acobardan, y muchos se ofrecen como esclavos a los malos para que ellos hagan lo que quieran. Se dan a los demonios para que hagan de ellos lo que quieran, y temen darse a Mí como si fuese un asesino. No tengo quien me siga, no tengo apóstoles, me faltan apóstoles; ya tengo muchos, ya tengo, pero no son verdaderos apóstoles, ¡ah, no!, están llenos de respetos humanos, Yo no les conozco como apóstoles”.

La ola rojiza empujando a la barquilla, símbolo de España.

10 Septiembre 1933. “Despertad, hijos, despertad, pues vienen tiempos terribles, ¿no veis como la ola rojiza extiende sus espumas sobre esta Mi Nación desdichada? ¿No veis como choca contra las rocas y empuja hacia abajo la barquilla? Despertad, sí, despertad; si ahora no despertáis y empujáis esa ola para atrás, os vais a hundir sin remedio, y vuestros restos deshechos llevará el viento hacia el reino del olvido para siempre”.

11 Septiembre 1933. “Yo me canso de esperar. La ola roja viene hacia la barquilla, ¿no veis como se acerca?, ¿no oís su ruido aterrador? ¡Ah!, pronto extenderá sus espumas, y la barquilla, que es donde estáis vosotros, irá abajo, pues no podrá seguir, por más que pelee contra la ola. Para entonces se habrán apagado las luces, y en medio de la oscuridad pasaréis toda esta pelea hasta que venga otra ola aún más rojiza y ensangrentada y os empuje contra las rocas, donde la barquilla se hundirá con todos los suyos”.

13 Septiembre 1933. “Los malos quieren quitar hasta el último vestigio de mi Iglesia; más, en España, no podrán jamás quitar, aunque sí en otras partes. Todavía a mi Iglesia la veréis llorar; las Sagradas Formas sangrarán; pero aún no se ablandarán sus duros corazones. Veréis cruces en la luna, raros rayos en el sol, y otras señales de éstas; pero los malos no abrirán aún sus ojos, ¡ah, y cuán amargo será su despertar!…”

14 Septiembre 1933. Vi una iglesia muy grande, y encima de ella estaba el Padre Celestial, acompañado de infinidad de ángeles. Muchos eran los que pretendían entrar, pero el Padre Celestial les despachaba diciendo: “¡Fuera, fuera, vosotros los que no habéis atendido mi voz!” En esto se llenaron de agua las calles, y los despachados se ahogaban casi todos. De pronto, apareció una barca con muchos hombres, que en el pecho llevaban cruces grandes, y al llegar a la puerta de la Iglesia, el Padre Celestial les decía: “Entrad, entrad, benditos míos”. Después de entrar los hombres, vino otra barca llena de mujeres que también llevaban cruces en el pecho, y el Padre Celestial les hizo entrar en la Iglesia como a los primeros. Luego de ellas, entró Él, y se cerraron las puertas. Preguntando yo a la Santísima Virgen qué había sido aquello, contestó: “Esto que has visto, hija mía, es la Orden de los Crucíferos, que después de su conquista en el mundo van a reposar a la iglesia”.

15 Septiembre 1933. Jesús me habló así: “Esta ola que reposa en España, lleva en pos de sí a la barquilla. Día vendrá, y no lejano, en que no podrá caminar, porque la ola rojiza le alcanzará y convertirá a la barquilla en cruel carnicería, y hará lo que quiera en los pocos días que esté. Más, después, Yo pondré mi mano y aplacaré la furia de las olas. Entonces, la barquilla deshecha será renovada con mi propia mano, y plantaré en ella la semilla de la verdadera Religión la cual florecerá pronto en toda la barquilla”.

16 Septiembre 1933. La Santísima Virgen me dijo: “Cuán pesado se me hace el brazo de mi Hijo!; ya no puedo sostenerlo más. Estoy sola, nadie me ayuda, nadie quiere sufrimiento; todos se apartan de la cruz; pocos son los que me ofrecen sacrificios, pues les arredra la penitencia.” Después Jesús continuó: “Viene la rojiza ola terrible, y muchos van a recibirla… Mas, pronto verán arruinada la barquilla; y antes que esto suceda, Yo sacaré a los míos de esta barquilla y les llevaré conmigo al desierto…”

17 Septiembre 933. “Braman enfurecidas las olas de la revolución en torno a la barquilla, la cual pronto se verá despedazada entre el viento y las olas, y desaparecerá entre bramidos aterradores. No habrá paz en la barquilla; todo será pelea hasta que Yo plante mi semilla y encienda las luces. Entonces, podrán ver y salir del mar, pues la barquilla será renovada”.

18 Septiembre 1933. “Tengo perlas preciosas y de mucho valor, que son las víctimas. Para éstas son todos los latidos de Mi Corazón; éstas me tienen robado el corazón; éstas me ayudan a contener el castigo; éstas me traen muchas almas, ¡ah, cuánto las quiero!”.

19 Septiembre 1933. “Rogad a Mi Padre Celestial para que muchas ovejas, que andan perdidas, encuentren el redil de Mi Iglesia, pues muchos no tienen luz. No quieren obedecer a mis Ministros y a los que Yo he puesto para que obedezcan. Quiero que viváis de Mi Evangelio. ¡Ah, cuántas gracias derramaría sobre la tierra!; pero no encuentro corazones que quieran recibirlas. Mi Padre Celestial no les da luz, y a oscuras no pueden preparar sus corazones”.

20 Septiembre 1933. “Ya llegan las mayores olas, las olas ensangrentadas, ¿no oís su ruido?, ¿no veis cómo chocan contra las rocas y despedazan a la barquilla? En esta otra barquilla que ves, van mis perlas preciosas, ¿no ves cómo avanza suavemente y va muy recta? ¡Ah!, dichosas las perlas de esta barquilla; más las de la otra… ¡qué desdicha, qué pelea! Mis preciosas perlas llevan cruces… ¿no ves cómo brillan, y llena el aire de suave perfume? En esta barquilla hay muchas flores que yo he plantado”.

21 Septiembre 1933. “La ola ensangrentada extiende sus espumas sobre la playa, antes que las extienda, Yo descargaré Mi Justicia justamente irritada por los ultrajes que cada día recibo, sobre todo de la blasfemia, que es lo que más apena Mi Corazón, y el domingo profanado irrita sobremanera a mi Padre Celestial”.

22 Septiembre 1933. “Las olas que se enfurecen y avanzan en torno a la desdichada barquilla, no son mas que pequeñas señales. Si con éstas no pueden resistir, ¿qué hará con las mayores? Las mayores son muy rojas, vienen de Rusia; pero, cuando los malos estén dormidos, la barquilla empujada por las olas, se hundirá, y el viento empujará a las rojizas olas hasta donde vinieron. Entonces la mar se calmará, y mis barquillas pasarán pescando perlas preciosas del fondo”.

23 Septiembre 1933. “El viento se enfurece y la barquilla tiembla y choca contra las rocas. Día vendrá en que ya no podrá más y se hundirá; más después vendrá otra con mis perlas preciosas y perfumará aquellos alrededores con suaves aromas; y, después de la batalla llegará al puerto y allí contemplará los rasgos de mi amor”.

24 Septiembre 1933. “Orad, orad; sólo la oración y la penitencia os pueden dar la vida, la vida de paz, la vida de verdaderos católicos, la vida que Yo quiero. Sed buenos, sed santos, como santo soy Yo. Los que quieran seguirme tienen que tomar su cruz a cada instante y llevarla en pos de Mí. Así, recogerán mis perlas, que son mis gracias, las que a cada paso brotan de Mi Corazón. Si supieseis qué es el sufrimiento, ¡cómo os gustaría!, pues el sufrimiento es prueba segura de que estoy con vosotros. Pensad un momento que un padre le colmase de regalos a su hijo; pues ese Padre soy Yo, que os colmo de regalos. Y esos regalos, que sé hacer yo, son el sufrimiento. Os regalo Mi Cruz junto con Mi Corazón. Si me comprendierais como Yo soy, cómo me seguiríais, mas no me comprendéis…”

25 Septiembre 1933. “Sufrimiento, sufrimiento quiero Yo. La cosa más hermosa que puede haber en este destierro es el sufrimiento. ¡Si supierais cuánto os amo a los que sufrís con resignación! Los que lleváis vuestra cruz en pos de Mí, oís los latidos de Mi Corazón, y estos latidos… son para vosotros; pero, haceos cargo que sin cruz no podéis venir a Mí, y si os quitara la cruz sería porque no os amo mucho; a los que os amo no os quitaré la cruz, sino que la aligeraré un poco, para que me podáis seguir hasta el final de vuestra carrera, donde, sentados sobre mi pecho, os daré gozo eterno”.

26 Septiembre 1933. “Seguidme a Mí; venid en pos de Mí, cada uno con su cruz. Estas almas que me siguen con su cruz son las ladronas de mis gracias. Cuanto mayor sea la cruz, mayores ladrones son de Mis gracias, porque andan más cerca de Mí, y cuanto más cerca más gracias me robarán, pues ellas tendrán más ocasiones de robarme, y las almitas pequeñas, que empiecen con la cruz, Yo les enseñaré a andar, pues no sabrían y se caerían. Mas, ¡ay de las que están tal altas y se caen, porque su caída será mortal! Pensad un poco que una niña del último piso cayera abajo; moriría, ¿no es verdad? Pues lo mismo pasa con las almas, que aunque mueran, Yo puedo resucitarlas, pero me cuesta mucho. Las pequeñitas, aunque caigan, les dura poco el daño y tienen menos peligro”.

27 Septiembre 1933. “El viento azota las barquillas, que son las almas, y éstas no pueden navegar. En vez de ir adelante, el viento las empuja para atrás, y ellas no saben vencerle, y van donde les empuja el viento; éstas son las almas que no pueden soportar contrariedades, pues si supieran soportarlas, irían adelante, aunque el viento las empujara para atrás, pero se acobardan, no me piden ayuda, y solas no pueden hacer nada. Es que no miran más que al viento; no miran adelante, y así no pueden ver que adelante está el puerto de paz y descanso. Y los infelices van atrás y continúan hasta llegar al abismo”.

“Mis perlas preciosas que son los Crucíferos, llevan cruces sobre sus pechos. En esas cruces estoy Yo. Esta Religión será la única que después habrá en el mundo. ¡Cuánto me gusta que estés entre ellos! Yo continuamente estoy velando por ellos, pues ellos ni un instante se apartan de Mí; siempre son obedientes a Mi llamamiento. Casi son los únicos que me aman mucho; ¡qué contento estoy en sus corazones…! A cada latido de sus corazones sale una sonrisa de mis labios”.

29 Septiembre 1933. “La barquilla anda chocando contra las olas; pronto chocará con una grande y contraria, y entonces se romperá. Mas, después, vendrán las ensangrentadas, las cuales harán llorar a Mi Iglesia e hijos. Los míos, no temáis por nada, pues yo estaré con vosotros; sólo Yo basto; nada os falta si me tenéis a Mí”.

30 Septiembre 1933. “Vienen los ladrones, los que quieren descristianizar a mis hijos; mas armaos bien, armaos; vuestra arma ha de ser la oración y penitencia. ¡Si supierais qué valor tiene esa arma! Yo quiero que hagáis mucha penitencia, pues así podréis aplacarme mucho. Ofreced todos vuestros sacrificios a este fin; presentadlos a María, para que Ella me los entregue a Mí”.

1º Octubre 1933. “Cada día recibo mayores ultrajes de Mis hijos ingratísimos, ¿sabes de quiénes me quejo más? ¿Quieres que te diga quiénes lastiman más mi Corazón amoroso? Son los blasfemos. Estos son los que clavan mis espinas en Mi corazón amante. Soy olvidado de todos, y si alguno se acuerda de Mí, es para blasfemar mi Santísimo nombre; pero no temas; esto no te digo por los Míos, que sabes también los tengo, aunque pocos, pero hay más blasfemos que buenos”.

17 Enero 1934. “Estaban a los pies de Jesús tres almas. Una de ellas dijo: Quisiera, Jesús, amarte, / pero sin tribulaciones; / quisiera a Ti poseerte, / pero en las consolaciones.  Después, otra de las tres le dijo: Quisiera Jesús amarte; / pero yo con condiciones / pues yo no puedo seguirte / si lo que quiero no pones. La última dijo: Quisiera Jesús amarte, / y me abandono a tu amor. / Jesús, haré lo que gustes, / y dame Tú el Corazón.  Después, Jesús dijo: Esta primera alma quiere, dice ella, amarme, pero sin tribulaciones; esto es como un enfermo que quisiese sanar, pero sin medicinas, y esto no puede ser. Esta segunda también quiere amarme, pero con condiciones, y es como el enfermo que quiere curar, que toma medicinas, pero no las que el médico le manda, sino lo que él quiere, y tampoco puede ser. Por fin, la tercera es de mi agrado; es como el enfermo que quiere sanar y se arroja a lo que el médico le dice, y ésta pronto sanará”.

Las leyes del Amor divino

18 Enero 1934. “Todo el secreto de la santidad está en estas dos palabras: desconfiar y confiar. Desconfiad siempre de vosotros mismos, pero no os detengáis aquí; subid enseguida a la confianza de vuestro Dios, porque si Yo soy bueno con todos, lo soy sobre todo con los que confían en Mí. Las almas que más aprovechan de Mi bondad son aquellas que tienen mayor confianza. El agrado que encuentro en un alma confiada es muy grande. Estas cortas palabras encierran mucho jugo. Que nunca tenga el alma miedo de Dios, porque Dios está siempre dispuesto a ejercer con ella su Misericordia, y que el mayor placer que puede tener el Corazón de vuestro Jesús es el de llevar a su Eterno Padre el mayor número posible de pecadores. Éstas son mis glorias, éstas mis joyas… ¡amo tanto a los pobres pecadores…!”

19 Enero 1934. “La pureza del amor consiste en la pureza del sacrificio, y no hay sacrificio del que Yo me precie tanto como de la honra, y de la reputación, porque ésa es la vida moral del hombre. Cuando un alma llega a amar el desprecio para dar más gloria a Dios, la miro y esa mirada es tal que si ella llegase a verla moriría de felicidad; pero se le teme al desprecio como se le temería a un monstruo…”

20 Enero 1934. “El Amor hace muertos a la naturaleza para hacer resucitados a la gracia. Cuando se quiere hacer crecer a una planta, se la quitan las hierbas que la rodean; así, si queréis que crezca en vosotros el amor divino es preciso que arranquéis el amor que tenéis de vosotros mismos. El fuego quema; así una llama de amor de Dios quema sin saberlo. Un alma recogida en Dios es como un arpa armoniosa tocada no por la mano de un ángel, sino por el amor de un Dios”.

21 Enero 1934. “No son las fragilidades las que detienen las obras del Amor en un alma; son los rodeos del amor propio y la estima de sí. Así es que esta oracioncita sola: “Me fío de Ti”, me arrebata el Corazón, porque en esta oración están comprendidos la confianza, la fe, el amor y la humildad”.

22 Enero 1934. “Tened los ojos fijos en Mí. Cuando más cerca está llamada un alma a seguirme más se debe mortificar. El perfecto despojo es la condición más necesaria para adherirse a Dios. Una cosa de la que no se despoja, se deja y no se toma ya más. Es necesario dejar las costumbres defectuosas, como se deja un vestido roto y no se vuelve a poner. Debéis vestiros de un vestido nuevo que os ha preparado el amor”.

23 Enero 1934. “Quiero que os ofrezcáis a mi Corazón divino por la conversión de los pobres pecadores. Uniréis la obra a la oración y así obtendréis más fácilmente lo que con ardor deseo: la conversión de los pobres pecadores. Se trata de hacer un generoso sacrificio, a saber: ofrecerme aquella parte de méritos que todavía os sobran de la donación que me habéis hecho a favor de las almas del Purgatorio mediante el acto heroico de caridad”.

24 Enero 1934. “Ando buscando corazones que me amen, y como no los encuentro, derramo sobre el reducido número de los que me aman la plenitud de mis gracias… ¡amo tanto a las almas que me son fieles, que me dejan obrar en ellas a Mi gusto lo que me place, que me apresuro a colmar todos sus deseos como si tuvieran para Mí fuerza de ley… como si fueran leyes para Mí…”

 25 Enero 1934. “Me quedo en el Sacramento de mi Amor por mis criaturas, y ellas hacen de Mí tan poco caso… Vosotros, los míos, al menos haced unas cuantas comuniones espirituales para suplir estas comuniones sacramentales que dejan de hacer otros.  Hacedlas cortas, con tal de que las hagáis”.

26 Enero 1934. “El Amor cuida amorosamente de aquél que se abandona enteramente a él. El Amor guía de la mano, y si es preciso hasta lleva al alma que se entrega a él. El Amor encierra en sí el alma que se ha dado una vez a él, y no le deja ya salir, a no ser que ella quiera de su propia voluntad. Por lo demás, nada puede arrancarla al poder del Amor. El Amor goza al ver que el alma cree en él en todas sus operaciones, aún las más dolorosas”.

27 Enero 1934. “Un alma que abandona su voluntad a la de Dios tiene gran paz y participa todo cuanto es posible a una criatura de la inmutabilidad de Dios, y esta alma, haciendo la voluntad de Dios, hace la suya, porque la voluntad de Dios se cumple siempre.  Un alma, que hace en todo la voluntad de Dios, no soólo cumple su voluntad, sino que también estudia sus más mínimos deseos para cumplirlos, que está, por decirlo así, siempre al acecho, es un alma que está siempre en oración”.

28 Enero 1934. “No me descorazonan las miserias con tal de hallar una buena voluntad. En habiendo buena voluntad hay probabilidad de trabajar. Mi amor se alimenta consumiendo miserias, y el alma, que mayores las traiga, con tal de que tenga corazón contrito y humillado es la que más me agrada por darme mayor ocasión de ejercitar mi oficio de amante Salvador”.

29 Enero 1934. “En cualquier estado que encuentre un alma cuando Yo la favorezco, la doy atractivo de imitar mi vida eucarística: es una vida de muerte la que Yo inspiro con esto a aquella alma. Tener ojos y no ver más que para el servicio del Amor; tener oídos y no oír más que aquello que pueda acrecentar el Amor; tener boca y no emplearla más que para hablar del Amor; tener manos, pies, corazón, cuerpo, y no servirse de ellos más que cuando quiera el Amor, depender del Amor como un niño pequeño depende de su madre para todo”.

30 Enero 1934. “El alma, para agradar a Jesús, debe hacerlo todo con espíritu de reposo, de paz y de confianza; esto es, no apresurarse por aquello que hay que hacer; y, cuando advierta que se apresura, que se detenga un momento, aunque no sea más que el tiempo de hacer una aspiración, como se haría con una vasija que hierve, a la cual se la quita la tapadera un momento para que no salga el agua”.

31 Enero 1934. “El Amor es alegría, el Amor es paz, el Amor es reposo, el Amor es tranquilidad, el Amor es fidelidad, y cuando este divino Amor se posesiona de un corazón deja en pos de sí una paz divina, una confianza inquebrantable, una felicidad absoluta y un perfecto reposo. Entonces el Amor se detiene en aquella alma afortunada, hace de ella el centro de sus divinos favores y como un depósito de sus gracias especiales”.

1º Febrero 1934. “Cuanto más me ames más me conocerás, y cuanto más me conozcas más me amarás. Ten los ojos fijos en Mí; ruega por tus hermanos los pecadores, que Yo les resucitaré, les sacaré del sepulcro del pecado. Rogad, si, rogad porque todos sois hermanos. Yo soy vuestro Padre, y ¿no os parece que a un padre le sabría mal tener que castigar a sus hijos? Pues este Padre soy Yo, y no quiero castigar a mis hijos”.

12 Febrero 1934. Visión y mensaje de Jesús. Veo, dice la vidente, un corazón destrozado por muchos perros negros. “¿Quieres agradarme?”, la insinúa Jesús. “Escribe: Este Corazón, que tanto ha sufrido por los hombres, es destrozado por los perros, por los pecados de los hombres. Mira, di a los míos que lloren al verme tan injuriado, tan ofendido, a fin de convertir con sus lágrimas a estos perros en fieles corderos. Soy muy ofendido. ¿No quisierais en estos días —carnaval de 1934— ofrecerme algo? ¿No tenéis para vuestro Jesús una mirada de compasión? ¡Oh!, Yo, que tanto he amado a los hombres, y ellos no piensan en Mí. Vosotros, al menos, amadme.  Oh, sí, amadme”.

“A muchos escogí entre vosotros, y ¡cuán pocos me correspondieron! ¿Por ventura, a un bienhechor no le gusta verse correspondido? Pero mira, para vuestro Jesús no hay eso. No me aman. No me quieren. Amadme por los que no me aman. Orad por los que ya no oran.  Hacedlo todo por los que no hacen. No quiero castigar a mis hijos, pero ellos me obligan. ¡Oh!, España, España, desgraciada España: tú me has destrozado este Corazón amantísimo.  Por esto, Yo envío y enviaré sobre ti tan terribles castigos. Hija mía: Di a los míos que no teman, que su Jesús vela por ellos; que estén seguros de que Yo no les dejaré, si ellos no me dejan. Y tú, recibe la bendición de Jesús”.

Mensaje de la Santísima Virgen: “Soy María, tu Madre, no temas. Escribe, si quieres agradarme. Quisiera, hija mía, que me ayudarais todos, pues no puedo sostener el brazo de mi amantísimo Hijo Jesús. Amo tanto a mis hijos… Soy tan misericordiosa… que sólo busco vuestro bien. Por esto, antes de los castigos, he bajado a la tierra para avisar a las gentes, pero éstas no me han creído, no me han hecho caso. Es que no me aman. No creen, no porque no pueden creer, sino porque no quieren creer; pues bastantes señales les he dado para poder creer. Hasta muchos de los que me han visto me han negado. Al menos, los pocos que quedáis, no me desamparéis, no me dejéis sola. Di a los míos que no teman; y tú, recibe la bendición de tu Madre, María”.

13 Febrero 1934. Mensaje del Sagrado Corazón de Jesús. “Hija mía: ¿Quieres agradarme? Escribe: Vendrá tiempo en el cual estas cosas que te digo, que tú no entiendes, harán mucho bien. ¡Cuánto me ofenden los hombres, hija mía! Quiero que digas y hagas que rueguen mucho por los pecadores Quiero algo, y este algo muchos no me quieren dar. Quiero algo, quiero vuestro corazón. ¡Ah, cuán ingratos son los hombres! Di  a los míos que hagan mucha oración y penitencia. He mandado a la tierra a mi Madre, Ella ha hablado, y su palabra no es atendida; se ríen, no quieren creer que vengan castigos, porque no les conviene. ¡Ah, pero tendrán que creerlo a la fuerza, aunque entonces ya no valdrá! Estoy como oprimido por el peso de las gracias, las cuales vuelven sobre Mí, al no encontrar corazones que las quieran recibir. Que rueguen también por los sacerdotes. ¡Qué alegría recibo cuando hallo un corazón que me abre sus puertas de par en par, para que yo haga en él todo lo que me guste; más cuán pocos de éstos tengo! A los míos, que no teman, que sigan adelante, y tú recibe la bendición de tu Jesús”.

20 Febrero 1934. “Hijos míos: Pronto habrá una gran persecución contra vosotros, pues ya vienen las olas rojizas, ensangrentadas; más, apenas llegarán y os llevarán hacia el desierto, serán cruelmente castigadas por la mano de Mi Padre Celestial. Hijos, no temáis, porque, después de la batalla, llegaréis al puerto. Confiad en Mí y desconfiad en vosotros, porque sin Mí nada sois, nada podéis, pero sí conmigo. Oh, hijos, abridme las puertas de vuestro corazón, dejad obrar a Mi Amor, y así estaréis seguros, porque el Amor no pasa hasta hacer santa a aquella alma que se ha entregado a Él. Sed santos como Santo es vuestro Padre Celestial. ¡Oh, si vierais las ganas que tengo de santificar a las almas…! Pero ellas no hacen caso, dicen que ya les basta con ser buenas, y no se preocupan de ser santas. ¡Oh!, si supierais cuánto me hacen sufrir tales almas, después que Yo estoy haciendo tanto por santificarlas, y ellas salen con eso. Hijos, rogad por estas almas, ¡ay, cuántas son por desgracia!… Vosotros, no seáis así, pues Yo os ayudaré mucho. Sed valientes, seguidme con vuestra cruz, y si lo hacéis así, Yo os daré mi luz. Os da a todos la bendición vuestro Jesús.”   

23 Febrero 1934. Encargo especialísimo de la Santísima Virgen. “Hija: Quiero que desengañéis a la gente diciéndola que Yo no he bajado a Ezquioga para hacer milagros, sino para avisarla que vienen castigos a fin de que se prepare. Di, hija mía, a todos, que se preparen, que se preparen, pues que el Padre Celestial, justamente irritado, pronto descargará su cólera divina sobre los hombres. ¡Oh, qué día tan terrible será el de los castigos! Hija, he bajado porque les quiero, y nadie me hace caso; pero los míos no temáis que Yo os ayudaré, aunque tendréis que sufrir mucho”.

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Los Hechos Ezquioga publicados en este sitio:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/los-hechos-de-ezquioga/

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