“Que los ocho Santuarios más concurridos del país y en cuatro Iglesias a Mí dedicadas en la capital, comiencen simultáneamente esta Devoción: La entrega de Mi Llama de Amor.”

Del Diario Espiritual Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María (1961-1981) (Con Aprobación Eclesiástica)
De: Isabel Kindelmann (1913-1985) – Budapest, Hungría

DILES A QUIENES INCUMBE…
30 de abril de 1962

La Santísima Virgen me animó de nuevo:

Santísima Virgen.-
“Di a quienes incumbe que no tengan miedo, que confíen en Mí. Con Mi manto maternal, Yo misma les defenderé.

Que los ocho Santuarios más concurridos del país y en cuatro Iglesias a Mí dedicadas en la capital, comiencen simultáneamente esta Devoción: La entrega de Mi Llama de Amor.

Que ardas en deseos, Mi hijita carmelita, de hacer sacrificios. Alimenta sin cesar la Llama de Mi Amor con tus sufrimientos.”

YO SOY EL MENDIGO DEL PAÍS
2 de mayo de 1962

Llevé al Padre X las comunicaciones escritas. Me recibieron con la noticia de que el Padre estaba enfermo, que había sido sometido a una grave operación y no se podía hablar con él… Mi corazón se llenó de tristeza y pensé que la Llama de Amor de la Santísima Virgen sufriría un nuevo atraso…

El Señor Jesús me dijo:

Jesucristo.-
“No temas, Mi pequeña carmelita, Mi Sagrado Corazón será permanente asilo para ti. ¿No es cierto que lo sientes así y cuando lo sientes, ya estás descansando? El amor de compasión late sin cesar entre los que se aman. ¡Permanece en Mi Amor y atrae a otros también a Mi cercanía! Sabes, somos tan pocos, una simple mirada abarca fácilmente nuestro campamento. Mi mirada siempre los vigila. Mi Corazón sufre mucho por los ausentes. ¡Persevera junto a Mí, no sea que tenga que sufrir una decepción amarga!” 

Su Voz era tan suplicante que mi alma ardía por Él… Al día siguiente sentí tanta angustia que hasta mis fuerzas físicas lo resentían grandemente. El Señor me dijo:

Jesucristo.-
“¡Sufre Conmigo, hija Mía!” 

Otra vez caminaba por la calle, era mediodía. El Señor, inesperadamente comenzó a hablarme. Se quejaba con tristeza y me pidió que escribiera Sus Palabras:

Jesucristo.-
“Yo Soy el mendigo del país, hijita Mía. A Mí no Me quieren dar trabajo. Han prohibido toda mendicidad en el país, solamente Yo sigo mendigando. Ando sin comer, ni beber, de calle en calle, de casa en casa, de pueblo en pueblo; en frío invierno y en calor, cuando aúlla el viento o llueve a cántaros. Nadie Me pregunta a dónde voy en un estado tan lamentable. Mi pelo es pegajoso de Sangre, Mis pies agrietados por andar detrás de ustedes, extiendo Mis Manos sin cesar pidiendo ayuda… Ando de corazón a corazón y apenas recibo una pequeña limosna: después cierran rápidamente la puerta de su corazón y apenas puedo echar una mirada adentro. Tengo que retirarme modestamente y Mis Gracias quedan acumuladas en Mi Corazón, pide muchas Gracias, hijita Mía, también para los demás. Oh, verdaderamente, estoy en deuda contigo, tengo que agradecerte tu fidelidad. ¿Te sorprendes de esto? No te quedas maravillada, cada pequeño sacrificio tuyo mitiga Mi sed infinita, desgarradora. ¡No vivas ni por un instante sin sacrificios! 

SACRIFICIO – ORACIÓN

Jesucristo.-
Tengo que decirte que recientemente he llamado a muchas almas a Mi especial seguimiento, pero sólo muy pocas comprenden qué es lo que deseo de ellas. Inclúyelas continuamente en tus oraciones y sacrifícate por ellas, para que el campamento de almas reparadoras, que de esta manera trato de reunir, hagan contrapeso a Mi justa Ira.

Mi Madre querida Me suplica. Es Ella, quien ha retenido hasta ahora Mi justa Ira. ¡Su Llama de Amor Me obliga también a Mí!

En cierta ocasión mientras Le adoraba, el Señor Jesús, me habló así:

Jesucristo.-
“En cada latido de tu corazón esté el arrepentimiento. En cada respiración aspira Mi Amor y al expirar, pásalo a tu prójimo.” 

El 2 de mayo de 1962, la hermana asignada para acompañarme me preguntó, ¿qué diferencia sentí cuando, en lugar del Señor, fue mi Ángel de la Guarda quien me despertó? En ese momento no pude darle la respuesta. Ahora que el Señor, ya no me hace oír Su amable Voz, mi conversación con Él se ha convertido en un monólogo.

PEQUEÑAS CENTELLAS, CRIATURAS DE DIOS

“Tú me has hecho comprender muchas cosas, mi buen Jesús, y gracias a Tus inspiraciones yo las puedo expresar. Pero cuando esto ocurrió, Tú ya habías cubierto con el silencio mi alma. Ahora entiendo, pero no puedo expresarlo con palabras. Estando así arrodillada, silenciosamente delante del Señor, comenzó a brillar ante mis ojos espirituales un gran resplandor que no podía abarcar con la mirada. Esa gran Luz parecía una luz viva que chispeaba y despedía pequeñísimas partículas centelleantes en todas direcciones. Esas partículas eran más pequeñas que un grano de polvo, sin embargo, brillaban aún las más pequeñas con admirable fulgor. Al estar en esta contemplación, el Señor me concedió comprender por qué no había encontrado palabras adecuadas para expresarlo. Las partículas pequeñitas de maravilloso fulgor, han despertado en mí la sensación de que se trataba de las criaturas de Dios. Ese día era martes y comenzaba a hacer comuniones espirituales por mis hijos. Les he encomendado al cuidado de la Santísima Virgen. Pero de las comuniones espirituales no he podido hacer todavía ninguna. Ahora que el Señor Jesús me privó no sólo de Sus Palabras sino también de sentir Su Presencia, grande sequedad agotaba mi alma. Estaba arrodillada en muda inmovilidad. Me acordé de las Palabras del Señor:

Jesucristo.-
“Un solo Padre Nuestro o Ave María, rezado en medio de una gran sequedad espiritual es mucho más fructífero que la oración exuberante de quien está sobreabundado de Gracia.” 

ORACIÓN COMUNITARIA

Evocando estas Palabras del Señor, en medio de la sequedad espiritual he sentido gran sosiego en el alma.

Mientras estaba así arrodillada sin pronunciar palabra, en esta tarde de mayo ha comenzado el canto de las Letanías alabando a la Santísima Virgen. Nunca he sentido como esta vez, cómo la oración comunitaria puede elevar el alma a un admirable fervor.

TENTACIÓN DEL MALIGNO

Permanecí en un devoto silencio, en vano intentaba orar, estaba incapaz de hacerlo. En vez de ello, el maligno comenzó a torturar mi alma. De ninguna manera lograba librar mis pensamientos de su influjo. Primero suscitó gran miedo en mí. Era una sensación tan terrible, como si hubiera querido tomar posesión de mí, pero algo se lo impedía…

Durante un rato estuve allí arrodillada con mi mente oscurecida. Pensé en que antes de que el maligno se posesionara de mí, acudiría al Sacerdote para que rezara por mí. Vi cómo el Padre E. cruzando la iglesia, salía del templo, pero no tenía fuerzas para seguirlo. Después de la partida del Padre no podía moverme ni en lo más mínimo y, continuamente me oprimía el pensamiento del que soy una poseída y que no tengo por qué estar en el templo. El demonio me ordenó que saliera del templo, pero yo seguí allí todavía largo tiempo. En ese entonces no sabía cómo podría librarme del maligno.

Al salir del templo, el maligno me acompañó y en forma muy humanitaria comenzó a hablar conmigo:

Satanás:
¡Regresa a tu familia! ¡No quieras destacarte sobre los demás! ¿No ves cómo te agota y te hace perder vida esto que haces? Toda tu vida ha sido una lucha, ¡ya es tiempo que descanses! ¡Esta vida es tan corta! ¿Por qué apremiarte tanto? Tus pensamientos tontos, ¿por qué los quieres entregar a otros? ¡No creas que vas a llamar la atención sobre ti! ¿Verdad que esto te halagaría? Párate y reflexiona, y verás que yo tengo razón. Y cuando caigas en la cuenta de ello, serás tú quien me agradecerás que te haya librado de tanta calamidad.

Me alegré cuando llegué a la puerta de la casa, mis nietecitos me esperaban y con alegría me hacían pequeños cumplimientos. Esto puso fin a las molestias del maligno.

Después de merendar me fui a mi nuevo domicilio. Ni siquiera allí me soltaba el maligno sino que seguía molestándome. Irrumpió de nuevo sobre mí. Intenté rechazarlo con todas mis fuerzas. Con gran vigor me puse a meditar pero tanta perturbación me obligó a reflexionar. En vano me examiné la conciencia. No encontré razón para ello… sentí que antes de dar cualquier paso por esta causa, tendría que pensarlo muy bien. Aquella soberbia mía que el maligno puso ante mis ojos me hizo pararme de repente… En medio de grandes zozobras me fui a descansar. Toda ayuda del cielo se interrumpió y sólo la oscura inquietud de la noche cayó sobre mí. ¡Qué bueno será oír la apacible Voz del Señor! ¿Qué diría Él de estas cosas?… En estos días tuve muchas y graves tentaciones… El maligno, con todas sus mañas, quiso despojarme de mi calidad de ser humano.

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Fuente: http://www.salvemaria.ca/index-es.html 

Mensajes del Diario Espiritual Llama de Amor publicados en este sitio:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/isabel-kindelmann/

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