Presentanción del Libro “Los Hechos de Ezquioga ante la Razón y la Fe” por Fr. Amado de Cristo Burguera

30 de Julio – 85º Aniversario
Años: 1931-1933 / Lugar: Ezquioga, País Vasco, España
Apariciones de Jesús y la Virgen Dolorosa de Ezquioga
Videntes: 47 personas

El libro escrito por el Padre Amado de Cristo Burguera y Serrano, “LOS HECHOS DE EZQUIOGA ANTE LA RAZÓN Y LA FE”, es un documento histórico que consiste en un estudio patológico, psicológico-psiquiátrico y teológico documentado, realizado a los videntes y testigos de las Apariciones de la Virgen Dolorosa de Ezquioga, en la Provincia de Guipúzcoa, País Vasco (España), que prueba los Hechos ocurridos allí; vale la pena leerlo cuidadosamente para aprender a discernir los espíritus, algo tan importante en estos días. Es un trabajo exhaustivo de investigación, de 800 páginas, que fue publicado en 1934 y que era conocido como “El Libro Negro de Ezquioga”, por el color de la cubierta. Contiene, además, los mensajes y profecías dados por la Virgen Dolorosa para los últimos tiempos que ya estamos viviendo. Tanto las Apariciones de Ezquioga, como los videntes y el mismo libro en sí, fueron brutalmente perseguidos en su tiempo. Algunos de los videntes, encarcelados primero y recluidos en un manicomio después, permanecieron internados en el psiquiátrico de Santa Agueda ubicado en la localidad de Arrasate (Mondragón) aun después de La Guerra Civil Española. Muchos ejemplares del libro fueron quemados públicamente en la hoguera, conservándose pocos ejemplares de esa primera edición.  Por estos motivos, y para dar a conocer la verdad de las Apariciones de Ezquioga, comenzaremos su publicación por capítulos.

Tomado del Libro: “Los Hechos de Ezquioga ante la Razón y la Fe”
Escrito por: Fr. Amado de Cristo Burguera y Serrano, O.F.M.

A guisa de prólogo

A GUISA DE PRÓLOGO.— Discurríamos como los demás. Razón de esta Obra. El “algo” de Ezquioga. ¿Existen graves causas sociales y demás por las cuales se ve que son razonables y lógicos los Hechos que ocurren en Ezquioga? La Santísima Virgen con espada en la mano, ¿por qué? A mayor claudicación humana mayor misericordia divina. Estamos en época de excepcional sobrenaturalismo que hay que aprovechar. La Obra mariana más grande que se ha obrado hasta el presente. Los enemigos de las apariciones. Palabras de Nuestra Señora dando razón de sus Apariciones. Bibliografía. Nuestros veintidós géneros de pruebas y nuestra triple Documentación Series A, B, C. Examen de pruebas de sobrenaturalidad y preternaturalidad de los Hechos de Ezquioga. Cuádruple clamor al cielo.

Discurríamos como los demás

Hasta mediados de Noviembre de 1931 discurríamos como casi todos los que niegan o dudan las Apariciones de la Santísima Virgen de Ezquioga. No porque no supiéramos que Nuestra Señora puede aparecerse, y, de hecho, ha aparecido en el transcurso de la Historia a muchos santos y personas inocentes y sencillas; sino porque, basados en las informaciones que la prensa de aquellos días arrojaba, no nos podía caber en la cabeza el que la Madre divina se encontrara con espada en las manos, recorriera la campa con ella e infligiera unas heridas a cierta niña guipuzcoana.

Nos decíamos: No parecen propias de la Virgen, que es todo ternura y misericordia estas cosas. Además, que son desusadas en la Iglesia de Jesucristo. Y sin más ni más no las admitíamos. Pero, llevados de la santa curiosidad de Moisés, cuando ante el hecho estupendo de la zarza que ardía y no se consumía, dijo: Iré y veré este prodigio (Éxodo 3:3); y, sobre todo, movidos del férvido deseo de conocer plásticamente la hermosura física de la Madre de Dios, que tal en Ezquioga decían se mostraba, nos lanzamos, en la fecha dicha, allá, y, practicamos los estudios, con sus pruebas consiguientes, rectificamos y asentimos, no solo a la posibilidad, sino a la realidad de las Apariciones, siendo fruto de todo ello el capítulo 32 que en la obra notada abajo trata de “El arte en la singular belleza física de la Virgen María”. —Precisamente estábamos imprimiendo la obra: De Dios a la Creación; De la Creación al Arte; Del Arte a Dios, su tomo II; y, habiendo llegado al capítulo referido, no quisimos pasar adelante sin conocer personal y documentalmente la referida “Belleza” aparecida en Ezquioga. Por esto, principalmente, nuestro viaje a Anduaga—. En dicho capítulo presentamos un esbozo de los estudios que en el presente libro ampliamos.

Y aquí tienes, lector amable, explicado cómo fuimos a par que muchos de hoy día; y cómo también los constantes estudios y la asistencia divina nos hicieron pensar de distinta manera. Porque, aunque no lo parezca, tenemos poco de crédulos y sí mucho de inquiridor de la verdad, no saciándonos hasta que la hallamos. Igual podría acaecerte a ti repasando este libro.

Razón de esta Obra

Cuando a primeros de Julio de 1932 se nos suplicó diésemos censura particular a los hermosos artículos: “La verdad de lo de Ezquioga”, del Sr. Bordas Flaquer, a quien, entonces, no conocíamos, nuestro criterio fue enteramente favorable. Luego, se nos rogó compusiéramos su “prólogo” —Publicado a primeros de octubre de 1932, por su autor, el folleto: “La verdad de lo de Ezquioga” con censura y licencia eclesiástica de Segorbe, teniéndola antes ya del Obispado de Barcelona para publicarlo en artículos periodísticos, y, remitido a todas las diócesis, nada se objetó contra él, hasta que el 15 de Setiembre de 1933, casi un año después, el Boletín Eclesiástico de Vitoria, publicó la circular Nº 165, y en su número tercero de su parte dispositiva declara ilegítima la censura eclesiástica de dicho folleto, “porque, contra lo ordenado en el canon 44-1º fue obtenida sin dar cuenta a la Curia que la suscribe de que esa misma licencia había sido negada por otro Ordinario, a quien anteriormente se había pedido”. Como era natural, el autor del repetido folleto ha elevado al Prelado de Vitoria respetuosa cuanto enérgica protesta por la enorme falsedad manifiesta en dicha Circular y el daño consiguiente irrogado, y exige de justicia una reparación. Por lo que toca a nosotros, la hemos elevado al Santo Padre. Contra este esbozo literario se han arrojado y se arrojan, en macabra danza, pelladas de barro, guijarros a granel y agriada bilis, y se han empleado todos los medios para su persecución y exterminio. Mas ¿no hemos quedado en que el Prólogo es solo un esbozo de la Obra didáctica que hacía falta? ¿Sí? Pues hete aquí la Obra—; a lo cual por miras a Nuestra Señora, accedimos. Y, en él, vista la necesidad del momento,  y que en nuestra obra citada, tratamos, en unas cortas páginas, el proceso que en Noviembre anterior nos merecieron los Hechos de Ezquioga, anunciamos acá y allá, que, tan luego nos fuere hacedero, publicaríamos una obra didáctica, de fondo y forma: la obra que hacía falta acerca de los hechos de Ezquioga.

Aquí, pues, la tienes lector querido, redactada, en su mayor parte cabe el monte Anduaga, sin más libros (porque a priori no pensábamos componerla, ni los trajimos, ni nos fue posible hallarlos) que los ordinarios del viaje, el estudio paciente, la oración constante, el examen desapasionado, la prueba completa, el contraste adecuado, la conferencia seguida, la discusión movida, la experimentación en el verde campo que por dosel tiene al cielo, el auxilio de la más Pura de las mujeres, y la heterogénea compañía de videntes y seudovidentes probados, amigos sinceros, curiosos sin número y enemigos disfrazados y declarados que, como las útiles, ociosas y perniciosas hierbas del prado, de todo hay por estas risueñas y sedantes laderas. Y todo esto acompañado, cual música siniestra, de persecuciones y difamación sordas y taimadas, a veces; abiertas y ruidosas, otras, durante más de dos años continuados, en que hemos puesto a su contribución todas nuestras energías.

El “algo” de Ezquioga

Aun los que se recatan de confesar paladinamente los Hechos de Ezquioga, confiesan, por lo bajo, que allí hay “Algo”. Desgraciadamente nadie se atreve con este “Algo”, como si fuese el bu de los niños; resultando de este estado de ánimo general, vago, incierto, inclinado, como todas las cosas que no se afirman, sostienen y prueban, al cruel pesimismo, esto es, a la infecunda inercia, a la triste negación, a la negra incredulidad.

Pero siempre nos hemos preguntado: y ¿por qué no se acomete ese “Algo”? ¿Por qué se le soslaya con un “qué sabemos” por toda respuesta, para que un público ignaro de estos menesteres acabe por decir, como dice: “aquí no hay nada”? Pecado grande  y muy grande es éste que, de un lado, dejando un asunto de importancia tanta a merced de las mundanales olas, podría acabar por estrellarlo contra las rocas del olvido, mientras que, de otro lado, impide que la gloria de Dios y de su Madre, y la santificación y salvación de las almas, doble supremo fin de la Humanidad, den el resultado que en el Plan divino a dar están llamados.

A esto venimos, pues, lector nuestro: a indagar, a examinar, a sondear, a pesar y a contrastar ese “Algo”, que ya va resultando un “mucho”.

Tanto más cuanto que (decirlo nos llena de vergüenza y dolor) sencillos devotos, sabios médicos, penetrantes psicólogos, ilustres artistas y celosos sacerdotes de allende los Pirineos, están de vez en cuando repasándolos en autobuses y privadamente, abandonando su casa y hacienda y trabajando por el esclarecimiento de los Hechos que, probados, tanto honor y gloria a Dios y a la Virgen, y provecho al pueblo católico han de reportar; mientras que esos mismos señores ven el reverso de la medalla en el triste abandono y la descarada persecución, de calumnias, injurias e infamias llena, contra todos aquellos que simpatizan con el Hecho de las Apariciones. ¡Ah, si todo esto, dicen ellos, se realizase en Francia, en Bélgica,… en Italia!… ¿Qué más quisiéramos? Pero nosotros no procederíamos con la estúpida inercia, y, menos aún, con la franca persecución que los españoles indevotos proceden, sino que, a estas horas, tendría la Virgen en nuestras naciones, pese a todo negativo sectarismo, un magnífico palacio-templo y unas romerías sin igual. El lector notará si todo esto es evidente. Y ello advertido, comencemos por interrogar:

¿Existen  graves  causas  sociales  y  demás,  por  las  cuales  se  ve  que  son  razonables  y  lógicos  los  Hechos  que  ocurren  en  Ezquioga?

I CAUSA: La gravedad del momento presente universal. Tan silenciado como sabido y sentido, el momento presente universal desbordase a flor de labios y a punta de pluma con la amarga queja general: ‘Esto va mal. Nos hallamos en la boca de un volcán. El día menos pensado sobrevendrá un cataclismo. Que viene, que viene ya’. Y todo el mundo vive en continua zozobra y en perpetua angustia, esperando la hora trágica del castigo a la humana descomposición. Pero no es menos cierto —y esto es lo más sorprendente— que los hombres, ante unos males tan enormes, vivan de espaldas a su Creador, le cierren sus puertas y aun le blasfemen y persigan.

Y los mismos católicos, y aun la crema de los mismos ¿hemos pensado que nos hemos salido de los cauces naturales, de los caminos de Dios, de los raíles evangélicos, hablando, obrando y viviendo en un parecido a los cristianos, pero que tal vez no lo es?

Porque si abrimos el Evangelio, creemos que su espíritu, en la inmensa mayoría, se esfumó, quedando únicamente su letra sagrada, como el caparazón que lo envolvía. El licor divino evangélico, en hermosa botella contenido, de haber quedado tanto tiempo abierta y a todos los vientos y emanaciones expuesto, se ha evaporado. Queda todavía líquido; se percibe una como fragancia. Nos queda el sonido, la envoltura, el nombre; pero el espíritu, ¿a dónde fue?

Muy parecida es nuestra época a la en que Jesucristo en la tierra vivía. Él la describe monumentalmente en los evangelios. Sobre todo cuando arroja en cara a los escribas y fariseos su particular modo de obrar: que traspasaban el mandamiento de Dios —el precepto de la caridad— por seguir la tradición (Mateo 15:3); que honraban a Dios con sus labios, pero que su corazón estaba lejos de Él (Mateo 15:8); que enseñaban doctrinas y mandamientos de hombres (Mateo 15:9); que decían y no hacían (Mateo 23:3); que imponían cargas pesadas e insoportables a los demás, cuando ellos no querían aplicar el dedo para moverlas (Mateo 23:4); que practicaban sus obras para ser vistos de los hombres (Mateo 23:5); y amaban los primeros asientos, y deseaban ser saludados en la plaza como maestros y doctores (Mateo 23:6-7), que andaban mendigando alabanzas unos de otros y no procuraban aquella gloria que de solo Dios procede (Juan 5:4), etc.

Precisamente por este último apartado es porque los escribas y fariseos no recibían ni creían en Jesucristo (Juan 5:44); y es ciertamente, por la vanidad, que mueve la lisonja, y por la soberbia, que engendra la presunción, las que apartan de Jesucristo y de su Madre Santísima. ¡Ah! Y cómo señalan todo esto nuestros divinos Maestros en los diversos Mensajes enviados a la tierra, mediante los videntes, y que se contienen en toda la Documentación A y B, que en este Libro insertamos.

Pero hay más. El Santo Padre Pío XI (f.r.) ha dejado advertido en una de sus sabias encíclicas (Charitate Christi compulsi), que los momentos difíciles por los que atraviesa la humanidad sólo son comparables a los que en Noé, de orden divina, predicando penitencia a un mundo subvertido, fabricaba el arca de salvación para unos justos. Y es aún más; Jesús y la Santísima Virgen tienden anunciado que los tiempos son los peores desde que el mundo es mundo (Documentación serie B). Estamos por tanto, en vísperas de una inevitable catástrofe que, solamente, una penitencia universal podría aminorar.

II CAUSA: La Santa Virgen, en los últimos tiempos ha de ser más conocida, amada y glorificada que lo ha sido hasta ahora. Para predicar esta privada y pública penitencia y hacer más viables los caminos de salvación, es por lo que, particularmente, la Virgen Santísima deja sentir su augusta presencia entre nosotros. Uno de los lemas que ponemos en la portada lo declara. Y es que para esto es por lo que algunos santos  —(La verdadera devoción a la Santísima Virgen de San Luis M. Grigñon de Montfort, Mística Ciudad de Dios, de V. Sor María de Jesús de Ágreda y De Dios a la Creación; de la Creación al Arte…, tomos I y II de nuestra pluma)— profetizaron que la Virgen que, durante toda su vida de peregrinación sobre la tierra, se mantuvo humilde y oscura (a fin de que toda la gloria reviniera sobre su Hijo, a quien convenía fundamentar sobre el mundo) e ítem, que, durante la Historia de la Iglesia, no ha recibido toda la gloria y el honor a Ella debidos, precisamente por causa de aquella humildad y oscuridad, que por tradición se mantenía, y es por lo que la divina Señora no ha sido amada y glorificada bastante, porque tampoco ha sido bastantemente conocida; ahora, al llegar a los tiempos de generales claudicaciones, es cuando la Omnipotencia divina quiere que su Madre sea lo glorificada que debe ser, comenzando por ser conocida y amada más que nunca, y pasando por una pasión y muerte mística, a imitación de las de su Hijo —(Ver 16 de Octubre de 1932 —Documentación Serie B, Nº XI)—. Y para esto es por lo que esta Madre bendita se muestra extraordinariamente en Ezquioga no sólo como pudo hacerlo a un Maximino y una Melania en la Salette; a una Bernardetta en Lourdes; a una Lucía, Jacinta y Francisco en Fátima; a los cinco pequeños en Beauraing; sino a varias docenas de videntes, cosa tal vez nunca vista en la Iglesia Católica y en el mundo todo.

III CAUSA: “La gravedad del momento particular de España”.— Nada tiene de extraño que, observadas las dos anteriores causas, surja una tercera final, que haga razonables y lógicos los Nueve Hechos que integran el cuerpo de toda esta labor. Porque ha sido siempre España la nación predilecta de María y la nación católica por antonomasia; pero también es evidente que es hoy España patrimonio de adversarios del Catolicismo, que han podido subir al poder, precisamente por la defección y claudicación de muchos que fueron buenos. Y María, la que estando en carne, nos visitó, erigiendo un trono en Zaragoza, tiene inmensa compasión de su pueblo, y se lamenta dolorosamente en Ezquioga para despertar a sus hijos profundamente dormidos, o levantarlos del sucio fango en que están hondamente metidos, clamando en los videntes, que practiquemos insistente oración, dura penitencia, aceptable sacrificio, y que nos demos por entero a Dios: lo que pidió en La Salette, en Lourdes, en Fátima, en Beauraing y en el mundo entero; pues se acerca la hora de la purificación del mundo, y muy especialmente en España (la que fue muy amada, porque a mayor declarado, mayor responsabilidad contraída), mediante el duro azote divino.

No hay más que fijarse en la cruda realidad. Y cuando el vicio y la herejía y la apostasía y el ateísmo hacen público alarde, no es menos cierto que alcanza a todas las clases sociales sin excepción. ¿Cuándo se ha visto en España, sino ahora, algún sacerdote que públicamente, ha hecho ostentación de apostasía? Y por lo que toca a Ezquioga, que es donde estamos, ¿cuándo se ha oído, sino actualmente frases contra la excelsa Madre de Dios, saturadas de impiedad, herejía y blasfemia, escandalosas siempre, acompañadas de risa y desdén, proferidas al pie de la campa de las Apariciones?

Pero ¿en qué época se ha visto también que las masas católicas no despiertan; que, despertadas, hacen oídos sordos al clamor continuo del cielo; que las que se movieron al arrepentimiento se han enfriado; y que, a causa de unos y otros, se han rebullido casi todos contra las apariciones, negándolas, burlándolas y persiguiéndolas por todos los medios aunque sean malos?

¿Dónde está la fe? Pero ¿por qué no se cree? Hay que decirlo claro y bien alto para que todos lo oigan: No se cree, porque se vive vida de materia, y menos aun que de materia, de metal. No se cree por dar gusto o por no disgustar a los que llevan el timón y viven vida de materia y de metal. La materia y el metal, por su pesadez empujan hacia abajo.

Si se quiere creer, hay que desprenderse de aquella vida y odiarla e ir en pos de la vida sobrenatural, no sólo para admirarla y celebrarla, sino para bien vivirla: Que no debemos admirar y cantar a Cristo y a María como pasados, sino presentes a nosotros; y no como muertos, sino vivos entre nosotros. Por esto hemos de bien vivir su vida. Lo sobrenatural es espíritu que, por su ligereza, al cielo asciende.

La Virgen con espada en la mano. ¿Por qué?

Jamás en la historia la Santísima Virgen ha aparecido, con espadas en la mano, como en Ezquioga. Éste es un hecho proclamado por cuantos la han visto, desde el principio de las Apariciones, y en distintas veces, y al que nosotros nos negamos a dar crédito en un principio; como tampoco admitíamos, en un principio, muchas cosas de las apariciones, que nos parecían repugnar con la bondad, la misericordia, la dulzura y otras cualidades pacíficas de Nuestra Señora. Mater misericordie, vita, dulcedo, spes nostra. En esto íbamos de acuerdo con los que no han estudiado el caso.

Pero a los que duden o nieguen una tesis semejante, les responderé que tampoco en la Historia ha habido época, excepción hecha de la prediluviana, de mayor incredulidad, desorden racional y vicio sexual que la actual: vicio, desorden e incredulidad que alcanza absolutamente, con muy pocas excepciones, a todas las clases y categorías sociales.

La Santísima Virgen en sus apariciones y revelaciones no expresa otra cosa. Ella ha venido y viene, desde hace cerca de tres años, a remediar el mal, pero no se la quiere oír. ¿Qué cosa, pues, más lógica que sobre la Humanidad, revolcada en el cieno y empedernida en el mal, recaigan terribles, ejemplares e inauditos castigos, en algo semejantes a los diluvianos y en mucho diferentes de éstos  por lo peores? ¿Qué cosa más natural que esa Humanidad sea castigada para ser corregida, y que los que sobrevivan sean más justos y caminen por los rieles que Dios ha fijado? Y ¿qué simbolismo más exacto el de tales excepcionales castigos que la espada o las espadas con las que, en un principio, la Virgen Madre aparecía?

Cuando se estudia, se sabe; y cuando se sabe, se dan a las cosas su justo valor.

A mayor claudicación humana mayor misericordia  divina.
Estamos en  época de excepcional sobrenaturalismo que hay que aprovechar.

Hay un pasaje sagrado y cuatro hechos, que le confirman, referentes a la actual corrupción humana. El pasaje es éste: “La salud ha de manifestarse claramente en los últimos tiempos…” —(1ª Pedro, 1:5)—. Y todo conspira a persuadirnos que nos hallamos en esta postrera época.

Ahora bien; si esta salud ha de manifestarse “ahora”, claramente, es porque hasta el presente no se había descubierto aún con el máximun de claridad que hace falta, precisamente porque los postreros tiempos de enormes claudicaciones no habían aún llegado. Y ¿cuál es esta “salud”? No cabe duda que es la que precisa la humanidad actual, enferma de terrible dolencia, y que, a causa de esta “salud”, podrá ser curada.

Los hechos, que confirman aquel sagrado pasaje, son: a) La actual obra del Amor Misericordioso, en el que Jesucristo se manifiesta con mayor claridad y dilatación de espíritu; b) Los sensacionales documentos de la Madre Rafols, cuya causa de beatificación está introducida; c) Los interesantes trabajos de la bienaventurada Gema Galgani, y d) La ruidosa Obra de Ezquioga, la mayor obra histórica sobrenatural, después de la Redención, que se conoce y con las que las profecías del Amor Misericordioso y de la Madre Rafols y de los trabajos de la bienaventurada Gema, absolutamente convienen. Ésta es denominada “procuradora” y aquélla “abogada” de la causa de Ezquioga.

Por la Obra —aprobada— del Amor Misericordioso, de la que plumas autorizadas —los Prelados que han encomiado esta Obra y se nombran al final—  han dicho que es un mensaje del Amor Misericordioso a los hombres, particularmente españoles, y a los que sacerdotes, “mediante P. M. Sulamitis, se descubre un ajustado paralelismo con la Obra de Ezquioga, en la que la Santa Madre de Dios envía diariamente mensajes a España y al mundo entero, mediante los videntes escogidos por Ella”.

Por los documentos de la Madre María Rafols, hace un siglo redactados, también aprobados, consta que en estos calamitosos tiempos nuestros, la Santísima Virgen había de hacerse visible hasta si preciso fuere, con extraordinarias maravillas. Ahora bien; ¿qué es Ezquioga sino el gran teatro de todos estos prodigios marianos, tan negados como grandiosos, y más negados por lo colosales?

Por los trabajos de la beata Gema Galgani, en Cataluña, organizando excursiones a Ezquioga, que han reportado excelentes frutos espirituales, y en el mismo Ezquioga, siendo vista la bienaventurada junto a la Santísima Virgen, dando saludables consejos y advertencias a los videntes: ¿qué son sino el singular apoyo y la eficaz defensa a esta misma Obra mariana de Ezquioga?

Es, ciertamente, todo ello una excepcional floración sobrenatural, tan grande y extraordinaria, como grandes y extraordinarias son las negaciones y las claudicaciones de los tiempos actuales.

¿Cómo dejar de creer en tales saludables coincidencias que, por lo providenciales, tocan los términos del milagro?

Pero hay más todavía:

La Obra de María en Ezquioga es la obra mariana más grande que se ha obrado hasta el presente

Una buena estadística de: a) curaciones de enfermedades; b) conversiones de pecadores, c) descubrimientos de secretos íntimos, d) profecías cumplidas, e) castigos merecidos, f) favores especiales recibidos, y g) santificaciones de almas cristianas en los tres años de apariciones y revelaciones de Nuestra Señora de Ezquioga, daría la resultante de que, a proporción, no ha habido ni en el Antiguo ni en el Nuevo testamento obra tan excepcionalmente prodigiosa como la que la Madre de Dios y su divino Hijo están realizando.

Estamos en los comienzos de la misma y todo está en saberse aprovechar de ella. Porque los frutos están llamados a ser inmensos, ya que la prevaricación humana es inaudita.

¡Ah! Es que hay que repetir muchas veces aquello de que “a mayor claudicación humana, mayor misericordia divina, patentizada en esta extraordinaria floración de sobrenaturalismo actual, que precisa explotar, si queremos aprovechar en los caminos de salvación eterna”.

Los enemigos de las Apariciones

La colosal grandeza del asunto, extraño, desusado, maravilloso a todo evento, ciega a los enemigos de las Apariciones, les asusta, empequeñece, aplasta y desorienta.

Pero, ¿qué motivos tienen para obrar así? ¿Han practicado exámenes de videntes? Y si los han practicado, ¿de qué modo? ¿Se encuentran con capacidad suficiente para examinar?

Muchos ni conocen Ezquioga, ni han visto vidente alguno. Hablan porque un compañero excéntrico o despreocupado o desalmado o ignorante se lo ha advertido así. Otros porque habrán tropezado con algún caso dudoso y, hasta si se quiere falaz. Quienes más, porque entre gente de bien está de moda hablar así. Y se lanzan por todos los lados y medios a negar, a denigrar, a impedir que la obra sobrenatural surja potente, así como si a una marmita en ebullición se la enroscara fuertemente una recia tapadera para que el líquido no escape.

Pero téngase en cuenta que “la Gloria de Cristo no la disfrutarán aquellos que no la hayan defendido —la Santísima Virgen, 27 de julio de 1932. Cap.23, Documento Nº 1—, y la gloria de Cristo es la gloria de su Madre que posponen, ciertamente, a sus intereses creados, los cuales de nada absolutamente les valdrán para el día de la gran prueba.

¿Por qué en lugar de cerrarse a todo examen de videntes, por qué en lugar de excusarse, con el socorrido tópico de en “Ezquioga no hay nada” o “lo de Ezquioga es obra del demonio”, no van a ella con ánimo desapasionado, varonil, de hombres de estudio, y verán como la consecuencia sería enteramente diferente de la que blasonan?

¿Por qué en lugar de examinar a uno o dos videntes a medias o a tercias, no se les examina y se les prueba y se les contrasta a enteras?

¿Es que hay que seguir así? ¿Qué hay empeño en seguir así? Pues aquí de la justicia de Dios, que sabrá vengar los agravios inferidos a su Madre, tanto más cuanto que por empeñarse en seguir así se han perdido y se pierden muchas almas.

El medio del cual se vale el cielo para salvar a la actual humanidad distraída, ciega, empedernida en el pecado, es el propio medio del que se valen sus enemigos para la negación, el vilipendio y el apóstrofe.

No le vemos remedio en lo humano.

Aquel medio supremo son las reiteradas, las múltiples “apariciones” de la Santísima Virgen en Ezquioga, tan mal combatidas como incomprendidas, precisamente por la falta de fe ya muy común y de sentido cristiano. Apariciones que no son, en manera alguna, nuevas en la Iglesia de Dios, sino trilladas por la Historia Eclesiástica de todos los siglos. El propio Orígenes nos habla de muchos niños de ambos sexos que tenían repetidas visiones parecidas a las que tratamos. Fue, dice él, “una florescencia sobrenatural atribuida a las necesidades de aquellos tiempos de persecución”. Pero estos son, ciertamente más calamitosos aún que aquéllos por la falta de fe, no llegada al común de las gentes. ¿Qué extraño, pues que ahora, ante la mayor necesidad presente, sucedan apariciones mayores y más repetidas?

Palabras de Nuestra Señora dando razón de sus Apariciones

“Si he venido a la tierra es porque Satanás se ha apoderado del mundo y quiere terminar con los católicos.” Documentación Serie B, Nº 8, c), 25 febrero 1932—.

“La causa de aparecerme en Ezquioga está en la defección de los ministros de Mi Hijo, que no atienden, como es debido, a sus iglesias; y por esto me procuro otras almas queridas, a fin de que trabajen, en lo que ellos olvidan” Documentación Serie B, Nº 6. 3 set. 1932—.

“Jesucristo, Mi Hijo, dice últimamente, está muy ofendido, por los ultrajes que recibe del mundo y quiere mandar un castigo. Pero Yo, como soy Madre de todos, he venido a anunciar a Mis hijos que se enmienden, o si no recibirán el castigo del Padre” Documentación Serie B, Nº 3—.

En una palabra: El olvido del cumplimiento de nuestros estrechos deberes, el obrar de espaldas o frente a ellos, y el supremo anhelo del cielo en salvar a la humanidad extraviada, es la triple causa de las apariciones de la Santísima Virgen en Ezquioga, como en la Salette, como en Fátima, como en Beauraing, como en los documentos de la Madre Rafols, se queja tan amargamente de todos sus hijos, particularmente de muchos de aquellos de sus sacerdotes que, no sólo no andan por el camino de la santificación propia y ajena, sino que son rémora de la salvación de muchos.

Las distintas revelaciones a los videntes, que en la Documentación Serie B se exponen, lo declaran hasta la saciedad.

Claro está que en Ezquioga, lo mismo que en otras partes análogas, no todo son visiones o revelaciones verdaderas. Las hay, asimismo, falsas o malas, por el lado que el enemigo o la miseria humana roza.

A aclarar todo esto es a lo que tiende este Libro de investigación histórica, primero; para sobre esta sólida base, sustentar el edificio patológico-teológico que vamos a levantar, el cual sirva de labor informativa y de elementos de juicio, obtenidos a fuerza de estudio, experiencia, paciencia y oración, y en nuestra propia defensa.

Bibliografía de las Apariciones de Ezquioga

No es copiosa como en otras partes, v. gr.: Bélgica y Francia, la bibliografía con respecto al asunto que tratamos; y ello prueba sencillamente la idiosincrasia española. Cuando las apariciones en el mundo entero —y con esto no pretendemos rebajar a nadie, pues hablamos sólo objetivamente— comparadas con las de Ezquioga vienen a ser como un grano de anís comparado con una montaña; y por esta razón nuestra biografía debiera ser inmensamente mayor, resulta lo contrario.

—No hace más de medio siglo que las apariciones de Beauraing se han sucedido, cuando tanta y tanta literatura sobre ellas se ha amontonado. “Les Annales de Beauraing”, periódico que aparece semanalmente en Bruselas, refleja exacta idea de toda la bibliografía existente sobre el particular. Nada hay que decir sobre lo que se ha escrito acerca de La Salette, Lourdes y Fátima, sobre todo de la segunda. Cerca de la Gruta de Lourdes hay una librería especializada en asuntos de las Apariciones de Lourdes, en la cual el curioso y el devoto pueden saciar sus ansias espirituales. No cabe duda que los franceses y los belgas en todo esto nos ganan la mano—.

Todo asunto, en efecto, adquiere amigos y enemigos. Cada cual mira las cosas según su manera de ser y de ver. Por consiguiente hay en el asunto de las Apariciones de Ezquioga sus defensores y sus opositores.

Entre los defensores —pocos—, aparte los periódicos serios de los primeros días de las apariciones, que trataban seriamente el caso, inclinados más a su afirmación que a su negación, según en otro lugar queda indicado, son:

  • La verdad de lo de Ezquioga, antes referido.
  • Las maravillosas apariciones de Ezquioga, por el activo don Juan Bta. Ayerbe, Secretario del Ayuntamiento de Urnieta, encaminadas a la afirmación del Hecho y de que éste llegue al convencimiento.
  • La Vie social, semanario francés, que publica hermosos artículos de reconocida devoción a Ezquioga, a cuyo director, sacerdote, se le prohibió, como a los demás sacerdotes, la ascensión al campo.
  • “Los videntes de Ezquioga”. “A la opinión pública creyente”. Depósito en “La constancia”, —San Sebastián, 1931. Folletito de 39 págs., en octavo pequeño—. Es un trabajito de información “para que la opinión pública creyente tenga una recopilación de los datos diseminados en la prensa, en las conversaciones traídas y llevadas de acá para allá y de los que al cabo de los cuatro meses transcurridos desde que se tuvo indicio de algo sobrenatural ha perdido el recuerdo la memoria”. Y por lo mismo que es sencillo es ingenuo, que, salvo algún error de poca monta, merece ser consultado.
  • “Un fruto de Ezquioga. —Hermano Cruz de Lete y Sarasola, religioso de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios— Una nota biográfica con su glosa”. Folletito de 15 págs., en octavo, en el que se reproduce el artículo necrológico sobre el interesado, fallecido el 30 de octubre de 1933, y publicado en la revista mensual ilustrada “Caridad y Ciencia”, órgano de la citada benemérita Orden de la provincia Hispano-Americana, en su Nº 59, págs. 699 y sigs. Es una hermosa y muy atinada biografía del vidente Cruz de Lete, de cuyas visiones y revelaciones tratamos en este libro; pero tiene sobre todo, mucha enjundia, tan hermosa y atinada como la anterior, particularmente cuando pregunta: “En plena juventud, ¿quién trocó una vida tan distraída por una existencia consagrada al servicio de Dios?, para contestar que “fue la Santísima Virgen cuando apareció a esa vida en la montaña de Ezquioga”.
  • En Bélgica, Mr. Fernand Rmisch (Dorola) de Lyon ha mandado imprimir L. Enigme d’ Ezqioga, publicación de la lucha a favor de Ezquioga, la llama su autor, en carta a nosotros del 3 de noviembre de 1933, y en la cual, añade, no me dejo influenciar por nadie. En contestación a ella le hemos señalado el flaco de haberse dejado influenciar por alguien parcial. Nos dice también que nos ha remitido un ejemplar de esta obrita para que podamos dar una apreciación de la misma: ejemplar que, por desgracia, no ha llegado a nuestras manos; pero que, a priori, podemos anticiparle una razón que se hace extensiva a todo este linaje de trabajos; es a saber: que por mucha inteligencia que se tenga de ellos, como están sujetos a la experiencia, se necesita más tiempo, mucho más tiempo del que dichos autores han empleado en el conocimiento, examen, experimentación y contraste de los mismos, si se quiere acertar, y mucho más aún, si se quiere completarlos.
  • Merveilles et Prodiges d´Ezquioga, por G.L. Boué. Tarbes (Francia) Imp. Lesbordes, 1933. Es otra obrita en octava, de 206 páginas, en las que dice el autor “son la reseña de lo que él ha visto y entendido, observado y tomado durante el curso de sus frecuentes visitas a Ezquioga alrededor de las fechas 1931-33. Su trabajo, añade, es el de cronista y narrador. Se contenta con exponer y no juzgar, bien que su experiencia y observación personal, le hayan permitido adquirir, provisionalmente al menos, convicciones que no oculta. Por esto, la obrita de referencia ofrece dos partes bien distintas. La primera parte es el fruto de la observación y experiencia del autor; a las que hay que señalar la razón que, para este objetivo, damos en el párrafo anterior, y que generalmente, salvo detalles, está bien. La segunda parte es también el fruto de la aportación de amigos, conocidos, cuyo nombre no es menester aducir, y ello es otra cosa. Porque los casos recogidos a la ligera por este amigo, por otra parte, muy activo y celoso, se resienten de faltas de atención, examen, tamiz y documentación; y dichos casos, recogidos así, como si el temor alcanzara de que se le apolillasen, habiendo español que trabaja en este asunto, pero que su labor, por contrastada y depurada, va despacio, tuvo prisa de entregarlos al Sr. Boué quien, ni corto ni perezoso, se dio prisa también en adjuntarlos, sin más ni más a su obrita. Se verá esto confirmado en el curso de nuestra Obra en que, sin ánimo de rebatir, por qué, sin conocer los que trae el Sr. Boué, los teníamos bien registrados, los descomponemos, analizamos y damos la apreciación conveniente. De otro lado, agradecemos al autor las cortas líneas que de nuestra modesta persona tratan y que también en algo rectificaremos. Por lo demás, “Maravillas y Prodigios de Ezquioga” pueden producir buen fruto en personas no exigentes. Citaremos alguna vez la autoridad de este autor en confirmación de lo que exponemos.

Entre los oposicionistas, (muchos) se encuentran las Conferencias, que resultaron tristemente famosas, del P. Laburu, S.J. —véanse los capítulos 20-22 donde le rebatimos—. Un pequeño trabajo del P. Luis Urbano, O.P., publicado en determinada revista; “Les faits mysterieux de Beauraing” por el P. Bruno de J.M. Carmelita, en Etudes Carmelitanes mystiques et missionaires, Descleé de Brouwer et Cie, París, que, en apoyo de su tesis, trata de los hechos de Ezquioga en los que nada encuentra de sobrenatural —Documentación Serie B. Un criterio de autenticidad de las revelaciones—. Y sobre todas estas, como siniestro coloso, de triturador ademán, álzase tronando la Circular nº 165, del Obispado de Vitoria, de la cual “se ha hecho la más grande difusión en España y que traerá y es preciso esperar la calma de los espíritus”. (¿?) —La Croix, de París: Léveque de Vitoria et les apparitions d´Ezquioga, por L. Jordá, de últimos de setiembre de 1933—.

Esta Circular, que no alcanza valor doctrinal ni jurídico: “no valor doctrinal”, porque decide sin formal estudio, sin pruebas suficientes, sin oír a los videntes y contra los mismos Hechos; —Puede que la Curia Episcopal de Vitoria, en examen de algún vidente, haya encontrado al diablo por medio. No lo negamos, porque lo ha habido; y ciertamente, que no lo habrá hallado en tan repetido número de casos como nosotros. Pero de esto no se deduce la conclusión que el Prelado, en su circular de setiembre último, saca de atribuirlo todo a demonio o a otra causa no sobrenatural. En efecto; si tal conclusión fuese verdadera, lo sería también que habría solo demonio u otra causa no sobrenatural en todos los santos y en la iglesia toda. Porque es clarísimo que el demonio, por oficio y permisión divina (que se da para prueba de los santos), concurre allí donde están las obras buenas y santas; allí donde está Dios; y si es que por concurrir a dichas circunstancias hemos de sostener que todo lo que allí concurre es diabólico, entonces se vendría abajo, con todo el orden providencial y sobrenatural, la verdad toda. ¿A dónde nos llevaría la conclusión del Sr. Obispo de Vitoria? Nosotros agradeceríamos mucho el que nos demostrase científica y teológicamente su conclusión, así como nosotros damos ejemplo de consignarla demostrada en este libro—;  yno valor jurídico”, porque se da fuera de causa; según han contestado a los artículos 24, 25 y 26 de Setiembre último de La Croix, de París, los Sres. Pierre Gergeaux y Desiré Terrel des Cheines, y ampliaremos luego, ha sido el toque de clarín para que todos los que eran desafectados a Ezquioga batieran palmas y largasen en la prensa artículos sin base, puesto que la desconocen; y sin cabeza, porque no la tienen. ¡Triste apostolado de incredulidad social!

En efecto, firmado por Luis Jordá, y remitido desde Madrid a La Croix, publicó este diario francés en dicha fecha un artículo que se limita a exponer y comentar la antedicha circular, añadiendo que después de esta declaración de la autoridad episcopal, no subsiste duda alguna respecto a los hechos de Ezquioga”. ¡Pobrecito!

El otro artículo firmado por A. L., pero, que según escriben los que protestan  —Copia de la carta de MM. Desiré y Geargeaux a Mr. Lábbe Merklén, remitida a un amigo de aquellos, señor Carlos Guerau, quien galantemente nos la ha enviado y que guardamos— es también del citado Jordá, es más largo todavía, y pretende honores de editorial. Después de un ordinario preámbulo con inexactitudes, respecto al número de devotos y curiosos que en dicho día afluyeron a Ezquioga —el articulista fija en 20.000, cuando llegaron a 80.000 personas— se mete a desnaturalizar como un vulgar los hechos, atribuyéndolos a catalepsia.

Pasa después, a citar a G. Bernovilleque, que en 10 de noviembre de 1931, publicó un artículo de información en “Les Etudes”, artículo dice, que discretamente daba la marca, circunscribía tres zonas en que tenían realidad los Hechos extraños de Ezquioga. “Una zona de comedia y, a menudo de fraude; una zona de alucinación, de neurosis, de histeria de carácter místico, y tercera zona, igualmente incontestables de veracidad, de sinceridad, de simplicidad, de piedad, de parte de ciertos videntes, sencillas gentes que temen a Dios y creen ver realmente”. Es decir, tres velas: una al diablo, otra a sí propio y la tercera a Dios. Y añade por su cuenta A.L.: “En cuál de estas tres zonas será preciso colocar las intenciones políticas, que no tardaron a afirmarse, no tenemos por qué buscarlo aquí. El juicio de Bernoville nos parece exacto…”

Así se escribe y así se informa docenas de falsedades al público ignaro, tan ignaro como los que le informan. Desde la primera palabra hasta la última de Bernoville, es una sentina de errores y el que le cita ¡vaya frescura para robustecerse con textos ajenos tan averiados!

Todo nuestro Libro contesta palmariamente a estos señores y, en éstos, a todos los que, legión, piensan como ellos. ¿Y por qué es legión? Se tiende a no creer. Se quiere no creer. Pero, antes que este Libro aparezca, son dos valientes señores franceses, antes nombrados, los que, avalada por Mr. l´ abbé Duperson, dirigieron una carta a Mr. Lábbé Lión Merklen, redactor jefe del indicado diario parisién La Croix, en la cual “protestan vivamente contra las apreciaciones de ambos artículos antedichos con respecto a los videntes y videncias de Ezquioga; puesto que ellos mismos, personalmente Mr. Desiré, diez días, y Mr. Gergeaux, más de un mes, en dos veces que estuvieron, (muy poco tiempo para estos menesteres) examinados los hechos y videntes con calma y con todas las pruebas que le sugería su recto criterio, apreciaron todo lo contrario de lo que aquellos dos artículos falsamente informaban. Esto es, en una palabra; que en Ezquioga hay verdaderos videntes y auténticas visiones y revelaciones de la Santísima Virgen, y todo lo que se diga de que los videntes están aquejados de enfermedad, es una falsedad palpable…”

Nuestros veintidós géneros de Pruebas y nuestra triple Documentación

Al hablar de nuestro bagaje cultural próximo, con relación a los Hechos de Ezquioga —no del bagaje cultural remoto— o sea, los estudios y trabajos anteriores a los mencionados Hechos, porque esto es general, debemos consignar, que nuestras Pruebas, en su raíz, son de tres clases: las materiales, las testificales y las místico-morales.

Las pruebas materiales, —físicas, y psíquicas— las que se palpan, las experimentales, las susceptibles y necesarias a todo hombre de razón y estudio, las hemos puesto en práctica desde el principio de nuestra asistencia a los Hechos de Ezquioga. Y, si en Noviembre de 1931, no encontramos dificultades para ejercitarnos en ellas, no podemos decir lo mismo a raíz de últimos de junio de 1932, cuando nos consagramos de lleno al estudio de las mismas. Por esto, ascendimos a la campa pocas veces; y aún en ésta no era fácil realizar a la perfección las pruebas experimentales; así que tuvimos que desistir y buscar otros lugares cercanos a la campa, donde, a presencia de contadas personas, pudimos realizar nuestras materiales pruebas a satisfacción, antes, en y luego de:

a) Los éxtasis y los raptos  (cap. 4).
b) Los sufrimientos de pasiones dentro de los éxtasis, imposibles fuera de ellos  (cap. 11).
c) Las bilocaciones (cap. 10).
d) Las bipersonaciones  (cap. 10).
e) El desdoblamiento de la personalidad (cap. 10).
f) Las curaciones instantáneas o lentas (cap. 18).
g) Los favores especiales recibidos, declarados y reconocidos (cap. 19).
h) El conocimiento y revelación de los secretos (cap. 19).
i) Las profecías cumplidas  (cap. 19).
j) La dación de flores y del crucifijo, estando en éxtasis  (cap. 10).
k) La locución de varias lenguas y de sendas poesías, absolutamente desconocidas de los videntes, estando en éxtasis (cap. 10).
l) El mobiliario desecho por causas preternaturales  (cap. 10), y
m) Las contrapruebas de pruebas, entrando en éstas las aplicaciones ígnea, lucífera, de simple roce, las punzadas y las spíquicas (cap. 5).

Las pruebas testificales son:

n) Los videntes, los impropios videntes y los exvidentes de ambos linajes, (no los falsos videntes), que viven todavía y que dan razón de sus actos  (Doc. Serie B);
ñ)    Las declaraciones depuradas y contrastadas de ambos linajes de videntes y exvidentes, con las rechazadas, de éstos y aún de falsos videntes —Las declaraciones de falsos videntes son excepción que confirma la regla y que habla muy elocuentemente de su contrario: la verdad de lo de Ezquioga—.
o) Las similares a éstas, como las practicadas a Teresa Neumann en la obra Spirago referidas (id.).
p) Los sufrimientos de videntes y simpatizantes, “ad instar martyrum” (cap. 24).
q) Las diversas actas levantadas por las 25 expediciones catalanas, con motivo de la producción de algún suceso de carácter sobrenatural que, en la secretaría de dichas expediciones de Barcelona se guardan, y que es todo lo que entra a la parte de nuestra triple Documentación. Series A.B.C  (cap. 23).

Las pruebas místico-morales son:

r) Las convicciones adquiridas a fuerza de observación propia y ajena (toda la obra).
rr) Las conversiones a Dios (cap. 19).
s) El mejoramiento de costumbres (en la Obra).
t) Los castigos recibidos por los que han burlado la acción de la Virgen en Ezquioga (cap. 19).

  Nuestra documentación es triple, bajo las Series A.B.C. Bajo la Serie A aducimos las pruebas materiales, testificales y místico-morales, que integran el texto y quedan indicadas. Bajo la Serie B mostramos el “Diario y Extracto de auténticas Declaraciones seleccionadas de videntes de Ezquioga”, firmadas y rubricadas por los interesados. Bajo la Serie C, incluimos “actas, cartas, declaraciones, gráficos, etc.”, firmados y rubricados por testigos de prodigios obrados por la Santísima Virgen en su descenso a Ezquioga. Últimamente adjuntamos un breve Resumen de toda la obra. Véase cuanto sea el bagaje científico que en este Libro reunimos. ¿Qué dirán a todo esto los perezosos maldicientes, que, solo por serlo, son enemigos de las apariciones de Ezquioga?. Antes de hablar mal, vean si pueden pulverizar todos y cada uno de los veintidós géneros de pruebas enunciadas. Y, luego, vean también lo que ellos pueden presentar para cotejarlo con este Libro, y, si ante su luz, pueden las tinieblas avanzar.

De otro, todas estas pruebas y toda esta Documentación son las necesarias pruebas y documentación de nuestra defensa propia y obligada, solo en cuyo sentido van publicadas. Excluidas ellas, nuestra defensa ni sería terminante ni completa, habida razón del perfecto eslabonamiento y nexo existente en todas las mismas y nuestra actuación. Por esto son necesarias.

Examen de pruebas de sobrenaturalidad y preternaturalidad de los Hechos de Ezquioga

No basta, empero, la numeración de linajes de pruebas. Precisa además, conocer su valor para saber distinguir entre la sobrenaturalidad y preternaturalidad de los Hechos de Ezquioga.

La primera prueba de sobrenaturalidad, “base y medio” de las restantes pruebas del propio linaje, estriba en:

a) El éxtasis auténtico o divino (prueba física). Esta prueba es de momento, y se la conoce, —aparte la insensibilidad física del extático e independiente de su virtud—, por las circunstancias especiales que la rodean, sobre todo, el rostro sereno, tranquilo, dulce, rejuvenecido, hermoso, como transfigurado; y los ojos, que miran siempre hacia arriba, hacia el cielo, de donde todo bien nos viene; mientras que la prueba de preternaturalidad está en que el rostro del falso extático o diabólico presentase intranquilo, sombrío, hosco, envejecido, feo, como desfigurado; y los ojos se dirigen hacia todo, menos hacia arriba: de ordinario miran horizontalmente (cap. 8-12).
b) Repárese que en todo éxtasis se da la prueba intelectual o psíquica, prueba mayor y formidable, para el exacto conocimiento de los secretos del corazón y pensamientos íntimos. Esta prueba es auténtica, si dichos secretos y pensamientos, no habiendo sido manifestados de modo alguno por el que pretende hacerla, son revelados exactamente por el extático. Esto contando siempre con el beneplácito divino, que de ordinario accede, cuando ve que la prueba se pide no para satisfacer espíritu de curiosidad, sino por necesidad o afianzamiento. En ocasiones es Jesús o la Virgen los que sin ser interrogados, anuncian el pensamiento indeclarado; lo cual aumenta la fuerza de la prueba. Cuando el extático no responde acertadamente a los repetidos secretos y pensamientos la preternaturalidad o falsedad es manifiesta.
c) De igual modo son conocidas las revelaciones proféticas (prueba mixta, cap. 8). Estas revelaciones, si son auténticas, van acompañadas de ortodoxia, y ordenadas a la Gloria de Dios y santificación y salvación de las almas; y en cuanto a las profecías, de la seguridad absoluta o condicional, según éstas sean, de su exacto cumplimiento; y viceversa, si no son auténticas (id.).
d) Así mismo, son conocidas las curaciones (prueba física), las cuales, sean instantáneas o no, completas o incompletas, mejoran ciertamente el organismo humano. No así las seudo-curaciones, que parten de origen diabólico o humano, y que sin mejorar nunca dicho organismo, entretienen la enfermedad por poco tiempo, alterando los humores y acabando por fatal desenlace (cap. 18).
e) Item, son advertidas las bilocaciones y bipersonaciones (prueba física), las cuales son auténticas si tienden a la Gloria de Dios y al bien; y viceversa  (cap. 10).
f) Item, las conversiones a Dios (prueba moral), las cuales son auténticas cuando son totales, continuas o no; y falsas cuando son aparentes  (cap. 19).
g) Item, el don de lenguas (prueba física) que, siendo don del Espíritu Santo, es auténtico cuando se manifiesta “in bonum”; y falso cuando es “in malum” o para en chocarrerías  (id.).
h) Item, el diálogo con Jesús y la Virgen o con el diablo (prueba mixta), el cual diálogo, santamente llevado, dará a conocer infaliblemente la sobrenaturalidad o preternaturalidad de la causa; siendo sobrenatural, cuando ésta tiende, toda ella, a la consecución de las grandes virtudes, y al rendimiento de la mayor gloria divina; y siendo preternatural, cuando se vea en ella desprecio de alguna virtud, chocarrería, conato de blasfemia, blasfemia y hostilidad al género humano. Puede, además, aplicarse a este caso, la regla que en otro lugar señalamos respecto a la voz, gestos y ademanes de la causa, para conocer si ésta es sobrenatural o preternatural (cap. 12).
i) El diablo no puede insensibilizar completamente al individuo; habida razón de que no está en sus facultades obrar en poder y forma igual que Dios, sino en simular e imitar la insensibilidad para seducir. Por manera que, si se prueba que hay insensibilidad completa sin enfermedad, es que se trata de una obra divina. Para conocer el grado de insensibilidad, y por lo tanto, si es o no obra divina hay que echar mano de las “pruebas experimentales” que detallamos en el capítulo V.   

Cuádruple clamor al cielo

Vista la numeración de nuestras pruebas y documentación, llamamos poderosamente la atención del lector, que hay cuatro extremos con respecto al asunto de Ezquioga, que claman constantemente al cielo. Helos aquí:

a) La campaña inicua, de palabra y acción y de cierta prensa contra las apariciones y videntes auténticos de Ezquioga y puntos comarcanos; y de infamia, vejación, detención, prisión, destierro y persecución contra la humilde persona que, desde el principio de nuestra estancia en ésta hasta el presente, se desató, sin que nadie nos defendiera, ni se interesara por nosotros, fuera de honrosa y posterior excepción, quedando por ello, nuestra vieja reputación, conseguida a fuerza de tantos años y sacrificios, mal parada, no obstante reflexionar sobre nuestro singular sacrificio en ponernos al completo servicio de la Madre de Dios, que nos lo requería. “Sí, nos lo requería”; porque si aceptamos este durísimo cuanto ímprobo trabajo, del cual este Libro es su gran síntesis, no fue porque insensatamente apetecimos (cualquiera se mete en una labor así) sino porque, sin pensarlo y menos quererlo, fuimos, como queda dicho repetidas veces solicitados. ¿Qué esto choca? ¿Qué esto cuesta creer? Pues no es más que la escueta verdad. En su prueba aducimos testigos irrecusables y razones poderosas y estamos dispuestos a ofrendar nuestra vida. ¿Qué más podemos añadir?
b) La publicación de las Apariciones (obra de tres años) de la Santísima Virgen en Ezquioga era cosa urgente; porque si se obran constantemente y sin intermisión labores que son hijas de la más alta Providencia, no es para que permanezcan ocultas en el celemín, sino para que su luz brille desde lo alto del candelero para todos. Y esto no ha sido hecho. Y esto se ha procurado ahogar en el silencio, el desdén, la calumnia y la persecución. Y a nosotros, que el cielo nos ha hecho la merced de estudiarlo hondamente, facilitándonos todos los medios para conseguirlo, concediéndonos un estado de fuerzas físicas que no teníamos, hasta el punto de encontrarnos mejor ahora de salud que hoy a treinta años atrás, (y esto considérese si es garantía de la bondad de cuanto con respecto a lo de Ezquioga rozamos) se nos ha grabado, impidiéndonos de muchas maneras, hasta el mal tratamiento, manifestar dicha obra, consecuencia lógica de los especiales estudios dichos, en la inteligencia de que firmemente creemos que, si no lo hacíamos, tal como lo hemos practicado, faltábamos gravísimamente a nuestro llamamiento. Tan es así que también firmemente creemos que peligraría nuestra salvación eterna si, después de tantas pruebas subjetivas y objetivas, como el cielo nos ha deparado para el comienzo, confirmación y término de este trabajo, lo hubiésemos abandonado.

No somos nosotros los que vamos: nos llevan. “En siendo viejo, dijo Jesús a San Pedro, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te conducirá donde tú no gustes” (Juan 21-18).

c) Únese a este constante clamor el general del público, que pide a todas horas y con grandes voces, en muchos actos percibidos, se le suministre esa luz potente que aclare y despeje: aclare las nieblas de la ignorancia y de los puntos dudosos, y despeje la incógnita que no sale del cerebro de los más; para que con tal antorcha que, al propio tiempo es alma y vida, lo veamos todo y todos nos veamos.

Extremo, sumamente agravado por el propósito, de los extranjeros, sobre todo franceses y belgas que, más ávidos ¡triste es consignarlo! que los propios españoles de conocer la verdad de los Hechos de Ezquioga, y por carecer de trabajos científicos literarios que la suministren, se dan a la caza de noticias, no siempre de fuente pura, y hacen observaciones, no siempre atinadas, para publicar algo sobre Ezquioga; y se lanzan a escribir artículos y hasta libros los cuales, solo por defección hispana, no reflejan, no pueden reflejar la verdad pura y entera.

Y dejamos dicho que ello es debido a solo defección hispana. ¿Se ve a qué extremos de miseria intelectual conduce el obrar en la forma que se está obrando? De ahí la razón de este tercer clamor al cielo, que pide urgentemente se explanen competentemente los Hechos de Ezquioga para que, a su fulgente luz, todo el mundo vea y diga la verdad.

d) Más, aparte el derecho natural a nuestra propia defensa, nunca pensamos se llegara al extremo de que, por cuatro veces y en tres distintas curias, habiendo solicitado convenientemente censura y licencia eclesiásticas para la impresión y publicación de dichas manifestaciones, en este libro contenidas, tropezásemos con dificultades tan insuperables que, renunciando forzosamente a toda esperanza, han hecho imposible publicarlas por su ordinario trámite, como quisiéramos y en todas nuestras obras, que no son pocas, hemos practicado. Podremos, cuando se ofrezca, razonar y probar toda esta actuación, de suyo dolorosa, pero también de episodios tan altamente llena que es toda ella una lección soberana.

Pero, la publicación del Libro se imponía. Su contenido, clamaba al cielo. Las Declaraciones de los auténticos videntes son testimonio fehaciente de lo que afirmamos. Viven aún casi todos ellos, y no será fácil que aunque se les violente —este caso se ha pretendido varias veces, según hay plan de ello, afirmen lo contrario.

Y es urgente su publicación, porque, particularmente, si pública fue nuestra difamación en juzgado, curias, prensa y criterios individuales y colectivos, igualmente debe ser la reparación, que todavía no se ha hecho; que, para hacerla efectiva, es forzoso comenzar por la defensa cristiana —eso sí, cristiana de nuestra modesta persona y actos y personas en que intervenimos— en un Libro que, sale a la luz con el escudo de la natural defensa, la cual, precisamente, por ser natural, asimismo se justifica. Piénsese que a las horas presentes hemos sido abandonados de nuestros amigos, negados de nuestros favorecidos, perseguidos de nuestros compañeros, castigados de nuestros superiores y timados de nuestros deudores. 

Y nótese bien que providencialmente no ha salido este Libro a la luz antes del desarrollo final de la gran crisis de los videntes, —véase cap. 16. El Cisma—, a fin de que, hartas veces corregido, fuera el reflejo perfecto y explicación exacta, de toda la historia externa e interna, tan mal comprendida de los Hechos de Ezquioga.

Unos meses antes que apareciera no hubiera reflejado exacta y totalmente el Plan divino sobre la humanidad actual.

Nuestra labor no es de cronista, no va al detalle. Esto se deja para otros. Tampoco es de juez, que es oficio de la Iglesia, sino de testigo, reo y abogado. Tiende a lo básico, a lo fundamental, a probar científicamente cuantos extremos con las apariciones y videntes de Ezquioga, con los obstáculos y oposición a los mismos, se rozan; pero comprobándolo todo con hechos y autoridades. 

Rectitud y buen ánimo, lector querido. Si quieres que este Libro te aproveche, léelo despacio, y no una vez sola, meditándolo y comprobándolo luego. Su ciencia te servirá para confirmar tu fe y defenderte de tus enemigos.

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Los Hechos Ezquioga publicados en este sitio:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/los-hechos-de-ezquioga/

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Una respuesta a Presentanción del Libro “Los Hechos de Ezquioga ante la Razón y la Fe” por Fr. Amado de Cristo Burguera

  1. María Isabel dijo:

    Muchísimas gracias por la publicación este libro. Es hora de conocer los hechos completos de Ezquioga.
    Paz y bendiciones!

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