“Que los obispos trabajen… combatiendo el humanismo, ese paganismo moderno”

VIDENTE IDA PEERDEMAN / ÁMSTERDAN, HOLANDA
Posición de la Iglesia: 
http://www.de-vrouwe.info/es/posicion-de-la-iglesia 

19ª APARICIÓN
3 de diciembre de 1949

Alemania. Paganismo moderno

Veo a la Señora de pie. Ella dice:
“Hija, te traigo otra vez un mensaje para Alemania. Hay que salvarla”.
Entonces la Señora me lleva por Alemania. Mientras veo Alemania en toda su extensión, siento la situación que allí reina: un tremendo deterioro del país, del pueblo, de la juventud y una enorme apostasía. La Señora dice:

“Que los obispos trabajen. Tienen que dar órdenes a sus sacerdotes, para que trabajen sobre todo entre la juventud, combatiendo el humanismo, ese paganismo moderno”.
Veo muchas cruces ante mí. La Señora me enseña cómo cada una de esas cruces es puesta en un lugar distinto. Ahora veo una gran plaza en Berlín, en la que está el edificio del gobierno. Parece que la Señora coloca allí una gran Cruz y me dice:
“Es necesario que los hombres sean llevados a ella. Hay que alejar la juventud del paganismo moderno. Que trabajen con ahínco en ello”.

Roma

Entonces veo otra vez Roma ante mí. La Señora va por Roma y dice, amonestando con el dedo:
“Ay, ay, ¿por qué no empezar por aquí? Tendrá que ser completamente reconstruida”.
Y es como si pasara Sus Manos por el Vaticano y sacude por debajo todo, poniéndolo todo boca abajo.

Holanda

Después veo Holanda en toda su extensión. La Señora dice:
“También Holanda se acerca al precipicio”.
Veo a la juventud de Holanda; gente joven y niños, parados junto a un barranco. La Señora dice:

“Están al borde de un precipicio”.

El precipicio

Entonces es como si la Señora me llevara a algún lugar. Veo frente a mí dos montañas altísimas. Entre ellas hay un precipicio o abismo negro y muy profundo. Parece como si yo estuviera sobre una de esas montañas. La Señora dice:
“Mira”.
Y veo un abismo en medio del mundo.

De pronto, es como si la Señora juntara esas dos montañas y dice:
“Hay que colmar ese precipicio”.

Las leyes pueden ser cambiadas

Después, veo la basílica de San Pedro. La Señora dice:
“Hija, ahí ves al Papa, de pontifical, con dos dedos en alto. Escucha bien. La doctrina es correcta, pero el Papa tiene facultad para cambiar las leyes. ¡Pues que lo lleve a cabo!”
Veo todavía al Papa frente a mí, sentado y con dos dedos en alto. Entonces veo una gran sala de reuniones, donde el Papa está sentado.

“Hija”, —dice la Señora—
“esas leyes pueden ser cambiadas. Pueden serlo y tienen que ser cambiadas. Las posiciones deben acercarse más. Que en Roma sigan adelante y así den el ejemplo a todo el mundo. Piénsalo y dilo. Y te repito: el Amor es el primer mandamiento y, junto a éste, como unidos por un arco, la Verdad y la Justicia”.

La doctrina de Cristo

“Hija”, —dice la Señora otra vez—
“¡mira!”.
Y entonces veo, entre la Señora y el Papa, el número “50”. La Señora dice:

“En ese año habrá que trabajar duro y… no sólo con palabras. La doctrina de Cristo es exacta. ¿Por qué no es aplicada exactamente y hasta en los detalles?”
Veo ahora puntitos a mi alrededor y en el centro un gran punto rojo. La Señora aprieta fuerte con la mano ese punto y dice:

“Ésta es la cosa principal. No es puesta en práctica. En esto tendrá que hacerse toda una revolución. Si no hacen caso de los avisos, perecerán e irán a parar allá”.
Y entonces veo de nuevo las montañas y el abismo.

Después veo otra vez al Papa y la Señora dice:
“Él tiene que dar la orden y se hará”.
Entonces veo Italia y altos eclesiásticos extranjeros; veo al Papa sentado con cardenales y obispos en torno a él, en una sala de reuniones del Vaticano. La Señora me dice que está promulgando un decreto. Entonces veo un puente entre los puestos superiores y los inferiores.
“A eso hay que llegar”,
—dice la Señora.

“Pensad en el amor y la justicia. Que todos los creyentes colaboren al bien”.

Saldrá a la luz con el transcurso de los años

Entonces le pregunto: “Pero, ¿es usted la Señora?”[1]  Ella me mira sonriente y me dice:
“Que tu director espiritual crea en ti. Él tiene pruebas suficientes. Dile lo siguiente: que él tiene amor y buenas intenciones, también para su trabajo. Y además…”
La Señora hace un gesto amigable con la cabeza y las manos, tal y como una buena madre, y dice:

“Y que no se preocupe. Su vida ha sido encaminada así. Se te ha dado la prueba. Más no puedo decir por ahora. Saldrá a la luz con el transcurso de los años. Dile esto”.
Me asustan estas últimas palabras y pienso: ¿de los años? ¿Cuánto tiempo tardará?

Y entonces la Señora se va.


20ª APARICIÓN
16 de diciembre de 1949

Pobre Alemania

Mientras la Señora mira muy severamente y amonesta con el dedo, le oigo decir:
“Pobre, pobre Alemania. Tomen las cruces y plántenlas en el centro. Despierten a los eclesiásticos. Empiecen desde abajo. La gente humilde tiene que ser conducida de nuevo a Él. ¡Que sepan que así hay que hacer!”
Y la Señora cierra el puño y me lo muestra. Lo hace con mucha fuerza, y hasta agita el brazo y el puño hacia mí.

Nubarrones sobre la basílica de San Pedro

Después veo la basílica de San Pedro. La Señora le tiene la mano encima y dice:
“Ésta tiene que ser protegida y así será. Ese otro espíritu penetra demasiado”.
Entonces veo ante mí muchas nubes, blancas y rojas, que se entrecruzan. Es como si pasaran con rapidez unas a través de otras. Allá abajo veo siluetas de diferentes cúpulas y torres de iglesias, unas junto a otras y a la vez revueltas. La Señora me indica esa escena y entonces es como si Ella separara las nubes con las manos. Veo ahora una superficie de un azul profundo ante mí, y en medio de esa superficie hay una luz brillante, como una estrella refulgente, que brilla ante mis ojos. La Señora golpea esa luz con el dedo índice, delicadamente, pero a la vez tan fuerte que parece como si yo oyera los golpes; como si Ella golpeara con un martillo. Ella dice entonces:

“Allá es a donde tienen que llegar”.
A continuación veo allá abajo densas nubes muy negras y la cúpula de San Pedro. Y oigo decir:

“Habrá lucha, será violenta, estallará. Aún estamos lejos”.

Trabajar con hechos

Después veo al Papa sentado frente a mí. La Señora mira seria, vuelve la cabeza y dice:
“Exhorten a los súbditos. No sólo exhortarlos, sino trabajar en el verdadero espíritu cristiano. Tú piensas que todo eso está bien, sin embargo hay que trabajar con hechos. Soy lo suficientemente clara. Hay que insistir aún más en los derechos sociales, en la justicia y la caridad. Pero… hacerlo no con palabras sino con obras. Las obras pueden atraerlos a la luz que te he mostrado”.
Después, veo Europa ante mí. La Señora dice:

“Europa, ¡ten cuidado! Únanse para el bien. Ésta no es sólo una lucha económica, se trata de la corrupción del espíritu. Es una lucha cristiano-política. Tiene que comenzar desde arriba, los que tienen autoridad deben dar el ejemplo. Pero, lamentablemente, también el Clero tiene que abajarse hasta los más pequeños de los Míos”.

Caridad, Justicia

Entonces veo escrito, por encima del Papa y de la basílica de San Pedro: “Caridad, Justicia”. Está escrito con letras grandes.
La Señora dice:
“Éste es el gran error de estos tiempos. Si no se ponen en práctica, todo irá de mal en peor y el mundo se perderá cada vez más. Cada cual en particular debe preocuparse de ponerlo en práctica”.
Entonces es como si la Señora me pusiera una Cruz en la mano y, señalándose a sí misma, dice:

“No yo, sino la Cruz”.

Período de lucha y calamidades

Ella me hace leer en un tablero, donde está escrito: “50–51–53” y dice:
“En este período vendrán una lucha y calamidades”.
A continuación Ella pone la mano sobre la cúpula, como protegiéndola, y con la otra mano se cubre los Ojos. Siento un tremendo dolor vivo en la mano. “Es insoportable”, digo. Entonces, la Señora dice con vehemencia:

“Ese espíritu intentará penetrar de todas las maneras; lentamente, con astucia. Penetrará con tanta astucia, que los pueblos no se darán cuenta. Te advierto una vez más que transmitas esto”.

El Padre Lombardi

Luego veo Italia. Allí veo un hombre sencillo y modesto, un clérigo. Es como si estuviera hablando en medio de un grupo de hombres. La Señora ríe y lo indica. Mientras lo miro, dice:
“Ese Padre Lombardi lo hace muy bien. Trabaja en la dirección que Nosotros queremos”.[2]
Después veo filas de iglesias diferentes frente a mí. Entonces es como si la Señora se acercara a la primera fila y pasara ligeramente la mano sobre ella. Veo desplomarse a la vez todas esas iglesias y desaparecer.

El centro

Entonces dice la Señora otra vez:
“Hija”,
—y dibuja como una especie de rombo delante de mí—

“hija, ése es el centro”.
Veo ahora una cúpula, rodeada por un muro, en la forma que Ella lo había dibujado. Es la cúpula de la basílica de San Pedro. Alrededor corre un riachuelo, separado por una sutil línea negra. La Señora lo indica y dice:

“Ése es el centro”,
—y mueve el dedo de un lado a otro, de un modo muy lento pero muy serio, y dice:

“Que esto siga siendo el centro. Los espíritus del mundo están empeñados en destruir este centro. Pero yo te ayudaré”.
Ahora veo que la Señora extiende la mano otra vez sobre el Papa y la basílica de San Pedro. Y de pronto veo a la izquierda una enorme garra negra, con uñas largas y afiladas. Es como si esa garra sacudiera todo lo que está dentro de la basílica de San Pedro. ¡Qué dolor siento! Todo se pone rosado y rojo ante mis ojos. Mientras la garra revolotea por todas partes, veo volar un águila negra. Ésta vuela con grandes aletazos y va hacia la izquierda.

Alemania e Italia

A mi derecha veo Alemania. Entonces oigo a la Señora decir:
“Alemania, ¡ten cuidado!”.
Veo ahora sobre Alemania un triángulo dibujado. La Señora dice:

“El espíritu del triángulo intenta penetrar bajo otra forma. La gente es buena, pero les tiran de acá y de allá y no saben qué hacer. Pobre Alemania. Se vuelven víctimas y son víctimas de ese otro grande”.
Veo entonces frente a mí un obispo alemán revestido solemnemente, un hombre de edad, un hombre vigoroso. A mi derecha llega un seglar, también un hombre de aspecto fuerte. Oigo:

“El obispo en el terreno de su autoridad, y ahí llega alguien también en otro terreno. Pero eso es para más tarde. Alemania intentará salirse, igual que Italia”.
Entonces veo otra vez a ese clérigo sencillo con gente a su alrededor. La Señora dice:

“Él intenta llevar la verdad a la gente”.
Entonces Ella me dice:

“Tú divulgarás esto; diles esto”.
Y la Señora desaparece de repente.

________________________

[1] Por orden de su confesor, el padre Frehe, la vidente tiene que preguntar a la aparición si es María y qué significa “la Señora”.
[2] El padre Ricardo Lombardi, S.J. empezó en 1948 su “Cruzada de la Bondad”. Durante muchos años predicó incansablemente y con palabras sencillas el Evangelio, poniendo al centro el Amor de Dios. No sólo invitaba a la conversión personal, sino a la realización de los ideales cristianos en la sociedad mundial. Por eso supo tocar el corazón de mucha gente.

Fuente: http://www.de-vrouwe.info/es/1945-1959/115-botschaft-1949

Mensajes de Ida Peerdeman publicados en este blog:
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