Durante las horas de reparación el poder de Satanás se debilita en la medida en que los reparadores suplican por los pecadores…

Del Diario Espiritual Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María (1961-1981) (Con Aprobación Eclesiástica)
De: Isabel Kindelmann (1913-1985) – Budapest, Hungría

AYUNOS POR LAS ALMAS SACERDOTALES DEL PURGATORIO
28 de Septiembre de 1962

Hoy, día de ayuno, lo ofrezco por las almas del Purgatorio, especialmente por las almas Sacerdotales. El Señor Jesús se refería a que no puede resistir al ruego de la Santísima Virgen. Me dijo, infundiéndolo en la conciencia de mi mente:

Jesucristo.-
“Ya que estás mitigando, hijita Mía, este anhelo tan grande que tengo por las almas, ¿sabes con qué te voy a premiar? El alma del Sacerdote fallecido, gracias a que han guardado el ayuno pedido por Mí, de hoy en adelante, a los ocho días de haber muerto, se librará del fuego del Purgatorio. Y cualquiera que guarde este ayuno, alcanzará esta Gracia a favor de un alma que esté penando.

(Observación: Si ésta había fallecido en estado de gracia).

Con lágrimas escuchaba Sus Palabras llenas de Majestad y Misericordia, que podemos ayudar tan eficazmente a las almas que sufren en el Purgatorio. Mi alma se estremeció cuando me comunicó esta nueva y grande Gracia, y al salir de la Santa Misa para ir a casa, dijo en Voz baja en mi alma:

Jesucristo.-
“Yo también me voy contigo y permaneceré contigo todo el día: que nuestros labios supliquen juntos al Eterno Padre para alcanzar Misericordia.”

Con profunda adoración le dije: Mi adorado Jesús, ¡vivir en el alma esta Gracia Contigo y con Tus Labios suplicar juntos al Eterno Padre!

Al ir así a mi casa, sumida mi alma en Su adoración, mi corazón bajo el efecto de la Gracia comenzó a latir tanto que casi me desplomé… Entonces le supliqué:

Deseo tanto, mi adorado Jesús, que Tu Gracia tan grande llegue a conocerse cuanto antes públicamente y cuantas más personas lleguen a sentir profundamente Tu íntimo anhelo.

El Señor Jesús me pidió que pusiera por escrito especialmente aquello de cómo podemos ayudar a las ánimas:

Jesucristo.-
“Por observar el ayuno pedido por Mí, las almas de los Sacerdotes, al octavo día después de haber muerto, se librarán del Purgatorio.”

(El ayuno estricto: durante un día se debe tomar sólo pan y agua).

DÍAS DE GRACIA – JUEVES Y VIERNES HACER “HORAS DE REPARACIÓN”
29 de Septiembre de 1962

Mi alma está llena continuamente de la Llama de Amor de la Santísima Virgen. Hasta en las horas de la noche, cuando me desvelo un poco, suplico sin cesar que ayude a encenderse sobre el mundo cuanto antes Su Milagro silencioso.

Cuando de mañana, temprano, llegué al templo, como si la Santísima Virgen hubiera esperado este momento para comunicarme en el silencio del templo:

Santísima Virgen.-
“¿Sabes, hijita Mía, cómo deben ustedes considerar estas dos días: el jueves y el viernes? Cómo grandes días de Gracias. Los que estos días ofrecen reparación a Mi Santo Hijo, recibirán una Gracia grande. Durante las horas de reparación el poder de Satanás se debilita en la medida en que los reparadores suplican por los pecadores… No hay que hacer nada llamativo, no hay que alardearse del amor. Arde en el fondo de los corazones y se extiende a otros también…

Quiero que no sólo conozcan Mi Nombre, sino también la Llama de Amor de Mi Corazón maternal que late por ustedes. Y te he confiado a ti el dar a conocer este Amor inflamado. Por eso debes ser muy humilde. Una Gracia tan grande sólo ha sido concedida a muy pocos. Ten en mucha estima esta Gracia tan grande y lo que más debes amar y buscar en ella sean las humillaciones, tanto externas como internas. No creas jamás que eres algo; considerarte a ti misma como nada sea tu principal preocupación. Nunca debes interrumpir el ejercitarte en esto. Aún después de tu muerte, esto debe seguir vigente, por eso también recibes las Gracias de las humillaciones, tanto externas como internas. Así podrás permanecer fiel en difundir Mi Llama de Amor. Aprovecha toda oportunidad: busca tú también con tu propio esfuerzo, las humillaciones externas e internas, porque lo que tú te buscas, aumenta aún más tu humildad.”

Al terminar la Santísima Virgen estas instrucciones maternales, mi corazón se llenó de profunda humildad. La Santísima Virgen me permitió sentir lo poderosa que es Ella y, sin embargo, qué humilde y modesta fue en Su vida terrenal. Me mandó escribir la Santísima Virgen esta comunicación en una forma tan detallada, porque esta Su petición que entrega por mi intermedio, es “Mensaje” para todos Sus hijos que como primeros van a difundir Su Llama de Amor.

En estos días me enteré de la dirección del Padre X. Fui al hospital para visitarle. La hermana enfermera me concedió cinco minutos para visita. Eran momentos graves. Pedí a ella si pudiera dejarnos hablar a solas por unos momentos. Ella salió. Le pregunté al Padre X si sabe quién soy yo. Me reconoció sólo después de que le hablé sobre el asunto. Le mencioné la Llama de Amor de la Santísima Virgen, de la cual él ya había tenido conocimiento. Le pedí que la leyera, si le fuera posible. “Yo, hija mía, dijo, no puedo leer ni siquiera el breviario, ni tampoco las cartas que recibo.” Pasados unos momentos de silencio, al mirarme con sus ojos medio abiertos, puede comprender que sus ojos brillaban con una luz que ya no es de este mundo; sentí que él ya estaba contemplando a Dios. Me dijo en voz baja: “Soy víctima, hija mía. Me entregué plenamente al Señor Jesús y a la Virgen Santísima, ya no dispongo de mi voluntad para nada. Que hagan conmigo lo que mejor les parezca.”

Entonces, le manifesté lo que la Santísima Virgen me dijo en aquel entonces cuando los médicos ya lo habían desahuciado:

Santísima Virgen.-
“Se restablecerá pronto, hijita Mía, pero no para mucho tiempo.”

Le pregunté al Padre X, ¿qué debo hacer con la Llama de Amor de la Santísima Virgen? “Yo, hijita mía, no puedo hacer nada. Si la Santísima Virgen me la hubiera confiado eso sería otra cosa. Pero así, no puedo hacer nada.” Añadió todavía, que tenga confianza, la Santísima Virgen lo arreglará todo. Él, de su parte, hace todo: ora y ofrece sus sufrimientos también por la Causa.

Yo comenzaba a desplomarme por los muchos sufrimientos espirituales que consumen mi alma desde ya hace meses. Le dije al Padre X: Yo también, como muerta viviente, soporto los muchos sufrimientos. En este momento se abrió la puerta, entró la hermana y el Padre también aceptó obedecer. “Ahora te bendigo mucho, hija mía.” Mientras él alzó su mano para bendecirme, yo, con movimiento súbito, con gran veneración la llevé a mis labios, quizá por última vez. Pensé que, aunque se restableciera, no es seguro que lo volvería a ver. En este momento la enfermera se acercó a la cama y dijo: “¡Termine, por favor, la visita!”

Salí a la calle. Dirigí mis pasos hacia el Templo de la Adoración Perpetua. Gran oscuridad pesaba sobre mi alma. En el camino a la Casa del Señor, Satanás de nuevo tiraba en mi cara sus palabras ultrajantes. Gozaba maliciosamente. Me postré delante del Santísimo Sacramento: He venido ahora a quejarme ante Ti, mi adorado Jesús. Tú sabes todo, sin embargo Te lo quiero contar. ¿Sabes lo que me dijo el Padre?… Tú sabes, ¿verdad? Jesús mío, que yo suplico siempre a Ustedes. ¡Cuán miserable soy, y sin embargo, me confían Ustedes este asunto que atañe al mundo…! Oh, yo impotente e inútil, ¡con qué gusto lo entregaría a un alma digna y pura! Yo no soy digna, Señor mío, para ello. Así suplicaba al Señor Jesús.

Entre tanto, Satanás con todas sus fuerzas quiso apoderarse de mi alma:

“Por fin, ¡estoy a punto de vencerte! ¿No te dije que fuera de ti nadie será tan tonto para hacer suyos y para pasar a otros tus pensamientos inhumanos, impíos? ¿Por qué no me haces caso? Siempre te dije que yo sólo quiero tu bien. Y tú, empeñada en seguir tu cabeza tonta. Pero espero que ahora ya vas a entrar en razón. Esta lección, por fin, ya ha arrancado el velo sobre tus pensamientos necios. Dime, ¿por qué quieres ser tú, a todo precio, superior del resto de los mortales?”

Fuera de la voz del maligno, mi alma estaba insensible a toda otra cosa. Mantenía mi alma en una oscuridad que ya no era posible soportar con fuerzas humanas.

Postrada ante el Santísimo, luchaba conmigo misma. ¿Qué debo hacer? ¡No me abandones, Señor mío! ¡Purifica y ordena mis pensamientos!

SE MADURA CON LOS SUFRIMIENTOS Y DOLORES
1ro. de Octubre de 1962

Hoy el Señor Jesús me habló de nuevo:

Jesucristo.-
“¿Sufres, verdad? Que sufras por Mí, esto es Mi regalo. Un tal sufrimiento como éste, sólo puedes recibirlo de Mí. Acéptalo por puro amor hacia Mí, sea sufrimiento espiritual o corporal. Sabes lo que te dije: Hemos de llegar arriba, al Calvario. ¡Qué nuestros pies vayan juntos! Y si te sientes sola, Yo permito esto únicamente para que tengas mérito, que ofrecerás por tus faltas y por las almas a Mí Consagradas. No te impacientes a causa de tu director espiritual. Ahora Yo Me encargo de dirigirte, tú sólo debes atenderme a Mí. Cuando te mantengo en la oscuridad de las dudas, aun entonces Yo estoy contigo. No te olvides cómo, cuando estaba Yo dormido en la barca, reprendí a Mis discípulos por su poca fe. Basta con una sola Palabra Mía y se hace silencio y esplendor en tu alma que, en algunos casos, por medio de otras personas también te enviaré. Acéptala aunque te hable por medio de la persona más insignificante. Te repito, hago esto para aumentar tu humildad. No te preocupes a causa de tu padre espiritual, solamente confía y espera en Mí. Abandónate en Mí, esto es lo más importante. Mi pequeño girasol, ¡gira hacia Mí! Yo, el Sol Divino, te estoy madurando por los sufrimientos y los dolores. No te espantes del sufrimiento que frecuentemente pasa a través de tu alma. Yo hago esto para acostumbrarte, porque por los sufrimientos andamos juntos y recogemos juntos.”

2 de Octubre de 1962

Jesucristo.-
“La continua fidelidad hacia Mí y Mi obra salvadora, Mi pequeña carmelita, de que das testimonio por tus continuas sacrificios, te hace caminar por el sendero del martirio. No temas, nuestros pies andan juntos, y aunque te duela mucho, sigamos caminando juntos. Te doy, hijita Mía, la abundancia de Gracias, porque Mi Corazón desborda de Amor, Me impulsa a derrochar. Colmo con Gracias mil veces mayores cada esfuerzo tuyo. ¡Ojalá muchas almas como tú Me amaran! ¡Qué alegría sería para Mí, si a muchas almas como la tuya pudiera repartir la abundancia de Mis Gracias!”

Acepta, mi amado Jesús, la única jaculatoria que Te dirijo con todo el anhelo de mi corazón: Te amo, ¡mucho, mucho!

3 de Octubre de 1962.

Después del almuerzo me quedé en el silencio del comedor, meditabunda. El Señor Jesús me sorprendió con Sus Palabras bondadosas, consoladoras y reconfortantes:

Jesucristo.-
“¡Que sea la luz en tu alma! Sé humilde y acepta con toda tu mente el cumplir Mi Voluntad. Sabes que cuando Yo digo algo y esto suscita resistencia en tu alma, de esto puedes reconocer que aquello es Mi Voluntad.”

El Señor Jesús ya desde hace dos días me está diciendo que tengo que intentar de nuevo poner en marcha la Llama de Amor de la Virgen Santísima, y precisamente allí donde ya me rechazaron una vez. Mi corazón se estremeció a estas Palabras. Penetró como un dolor agudo a cada parte pequeña de mi cuerpo el fracaso pasado, el rechazo rígido, la humillación. Y, entre tanto, pensaba de nuevo si es en verdad el Señor Jesús quien habla en mi alma. Mientras estaba así vacilando, el Señor Jesús hizo oír otra vez Su Voz en lo profundo de mi alma:

Jesucristo.-
“Tienes que humillarte a ti misma, de cualquier modo o en cualquier forma que esto ocurra.”

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Fuente: http://www.salvemaria.ca/index-es.html 

Mensajes del Diario Espiritual Llama de Amor publicados en este sitio:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/isabel-kindelmann/

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