Presentación a los Escritos Póstumos de la Madre María Ràfols.

BEATA MADRE MARÍA RÀFOLS BRUNA (1781-1853) / CATALUÑA, ESPAÑA

madreMariarafolsfundadoraLa Madre María Ràfols nació en Villafranca del Panadés, Provincia de Barcelona, Cataluña, España, el 5 de noviembre de 1781.  Es fundadora, junto con el P. Juan Bonal, de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana. María Ràfols, a sus 23 años, en Diciembre de 1804, llega a Zaragoza entre el grupo de doce Hermanas y doce Hermanos de la Caridad que el P. Juan Bonal ha reunido en Barcelona para servir a los enfermos del Hospital de Nuestra Señora de Gracia. Su primera visita fue al Pilar, para poner en manos de la Señora aquella nueva y arriesgada misión. Y desde allí, al Hospital, aquel gran mundo del dolor donde, bajo el lema ‘Domus Infirmorum Urbis et Orbis’ – ‘Casa de los Enfermos de la Ciudad y del Mundo’, se cobijan enfermos, dementes, niños abandonados y toda suerte de desvalimientos.

Los Hermanos no pudieron superar la carrera de obstáculos y a los tres años ya habían desaparecido. Las Hermanas, con ella como Superiora, se quedan y aumentan en número. María Ràfols sabe sortear los escollos con prudencia, caridad incansable, y un temple heroico que ya empieza a despuntar.

En los sitios de Zaragoza, durante la Guerra de la Independencia, su caridad alcanza cotas muy altas, especialmente cuando el Hospital es bombardeado e incendiado por los franceses. Entre las balas y las ruinas expone su vida para salvar a los enfermos, pide limosna para ellos y se priva de su propio alimento. Y cuando todo falta en la ciudad, se arriesga a pasar al campamento francés, para postrarse ante el Mariscal Lannes y conseguir de él, atención para los enfermos y heridos.

Desde 1813, la Madre Ràfols ya está al frente de la ‘Inclusa’, con los niños huérfanos o sin hogar, los más pobres entre los pobres. Allí pasará prácticamente el resto de su vida, derrochando amor, entrega y ternura. Es el capítulo más largo de su vida, el más escondido, pero sin duda el más bello. Será la madre atenta de aquellos niños por los que se desvive hasta su ancianidad.

A María Ràfols le alcanzan también las salpicaduras de la primera guerra carlista, con un coste de dos meses de cárcel y seis años de destierro en el Hospital de Huesca, a pesar de que la sentencia del juicio la declaraba inocente. Sigue la suerte de tantos otros desterrados por la más leve sospecha o denuncia calumniosa. Pero cárcel, destierro, humillación, calumnia, sufridos con paz y sin una queja, le hacen entrar de lleno en el grupo de los que Jesús llama dichosos: los perseguidos por causa de la justicia, los pacíficos, los misericordiosos. A su regreso, vuelve sencillamente a la Inclusa, con los niños que no saben de guerras ni odios, pero que intuyen el amor.

Muere el 30 de agosto de 1853, próxima a cumplir los 72 años y 49 de ser Hermana de la Caridad. En 1926 se abre su Proceso de Beatificación, setenta y tres años después de su muerte. Entre 1926 y 1932 son hallados documentos escritos por ella hace ya más de un siglo, textos que le han sido dictados directamente por el Sagrado Corazón, consejos espirituales, una especie de testamento espiritual, una larga y minuciosísima relación de su muerte. Pero sobre todo en los dos últimos documentos hallados en 1931 y 1932 (escritos en 1815 y 1836), aparecen sorprendentes dotes proféticas sobre muchos hechos que ocurrieron en los años recientes anteriores a su hallazgo y publicación, como la institución de la Fiesta de Cristo Rey por el Papa Pío XI, la predicción de las persecuciones religiosas que han de poner a prueba la fe de los católicos españoles, la persecución a la Compañía de Jesús iniciada por la República, la Consagración oficial de España al Corazón de Jesús, las luchas sociales que han de agitar la vida de las naciones, el fruto espiritual que ha de seguir del conocimiento de estos escritos, los pormenores de la profanación y hallazgo de la milagrosa Imagen del Cristo Desamparado, entre otros.

Su Proceso de Beatificación se suspende en 1944, pues el papa Pío XII firma un «Dilata» con el que se mantiene frenado por casi cuarenta años. Por fin es beatificada por el Papa Juan Pablo II, cincuenta años después, el 16 de octubre de 1994.

***

Del Opúsculo: “Escritos Póstumos de la Sierva de Dios Madre María Ràfols”
Documentos Hallados el Primer Viernes de Octubre de 1931 y el Día 29 de Enero de 1932.  (Con Aprobación Eclesiástica)

PRÓLOGO

La difusión que en poco tiempo han alcanzado los escritos póstumos de la Madre María Ràfols, es algo que raya en lo prodigioso. Publicados al principio en una sencilla revista de índole privada y de modesto tiraje, pronto fue necesario repetir y ampliar las ediciones; hoy pasan ya de cien mil los ejemplares puestos en circulación y no se ven indicios de que disminuya la demanda. Sólo una singular intervención de la Divina Providencia puede explicar esta casi prodigiosa difusión. Ha querido sin duda el Señor que sus confidencias hechas a la venerada Fundadora llegaran a conocimiento de las muchedumbres, para quienes en realidad parece que iban destinadas.

Para favorecer estos designios de la Providencia y facilitar el conocimiento de los ya famosos escritos, se ha preparado la presente edición. Aparecen en ella reunidos en un opúsculo los dos escritos últimamente hallados: el aparecido el 2 de Octubre de 1931 y el de 29 de Enero de 1932. Ellos son precisamente los que por las numerosas predicciones que contienen, algunas evidentemente ya cumplidas, han despertado más el entusiasmo popular. Tal vez la prudencia hubiera aconsejado que, sobre todo el segundo de dichos documentos, se hubiera mantenido todavía secreto mientras se tramitaba la causa de Beatificación de su autora. Ésta fue la primera intención de sus Hijas. Pero llegó un momento en que fue imposible recatar por más tiempo el escrito. Como salidas a la luz por arte de encantamiento comenzaron a brotar por diferentes partes copias parciales o íntegras, más o menos fieles, y algunas hasta autorizadas con intervención de la fe notarial. Reservar por más tiempo el documento era ya contraproducente. Fue necesario publicarlo y difundirlo para atajar de una vez las fantasías que se tejían abundantemente en torno del recién hallado documento.

Por otra parte, hay que reconocer, como ya decíamos en el prólogo de la primera edición, que no son exagerados estos entusiasmos populares. Estos dos escritos de la Madre Ràfols no son, como otros anteriormente descubiertos, memorias de su vida o expansiones de su alma devota o consejos de Madre para sus Hijas. Estos escritos presentan un interés muy superior; tienen todo el carácter de un verdadero mensaje de Jesucristo comunicado al mundo por medio de la Fundadora de las Hermanas de Santa Ana, que aparece en ellos honrada con las confidencias divinas; y no es extraño que en esta hora angustiosa para la Patria, cuando toda esperanza de remedio humano parece una quimera y el horizonte se va ennegreciendo por momentos, no es extraño, digo, que las promesas del Corazón Divino que por medio de la Madre Ràfols anuncia a España su deseo de salvarla, lleguen a lo más profundo del alma.

Para que estos sentimientos de angustiosa expectación no se desviaran por los senderos de la fantasía, era necesario poner al alcance de todos la lectura del texto íntegro y auténtico de los célebres escritos; no extractos ni compendios de ninguna clase; y esto es lo que presentamos en la actual edición. Porque, pese a lo que en torno de ellos ha fantaseado la imaginación de algunos visionarios, el texto que aquí reproducimos es el texto íntegro escrito de mano de la Madre Ràfols y tal como salió de su pluma, sin suprimir ni modificar cosa alguna. Razones de prudencia elemental que a todos se alcanzan, nos han obligado a tachar en el primero de los dos escritos los nombres y apellidos de los desgraciados profanadores del Cristo Desamparado. Ésta ha sido la única modificación que hemos introducido. En lo demás, todo cuanto en los originales aparece, sin cambiar una letra ni suprimir una tilde, todo ha pasado al impreso exactamente tal como fue escrito de mano de la Sierva de Dios. De boca en boca ha corrido con insistencia la noticia de que en el último de los dichos documentos se predecían no sé qué sangrientas truculencias, incendios y destrucciones que habían de venir sobre España en castigo de sus pecados. Como en las ediciones impresas tales calamidades no han aparecido anunciadas, se ha esparcido el rumor pertinaz de que habían sido suprimidas. Interesa a la seriedad de los que han preparado la presente edición y a los fueros mismos de la verdad desmentir rotundamente esta fantasía. Por eso insistimos en afirmar que lo que aquí publicamos es el original íntegro de la Madre Ràfols; esperamos que nadie creerá que mentimos a sabiendas.

* * *

Aun dejando a un lado todo eso que ha inventado la fantasía exaltada de algún visionario, los escritos de la Madre Ràfols contienen gran número de predicciones, algunas de extraordinaria trascendencia, y es imposible pasarlas por alto. Esperamos el fallo de la Iglesia, que en esto, como en todo lo demás que dice relación con la vida de la Sierva de Dios, ha de ser la que diga la última palabra. Pero, mientras llega ese fallo, parece necesario hacer alguna indicación para satisfacer la legítima curiosidad de los que desean conocer cuanto haya de cierto respecto al cumplimiento de aquellas predicciones.

Y sea la primera la que promete el fruto espiritual que se ha de seguir del conocimiento de los escritos mismos. El Corazón de Jesús instaba a su Sierva para que escribiese los sentimientos que Él la comunicaba “para que los pobres pecadores, —dice—, por muy endurecidos que estén, al leer estos escritos en los tiempos venideros, que tan necesitados estarán de Su Misericordia, despierten de su profundo sueño y ceguera y sin ningún temor acudan a Su Corazón Paternal.”

Este amoroso designio del Señor se está cumpliendo todos los días. La lectura de estas impresionantes comunicaciones del Sagrado Corazón a su Sierva, despiertan el fervor cristiano y provocan conversiones con tan extraordinarias circunstancias que en más de una ocasión, los que resistieron a otros asaltos de la gracia, se han declarado vencidos con esta lectura.

Más rica en pormenores y singularidades es la predicción que se halla en el mismo documento sobre el hallazgo de un crucifijo de plata que por deseo expreso del mismo Señor, debía llamarse el Santo Cristo de la Pureza y del Consuelo. Cuando en 1815, por mandato explícito del Señor, se hallaba la Madre Ràfols descansando en su casa natal, mandó Jesucristo a su Sierva que aquella imagen que ella tenía en gran estima, la clavase en la pared; prometió que Él haría que allí permaneciese sin que nadie pudiera arrancarla, hasta que sus Hijas vinieran por primera vez a venerar aquella casa. “Yo haré, —la dijo el Señor—, que una de tus Hijas al verlo lo reconozca por tuyo y sin ningún esfuerzo ni respeto humano, por inspiración mía lo desclavará y al dueño temporal de esta casa muy conmovida se lo pedirá.”

El 1º de Septiembre de 1924 las Hijas de la Madre Ràfols entraban por primera vez en su casa natal de Villafranca. Y he aquí que al recorrer las diversas habitaciones y llegar a un cuarto pequeño del piso superior, vieron clavado en la pared un Crucifijo de escaso relieve, casi borrado por las capas de cal que lo cubrían. Llamólas la atención y una de las Hermanas, se sintió movida a afirmar con toda seguridad que era de la Madre. Entonces la esposa del colono refirió lo que sabía de la imagen: varias veces habían querido desclavarla, sin conseguirlo jamás. La Hermana entonces no hizo más que encaramarse sobre un catre y en tocando con la mano el Santo Cristo, sin el menor esfuerzo se desprendió de la pared. Pidióse autorización al dueño de la casa para trasladarlo a Zaragoza; concedióla primero de palabra; y cuando después por carta confirmó su voluntad de que las Hermanas guardasen la preciosa imagen, las incluía en su carta el testimonio de tres generaciones que confesaban no haberla podido arrancar de la pared.

Esto que sucedía en 1924, vióse después que estaba con todo pormenor anunciado en el escrito hallado en Octubre de 1931.

Más extraordinarios caracteres reviste todavía todo lo referente al Santo Cristo Desamparado. De la capilla del vecino convento de los Dominicos, lo habían robado unos desgraciados en 1809; y después de profanarlo horriblemente (el escrito de Abril de 1815 refiere cómo el Señor reveló a la Sierva de Dios las profanaciones de que fue objeto) lo arrojaron a un hoyo y lo enterraron entre horribles blasfemias. Deseaba la Madre Ràfols, aprovechando su estancia en Villafranca, descubrir la imagen y venerarla debidamente El Señor la dio a entender que no era voluntad de Su Padre que se hallase por entonces el Santo Cristo. Y a renglón seguido la hace saber que el día 15 de Noviembre de 1929 unos trabajadores que cavarán la tierra por aquella parte lo hallarán con grande asombro, se darán cuenta de que aún estará fresca y roja la Sangre que había brotado de la Santa imagen al tiempo de las profanaciones, y aquel prodigio será el comienzo de la grande atracción que el Cristo Desamparado ha de ejercer en el pueblo cristiano.

Por sorprendente que parezca, la predicción de la Madre Ràfols se ha cumplido al pie de la letra. El 15 de Noviembre de 1929, mientras se trabajaba en abrir la zanja para cimiento del muro divisorio entre la finca propiedad de las Hermanas y la finca vecina, uno de los peones topó con el pico la veneranda imagen, la tomó en sus manos y hallándoselas ensangrentadas recurrió a sus compañeros, los cuales confirmaron que la sangre procedía de la imagen. Todos estos pormenores los afirmaron espontáneamente con juramento los mismos obreros, en el procesillo que de orden del señor Obispo de Barcelona se hizo sobre todo lo referente al hallazgo del Santo Cristo Desamparado.

Alargaríamos demasiado este prólogo si hubiéramos de seguir detalladamente cada una de las predicciones que aparecen en los escritos de la insigne Fundadora, y referir su cumplimiento. Para hacer al menos de las principales una rápida enumeración, recordemos el anuncio de la construcción de una iglesia, hospital y escuela en la casa natal de la Sierva de Dios, las cuales, gracias a los donativos de personas generosas, están ya en vías de ejecución. Mencionemos asimismo la donación de un hermoso noviciado y precisamente, en la cercanía del Santo Hospital; el establecimiento de la Adoración Perpetua al Santísimo Sacramento en la capilla de ese noviciado, comenzada exactamente el día 30 de Agosto del año en que se hallasen sus escritos, como le había prometido el Señor; el hallazgo del escrito en 1836, en la fecha precisa de Enero de 1932 y en el Archivo del Hospital, como en realidad ha sucedido; la institución de la festividad de Cristo Rey por el Papa Pío XI, cuyo nombre aparece claramente profetizado en el escrito, y, por último, las luchas sociales que con tantas turbulencias han de agitar la vida de las naciones.

Capítulo aparte merece y mención especial, la predicción de las persecuciones religiosas que han de poner a prueba la fe de los católicos españoles. Ya en el escrito de 1815 se anuncia la persecución en términos tan concretos, que forzosamente queda el ánimo suspenso. El Señor hace saber a su Sierva que al tiempo en que sean hallados sus escritos, “hasta en su querida España se cebaría y con más furia, que en otras naciones, el espíritu del mal, trabajando sin descanso por borrar la fe cristiana en todos sus habitantes y de modo especial querrán con gran empeño quitar y quitarán de la vista de sus hijos pequeñuelos su imagen y prohibirán que se les enseñe su Doctrina Divina.” Y aún parece que quedan más particularizadas las características de esta persecución cuando pinta a aquellos “hijos suyos que andarán envueltos en una ola de cieno, guiados por el espíritu infernal, profanando y destruyendo templos, derribando imágenes y sobre todo queriendo borrar Su Nombre mil veces bendito de todos los ámbitos de la tierra.”

En el escrito de Julio de 1836 todavía son más determinadas las predicciones. Empieza por fijar la época de la persecución, “que comenzará abiertamente en 1931.” Señala poco después los principales pecados para cuya purificación permitirá el Señor los rigores de la prueba: “las ofensas que ha recibido sobre todo de la mujer, con sus vestidos impúdicos, sus desnudeces, su frivolidad y sus perversas intenciones”; y termina anunciando el triunfo definitivo, cuando “no haya, —dice—, en mi querida España, una provincia, un pueblo, una aldea, un individuo donde no reine mi Sagrado Corazón” y llegue el momento en que se cumpla su deseo de “presidir los hogares, las cátedras, las oficinas, las escuelas, los talleres, las cúpulas de los templos y hasta los montes por donde pasan los caminantes.”

Al buen juicio del lector dejamos la opinión que debe formarse sobre este notable conjunto de predicciones. Como la prueba ha sido señalada tal como por nuestros ojos la estamos viendo en estos aciagos días que vivimos, parece que el ánimo se inclina a creer que, pues sólo inspirada por Dios pudo conocer con tanta antelación las horas de amargura, inspirada por Dios escribe también la promesa del triunfo que tanto consuela los ánimos atribulados. Líbrenos Dios de acusar de excesiva credulidad a quienes en estas predicciones de la Madre María Ràfols han puesto desde un principio su más firme confianza para el oscuro porvenir.

De todos modos, una advertencia hemos de hacer al piadoso lector. Los escritos de la Madre Ràfols, venerandos sin duda alguna y dignos del mayor respeto, no son libros infalibles; constituyen una revelación privada en la cual en absoluto cabe el error. Cuando la Iglesia, por medio del Sub-promotor general de la Fe, autorizado su publicación, se ha limitado a declarar con esto que aquellos escritos nada contienen que sea contrario a la fe y las costumbres cristianas. Sobre la certidumbre de las revelaciones en ellos contenidas y el valor profético de sus predicciones, nada se ha declarado hasta el presente.

Con estas advertencias, decíamos en el prólogo de la primera edición, podíamos dar por terminado nuestro trabajo de prologuistas. Pero las predicciones contenidas en estas pocas páginas van acompañadas de tan precisas circunstancias de tiempos y personas, que inevitablemente surge en el ánimo la duda. ¿Serán, efectivamente, auténticos estos escritos, o nos hallaremos en presencia de una piadosa superchería? ¿Será cierto que estos documentos se deban a la pluma de la venerable Fundadora?

Esta duda ha surgido en realidad en muchos que sólo conocieron los escritos por copias, y han querido averiguar hasta qué punto quedaba fuera de duda su atribución a la Madre Ràfols; otros se la han formulado en su conciencia y no pocos la han resuelto ya de plano, negando toda fe a estas páginas y rechazando en absoluto su autenticidad.

Pero esto que un día pudo ser discutible, hoy no deja ya lugar a duda de ninguna clase. Los escritos, todos los escritos de la Madre Ràfols han sido llevados a Roma para ser allí sometidos a los peritos calígrafos de mayor autoridad. El elegido por la Sagrada Congregación de Ritos para este estudio ha sido el ilustre bibliotecario del Archivo Secreto del Vaticano, Angelo Mercati, una de las primeras autoridades del mundo cuando se trata de averiguar la paternidad de un manuscrito. Ocho días ha retenido Mercati en su poder los preciosos originales; y al cabo de ellos, después de largo y minucioso estudio, ha emitido su informe, que es la más decisiva afirmación de la autenticidad. “Puedo, dice, con pleno convencimiento y debo declarar con seguridad absoluta y consciente de mi responsabilidad, que los escritos a mí presentados para su examen son autógrafos de la M. Ráfols”. El informe lleva el sello del Archivo Vaticano y la fecha del 20 de Abril de 1932.

Queda, por tanto, zanjada de una vez para siempre la cuestión; y no es razonable ni científico por una simple presunción y sin argumento de ninguna clase, rechazar la autenticidad de un escrito que ha sido tan paladinamente reconocida por quien ha estudiado detenidamente los originales y tiene autoridad para dictar un fallo definitivo.

Y, ¿qué decir ahora del contenido de estos escritos? Las muchedumbres, naturalmente noveleras y amigas de todo lo que presenta el sello de lo extraordinario, se han sentido singularmente impresionadas por las predicciones que abundan en estas páginas y por la abundancia de circunstancias y pormenores que las acompaña.

Pero no es de aquí de donde procede la principal importancia de los famosos autógrafos. Es que las revelaciones de que el Sagrado Corazón ha hecho objeto a la Madre Ràfols no son de carácter meramente personal; van dirigidas a los españoles y al mundo entero. “Hija mía, —le dice—, quiero por mediación tuya derramar grandes gracias a mis hijos los hombres… Yo te haré escribir para mayor gloria de mi Corazón, y consuelo de tus Hijas y de todas las criaturas… Mira, Hija mía; tú no puedes comprender todo lo que voy a decirte, pero tampoco hace falta que lo sepas, pues yo no te lo digo para ti, sino para otros Hijos míos, que llegará día que serán muy perseguidos y estarán muy dudosos y apurados con las luchas que les armará el enemigo queriendo destruir la Religión y hasta mi dulce Nombre de todos los ámbitos de la tierra… Cuando llegue esta época, que empezará abiertamente en el año 1931, quiero que todos mis Hijos los hombres que tanto me han costado, levanten su espíritu y pongan en Mí y en mi Madre Santísima toda su confianza.” Esto ya no son las dulzuras y regalos interiores que suele conceder el Señor a ciertas almas de muy levantada oración, no. La Madre Ràfols se nos presenta en estos documentos como una gran vidente, una de aquellas almas predilectas del Señor, a las que Dios hace sus confidentes, y a quienes se complace en revelar los misericordiosos designios que tiene preparados para el gobierno del mundo y la salvación de los hombres.

Una singular Providencia del Señor ha dispuesto que estos autógrafos aparezcan en el momento más oportuno, en las horas amargas de la persecución, cuando las almas turbadas por la borrasca están más necesitadas de aliento y confianza. Lean estas páginas los espíritus acobardados que escudriñan con impaciencia el porvenir; lean y aprendan las soberanas lecciones de confianza que ha puesto en ellas el Maestro Divino.

Zaragoza, Junio de 1932.

D. ZURBITU, S. J.

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Escritos de la Madre María Ràfols publicados en este sitio:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/madre-maria-rafols/

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