Día 14. Consagración a Mi Inmaculado Corazón: No temáis, pequeño resto, seréis protegidos

Tomado del Libro: “María, Maestra de los Apóstoles de los Últimos Tiempos, Tomo I, Consagración a Mi Inmaculado Corazón” (Ene 2010)
Revelaciones dadas a Agustín del Divino Corazón – Manizales, Colombia

MaríaMaestradelosApóstolesdelosÚltimosTiempos

Consagración a Mi Inmaculado Corazón (2010)

Día 14.  No temáis, pequeño resto, seréis protegidos[1]
Enero 7/2010 (7:30 pm)

“No temáis, pequeño resto, porque San Miguel Arcángel os cubrirá con Su Capa Celestial y os defenderá con Su Espada Divina. No temáis, pequeño resto, que a todos vosotros os guardaré en el Refugio de Mi Inmaculado Corazón; el enemigo jamás podrá tocaros. No temáis, pequeño resto, Cristo os bañará con Su Preciosísima Sangre, formando una gran coraza de protección en todo vuestro ser; los dardos del maligno nunca penetrarán en vosotros. No temáis, pequeño resto, los Santos Ángeles os custodiarán como cuidando lo más precioso para el Sacratísimo Corazón de Jesús. No temáis, pequeño resto, María, Maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, os está preparando como soldados valientes del ejército victorioso; soldados armados con la armadura de Dios, que no temen a las potestades del Infierno porque saben que su Capitana aplastará con Su Talón la cabeza de la serpiente. No temáis, pequeño resto, atended a las últimas advertencias del final de los tiempos. No temáis, pequeño resto, ya es hora que os refugiéis en Mi Inmaculado Corazón; sobrecogeos bajo los pliegues de Mi Sagrado Manto, porque muchos enemigos os asediarán; el hombre impío pronto aparecerá. No temáis, pequeño resto, vivid Mis Lecciones de Amor, para que los falsos profetas no os engañen con sus cuentos y fábulas.

No temáis, pequeño resto, porque pronto veréis aparecer señales y prodigios en el cielo; no os alarméis, esto es anuncio para el segundo advenimiento de Jesús. No temáis, pequeño resto, vivid los Mandamientos de la Ley de Dios y seréis salvos. No temáis, pequeño resto, acudid al Señor, que Su Misericordia es eterna para con todos los que Le aman. No temáis, pequeño resto, permaneced fieles a la sana Doctrina, acoged la Tradición y huid del modernismo. No temáis, pequeño resto, porque sois la porción amada del Señor, sois discípulos fieles a Sus enseñanzas; sed radicales en Su seguimiento. No temáis, pequeño resto, cargad con la Cruz de Jesucristo, que pronto veréis Cielos nuevos y Tierra nueva. No temáis, pequeño resto, cuando os sintáis perseguidos o asediados: dichosos seréis porque vuestro es el Reino de los Cielos. No temáis, pequeño resto; saldréis ilesos en este tiempo de tribulación y de justicia; Jesús os pagará un buen salario por vuestra fidelidad. No temáis, pequeño resto, el Cielo os está avisando para cuando llegue el momento de los acontecimientos; muy pronto vendrá el Mesías. No temáis, pequeño resto, porque pronto Mi Inmaculado Corazón Triunfará y el Sagrado Corazón de Jesús Reinará. No temáis, pequeño resto, porque seréis preservados; las alteraciones climáticas y las estaciones os afectarán en menor grado, porque supisteis responder a los llamados angustiosos de una buena Madre. No temáis, pequeño resto, porque recibiréis corona de mártires el día que estéis en Presencia del Tribunal Divino. No temáis, pequeño resto, esperad gozosamente el juicio a las naciones; los justos serán puestos a la derecha y los impíos a la izquierda. No temáis, pequeño resto, porque muy pronto llegará el Día de la Misericordia; día en que vuestras conciencias se os iluminarán; día en que tendréis un juicio particular ante la Presencia del Señor; día en que muchas almas iniciarán un proceso de conversión perfecta; día en que cada uno verá su propia vida bajo la Luz de Dios.

Hijos Míos, la iluminación de las conciencias será una de las manifestaciones finales de Misericordia que vendrá del Cielo, porque aquí podréis ver como en un espejo nítido todo lo bueno y lo malo que hayáis hecho en vuestra vida. Es la última oportunidad que Dios dará a toda la humanidad; oportunidad en la que los pecadores desearán morir; oportunidad en la que las Iglesias estarán llenas de penitentes buscando el Sacramento de la Confesión; oportunidad que os llevará a un examen profundo de conciencia; oportunidad que es el último gesto de amor de Dios para con todos los hombres.”


Virtud de la Simplicidad
[2]

“Hijos Míos: La simplicidad es una virtud que os hace semejantes a Mi Amor Santo. Mi Corazón Inmaculado, por Gracia y Misericordia de Dios, conservó la humildad y la sencillez. Siempre rechacé lo presuntuoso; el lujo exagerado Me producía malestar, porque pensaba en el momento en que Mi Hijo Jesús vino al mundo y Él, siendo el Hijo de Dios, no halló dónde reclinar la cabeza. El Rey de reyes y el Señor de señores Nace en un pesebre de Belén; pesebre que hizo de cuna al recién Nacido. Dichoso aquel pesebre que dio cobijo al Hombre-Dios.

La simplicidad os desata de bagatelas, os libra de apariencias, os desarraiga del mundo dándoos mayor libertad, porque sus pompas son adornos falaces que os ponen etiquetas y precios. Buscad la simplicidad en vuestra vida, no os compliquéis en vuestro estilo, vivid en la soltura, en la holgura espiritual. No os aferréis a las cosas que un día son y mañana ya dejan de ser; cosas que no os llevaréis con vosotros el día que partáis de esta Tierra para jamás volver. La simplicidad es un retablo de oro macizo; retablo pesado por su gramaje, por su espesor. La simplicidad os sustrae de la fugacidad de los pensamientos baldíos, porque el alma que posee esta virtud posee espíritu de interioridad y trascendencia. La simplicidad os evita quebrantos en vuestro corazón, porque quien carece de ella vivirá siempre en la inconformidad, la desazón será su compañera de viaje. La simplicidad es una virtud para los pobres de espíritu, virtud que los va acercando gradualmente al Cielo. La simplicidad fue virtud que adornó a los Santos que hoy gozan de la visión beatífica de Dios en el Cielo. La simplicidad es corona fúlgida que adorna a las almas sencillas, humildes; almas que pasan desapercibidas frente a los ojos de los hombres pero visibles frente a los Ojos de Dios.”

Termina con el rezo del Santo Rosario, las Letanías y la oración final.

________________________

[1] Agustín del Divino Corazón, Libro 12, ‘María, Maestra de los Apóstoles de los Últimos Tiempos, Tomo I, Consagración a Mi Inmaculado Corazón, Día 14’.
[2] Agustín del Divino Corazón, Libro 7, ‘María, Arca de la Salvación’.  Mensaje de María Santísima  en fecha: Diciembre 12, 2008.

Fuente: http://ejercitocorazonestriunfantes.atspace.cc/libros.htm

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Mensajes y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s