GRANDES GRACIAS PREPARAN PARA GRANDES SUFRIMIENTOS.

Del Diario Espiritual Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María (1961-1981) (Con Aprobación Eclesiástica)
De: Isabel Kindelmann (1913-1985) – Budapest, Hungría

LLEVÉ LAS COMUNICACIONES DE LA VIRGEN AL SEÑOR OBISPO
12 de Diciembre de 1962

Entregué en el Templo de Mariaremete las comunicaciones de la Santísima Virgen a aquel Sacerdote a quien la Santísima Virgen me había guiado.

El mismo día viajamos a Székesfehérvár. Nuestro tren partió a las dos de la tarde. Llevé las comunicaciones de la Santísima Virgen al Señor Obispo. Cuando llegamos, la oscuridad de la noche envolvía ya la ciudad cubierta por la nieve. Meditaba sobre las Palabras de la Santísima Virgen:

“Tenemos que buscar hospedaje para Mi Llama de Amor.”

Mi alma se llenó de devoción. Entonces, ¿será éste el lugar donde la Llama de Amor de la Santísima Virgen recibirá hospedaje? Ahora la Santísima Virgen se contentó con decir sólo esto:

Santísima Virgen.-
“¡Partamos!”

Viajé con la Hermana que me había sido señalada por compañera. Al bajar del tren, nuestro primer camino nos llevó al sepulcro del joven jesuita, Esteban Kaszap. Después de haberme encomendado a su intercesión, ingresamos al Templo para visitar también la tumba del santo Obispo Ottokar Prohászka.

Allí oré largamente, meditando Sus mismas Palabras: “¿Qué deseas Tú, gran Señor, de mí, que dependo de Ti y vivo por Ti y en Ti?” Al estar arrodillada junto a su tumba, me sentí muy conmovida. Con dificultad me separé de allí. Tenía mucho, mucho que decirle: las muchas peticiones que son la causa común de las almas. ¡Ayúdame, santo Señor Obispo y bendíceme!

La Santísima Virgen dispuso las cosas de manera que todo sirva para bien de la causa. Esa misma noche pude asistir a la Santa Misa que celebró el Señor Obispo. Nuestro alojamiento para la noche fue mejor de lo esperado. Al día siguiente, en la Misa de aurora, la Santísima Virgen me llamó la atención:

Santísima Virgen.-
“¡Mira los dos niñitos que están sentados delante de ti!”

Levanté la mirada y, efectivamente, dos niños flaquitos estaban sentados allí. Como era la Santísima Virgen quien me llamó la atención sobre ellos, los miré detenidamente. Eran sorprendentemente bien educados, sus vestidos eran pobres pero arreglados con cuidado. La Santísima Virgen seguía hablándome:

Santísima Virgen.-
“Sobre estos dos niños pequeños, hijita Mía, exhalo la Gracia de Mi Llama de Amor. Es Mi regalo para tus anhelos. Ten puesta tu mirada sobre esos dos pequeños, sobre todo, ora mucho por ellos. Son los favorecidos, de un modo especial, de Mi Llama de Amor. ¡Ayúdales también económicamente!”

Al dejarme sentir la Santísima Virgen que Ella por intermedio mío exhalaba la Llama de Amor de Su Corazón sobre estos niños pequeños, me puse a sollozar. ¡Madre mía, qué bondadosa eres! Durante toda la Santa Misa seguía sollozando. ¡Cuántas son las Gracias que Ella irradia sobre nosotros! Terminada la Santa Misa seguía con mi mirada a los niños. Cuando salían del Templo, les fui siguiendo para enterarme de sus nombres y dirección. Me enteré también que son niños de una familia numerosa.

Faltando diez minutos para la diez de la mañana, nos condujeron al palacio episcopal. No pasamos por la entrada ordinaria sino fuimos primero a la cocina. Ahí encontramos a una hermana atareada en amasar pasta. Interrumpiendo su trabajo nos hizo señas para que la sigamos. Nuestro camino nos llevó por un corredor oscuro que pasa por el subsuelo hasta que llegamos por fin arriba a la sala de espera episcopal. Después de breve espera nos condujeron a donde el secretario del Señor Obispo. Él nos llevó a la Capilla. Allí pronto me sumergí en fervorosa oración. ¡Aquí estamos, por fin, mi adorado Jesús!

Después de breves minutos, noté que alguien entró y comenzó a rezar en voz alta el Veni Creator Spíritus. No miré enseguida allá, pero como la oración se prolongaba, miré y vi que era el Señor Obispo. Me puse de pie mientras él colocó el reclinatorio. Me arrodillé delante de él para hacer mi anunciada confesión. Ésta duró largo tiempo. Admiraba su santa tranquilidad y el dominio de sí que manifestó durante todo el tiempo. No me interrumpió ni una sola vez. Cuando terminé, esperó todavía unos momentos, luego me preguntó si quería añadir algo más. ¡No! le dije. Él respondió a todo, punto por punto. Admiré su extraordinaria agilidad mental con que respondía a mis preguntas. Después de darme la absolución, otra vez, largamente me bendijo. Sus palabras tranquilizaban mi alma, disipaban mis atroces crueles dudas. Allí mismo me postré para darle gracias al Señor. Entre tanto, el Señor Obispo también rezó unas breves jaculatorias. Cuando me paré, se acercó a mí y bondadosamente con mano paternal dibujó una cruz en mi frente. Esto, no lo esperaba. Con un movimiento brusco, besé la mano que me impartía su bendición. Esto me conmovió tanto. Una vez que salió, me quedé todavía allí y medité sobre cómo hacer la entrega de las comunicaciones de la Santísima Virgen. Ella, con bondad y dulzura, se dirigió a mí:

Santísima Virgen.-
“Este alivio extraordinario, que sientes ahora, es Mi regalo.

Ahora vamos a descansar un poco para que tengas fuerza para continuar la lucha que te espera.”

Y al decir estas Palabras, con la bondad de Su Amor maternal me acariciaba el alma. Yo descansando espiritualmente, pensaba en la bendición especial del Señor Obispo, porque por medio de ella la Paz del Señor inundaba mi alma tan maravillosamente como nunca la había sentido después de ninguna bendición. Al recordarla, aún después de varios días, una feliz tranquilidad inundaba mi corazón.

LA GRACIA DEL ABANDONO EN DIOS
15 de Diciembre de 1962

Hoy me desperté con esta bendición que tuvo el efecto admirable, tranquilizante sobre mí. Mi corazón temblaba en verdad de alegría. Estaba pensando en la Llama de Amor de la Santísima Virgen. Al ir a la Santa Misa, Ella me dijo:

Santísima Virgen.-
“Tranquilízate, hijita Mía. Vamos juntas… Yo también Me fatigaba contigo, pero ahora vamos a tomar un buen descanso.”

Mientras estábamos así conversando, cumplí con tocar las campanas. Después me postré ante el Señor Jesús: “Mi adorado Jesús, ¡cuánto tengo que decirte! Luego volví a contarle aquello que me tranquilizó tanto. Le agradecí las abundantes Gracias y después Le adoré quedándome callada y en silencio… Él con Palabras suaves me dijo:

Jesucristo.-
“Tenemos que prepararnos para grandes sufrimientos, pero no te dejaré sola, y si fuera necesario, haré un Milagro. Tus sufrimientos serán extremadamente grandes.

Ahora viene la persecución con que Herodes Me mandó matar siendo Yo todavía un Niño pequeño. Pero, así como Yo y Mi Madre nos abandonamos en el Padre Celestial, tú también, de la misma manera, ¡abandónate en Nosotros!”

Entre tanto me inundó con nueva y admirable Gracia Suya. No puedo, en modo alguno, expresar con palabras la Gracia que derramó sobre mí mientras me decía:

Jesucristo.-
“Lo que te doy ahora, es la Gracia grande del pleno abandono en Mí. Dominará plenamente tu ser durante toda tu vida y se irradiará sobre otros también partiendo de tu alma.”

Es un sentimiento admirable, con nada comparable y sublime, el de la Gracia del abandono en Dios. No hubiera podido soportarla si no me hubiera dado Gracia especial para sobrellevarla. Y, entre tanto, el Señor Jesús, continuaba hablando:

Jesucristo.-
“¿Verdad que te emocionaste al recibir la bendición del Señor Obispo? Yo estaba ahí cuando él trazó en tu frente la Cruz. Lo hice por dos motivos: para darte un premio por tus numerosos sufrimientos y para que el Señor Obispo sienta también con respecto a tu persona Mi Voluntad Divina.”

EL SACERDOTE NO ENTENDIÓ LA LLAMA DE AMOR
16 de Diciembre de 1962

Fui al Santuario de Mariaremete a donde el Padre a quien una semana antes le había entregado las comunicaciones de la Santísima Virgen. Apenas dije unas palabras, me reconoció. Me dirigió unas preguntas… Entre tanto le mencioné que estuve donde el Señor Obispo, que le entregué las comunicaciones de la Santísima Virgen y le referí también con pocas palabras lo que contestó el Señor Obispo.

Yo también hubiera dicho lo mismo me respondió. Después comenzó a hablar de las comunicaciones de la Santísima Virgen.

Dijo que las leyó dos veces pero no las entiende. Yo me quedé bastante admirada y hubiera querido decir palabras elocuentes sobre la Llama de Amor de la Santísima Virgen, pero en vano me esforzaba. No llegó ningún pensamiento a mi mente, ni ninguna palabra a mis labios. Me quedé pensativa. ¿Cómo puede ser que no entienda esto? Entre otras cosas me dijo que los días de primer viernes y de los primeros sábados son también de reparación. Me parecía que él tenía por superfluos estos días intercalados de gracia. Cuando abandoné el local de las confesiones, el pensamiento de que él no lo entendía, me dolía más todavía. Le supliqué a la Santísima Virgen: “A quién me enviaste, Madre mía, no entiende Tu Llama de Amor.” Le pedí al Espíritu Santo que le ilumine y que la Llama de Amor de la Santísima Virgen penetre en él también como penetró en mí. Durante mi meditación, tormentos espirituales terribles comenzaron a torturarme.

Cuando salí del Templo y en el camino, iba en aumento mi dolor. El maligno suscitó de nuevo dudas en mi alma:

—Ves, no me admira que no comprenda tus pensamientos confusos. Él es un Sacerdote muy inteligente y, sin embargo, no logra orientarse en medio de tus cuentos embrollados. ¿Y tú todavía te engríes de tener que sufrir a causa de ellos? Sabes, esto solamente una persona trastornada puede creer. ¿Por qué sigues intentando esto?…

Con todas mis fuerzas procuré ordenar mis pensamientos. Los sufrimientos me causaban unos tormentos tan terribles que en el camino hubiera querido hacer saber a los que venían hacia mí, de qué manera tan terrible sufría.

En eso, mis pensamientos también se oscurecían. Me acordé de nuevo, como no pude hablar sobre la Llama de Amor de la Santísima Virgen. Ahora, yo misma llegué a pensar que yo tampoco entendía todo.

Al llegar a la casa, traté de ocultar el gran sufrimiento de mi alma, cantando canciones alegres para que mis hijos no se percaten de mi abatimiento provocado por mis sufrimientos. ¡Es una tortura espiritual terrible! ¿Quién podría librarme de ella? Sin embargo, no hay quien me comprenda, en vano lo contaría a alguien…

ERES INSTRUMENTO EN NUESTRAS MANOS
17 de Diciembre de 1962

Las Palabras de la Santísima Virgen penetraron en mi alma con bondad iluminadora.

Santísima Virgen.-
“¿Por qué te esforzaste, hijita Mía? ¿Por qué quisiste hablar con palabras elocuentes a favor de Mi Llama de Amor? Ten ante tus ojos para lo que estás destinada, que es el sufrimiento y recuerda las Palabras de Mi Santo Hijo quien te dijo:

¡Comprométete al sufrimiento y sacrifícate sin descanso! Tus sufrimientos no son vanos, pero no te toca a ti preocuparte quién comprenda Mi Llama de Amor. Tú, pequeño instrumento, no te sorprendas de que no pudiste hablar con palabras elocuentes. Quien actúa, soy Yo. Soy Yo quien enciende la Llama de Amor en el fondo de los corazones. Fui Yo quien contuvo tus palabras y quien obscurecí tu mente. No quise que la presunción se anide en tu alma. Eso hubiera sido una grave falta. Tú, pequeño instrumento, entra ya en razón y sé enteramente humilde. Eres instrumento en Nuestras Manos. Te cuidamos y no permitimos que el pecado se acerque a ti. En las tentaciones ten cuidado, porque el maligno se aprovecha de cada ocasión a fin de hacer tambalear tu humildad.”

EL DIABLO ME PEGÓ…
18 de Diciembre de 1962

He pasado a mi nueva casa que, para hacer reparación por los pecados, no consiste sino de un cuartito de 2 x 2 metros. Está construida en el fondo de la huerta. Hoy fue el primer día que dormí en ella. En vano estaba cansada, no vino sueño a mis ojos. Llegó la media noche y todavía no podía conciliar el sueño. Estaba pensando en que si ahora no logra dormirme, cuando llegue la hora de la vigilia, no podré despertarme. Estando así desvelada, pensaba en la Llama de Amor de la Santísima Virgen, porque una de las horas de mi velada nocturna la ofrezco para que se encienda la Llama de Amor de la Santísima Virgen, cuando de repente sentí un golpe en mi cuerpo. Al primero le siguió un segundo, luego un tercero. Después un golpe más pequeño. Tuve una noche terrible, miedo casi no había en mí. Después de los golpes el cansancio y el dolor se apoderaron de mí y me quedé vencida por el sueño.

Después de las dos de la madrugada me desperté, pero no pude velar ni una hora. Me sentí como a quién le han apaleado mucho. Fue el diablo quien me pegó, lo sabía. Sentí su presencia. Sólo me llamó la atención que el cuarto golpe no me dolió tanto como los anteriores. He sentido como si dos manos lo hubieran impedido. Después de velar casi tres cuartos de hora, otra vez me acosté. Me quedé profundamente dormida, como no me solía pasar. Me desperté antes de las siete. Yo estaba encargada de tocar las campanas en nuestro templo porque la hermana sacristana se hallaba enferma. Se puede imaginar mi susto. Para cuando llegué al templo, la misa temprana de adviento (“Rorate”) ya había terminado. Tristemente me quejé a la Santísima Virgen que el diablo me había pegado y no pude levantarme.

Es admirable lo que ahora voy a escribir. La Santísima Virgen me dijo:

Santísima Virgen.-
“¡Nosotros también estábamos allí, Mi Santo Hijo y Yo! Le permitimos que te golpeara, pero Yo pronto lo impedí. ¡Basta ya!”

La Santísima Virgen no me habló más sobre esto. Yo estaba muy avergonzada a causa de esto. Aun después de varios días el rubor cubría mi rostro. Durante el día el maligno se reía burlonamente:

Mira, mira, te quise abrir los ojos para hacerte salir de tus locuras. ¡Basta ya de tanto ayunar y de tanto velar! ¡Déjalo ya! ¡No tiene sentido tanta necedad!”

La Santísima Virgen lo interrumpió y me prometió no permitir más que el maligno me pegue, pero esta vez era necesario. La Santísima Virgen seguía hablándome:

Santísima Virgen.-
“Haz sacrificios, hijita Mía, y sumérgete en el aniquilamiento profundo de la humildad. Tú eres Mi pequeño y querido instrumento y tu empeño de alcanzar una gran humildad Me llena de contento. Es el efecto de Gracia de la efusión de Mi Llama de Amor que te da tanta constancia en tu empeño.”

Las Palabras de la Santísima Virgen me daban fuerza muy grande para mucho tiempo.

NUEVAMENTE EL SACERDOTE NO ENTIENDE

Como el Padre X estaba enfermo durante largo tiempo, volví a confesarme con el padre D. Se sorprendió mucho y se alegró también: ¿Por qué no vino? preguntó. Me esperaba ya. Le conté que en el tiempo intermedio estaba donde el Padre X, pero este Padre me rechazó… A causa del estado espiritual extraordinario en que vivo, no puedo confesarme de ninguna manera sin referirme a estas cosas, por eso le dije que siguiendo el consejo de la hermana bajo cuyo cuidado me habían puesto y no por mi propia voluntad he regresado donde él.

Cuando comencé a hablar sobre la Causa Santa, el Padre D. ya se había olvidado de muchas cosas… Después me amonestó a que tuviera paciencia: “La Causa de Dios necesita tiempo para hacerse valer.” De los escritos que previamente recibió de mí pudo constatar que el Señor me tiene gran predilección. Por este amor superior a lo ordinario con que me está colmando le debo ser muy agradecida… Luego afirmó que no entiende estas cosas. No me sorprende le contesté. Le conté cómo fue cuando en el Santuario de la Santísima Virgen me confesé con un padre enteramente desconocido para mí y siguiendo sus instrucciones tuve que entregarle sus Mensajes. Ese Sacerdote también tuvo que leerlos dos veces y él también reconocía que no entendía estas cosas. Yo, sin embargo, las comprendo. Por cierto, yo frecuentemente oro con las mismas palabras de la Santísima Virgen y pido al Espíritu Santo que encienda Su Luz en aquellos a quienes ya ha llegado la noticia.

El Padre D. me contestó que a su parecer yo estoy forzando mucho las cosas. Que no lo hiciera, porque es cosa de Dios el que esto se realice. Le dije que lo veo muy bien pero eso no depende de mí. Yo tengo una moción interna muy fuerte para urgir la Causa. Que yo esté urgiendo y presionando, lo notó el Padre X, también y dijo que tuviera paciencia porque la Voluntad de Dios de todos modos se clarificará. Esta violencia agota terriblemente mi cuerpo y mi alma. Yo no sería capaz de hacerlo por mi propia fuerza porque esto significa para mí una humillación tan grande que, si dependiera de mí, ni abriría la boca para decir palabra. La Voz que me mueve a hablar es el urgir de la Santísima Virgen, voz que se ha hecho casi ininterrumpida en mi alma. No puedo resistir al premio de la Santísima Virgen.

El Padre D. me dijo entonces que me quedara tranquila y que guardara mi corazón en la Paz del Señor. Luego se levantó una mayor discusión, pero yo no pude callarme.

Sentí que esta locución no ha brotado de mis fuerzas naturales. Al fin me dijo que entregaría este asunto a otro reverendo Padre para que lo lea. Que le tuviera confianza porque él es de una vida espiritual muy profunda.

TENTACIONES DEL MALIGNO.
GRANDES GRACIAS PREPARAN PARA GRANDES SUFRIMIENTOS
27 de Diciembre de 1962

De mañana, estando arrodillada delante del Sagrario y en los tormentos que afligían mi alma, llorando, sollozando, clamaba al Señor: ¿Dónde estás, mi adorado Jesús? ¿Por qué tengo que vivir sin Ti?… ¡Dame la Gracia de convertirme!… En toda mi vida no he llorado tanto como en estos últimos tiempos. Tú, Madre mía del Cielo, ¿dónde estás? Cuando pienso en Tu Llama de Amor, casi me quema el rostro la vergüenza. ¿Por qué es así?…

Habría sido mejor si no hubieras nacido, como se dijo de Judas… ¡Vuelve, por fin, a tus sentidos!”

Ahora la voz comenzó a dar alaridos, excitada por un tremendo furor. Entonces conocí por un momento que el maligno se ha arrebatado a fin de forzarme a reconocer que es él quien tiene la razón. Luego, por un momento, me sobrevino un sentimiento manso: ¿Será ésta la Voluntad de Dios? Pero al momento siguiente, pesó con mayor fuerza todavía sobre mí el tormento deprimente de que haya mentido: ¡No hay salida de la condenación! Me da vértigo el pensar que prefiero condenarme antes de reconocer y retractar mis embustes, de los cuales había creído antes que eran voces celestiales que me hablan. Y a causa de ellas voy a condenarme…

Oh, pequeñito Jesús de Navidad, yo no soy de las almas que Tú redimiste. Quien miente a nombre de mi Madre, será condenado. Ahora, en esta cumbre de tormentos espirituales, ya no encuentro palabras…

Después de esto, mi querida y buena hermanita, no sé cómo va a dirigirme usted todavía la palabra. Lo que usted piensa de mí, me lo imagino. Quizá, por delicadeza, no me va a despreciar como lo hizo el Padre X. Que sea dicho en mi defensa que reconozco mis mentiras equivocadas. Pero, lastimosamente, esto no trae alivio a mi alma… Le ruego repetidamente, ayúdeme, ruegue por mí y, si le es posible, visíteme.

30 de Diciembre de 1962

Los tormentos de las tentaciones lentamente se disipaban en mi alma. Un día estaba reparando la alfombra en nuestro templo parroquial que estaba frío, sin calefacción. Mis manos se entumecieron del frío y apenas pude tener la aguja. Pensaba: apenas terminé, me iré a casa para volver entrar en calor. Este trabajo de reparar la alfombra, lo hice delante del altar, en Presencia de Jesús Sacramentado. Entonces, inesperadamente, inundó mi alma la Presencia del Señor y comenzó a hablar en mi alma:

Jesucristo.-
“¿Por qué te apresuras tanto a irte de Mí? ¿No es bueno estar aquí junto a Mí? ¡Quédate todavía Conmigo! ¡Nadie viene a Mí para conversar!”

Cuando acabé mi trabajo, me postré delante de Él. Silenciosamente Le atendía.

Jesucristo.-
“¿Verdad que te agotaron los grandes y violentos sufrimientos? ¿Por qué te sorprendiste? ¿No te preparé para ello? Las Gracias que te había dado antes, te dieron fuerza para los grandes sufrimientos y ahora, por los grandes sufrimientos soportados, te inundo con mayor abundancia de Gracias todavía. Estos grandes sufrimientos tengo que multiplicar e intensificar cada vez más en tu alma. Pero, te fortalezco con la Gracia del perfecto abandono en Mí, para que ambos tengamos éxito.

El furor de Satanás es salvaje y Yo permito que se desencadene sobre ti para que vea qué grande es el Poder de Mi Gracia en el alma que se abandona en Mí.”

Después de esto me quedé todavía largo rato donde Él. Señor, ¡es bueno para mí estar aquí! Mi alma se ha liberado enteramente de la terrible y perturbadora influencia del maligno espíritu. Los nuevos sufrimientos no me han asaltado todavía, no sé en qué forma me van a sorprender. El dulce Salvador ya con anterioridad me había dicho que mi mérito va ser el sufrir… En ese entonces todavía ignoraba con qué crueldad puede Satanás atormentar. Ahora, al estar mi alma reposando en la Paz del Señor, me han venido a la memoria las palabras que dijo la hermanita cuando regresamos de donde el Padre X: “Por este rechazo debe cantar un Te Deum, como lo hizo su Santa Patrona, Santa Isabel…”

El Señor Jesús, me pidió que tuviera en gran estima la Gracia del abandono en Él… Él me la concedió a los ruegos de la Santísima Virgen, quien hizo referencia de nuevo a Su Llama de Amor y ésta le obliga…

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Fuente: http://www.salvemaria.ca/index-es.html 

Mensajes del Diario Espiritual Llama de Amor publicados en este sitio:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/isabel-kindelmann/

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