El Oficio Parvo y favor extraordinario de la Soberana Reina de las Misericordias al rezarlo.

Tomado del Libro: Vida Admirable de la Sierva de Dios Madre Patrocinio
Escrita por: Sor María Isabel de Jesús, r.c.f.

CAPÍTULO XXIV

Traslación de la Comunidad de Torrelaguna a Aranjuez.- Las clases externas gratuitas y el internado de niñas.- Prodigioso aumento de la Comunidad, vida de observacia de sus Religiosas.- Celo de la Sierva de Dios por el rezo del Oficio Divino.- El Oficio Parvo y favor extraordinario de la Soberana Reina de las Misericordias al rezarlo.- Visita canónica y elección de Abadesa.- Asisten los Reyes de España.- Regala su báculo el Sr. Arzobispo a mi Madre Patrocinio.

Con gran sentimiento de los habitantes de Torrelaguna, salió mi venerada Madre con sus religiosas de su amado convento, de su Portalico de Belén, entre manifestaciones espléndidas de veneración y simpatía de parte de todas las clases, prometiéndoles la Sierva de Dios no olvidarles nunca y llevándose en su corazón el deseo y propósito vehemente de restaurar aquel Convento, que consideraba como la cuna de sus Fundaciones y Reformas; como efectivamente, lo hizo después de algún tiempo, enviando a él las religiosas necesarias para formar nueva Comunidad, según se dirá en su lugar correspondiente. 

Era el día 16 de Abril de 1857, muy de mañana, cuando, con las Reales Ordenes y licencias necesarias de los Prelados, partió camino de Aranjuez aquella insigne comitiva, compuesta de la Sierva de Dios y sus Religiosas y de los RR. PP. Vicarios de la Comunidad Fr. Julián Peña Sánchez y Fr. Nicanor Ascanio, martirizado años después este último en Damasco por confesar la fe de Jesucristo. Por muerte del Emmo. Sr. Cardenal Bonel y Orbe, iban también con mi Madre venerada el Rdo. P. Fr. Vicente Sanz, en representación del Sr. Gobernador Eclesiástico (s. v.), y el Muy I. Sr. D. Antonio Aguado, que hacía las veces del Excmo. Sr. Nuncio Apostólico.

El día 17 del ya citado mes y año quedó instalada mi Reverenda Madre con su Comunidad en el expresado Real Convento de San Pascual de Aranjuez, siendo 22 las Religiosas que la componían (catorce profesas y ocho novicias). Uno de los primeros cuidados de la Sierva de Dios, al llegar a Aranjuez, después que la Comunidad quedó regularizada convenientemente, fuel el de abrir las clases de niñas pobres, cuya educación fue siempre ideal y constituyó para su corazón, abrasado en celo, una fuente de delicias; y de tal modo colmó Dios los deseos de esta su escogida, que en poco tiempo, viéndose llenas de alumnas, pasando éstas de cuatrocientas. La educación que se les daba era, además de esmeradísima, enteramente gratuita y, con frecuencia, solía la solícita y amante Madre Fundadora proporcionar de limosna a las niñas cuanto necesitaban para el estudio, escritura y labores, y regalarles con motivo de alguna festividad, o en tiempo de exámenes, algunas prendas de vestir, distribuyéndolas entre las más necesitadas, o más distinguidas en aplicación.

A muy poco de abrirse el colegio externo, acudieron a mi venerada Madre distinguidas familias de Madrid, Torrelaguna y otros puntos, rogándola pusiera colegio interno, para admitir y educar en él a sus hijas. Una de las que primero lo solicitaron fue la insigne bienhechora doña María Vildósola, que amante siempre de la Sierva de Dios y muy devota suya, ansiaba poner bajo su cuidado y dirección a sus cuatro nietecitas.

Tratado todo con el Emm. Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo, éste manifestó a mi Madre Patrocinio la conveniencia de abrir el pensionado interno que las familias distinguidas solicitantes deseaban. Así se hizo, y a muy poco, ya habían ingresado en él veinte niñas; cuyo número se fue aumentando de día en día, hasta llegar a más de cuarenta, la  mayor parte de paga y algunas de caridad. Vivió siempre tan encendida esta virgen, que enardecida más y más cada vez por la tribulación que sin cesar se vio envuelta, sólo hubiera deseado consumir su corazón en el celo de la salvación de las almas, sin distinción de clases, de gentes y naciones. Cada colegio que abría era incentivo de su enamorada alma, respecto de otros muchos que en todas partes anhelaba abrir. Nunca se ponderará bastante el ardiente amor de este escogido apóstol de la caridad, quien solía decir que la hora de que “sería Madre de muchas hijas” que se lo reveló en uno de sus éxtasis arriba descrito, había sonado. 

Ya dijimos en el capítulo anterior cómo comenzó Dios a mover los corazones de muchas jóvenes para que pidieran nuestro santo hábito a la Sierva de Dios, apenas quedó tranquila en el Convento de Torrelaguna, después de sus últimos destierros. Este mismo fervor y movimiento de vocaciones fue creciendo más y más, y subió de punto de tal suerte en Aranjuez, que desde el mes de Junio del mencionado año 1857, hasta Octubre, ingresaron en la expresada Comunidad treinta y dos jóvenes, algunas de familias muy distinguidas en la sociedad y de muy ilustre linaje. Es decir, que en poco más de medio año, llegaron a ser más de cincuenta las religiosas de la Comunidad, todas animadas del más ferviente espíritu y deseo de perfección. Así lo comprendía la Sierva de Dios; en su afán de glorificar al Esposo de su alma, aprovechando las circunstancias singularísimas que se le presentaron, emprendió, decididamente y lleno su corazón de fervor y fortaleza, la reforma de la Comunidad en todos aquellos puntos que la relajación había introducido contrarios al espíritu de la Santa Regla y Constituciones, especialmente en lo referido a la pobreza seráfica, al Oficio Divino y al culto del Santísimo Sacramento del Altar. Muy bien sabía mi amada Madre lo costoso que es a la flaca naturaleza humana cambiar los hábitos contraídos, sobre todo en asunto de virtud y de perfección, cuando la necesidad, o la mayor conveniencia se ponen de por medio para tranquilizar la conciencia, haciéndola descansar, tal vez, sobre el muelle lecho de una falsa seguridad; sin embargo, fiada mi venerada Madre en las buenas disposiciones de las religiosas y, más que nada, en la ayuda del cielo, no temió emprender la indicada reforma, obteniendo al punto los resultados que su abrasado celo se propuso para gloria de Dios.

Ya en Torrelaguna suprimió el uso del peculio particular que de Caballero de Gracia habían traído las Religiosas, y ordenó que se observase la vida común en absoluto, no habiendo sino un fondo de limosnas en la Comunidad y una misma forma de vida para todas, y en todo. En este Convento de Aranjuez, confirmó esta misma perfección de vida; más, en su prudencia de Prelada, de tal manera armonizó la seráfica pobreza con la caridad religiosa, que nada faltaba de lo necesario a las religiosas, especialmente a las enfermas, para las cuales fue siempre una singularísima Madre.

Exactísima en el cumplimiento de la obligación del Oficio Divino, era tal la importancia que daba a su rezo en la Comunidad, que exigía con todo rigor el que se guardara en él todo lo ordenado por la santa Regla y Constituciones, respecto del tiempo, del lugar y demás circunstancias que deben acompañarle, para cumplir tan sagrado deber con la perfección que pide Dios a las religiosas. Solía decir frecuentemente: “Si supierais, amadas hijas, lo que pasa entre el cielo y la tierra todo el tiempo que el Oficio Divino se está rezando, desearíais que nunca se concluyese”.

Estableció también los maitines a las dos de la mañana, como mandan nuestras Constituciones, y para ello dio lugar el caso siguiente: Estando recogida en su celda, en compañía de la religiosa que la cuidaba, oyeron varias noches que, a las dos en punto, llamaban a la puerta, y saliendo nunca vieron a nadie. Como ninguna de la Comunidad era quien llamaba, se preocuparon las monjas y viéndolas así la Sierva de Dios les dijo, para sosegarlas, que quien llamaba era San Pascual, que sin duda, pedía a la Comunidad el sacrificio de levantarse a maitines a las dos de la mañana. Confirmada su reverencia en que ésta era la voluntad de Dios, puso inmediatamente manos a la obra, con mucho gusto de todas las Religiosas; y desde aquel día se rezaron los maitines a la expresada hora. Y cuán del agrado de Dios fuera esta medida de su amada Sierva,  se vio claramente en que, a pesar de la delicadeza de algunas religiosas y lo insano de la temperatura de aquel Real Sitio, especialmente en altas horas de la noche, por las humedades del rio, lo que originaba frecuentes calenturas en la población, muy raras veces hubo necesidad de cambiar la hora del rezo de maitines.

Estableció además, en la Comunidad, el rezo del Oficio Parvo a la Santísima Virgen en obsequio de la divina Señora y por indicación suya, según pudieron entender las religiosas en frases veladas de mi santa Madre, cuando la acosaban a preguntas. Se confirmaron las monjas en su piadosa creencia y comprendieron lo muy grato que era al Corazón de la Reina de los Cielos el indicado rezo en este hecho, advertido y experimentado por todas: varias veces estando la Sierva de Dios en el coro, rezando el Oficio Parvo, con la Comunidad, oyeron las religiosas una voz dulcísima, que se percibía y distinguía claramente entre las demás, no obstante ser en ocasiones más de setenta las voces que recitaban los salmos. Todas comprendieron, sin género de duda, que quién alternaba, recitando en el coro de la Sierva de Dios, era la misma Santísima Virgen, por los maravillosos efectos de fervor y devoción que en su corazón experimentaban. Yo misma tuve la dicha de asistir dos veces a tan regalado celestial concierto y experimenté, aunque indigna, efectos tan dulces y sabrosos. La voz de la Santísima Virgen de las Misericordias que ya conocen nuestros lectores, por lo que dijimos al tratar de su celestial aparición a la Sierva de Dios.

A tenor del celo da la santa en las alabanzas divinas, era el que desplegaba en los demás actos de culto. Ya se dirá después en su propio lugar lo referente a la Vela Perpetua del Santísimo Sacramento, y su Esclavitud y de sus hijas, respecto a tan augusto misterio. Baste indicar aquí, para terminar el asunto que venimos tratando, que exigía de sus religiosas sacristanas el mayor esmero posible en el lavado, planchado y rizado de las ropas de la sacristía y en la limpieza y delicadeza más exquisitas en todo lo demás que pertenece al augusto Sacrificio de nuestros altares.

En el año 1859, tan luego que mi reverenda Madre vio aproximarse el trienio de su Prelacía, hizo con la anticipación debida, renuncia de su cargo, rogando al mismo tiempo al Eminentísimo Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo, Don Fray Cirilo de Alameda y Brea, que tuviera la bondad de hacer por sí mismo la santa Visita y elección de Abadesa; por ser la elección que había de verificarse la primera en aquel Real Convento, del exclusivo patrimonio de su Majestad la Reina Isabel II y de su Augusto Esposo Don Francisco de Asís María de Borbón. Su Eminencia Reverendísima accedió gustosísimo a los ruegos de tan ejemplar Prelada y Madre nuestra; y habiendo sabido que sus Majestades, que se hallaban de jornada en Aranjuez, habían resuelto orar y enaltecer el acto de la elección con su Real presencia, dio Su Eminencia Reverendísima las órdenes oportunas, para que todo se hiciera con la solemnidad debida, como así se verificó en los días 23, 24 y 25 de Mayo del citado año 1859.

Llegó su Eminencia a Aranjuez el día 23, acompañado de su secretario de cámara y de los familiares y observado puntualmente por las Religiosas cuanto prescribe el Ceremonial para el caso, oyeron de labios del Prelado una muy ferviente plática y exhortación, con lo cual quedó abierta la Visita Canónica, resultando de la misma abundantísimos frutos de bendición y alabanza para Dios y para la Comunidad; pues todo lo hallado por su Eminencia había sido satisfactorio y muy consolador para su corazón de padre y pastor diligentísimo.

El día 25, asistiendo al acto SS. MM. D. Francisco de Asís y Dª Isabel II, procedió el Eminentísimo Prelado a la elección de la Abadesa de la Comunidad, con todas las formalidades de costumbre y cumpliendo todo lo ordenado para el caso por la Ley eclesiástica y Constituciones de la Orden, saliendo elegida por unanimidad de votos en el primer escrutinio mi Rda. Madre, no sin gran confusión y mortificación suya. Durante la elección estuvo expuesto el Santísimo Sacramento, por orden de su Eminencia, y en oración el resto de la Comunidad que no asistía al Capítulo. Publicada la elección y recitadas las preces de costumbre, el Prelado confirmó la elección verificada y dio posesión de su nuevo cargo a la Sierva de Dios. El júbilo de todas fue sin medida, menos el de mi amadísima Madre, cuyo corazón quedó verdaderamente crucificado. Después de una muy fervorosa exhortación a las religiosas estimulándolas a la más excelsa observancia de la Regla, Constituciones y santos votos, mandó el Rmo. Prelado a mi venerada Madre que tomara el báculo que como fundadora le correspondía; y por no haber ninguno en la Comunidad, le regaló el suyo, que mi Madre amada, llena de humildad y por obediencia, tomó y usó en aquella ocasión solamente. Este báculo se conservó siempre en la vitrina que en el coro tiene la Virgen de las Misericordias y hoy se guarda en el archivo de esta Comunidad de Guadalajara, como preciada reliquia.

Los Augustos Reyes salieron edificadísimos del acto presenciado y llenos de emoción sus piadosos corazones.

CAPÍTULO XXV

Feliz encuentro.- Cumplimiento de una promesa de Dios a su Sierva.- El don de la bilocación.- El P. Estarta, Director de mi Madre Patrocinio y misionero.- Dios lo quiere y los Prelados confirman la vocación de la Sierva de Dios para fundar y reformar conventos.- Su Santidad Pío IX, la bendice para el mismo fin y la otorga privilegios especiales.- De Aranjuez a La Granja.- Noche memorable en el Convento de Monserrat.- El Niño Jesús misterioso.- Llegada a la Granja y entusiasmo y gozo con que son recibidas las religiosas.- Carta de la Sierva de Dios.- Vocación de mártir en el P. Ascanio, confirmada por mi Madre Patrocinio, y su martirio en Damasco.

Entre los grandes favores espirituales que la Sierva de Dios recibió en el Convento de Aranjuez fue uno el providencial encuentro que tuvo con el Rdo. P. Estarta, religioso franciscano, de quien ya hemos hecho mención en otro lugar. El caso sucedió del modo siguiente: Estaba mi Madre venerada con grandes penas de espíritu, porque en muchas cosas extrañas que el Señor le concedía en aquel entonces, no le daban solución los confesores; y compadeciéndose Dios de su Esposa, le cumplió la promesa que en su juventud le había hecho: de darle por su consolador a un sacerdote que por primera vez celebraba su primera Misa, muy lejos de Madrid (en donde mi Madre Patrocinio se hallaba a la sazón), asistiendo ella en espíritu y viendo y conociendo al nuevo celebrante, que lo era el expresado P. Estarta; así se lo explicó la Sierva de Dios al mismo Padre cuando le tuvo, efectivamente, de director de su conciencia.

Con motivo de tratar con el Señor Cardenal de Toledo asuntos de la Orden, fue el referido P. Estarta por aquellos días a la imperial ciudad, y el Emmo. Señor aprovechó la ocasión para mandarle a Aranjuez, con visita particular suya para la sierva de Dios. Habían pasado ya muchos años desde que sucedió el mencionado favor. Apenas se puso en presencia de mi venerada Madre, cuando entendió que era aquel Padre designado por Dios para director de su conciencia; y cumpliéndose las palabras que momentos antes había oído “No volverás (del locutorio) desconsolada”, experimentó enseguida al recibir la bendición del Padre, que se disipaban las tinieblas de su alma y se llenaba de paz su corazón. También el Padre quedó sorprendido y admirado al ver y oír tan santa criatura, y sin hacer más por entonces, se volvió a Madrid.

Estaba Aranjuez entonces muy necesitado de misiones y comprendiendo su Eminencia el Sr. Arzobispo de Toledo el mucho fruto que podía hacer en aquellos fieles la predicación del P. Estarta, le llamó y facultó para que las diera y, a la vez, para que confesara de extraordinario a la Comunidad de mi venerada Madre. La Sierva de Dios enardecida de santo celo, se ofreció a ayudar al Padre en cuanto fuera necesario, y ella y sus religiosas pudiesen, para que el fruto de la misión fuese copioso y eficaz, como efectivamente lo fue.

También en el espíritu de la Comunidad produjo maravillosos efectos la predicación y confesión del bendito misionero; sobre todo, el que causó en mi Madre amada fue singularísimo, por el conocimiento y experiencia que tenía de cosas extraordinarias de espíritu. Él fue también quien animó a la Sierva de Dios para que, siguiendo la inspiración del Espíritu Santo y obediencia de los Superiores, saliese a fundar nuevos Conventos en los Reales Sitios, como los Reyes querían y anhelaban, pidiéndoselo sin cesar.

Efectivamente, luchando en su interior mi amada Madre cuanto no se puede decir, sintiendo por una parte, la fuerza de divino celo que la impulsaba con vehemencia extraordinaria a propagar el culto del Señor y el bien de la enseñanza de las niñas, y por otra, experimentando temores indecibles, motivados sobre todo, por el conocimiento que tenía de su indignidad e incapacidad para empresa tan difícil y arriesgada, y más teniendo en cuenta las persecuciones pasadas; pero empeñados los Reyes en ello, por la experiencia que ya tenían de los abundantes frutos que las religiosas de Aranjuez venían cosechando en gloria de Dios y provecho de los prójimos, y obtenidos por los dichos Reales Señores los correspondientes permisos de los Prelados y la bendición de Su Santidad Pío IX, no tuvo más remedio la Sierva de Dios que corresponder a la vocación del Altísimo y emprender las fundaciones de los reales Sitios, conforme a las normas que los Prelados le trazaron y apoyada con firmeza y seguridad, cabales y perfectas, en la magnanimidad y piedad de nuestros católicos Monarcas. Ciertamente, ni una sola fundación hizo mi venerada Madre sin ese apoyo, convenientemente legalizado, y sin la aprobación y bendición de los prelados Eclesiásticos y de la Orden, como consta en los documentos que sobre cada fundación se conservan en el archivo de este convento en Guadalajara.

Así lo hace constar también la misma Sierva de Dios en diferentes cartas escritas a religiosas y otras personas puestas en dignidad y de gran respeto. Es más, para cada una de sus fundaciones obtuvo el permiso necesario de la Santa Sede y la facultad, además, para visitarlas, trasladar religiosas de un convento a otro, siempre que por enfermedad, o por otra causa justa, fuese necesario; y hasta para asistir a los Capítulos de elecciones que se verificasen en sus Comunidades. Ya tendremos ocasión de ver en adelante alguna de las muchas muestras de estima y afecto paternal que profesó a la Sierva de Dios, Su Santidad Pío IX, quien también le concedió especialísimos privilegios.

La primera fundación después de la de Aranjuez, fue la del Real Sitio de San Ildefonso de la Granja (Segovia), sobre la cual véase la exposición que, a su Eminencia el Señor Arzobispo de Toledo, hace el Excmo. Sr. Ministro de Gracia y Justicia, en una Real Orden de 3 de Agosto de 1859.

“Excmo. Sr.: La Intendencia de la Real Casa y patrimonio dirige hoy a este Ministerio de orden de S. M. la Reina la comunicación siguiente: —Convencida S. M. la Reina vuestra q. D. g. de los beneficiosos y útiles que son para mejorar la educación de la clase menesterosa la enseñanza religiosa, moral, literaria y doméstica que las niñas reciben en los conventos de religiosas y habiendo tenido ocasión de observar los adelantos que en poco tiempo han hecho las infinitas de aquellas que acuden a recibir gratuitamente el buen ejemplo y la instrucción de las religiosas Concepcionistas de Nuestra Señora del Olvido establecidas en el Convento de San Pascual de Aranjuez, se ha servido mandar que, para que las familias de este Real sitio de San Ildefonso puedan lograr para sus hijas el mismo beneficio que las de Aranjuez disfrutando asimismo el vecindario todas las ventajas que ofrece el culto divino a que se consagra con tal solícito afán y religiosidad la Comunidad mencionada se establezca en este Real Sitio, por cuenta de S. M. y con el decoro y demás circunstancias que el caso exige, una parte de aquellas religiosas; a cuyo fin, y por mandato de S. M. me dirijo a V. E., para que dicte las determinaciones necesarias al mejor cumplimiento de lo dispuesto por S. M—. Penetrado el Gobierno de las ventajas espirituales y temporales que promete una nueva fundación tan digna de los piadosos sentimientos de S. M. y tan arreglada a la letra del artículo 30 del Concordato, como conforme a su espíritu, deseando coadyuvar a ella en la parte que le cabe, excita el religioso celo de V. Emª., a fin de que cuando por parte del Real patrimonio esté todo preparado para recibir a las Religiosas del convento de San pascual de Aranjuez que se consideren necesarias al establecimiento de otro en este Real Sitio, se sirva V. Emª. concederlas su licencia de traslación y adoptar al efecto cuantas disposiciones cupieren en sus facultades Ordinarias, o procure habilitarse con las que ellas excedieren. De la Real Orden lo comunico a V. Emª, para su conocimiento y efectos oportunos”.

Inmediatamente que su Emª se enteró de la Real Orden, hizo las diligencias del caso; y dispuesto y ordenado todo, mandó a mi venerada Madre que, con dieciséis religiosas, saliese del Convento de Aranjuez para el de La Granja, ateniéndose al itinerario que el mismo Prelado les señalaba. En este itinerario ordenaba Su Emª que se detuvieran en Madrid y que visitaran a los Reyes; para lo cual pernoctaron en el Convento de Monserrat, con las religiosas de Caballero de Gracia, donde puede suponerse la escena de júbilo y gozo santo que se desarrollaría, por haber sido la Sierva de Dios miembro de aquella Comunidad y madre Prelada de casi todas las Religiosas.

Fue en esta ocasión cuando, al presentar a mi venerada Madre y sus compañeras un niño Jesús precioso, que tenía la Comunidad, algunas monjas de las mayores, les contaron que, cuando la Sierva de Dios vivió entre ellas en Caballero de Gracia, cuidaba de aquel Niño, con tanta delicadeza, esmero y devoción, que le acostaba diariamente, y sucedió, más de una vez, encontrarse caliente y hundido el colchoncito, cuál si en él hubiese dormido una persona viva. Este hecho lo han confirmado después muchas venerables religiosas que yo he conocido.

En el itinerario de La Granja, se señalaba, como punto de descanso, el Real Palacio del Escorial, y para este sitio Real salieron mi venerada Madre y sus compañeras el día 2 de Octubre por la mañana, después de haber oído Misa y comulgado en Monserrat. En El Escorial tuvieron la dicha de ver y adorar la Sagrada Forma.

Llegaron a San Ildefonso el día 3 de Octubre del ya indicado año de 1859, quedando instalada la Comunidad en su nuevo convento. Al día siguiente se celebró una solemnísima función a Nuestro Seráfico P. S. Francisco, a la que asistieron todas las autoridades; y el día 10 se celebró otra de acción de gracias, en la que predicó el Rdo. P. Fray Manuel Ochagavia, capellán segundo de la Comunidad de mi venerada Madre de Aranjuez.

Véase lo que sobre la inauguración de la Comunidad en este Real Sitio escribe la misma Sierva de Dios.

“Convento del Triunfo de la Inmaculada Concepción.— Real Sitio de San Ildefonso, 8 de Octubre de 1859.— Alabada sea la Santísima Trinidad. Ave María Purísima.— Mi muy amadísima Madre Vicaria: saludo a V. Reverencia y a todas y a cada una de mis muy amadísimas hijas, a quienes bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. No habrá extrañado V. Rcia., ni ninguna de mis queridas hijas, no haber recibido carta mía, pues se habrán hecho cargo que llegué cansadísima y que después no tengo un instante mío. A Sor Concepción, o sea la M. Vicaria, la mandé escribir todo. Aquí llegamos con toda felicidad, gracias al Señor y a su Purísima Madre. Nos encontramos con un pueblo piadosísimo; nos esperaban todas las autoridades eclesiásticas, civiles y militares, con todo el clero, que hay mucho. Al divisar el coche de bien lejos, echaron las campanas al vuelo y nos causó una tierna emoción al ver tanta gente y el sonido de las campanas. Esperaba el Sr. Gobernador con una comisión de la Colegial, otra comisión del Cabildo parroquial, con todo su clero, otra de los Ser. Beneficiados, el Ayuntamiento en cuerpo, el Sr. Oñate por Palacio y el Sr. Administrador del patrimonio, con todos sus dependientes. Todos ofrecieron sus respetos a la Comunidad con toda ceremonia, tomamos después posesión del Convento, entramos en el coro, cantamos el Te Deum a música, muy bien. Después fuimos con todos los Señores para enseñarnos el Convento, y el Sr. Gobernador me iba entregando las llaves y, acto seguido se cerró la clausura”.

“El Convento es muy bueno, con mucho mayor local que ése, la huerta no tan grande, pero tiene mucha fruta. Hay iglesia pequeña, algo más grande, como vez y media que la capilla. El coro bajo es anchísimo, de largo como el de Torrelaguna, ancho el doble por doble. Estas gentes son muy buenas y a todos nos ha probado bien. El día 10 tendremos la función de inauguración y establecimiento de la Comunidad, a la que asistirán todas las autoridades, como el día de Nuestro P. San Francisco, y por la tarde tomarán el hábito dos o tres religiosas. Me veo perdida con tanta pretendienta; pues todos los Sres. Sacerdotes tienen sobrinas, hermanas o confesadas que quieren serlo. Vino a visitarnos enseguida el Sr. Obispo de Segovia; esta ciudad está a legua y media de aquí. Lo más esencial quedará concluido pronto, de modo que pienso poder dejar todo arreglado en debida forma, para marchar a esa a primeros de Noviembre”.

“Los artistas y todos, por lo que observo, trabajan aquí más  con el corazón que con las manos, y tienen un respeto todos, grandes y pequeños, que no se observa en ésa. El administrador se porta admirablemente”.

“El Domingo viene la procesión de la Virgen Santísima del Rosario y cantarán letanías, Salve y demás costumbres. Aquí, como en el coro más bajo, lucen más las voces”.

He visto en El Escorial, es decir, Palacio, Iglesia, Panteón y Coro. Es propiamente una maravilla. Hoy no puedo detenerme mucho, porque he tenido que escribir cuatro cartas y ésta cinco; porque ya no podía pasar sin escribir a unas hijas que tanto amo. Las de aquí están contentísimas y todas alabando a Dios. Pedid, hijas mías, que sea todo para gloria de Dios, como lo deseo; a todas tengo puestas bajo la protección y amparo de María Santísima y en su Santísimo Nombre las bendigo y deseo verlas buenas y contentas, amando a Dios mucho y haciéndose dignas de las consolaciones celestiales, como lo desea su Madre que nuevamente las bendice, las pide sus santas oraciones y abraza a V. Rcia.— Su M. Q. B. M.— Sor María Dolores y Patrocinio”.

Instalada la Comunidad, celebrada la función de inauguración de la Iglesia y Convento, abiertas las clases gratuitas para las niñas pobres y arreglado todo lo concerniente a la nueva función, y habiendo dado ya el Santo Hábito a varias novicias, salió mi venerada Madre de San Ildefonso, regresando al convento de San Pascual en Aranjuez.

En este mismo año de 1859, a últimos de Enero, tuvo lugar la embarcación para Tierra Santa del ya mencionado y esclarecido mártir de Damasco R. P. Fr. Nicanor Ascanio, cuya vocación al martirio sucedió del modo siguiente:

Estando un día celebrando la Misa en el altar de la Santísima Virgen del Olvido, de cuya Sagrada Milagrosa Imagen era devotísimo, sintió, de pronto, vivos e interiores impulsos de pasar a Tierra Santa, para allí dar su vida en defensa de nuestra Sacrosanta Religión, y deseando saber si verdaderamente aquello era inspiración del cielo, pasó a visitar a mi venerada Madre Patrocinio, la declaró cuanto había sentido y las ansias que tenía de padecer el martirio; le pidió además, por caridad, le dijese lo que en Dios entendiera ser la divina voluntad sobre él, pues, sólo por Dios y por deseo de ser mártir, se separaba de la Comunidad. Cumplió mi Madre amada el encargo; y la respuesta fue, que su inspiración, ciertamente, había sido del cielo y sus deseos aceptados por el Señor; que, por tanto, seguro de lograr en breve la dicha a que aspiraba, podía disponer su viaje a Tierra Santa, agregándose a la primera misión que del colegio de Priego saliera para Palestina. Efectivamente, bien pronto le concedió el Señor lo que tan fervorosamente había pedido y deseado; pues llegada la misión a Palestina en Febrero del expresado año, en Julio del siguiente se dignó Dios premiar sus heroicos sacrificios concediéndole en Damasco la corona del Martirio, en unión de su Superior y otros seis religiosos Franciscanos más de la Comunidad.

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Vida de la Madre Sor María de los Dolores y Patrocinio publicada en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/sor-patrocinio/

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