Escaseces y privaciones tuvieron que sufrir en este Convento de Torrelaguna, al que mi venerada Madre llamaba siempre su “Portalito de Belén”

Tomado del Libro: Vida Admirable de la Sierva de Dios Madre Patrocinio
Escrita por: Sor María Isabel de Jesús, r.c.f.

CAPÍTULO XXII

En el Convento de Monserrat.- La educación de niñas pobres.- Normas de vida colegial.- La definición dogmática de la Inmaculada y fiestas en Monserrat.- Privilegio Mariano obtenido por la Sierva de Dios.- Nueva persecución.- Es desterrada a Baeza.- Es consolada en el destierro por los Reyes.- Tribulación profunda que causa en mi venerada Madre la muerte del insigne P. Losa.- Mérito y virtudes de tan insigne y llorado Padre.- De Baeza a Benavente.- Vuelta del destierro.- Por orden del Emmo. Cardenal, comienza las Reformas y Fundaciones de Conventos en Torrelaguna.     

Instalada la Sierva de Dios con su querida Comunidad en el nuevo Convento de Monserrat de la calle Ancha de San Bernardo, continuó su vida de fervor y de celo a velas desplegadas, siendo al mismo tiempo para sus religiosas ejemplo vivo de todas las virtudes, y remedio y consuelo en todas necesidades y tribulaciones.

Ya era hora de que esta cándida e inocente paloma se recogiera en su nido de amores, donde entre arrullos de enamorada esposa del divino Cordero y altas elevaciones de espíritu pudiera disfrutar a satisfacción cuán suave es el Señor para los que le aman y por su gloria se sacrifican. Abrasada vivió siempre en la caridad de Dios y de los prójimos esta escogida del Altísimo, y por eso, apenas sus enemigos daban alguna pequeña tregua a sus padecimientos, aparecían vivos al exterior los incendios de su heroica caridad.

Desde que el Gobierno de S. M. celebró concordato con la santidad de Pío IX, de santa memoria, dice la Madre Isabel de los Remedios, esta hija obediente de la Iglesia trató de poner por obra lo que Su Santidad mandaba acerca de que las Comunidades religiosas se dedicaran a la enseñanza, e inmediatamente eligió entre las monjas dos que desempeñaban este trabajo oficio (Apuntes). El día 20 de Octubre de 1854, abrió la Sierva de Dios una clase gratuita para las niñas pobres de aquellos barrios de la Corte que menos atendidos estaban en cuanto a la Instrucción y educación religiosa. Sobre las normas de esta instrucción y educación, véase lo que la misma Sierva de Dios escribe a D. Anselmo Plaza. 

“Tengo ya puesta la enseñanza con veintiséis niñas de seis a siete años, pues no las he querido de más edad. Recibí la orden por el Sr. Aguado y supe por otros señores que convenía la pusiese; pues las que no la tuviesen irían a la calle sin poderlo remediar, tomándose por pretexto que no se cumplía el Concordato. Entran a las nueve; enseguida, a la comulgatoria a oír Misa; después pasan a la pieza de labor, independiente de toda la Comunidad. He nombrado dos maestras y éstas las enseñan a coser bien, a leer, a escribir, la doctrina cristiana, algunas coplillas para que en vez de cantares profanos, alaben al Santísimo Sacramento, a la Virgen Santísima y a los Santos, cuando canten en su casa o en la calle. Rezan su corona; y tan contentos los angelitos, que en viendo a sus maestras y a mí, parece que ven a Dios. Todas las más miserables que he encontrado, las he recogido. Las hay de siete años que no saben quién es Dios, ni cuántos dioses hay. Salen a las doce, y las maestras no tienen que faltar a ningún acto de Comunidad, sino a las segundas horas que son a las diez, y a comer, una de las maestras, porque la Comunidad come a las 11 y las niñas salen a las doce. Después de Vísperas (que son a las dos y media) entran las niñas a las tres y salen a las cinco; de modo que, cuando va la Comunidad a oración, ya han salido las niñas. Dese luego previne a las madres, que la niña que no estuviese a la hora señalada, cuando se abriese la puerta, tanto para entrar como para salir, se quedaría fuera; pues la puerta no se abría más que una vez; y ya con esto están puntuales. Pida V. a Dios que todo sea para mayor honra y gloria suya, y bien de las Religiosas y de las criaturas”.

Conforme a las normas de la vida colegial que preceden, ordenó mi venerada Madre Patrocinio todos los Conventos-Colegios que después fundara, ayudada por nuestros católicos Reyes; y era tan firme en llevar a cabo este espíritu de piedad y religiosidad en la enseñanza, que jamás contemporizó, poco ni mucho, con la relajación, o con el descuido y abandono en llevarlo a la práctica; es más, estaba tan convencida mi Madre, Sierva de Dios, de que Él y la Santa Iglesia nos querían para la enseñanza, sin perder de vista el fin particularísimo de nuestra vocación, que ni un solo convento fundara o reformara, sin la carga o compromiso de la enseñanza.

Coincidió con la fundación del Convento de Monserrat y con el establecimiento en el mismo de la Comunidad de Caballero de Gracia el gran acontecimiento de paz, de dicha y de gloria inmensa para todo el mundo de la Definición Dogmática del misterio de la Inmaculada Concepción de nuestra soberana Madre y celestial Patrona, María Purísima. Rebosantes de gozo todos los corazones cristianos, los de estas hijas de la Orden de la Concepción sin Mancha de la Madre de Dios, lo estaban  mucho más, y la alegría y el regocijo y las manifestaciones de entusiasmo fueron delirantes en todos nuestros Conventos. En el de Monserrat dice la M. Isabel (testigo de vista) que “agotaron la santa Prelada y sus religiosas todas las energías e invenciones y celebraron fiestas solemnísimas y de sumo esplendor, como pedía la excelencia y dignidad sagrada del motivo, y podían honrar a tan Inmaculada Reina sus más caras hijas”. Como recuerdo de la Definición Dogmática pidió y obtuvo la Sierva de Dios de la Santidad del Papa Pío IX, el privilegio de poder usar las religiosas de sus Comunidades el manto azul en todos los actos de Comunidad. Años después, el Emmo. Sr. Cardenal de Toledo, Fr. Cirilo Alameda y Brea determinó, para comodidad de las religiosas, el que usaran manto pequeño azul para los actos comunes, reservando el manto largo para sólo los solemnes.

Así transcurrían, tranquilos y en santa paz, los días y los meses, para aquella dichosísima comunidad de Monserrat, cuando de nuevo quiso Dios que se renovase para su Sierva la persecución y el martirio. Otra vez, es la calumnia quien inventa visitas, que no había, de los Reyes a mi venerada Madre y manejos indignos de política, que siempre desmintieron la Sierva de Dios y los mismos Monarcas, de palabra y por escrito. Es cierto, que desde antes de su vuelta del destierro, mi Madre Patrocinio no había visto a los Reyes. Pero ¿qué importa? De nuevo convenía a sus enemigos que desapareciera de la Corte y, culpándola de complicidad en el movimiento revolucionario de 1855, decretaron, por Real orden, su destierro a Baeza, en Andalucía, al Convento de Santa Catalina Mártir, adonde fue conducida sin dilación. La Real Orden es del tenor siguiente:

“Gobierno de la Provincia de Madrid el Excelentísimo Sr. Ministro de la Gobernación, con fecha 16 del corriente, me dice lo siguiente: Por el Ministerio de Gracia y Justicia, se ha dirigido, con fecha de ayer, a éste de la Gobernación, la Real Orden siguiente: Ecmo. Sr.: Con esta fecha digo al Gobernador Civil de Madrid lo que sigue: De los antecedentes que hay en este Ministerio resulta que, en ninguna de las repetidas veces que el Gobierno ha creído conveniente trasladar de uno a otro Convento y aun salir de España a Sor María Dolores de Patrocinio, se ha hecho más que mandar a las autoridades Civiles o Eclesiásticas que, poniéndose de acuerdo, lo verifiquen, y, sin pedir ni esperar nunca ninguna autorización, como ahora se pretende. Las reglas del derecho común son y se observan en casos ordinarios; pero nunca en los especiales y urgentes, como el actual, en el que lo resuelto por S. M. debe ejecutarse desde luego, sin excusa ni pretexto alguno, como se ha verificado en las anteriores. Permitir otra cosa, sería dar a los preceptos canónicos extensión que no tienen y hacer ilusorias las órdenes de la Reina. Es, pues, la voluntad de S. M. (no era de S. M., que era la de ellos) conforme con el parecer del Consejo de Ministros, que inmediatamente y sin dar lugar a nuevas dilaciones, se lleve a cabo la traslación de la referida Religiosa en los términos que se dispuso en 11 del corriente.— De Real orden lo digo a V. E. en contestación a su comunicación del 13 del corriente que por el Ministerio de Gobernación se traslada a éste con mi cargo con fecha de ayer, para que, con asistencia del Visitador General de los conventos de Monjas, adopte las medidas convenientes, a fin de que se lleve a efecto lo dispuesto por S. M.”

De Real orden, comunicada por el Ministerio de la Gobernación, lo traslado a V. E., para su cumplimiento y efectos consiguientes”.

“A consecuencia de lo mandado en la Real orden preinserta, he dispuesto que salga V. mañana para el punto destinado por el Gobierno de S. M. con el decoro y comodidad propias de la respetable clase a que pertenece.— Dios Guarde a V. M. A.— Madrid 16 de Marzo de 1855.— Luis Sagasti.— A Sor María Dolores del Patrocinio”.

Al día siguiente de recibir la anterior comunicación, el 17 de Marzo, se presentó el Jefe Político en el Convento, con la orden de salida, acompañado de dos subalternos y del Superintendente Sr. Tejada. Inútil es decir lo sensible de la despedida de mi amada Madre y de sus queridas hijas, que veían y comprendían, mejor que nadie, la injusticia y crueldad con que se la trataba, y su estado de salud cada vez más grave, por lo que a la amargura de la separación se unía el temor de perderla.

Con el corazón traspasado de dolor, salió mi amada Madre de su santo Monasterio acompañada de una religiosa, Sor María Brígida de Nuestra Señora del Olvido, con la autorización de los Prelados, pues los comisionados del Gobierno querían que saliese sola la Sierva de Dios, y las religiosas suplicaron que le permitieran llevar una compañera, para su mayor decoro y más perfecta asistencia en los males que padecía. No agradó mucho esta petición a los comisionados del Gobierno, pero por fin, accedieron a ella, por creerla muy justa. También acompañaron en este destierro a la Sierva de Dios el abnegado P. Vicario de la Comunidad Fr. Faustino de Losa y Cruz, D. Juan Antonio de Quiroga y Dª Inocencia López Moratilla hermana de una religiosa del Convento de Monserrat. Esta Señora se ofreció por cariño a mi venerada Madre a servirla en el camino; pues recordaba siempre, con pena, las desgracias, enfermedades y muerte que la sucedieron en el destierro de Francia.

Fue mi Madre Patrocinio conducida al Convento de Clarisas de Santa Catalina Mártir, en Baeza, adonde llegó del 2 al 3 de Abril, siendo recibida por las Religiosas, con las mayores demostraciones de respeto y cariño, las cuales fueron en aumento cada día, no sólo mientras permaneció en aquel santo retiro, sino mientras vivió, y después de muerta, como lo prueban las cariñosas cartas que conservamos de aquellas benditas religiosas.

Como siempre también en esta ocasión, los Prelados se pusieron de parte de la inocente y favorecieron y recomendaron, con todo interés y solicitud, a esta bendita virgen perseguida, según puede verse en la siguiente carta del Sr. Gobernador Eclesiástico de la Diócesis de Toledo, el Reverendo P. Faustino de Losa y Cruz. Dice así:

“Muy Sr. Mío y amigo de toda mi consideración: acompaño el oficio en contestación al de V. del 4 del corriente, y a la par que me son sensibles los padecimientos de esa criatura tan privilegiada por el Altísimo, he tenido un placer en que mi buen compañero haya cumplido los ofrecimientos que me hizo en esta carta que remití al Sr. D. Antonio Aguado. También sé que mi primo hermano Casimiro Escudero, párroco de Santa Mª de Ocaña, se ofreció a Vds., aunque con el sentimiento de no poder satisfacer sus deseos. Iguales oficios hará tal vez D. Cesáreo Aguilera, párroco de Quesada, en esa provincia, al que tengo escrito con ese motivo. Sírvase V. decir a esa mi estimadísima Rda. Madre, que en todo tiempo y en toda ocasión, seré igual en su obsequio como lo es y lo será de V. su afectísimo s. s. y Capellán q. b. s. m.— Tomás Recio Escudero”.

También nuestros Católicos Monarcas, demostraron siempre sus piadosos sentimientos y especial benevolencia para con mi amada Madre. Véase lo que dicen a la Sierva de Dios en carta que le envían a su destierro de Baeza, por medio del virtuoso caballero D. Isidro de Losa y Cruz:

“Mi siempre respetada y querida Sor Patrocinio: con el mayor sentimiento aunque lleno de santa alegría, veo salir a V. nuevamente del Claustro y de la compañía de su amada Comunidad. En esta nueva amargura acompaño a V. con todo mi corazón, asegurándole que todas las calumnias que la malevolencia humana pueda inventar, no son bastantes para que olvide el particular afecto y lealtad que en todas ocasiones ha profesado en la Reina mi amadísima esposa, y a mi persona. Ningún consuelo puedo ofrecer hoy a V., paro si estas líneas son de alguno, recíbalas como la expresión de todo mi afecto y la seguridad de mi constante amistad y del cariño que en Jesús, María, José, profesa a V. su afectísimo.— Francisco”.

En la misma carta dice S. M. la Reina: “Yo también acompaño a V. en su pena y pido a Dios y a su Santa Madre nuestra protectora, haga que vuelva V. cuanto antes al seno de su Comunidad, según son y han sido siempre los deseos de su afectísima.— Isabel .— Ruego a V. y a la Comunidad pidan siempre al Señor por la tranquilidad de este desgraciado país, de mi querida familia y muy particularmente, por nuestra querida hija y el triunfo de nuestra Santa Fe Católica, Apostólica y Romana.— Madrid 18 de Marzo de 1855”.

“Abraza a V. con todo corazón la Princesa de Asturias.— Mª Isabel Francisca”.

Por desgracia, el nuevo destierro de Baeza, aunque breve, fue de resultados muy desagradables para la Sierva de Dios. Véase lo que dice el Rdo. P. Losa escribiendo a su amigo Anselmo: —“Baeza 29 de Junio de 1855.— Sr. D. Anselmo García de la Plaza.— Mi amadísimo amigo y Sr.: El Espíritu Santo asista a V. y colme de sus divinos dones, gracias y carismas. Recibimos sus letras del 16 con mucho gusto, y esta Señora y todos estamos agradecidísimos a sus muchos cuidados por nosotros. Dios nuestro Señor se lo premie superabundantemente, como se lo rogamos sin cesar en nuestras pobres y humildes oraciones. La Madre estos días está muy mal de la cabeza, tanto, que apenas puede estar un rato levantada, todo efecto del temporal frío o húmedo que pasamos, los demás lo pasamos bien. Del cólera nos libra el Señor hasta el presente, no obstante que está haciendo grandes estragos en los pueblos inmediatos. Es nueva la noticia que V. nos da con referencia a las Religiosas Anitas. ¡Ojalá tuviera efecto! Ya era otra cosa de no estar en su casa como V. dice muy bien. (Querían trasladar a mi venerada Madre a Toledo, en tanto que el Gobierno la levantaba el destierro y volvía a su Comunidad a Madrid) Si sobre el particular algo se nos comunica, lo sabrá V. al momento. Cuídese V. mucho y no nos olvide en sus oraciones y visitas a nuestra Santísima Madre del Sagrario, nosotros hacemos a V. participantes en todas las nuestras. Reciba V. millones de afectos, etc.,” ¡Cuán inescrutables son los juicios de Dios! Los días del P. Losa cuando escribe la anterior carta, tocaban a su fin.

Esperando estaban todos los desterrados en Baeza lo que Dios nuestro Señor tuviera a bien disponer, cuando su Divina Majestad fue servido probar a su amadísima Sierva con otra grande y dolorosísima tribulación, llevándose a su eterna gloria al ejemplar sacerdote Vicario de la Comunidad Fr. Faustino de Losa y Cruz, que falleció víctima de la terrible epidemia del cólera el 2 de Julio de 1855. El día primero dijo la Santa Misa y dio comunión a mi venerada Madre y a las demás religiosas; al Sanctus se puso algo desazonado, pero aunque con trabajo, pudo concluir la Santa Misa. Lo pasaron al Locutorio para darle una taza de té, se puso algo mejor y se marchó a su casa; a las doce del día le acometió el cólera tan fulminante, que acudieron a visitarle los cinco médicos que había en la población, a pesar de hacer todos los esfuerzos que en lo humano era posible por salvarle, nada lograron. Se confesó, recibió el Santísimo Viático, la Santa Unción y demás auxilios espirituales, y a la una de la madrugada del ya indicado 2 de Julio del año 1855, murió. Su muerte fue la del justo, la muerte más hermosa que puede imaginarse. Todo Baeza acudió a visitarle en cuanto cundió su gravedad, sin que los detuviera el temor de la terrible epidemia, y todos aseguraban tanto los sacerdotes como los médicos que le asistieron de continuo y cuantos presenciaron su preciosa muerte, que no habían visto, ni esperaban ver cosa igual; animaba a todos y estaba aún en las cosas más mínimas.

Poco antes de expirar, sonriéndose y lleno de alegría, exclamó dirigiéndose a la Santísima Virgen del Olvido que tenía a su lado: “Madre mía, muy hermosa os veo, pero todavía espero veros más hermosa en el cielo, en el cielo…” y cantando el Te Deum, exhaló el último aliento dejando enternecidos a cuantos se hallaban presentes, que no cesaban de ponderar tan hermosa suerte.

Puede comprenderse cuál sería la aflicción de mi Madre venerada, con prueba tan sensible y pérdida tan irreparable, en las tristes circunstancias en las que se encontraba; mas, con la santa resignación con que sufría todas sus penas, ofreció a Dios este sacrificio, adorando sus santísimas determinaciones.

Con motivo de esta desgracia, trataron de trasladar a mi venerada Madre a otro punto y, por Real Orden de 22 de Agosto de 1855, lo fue a Benavente, diócesis de Oviedo, provincia de Zamora, al Convento de Dominicas calzadas.

Salió su Reverencia de Baeza el 27 de Agosto del mencionado año, no sin gran sentimiento de la venerable Comunidad, donde había estado hospedada, quien conservó siempre un afecto especial a la Sierva de Dios, en prueba de ello y de su gran cariño y agradecimiento, al que mi Madre amada correspondió siempre, cuanto le fue posible, le regalaron a la despedida, una preciosa imagen del Niño Jesús, llamada De los moros o El Morito, tenida en gran veneración por aquella santa Comunidad. Esta preciosa imagen estuvo en poder de los moros y fue rescatada por un noble caballero cristiano, cautivo de los mismos moros, que desde su prisión oyó quejarse y aun llorar a la santa imagen, al ser maltratada por los infieles.

Tenía la imagen, en la espaldita, multitud de llagas, que la indiscreta mano del artista que la retocó, años después, hizo desaparecer, no sin gran sentimiento de las religiosas, de las cuales recibió siempre culto singular, como seguimos dándoselo ahora en nuestro convento. Este milagroso Niño es precioso y la expresión de dulzura y de dolor que tiene en su rostro da fervor y enternece. Manifestando a mi amada Madre el deseo de que disfrutase de la Sagrada Imagen, como eterno recuerdo y por muchos años, con la tranquilidad y felicidad que llenas de afecto para su Reverencia pedían y pedirían siempre al Divino Niño Jesús, se la entregó, a nombre propio y de la Comunidad toda, la Reverenda Madre Abadesa Sor Antonia e la Ascensión, el día 11 de Agosto de 1855, al saber que iba a ser trasladada  a otro punto mi Madre venerada.

Prosiguió su viaje de traslado la Sierva de Dios y al llegar a Jaén, tuvo que detenerse por haberse agravado en sus padecimientos. El día 29 continuaron su marcha, caminando cuatro, seis, siete y ocho leguas diariamente, hasta el 6 de Septiembre que, por haberse roto el coche de D. Juan Antonio en que viajaban, tuvieron que detenerse en Getafe durante cuatro días. El 19 continuaron su camino y el 16 llegaron a Benavente, deteniéndose en la posada hasta el 19 que, hallándose ya dispuesto el Convento de Santi-Spiritus de Religiosas Dominicas calzadas, ingresó en él mi venerada Madre, a las siete de la tarde, asistiendo a la entrada el Sr. Vicario Eclesiástico, el Sr. Arcipreste y el Sr. Alcalde. En este convento permaneció mi amada Madre sólo unos meses, siendo como en todos, la edificación de la Comunidad y de cuantos la trataban.

Por este tiempo dio el Gobierno de S. M. una orden mandando cerrar los conventos que no constasen de doce religiosas por lo menos. Alarmadas las monjas por semejante medida, acudieron al Emmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo y éste, muy afectado por el apuro y desconsuelo de sus súbditas, procuró por todos los medios remediarlas en su tribulación.

En el Convento de Torrelaguna sólo habían quedado dos religiosas de coro y una de velo blanco, y su Eminencia se propuso restablecer la Comunidad con monjas de Caballero de Gracia, o sea de las de mi venerada Madre, del convento de Monserrat; para lo cual negoció con ella el asunto, conviniendo en que arregladas todas las cosas por su Eminencia, la Sierva de Dios iría, desde su destierro de Benavente al convento de Torrelaguna, con religiosas de su Comunidad, ejemplares y de toda confianza.

Efectivamente, de acuerdo el venerable Prelado con sus Majestades y con el Gobierno y después de vencidas otras dificultades, dispuso Su Emma. Rdma. que de la Comunidad de Monserrat, salieran diez religiosas y unidas a su venerada Madre Patrocinio y a su compañera de destierro, pasasen todas al Convento de Torrelaguna. Véase lo que sobre este asunto dice la Sierva de Dios a Sor María Juana de la Santísima Trinidad escribiéndole desde Benavente:

“Alabada sea la Santísima Trinidad. Ave María Purísima”.

“Mi muy amadísima y querida hija Sor María Juana de la Santísima Trinidad: Saludo a su caridad con el mayor afecto y la deseo la paz que nuestro adorable Redentor vino a traernos a este mundo con todos los dones, gracias y bendiciones de la Trinidad Beatísima. Todas las cartas de su caridad he recibido con el mayor gusto y consuelo; conozco las cavilaciones de mi Juana, pero no hay que tenerlas; en breve diré a su caridad lo que hay, para que pida a Dios se verifique si así conviene a su gloria. D. Vicente daría a su caridad un recado de mi parte, y me llenó de satisfacción y consuelo la pronta y expresiva contestación a mi Juana. En el caso, que el Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo quiere conservar el convento de Torrelaguna, porque va a cerrarse y me ha invitado a mí si quiero ir allá a plantear la vida religiosa con algunas de mis religiosas, las que yo diga, y que lo haga todo según la orden y la Santa Regla que profesamos. Le he contestado que a trueque de que no se cierre un templo del Dios vivo, pasaría yo todos los trabajos del mundo, y que así disponga lo que tenga por conveniente; que tengo religiosas de mi confianza que irán sólo por dar gusto a Dios y ayudar a su Madre en tan buena obra. El abuelo se puso contentísimo: (solían llamar a su Emcia. el abuelo o abuelito, porque era ya muy anciano). Ya lo tiene todo medio arreglado; los Señores (los Reyes) también; en el Gobierno hay un poco de dificultad, por lo que conviene pedir mucho a Dios que se venza, si así conviene. De las antiguas, no va ninguna más que su caridad, que según la lista de nombres y oficios que al expresado señor he dirigido, va su caridad de Madre Vicaria; no hay que asustarse, sino obedecer y callar. Va también María Isabel y otras, porque allí no hay más que dos, una de coro, y otra de velo blanco. Yo voy con el mismo oficio. Esto es en breve lo que hay. No vamos a un magnífico convento, vamos a buscar a Dios Niño en el portal desaliñado de Belén; ya lo sabes, hija mía, y así espero que estés pronta a seguirme en esta obra digna de Dios y de su Purísima Madre. Si se verifica, no pienso volver más a Madrid. Ellas elegirán su Prelada y nosotras, si Dios así lo dispone, viviremos tranquilas amando y sirviendo a Dios en santa paz en Torrelaguna, aunque ya nunca desampararé a mi Comunidad primitiva, pues la amo mucho. Léela esta carta a mi María Isabel para que sepa lo que hay y que los santos que pide D. Isidro, es para que sirvan de muestra al escultor para hacerlos iguales, que no sea tontita, que la quiero mucho y no me enfado con ella. Adiós, mi Sor Trinidad. El Señor dé a su caridad su santísima bendición como se la da en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, su Madre que la ama en María Santísima y besa su mano Sor María de los Dolores y Patrocinio”.

Consta, por lo que llevamos dicho arriba, que mi venerada Madre ansiaba vivir lejos de la Corte, para poder gozar de ese modo de la paz y quietud de su santo retiro, y al ver ahora que Dios Nuestro Señor le daba por el gusto, sirviéndose de los Prelados, le dio gracias muy rendidas y se apresuró a poner por obra lo que era imprescindible antes de hacerse cargo de la nueva Comunidad de Torrelaguna, que fue hacer la renuncia del que tenía de prelada de la Comunidad de Monserrat en manos del Emmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo y al efecto le escribió la siguiente carta:

“Eminentísimo Señor: S. M. la Reina (Q. D. G.) se ha servido disponer en Real Orden que se me ha comunicado con fecha 27 de Enero último, que desde este Convento de Religiosas Dominicas de Benavente, me traslade al de Concepcionistas de la Villa de Torrelaguna, diócesis de Toledo y provincia de Madrid. Acatando, como debo, la soberana resolución de S. M., la daré cumplimiento, poniéndome en camino en cuanto lo permita el estado de mi salud. (Se hallaba entonces su Reverencia agravada de sus padecimientos). Y teniendo en consideración que la separación de mi Monasterio de Religiosas Concepcionistas del Caballero de Gracia, en donde ejerzo el delicadísimo cargo de Prelada, puede ocasionar graves prejuicios, en lo espiritual y en lo temporal, a la referida Comunidad, por mucho que sea mi celo, con una ausencia tan dilatada no puedo atender como debo a las necesidades de mis religiosas, y que hasta las prácticas de la vida monástica podrían resentirse, permaneciendo la comunidad como está en la actualidad, he creído un deber de conciencia hacer solemne renuncia del cargo de Prelada, rogando a vuestra Eminencia que por las razones expuestas y otras que no se ocultan a Vuestra ilustración, se digne admitir esta mi espontánea renuncia y dictar las órdenes oportunas, a fin de que proceda a la elección de Prelada que puesta al frente de la Comunidad pueda atender a todas sus necesidades”.

“Dios guarde a v. Eminencia muchos años, etc.— Convento de Religiosas Dominicas de Benavente 3 de Febrero de 1856.— Sor María de los Dolores y Patrocinio”.

El Eminentísimo Prelado se dignó dar la contestación siguiente:

“Secretaría de Cámara y Gobierno del Arzobispado de Toledo”.

“Habiéndose enterado su Eminencia el Cardenal Arzobispo, mi Señor, de la exposición que, en 3 del actual, dirigió V. Reverencia a su sagrada persona, y teniendo en consideración las razones en que funda su renuncia del cargo de Abadesa de la Comunidad de Religiosas Concepcionistas Franciscanas de Caballero de Gracia de esta Corte, por decreto de esta fecha se ha servido admitirle su renuncia. Y de su orden lo comunico a V. Reverencia, para su conocimiento y demás efectos oportunos. Dios guarde a V. Reverencia muchos años.— Madrid 8 de Febrero de 1856.— Antonio Aguado”.

“R. M. María de los Dolores y Patrocinio”.

Cuando todo estuvo preparado, efectuó mi venerada Madre su viaje y, no habiéndole permitido el Gobierno entrar en Madrid, reunió a las Religiosas de Monserrat designadas para Torrelaguna, en san Sebastián de los Reyes, siendo inmenso el gozo y la alegría de todas, al verse y abrazarse, después de tan penosa y prolongada separación. No ignoraban Madre e hijas que en el nuevo Convento habían de comenzar a vivir privadas hasta de lo necesario; pero, contentas con la santa pobreza, lo fiaban todo a la providencia de Dios. Sólo quedó en el corazón de la santa Prelada la pena grande y el sacrificio inmenso que hizo, al separarse de las doce hermanas que habían quedado en Monserrat. Cuando hablaba la Sierva de Dios de esta separación, lo hacía en términos que demostraban a lo vivo el mucho amor que siempre tuvo a su amada Comunidad de Caballeros de Gracia. También las Religiosas de esta Comunidad, que no tuvieron la dicha de pasar  a vivir al lado de su santa Madre, se sentían traspasadas de dolor y recordaban con pena lo que en algunos de sus éxtasis antiguos la habían oído anunciar, referente a los designios de Dios respecto a esta su Sierva, al escogerla para Fundadora de Conventos y Madre de muchas hijas, como llevamos referido.

Reunidas las que salieron de Madrid a mi venerada Madre en san Sebastián de los Reyes, según queda referido, llegaron a Torrelaguna el día 11 de Febrero de 1856, ingresando en el Convento en la misma tarde e incorporándose a las dos religiosas de la misma casa, que las recibieron con la alegría que puede suponerse. Al día siguiente, se preparó todo para la elección canónica de Abadesa, la cual tuvo efecto el día 18, según se dirá en el capítulo siguiente.


CAPÍTULO XXIII

Elección de Abadesa en el Convento de Torrelaguna.- Colegio externo gratuito para la educación de las niñas pobres.- Funciones de acción de gracias.-Todo a cargo de la Divina Providencia.- Milagros en la función a San Antonio de Padua.- Sale del purgatorio el alma de Dª Dolores Capopardo.- El Excmo. Sr. Narváez, presidente del Consejo de Ministros.- Negocia el dicho presidente con SS. MM. el traslado de la Sierva de Dios y su Comunidad al Convento de San Pascual en Aranjuez.- Real y espontánea donación del expresado Convento de San Pascual, con escritura pública.- De todo se da cuenta a S. S. el Papa Pío IX. 

Instalada mi venerada Madre con sus Religiosas en el Convento de Torrelaguna el día 11 de Febrero de 1856 y preparado todo al día siguiente para la elección canónica de Abadesa, el 13 del mencionado mes de Febrero tuvo lugar dicho acto y la distribución de oficios, siendo comisionado por el Emmo. Sr. Cardenal Bonel y Orbe el Reverendo P. Fr. Vicente Sanz, Religioso de nuestra Orden Seráfica, a quien acompañó el Sr. D. Antonio Aguado, en representación del Excmo. Sr. Nuncio, asistiendo con los dos expresados Señores el Vicario de la Comunidad que, desde el fallecimiento del Rdo. P. Fr. Faustino de Losa y Cruz, lo era el Rdo. P. Fr. Julián Peña y Sánchez, religioso Franciscano, como todos los anteriores Vicarios.

Salió electa, por unanimidad de votos, mi Rda. y venerada Madre Sor María de los Dolores y Patrocinio, a quien dieron la posesión de su cargo, con todas las ceremonias de costumbre en nuestra orden; siendo nombrada Vicaria de la Comunidad la Rda. M. María Juana de la Santísima Trinidad, quedando así establecida, o constituida la nueva Comunidad: con las dos religiosas de la casa Sor María Elena de Nuestro P. S. Francisco, ancianita de coro, y Sor María Benita de los Dolores, la anciana lega, se componía de catorce religiosas.

Como en Torrelaguna ya habían tenido a mi verdadera Madre algunos años, en la época de su primer destierro, fue muy grande la alegría de sus habitantes al recibirla de nuevo con sus religiosas, así es que fueron muy queridas y atendidas de todos, tanto de las autoridades, como del pueblo; mas como Dios nuestro Señor quería a su amada sierva siempre por el camino de padecer, permitió que pasasen grandes escaseces; tanto, que al principio, ni camas, ni los enseres más precisos tenían, y el Convento estaba tan deteriorado, que habían de tomar grandes precauciones para no caer en los sitios hundidos.

Para mejor explicar lo que de estos principios contaban las Madres antiguas, copiaré a continuación lo que dejó escrita la Rda. M. María Isabel de los Remedios, referente a las escaseces y privaciones que tuvieron que sufrir en este Convento de Torrelaguna, al que mi venerada Madre llamaba siempre su “Portalito de Belén”, Después de explicar el estado de deterioro en que el Convento se hallaba, dice así:

“Mas nuestra Madre Purísima cuidó de nosotras, y vimos muchas veces su maternal cuidado, hasta con milagros. Nada pedíamos y sin embargo algunas personas nos socorrían alguna vez, particularmente las familias de las religiosas; que, sin duda, movidas interiormente del impulso Divino, se movían a favorecernos; lo cierto es, que nunca nos quedamos sin comer, gracias a Dios; pero el Convento estaba inhabitable; no se podía vivir, sin hacer alguna obra; no había un céntimo para ella: ¿qué hacer? Cualquier persona se haría esta pregunta, nuestra Madre no; sino que, puesta toda su confianza en Dios y en nuestra madre Purísima, llamó a los operarios necesarios y emprendió la obra de reparación, aunque sólo lo más preciso para poder vivir, no cómodamente, sino muy estrecha e incómodamente. Allí experimentamos bien, que sólo Dios basta, y que la felicidad no está vinculada a la abundancia; pues nunca jamás hemos experimentado tanta alegría, ni tanto bienestar como entonces, y en algunas otras ocasiones, en que hemos sufrido falta de viene temporales, mas ¿qué mucho? Amábamos, tiernamente, a nuestra amantísima Madre, constituía nuestro tesoro; estábamos satisfechas de que ella nos amaba mucho; teníamos la conciencia tranquila: ¿Podíamos desear más?

“Su Reverencia empero, tenía a la Comunidad a su cargo, y no sabía de dónde ni cómo pagar a los operarios; pues bien, nunca faltó; y unas veces su hermano D. Juan con su esposa Dª Filomena, que en todas partes fueron su remedio, y en fin, otras veces, las más, no se sabía cómo salía de tanto apuro. Un día, sábado, había que pagar a los operarios y no tenía un cuarto; nos dijo con su acostumbrada tranquilidad, que pidiéramos a Dios la diera con qué pagar a aquéllos hombres; pues, aquella tarde llegó de Toledo un caballero conocido y la dio dieciséis duros, que era justamente lo que necesitaba para pagar el jornal de aquella semana”.

“Así pasaron algunos meses, y viendo nuestra Madre que con la prohibición del Gobierno era imposible recibir novicias, fiada en Dios y nuestra Purísima Madre, que bajo el título del Olvido era nuestro amparo, se determinó a lo que, tal vez ninguna otra en sus  circunstancias hubiera hecho, que fue, pedir al Gobierno licencia para recibir nada menos que veinticuatro novicias: ocho para Madrid, ocho para su querida Comunidad de Sta. Ana de Toledo, y ocho para la nuestra de Torrelaguna”.

¡Oh, poder de la virtud! ¡Esta criatura, siempre perseguida y siempre respetada, siempre aborrecida y siempre admirada! Quien había de creer que en el mismo momento que prohíbe el Gobierno la entrada en profesión religiosa en toda España, esta denodada señora tan perseguida, había de atreverse a pedir, no una o dos novicias, sino veinticuatro.

“Pues no sólo lo pidió, sino que entraron en público, y no sólo en su Convento sino en los tres ya anteriormente citados; así fue; se recibieron las ocho en cada Comunidad, entre ellas, una en Toledo y otra en casa, de las familias más distinguidas del pueblo”. (Apuntes)

Tan luego como mi venerada Madre vio terminada las obras más indispensables, dispuso local para colegio de las niñas pobres, pues la caridad de su reverencia no permitía retardar el cumplimiento de un obra tan agradable a Dios y tan grata a su compasivo corazón. En una de las cartas que por este tiempo dirigió mi Madre amada al ejemplar sacerdote D. Anselmo de la Plaza, le dice lo siguiente: En este pueblo están locos de contentos con las Religiosas, con una devoción especial a María Santísima del Olvido. Tengo de enseñanza setenta y tantas, y es para alabar a Dios el verlas. Es cierto que es incomodidad, pero también estas criaturas aprenden a bendecir a Dios. Casi todas son huérfanas. Tengo licencia verbal para recibir cuarenta novicias; y, por escrito para recibir ocho. La misma licencia he sacado para mis monjitas de Madrid (las de su Comunidad de Caballero de Gracia, residente en Monserrat) que ya van a recibir, y lo mismo voy a sacar para las de Sta. Ana; pero es todo en sigilo, porque el Sr. Cardenal no quiere comprometerse”.

Así vivían ocupadas mi venerada Madre y sus Religiosas en el cumplimiento más exacto de su Sta. Regla y Constituciones y en la educación gratuita de las niñas pobres, gozándose su Reverencia al ver realizado lo que tantos años antes se le anunciara en aquellas celestiales apariciones de la Virgen Santísima, que precisamente en este mismo Convento de Torrelaguna tuvo en la época de su primer destierro, como dejo referido en su lugar correspondiente, cuando al manifestarla la Santísima Virgen las fundaciones que había de hacer, la manifestó también ser su voluntad y la de su Santísimo Hijo, que acogiera en ellas, bajo su protección, a la desvalida infancia.

Años después, en visita que hiciera a nuestra Madre, D. Pedro Carrascosa, del Oratorio de San Felipe Neri y posteriormente obispo de Ávila, dedicó a esta Virgen Santísima de la Piedad la sentida poesía que pongo a continuación y que se viene recitando desde entonces en nuestros conventos, el día 11 de Febrero, víspera de la festividad de la misma divina Señora en tan dulcísimo título. Expresa ella maravillosamente el verdadero espíritu de nuestra venerada Madre y el que legó a sus hijas en las fundaciones todas de sus colegios. Canta así el inspirado vate:

“Ministrate in fide vestra virtutem…
Et in pietate amoren fraternitatis…”

Venid todas, venid, hijas del claustro
Nueva milicia de Jesús amada,
Que hoy pide vuestros castos corazones
“De la Piedad” la Reina Soberana.
La Virgen que del Líbano en el cedro…
Y en el ciprés de Sión… y en ígnea zarza…
Simbolizó el Señor… ¡Vírgenes puras!
Hoy con su acento de piedad os llama,
Vuestros pechos abrid a su dulzura,
Que de Divino amor al fuego inflama,
Y a su voz maternal decid unidas:
Tuyas, Sol de Piedad, son nuestras almas.

—“Yo vuestra Madre soy”; os dice tierna,
“Vuestro centro de amor y de esperanza;
“Yo os llamé del desierto de la vida…
“Del Esposo a la mística alianza.
“Yo, que por humildad cielos y tierra,
“Reina me llaman bienaventurada,
“De vosotras fijé la más humilde
“Y a Madre vuestra la elevó mi gracia,
“Y cuando más horrendas tempestades
“Nuestro enemigo en ella descargaba,
“Yo tu pecho llene de inspiraciones
“Y el triunfo alcancé de sus batallas.
“Hoy se cumplen los años del portento.
“Con que después de recorrer la España
“A mí se me encomendó en sus desamparos,
“Y en breve un ángel la postró a mis plantas, 

“—¡Madre de la Piedad! exclamó al verme,
“Tú sola ves el fondo de mi alma,
“Tú puedes realizar los pensamientos.
“Que a tu ruego el Amado me señala.
“Si tú me asistes, de Piedad tesoro,
“Te ofreceré de vírgenes sagradas
“Una casta legión, que purifique
“De este siglo la atmósfera viciada.
“Yo no sé cuáles son, no dónde moran;
“Mas, sé que acudirán por ti llamadas,
“Y el lazo romperán de carne y sangre,
“Por ser tuyas…  ¡Oh Madre Inmaculada!
“Yo las miro del mundo a los engaños,
“Con denuedo, por ti volver la espalda,
“Y con el manto azul en larga hilera,
“Subir humildes de Jacob la escala,
“Mas, Virgen de la Piedad, ved que entre todas
“Soy la sierva más débil y más flaca,
“Y al extender el reino de Esposo,
“Imploro su favor a vuestras plantas.”

“—Levántate y no llores, hija mía,
“Que ya escuchadas fueron tus plegarias;
“Estudia de Piedad mi dulce nombre
“Y cuanto se expresa a realizar avanza;
“El nombre de Piedad con que me invocas,
“Es la virtud que moverá tu alma;
“Para honrar con asombro de tu siglo
“A tu Dios, a tu prójimo y a tu Patria.
“Honrarás a tu Dios, con Fundaciones
“De vírgenes que tengo preparadas,
“Fundando monasterios ejemplares,
“Para ensalzar de Dios las alabanzas,
“Honrarás a tu prójimo, acogiendo
“Bajo tu grey la desvalida infancia.
“Infundiendo en las almas inocentes
“De fe y virtud las santas enseñanzas.
“Y honrarás con tu espíritu y tus obras
“Tu combatida y nebulosa Patria;
“Paz en el porvenir, dando a sus pueblos
“Y reinado de gloria a sus monarcas”.

“—¡Oh Virgen de Piedad! ¡Oh Madre mía!
“No tengo más tributo que mis lágrimas;
“Y las vierto en señal de sacrificio,
“A que me mandas ir desde tus aras.
“Vedme pronta a cumplir tu gran designio;
“¡Gloria a ti y a Jesús! Sufra tu esclava
“Las nubes de calumnias y desprecios,
“Crisol divino de probar las almas.
“Los misterios aviva de tu Olvido,
“Que tu Misericordia y Triunfo alcanza
“A dominar las nuevas tempestades,
“Como vencer me hiciste las pasadas.
“Y, pues la hora marcó la voz eterna,
“Circúndame de vírgenes sagradas,
“Que sacudiendo afectos terrenales,
“Vengan donde mis brazos las aguardan.
“Y a la contemplación la acción uniendo,
“¡Oh Virgen de Piedad! Pues tú lo mandas,
“Guía tú nuestras santas fundaciones,
“Que han de regenerar la tierna infancia.
“Y ya que el mundo está tan corrompido,
“Remedio tengo en la mujer cristiana,
“Y mártires seremos… si así damos
“Gloria a Dios, a mis reyes y a mi Patria;
“Que nuestro premio ¡oh Madre! Está en el cielo,
“Si hacemos por la cruz nuestra jornada,
“Y la sangre y la vida nada valen
“A las que están con Cristo desposadas”.

De este augusto coloquio entre Ambas Madres,
Una Madre Divina y otra humana,
Han resultado varias Fundaciones
De Dios, la Virgen y su Regla esclavas.
La castidad, pobreza y obediencia,
Banderas son de su milicia santa,
Y el corazón formándose su sexo,
Vencer de Satanás en la batalla, 

—La educación, unida a nuestra Regla,
¡Virgen de la Piedad! fue tu demanda,
Y en cumplirla con gloria del Esposo,
Estriba nuestra bienaventuranza.
Ofrecémoste ¡Oh Madre! el sacrificio
De nuestro corazón con vida y alma,
Y el fruto toca a vos distribuirlo,
En gloria a Dios y bien de nuestra Patria.
Vos, Virgen de Piedad, que nos llamasteis
Al santo estado, aunque en edad temprana,
Hoy, en vuestro solemne aniversario,
De todas aceptad la ofrenda casta.
Dadnos adoración de noche y día
Para el excelso Esposo de las almas,
Dadnos celo y vigor, fuerzas y bríos,
Para trepar a la eternal montaña.
Dadnos en vuestro Olvido nuestro olvido
De temporales y fugaces ansias…
Misericordia ¡oh Madre! a vuestras hijas
Y el Triunfo luego en inmortales palmas.
Que velemos al pie del Sacramento…
Por vuestra Concepción Inmaculada;
Que nos guarde y defienda San Miguel,
Vuestro enviado para hacernos santas.
Que obrando y contemplando a todas horas
Calmemos del Señor la justa saña;
Que cuidemos del campo encomendado,
Para que fruto den las tiernas plantas.
La continua oración por nuestra Madre
Llevad a Dios con filiales ansias;
Y haced seguros sus preciosos días,
Norte de nuestras dulces esperanzas.
Que seamos todas, vuestras, dulce Madre,
Virgen de la Piedad nuestra abogada,
Vuestras, por el espíritu y las obras,
Para ser en el cielo coronadas.

Sorprendida quedó mi venerada Madre, cuando, por vez primera, oyó cantar la anterior poesía en nuestro Convento de Aranjuez, en la víspera de Nuestra Señora de la Piedad, y ruborizada, preguntó, que quien había escrito aquello, contestaron las religiosas que era obsequio hecho a la Comunidad por D. Pedro Carrascosa; y entonces su Reverencia, con su acostumbrada dulzura y gracia, añadió: “¿Y quién ha dicho todo esto a D. Pedro?” “Y qué Madre, contestó la M. Jesús Nazareno, ¿no sabe V. R. que hay pajaritos que cuentan las cosas?” “Ciertamente D. Pedro sabía esto y mucho más por los PP Franciscanos antiguos; pues era sobrino del Rdo. P. Carrascosa, antiguo confesor de la Sierva de Dios como ya se dijo.

Terminadas las obras más indispensables, y limpia ya y restaurada la Iglesia, dispuso mi venerada Madre solemnes funciones de acción de gracias a Dios Nuestro Señor, a la Virgen Santísima y a los Santos. La primera se celebró el 26 de Julio del mencionado año 1856, con motivo de haberse abierto al público aquel sagrado templo, que, por tanto tiempo, había estado cerrado y abandonado; pues contaban las Madres antiguas que yo conocí, que era un dolor ver cómo estaba la Iglesia, por haberla tenido cerrada tanto tiempo al culto divino, y de tal modo abandonada, que alrededor de las paredes, no sólo había blanquecino moho, sino habían salido hongos por algunos sitios.

Ocupada mi venerada Madre en dar gloria a Dios y en el bien de las almas, recibiendo del Divino Jesús y de Su Santísima Madre frecuentes visitas y extraordinarios favores, era cada día más querida y estimadas de todos los habitantes del pueblo, que acudían fervorosas a las solemnidades que se celebraban en la Iglesia del Convento, no extrañando que, en medio de la gran pobreza que se encontraba la Comunidad, fuese tan espléndida en las solemnidades del Divino culto; pues recordaban perfectamente, lo sucedido la vez primera que su Reverencia estuvo en Torrelaguna, en la época de su primer destierro; que queriendo obsequiar al glorioso San Antonio de Padua y no teniendo recursos para ello; puesta toda confianza en Dios y en los méritos del Santo, lo arregló todo para la función, tomando la cera alquilada y conviniéndose con el cerero que le pagaría lo que se gastara y nada más; mas habiendo quedado ambos conformes en el ajuste, se hizo la función con su Divina Majestad, manifiesto y sermón; y después de tan larga función, hallaron con asombro que se habían quedado las velas en el mismo estado que antes, pues las habían pesado para la función y después de estar luciendo tanto tiempo. Como esto fue tan público, todo el pueblo lo supo; y así que cuando en este año 1856 fue la Comunidad, muchas personas que fueron testigos del maravilloso hecho, se lo contaron a las religiosas, llenos de fervoroso entusiasmo.

A la Santísima Virgen del Olvido tenían también una gran devoción. En todas sus penas, necesidades y dolencias acudían a la celestial Señora, pidiendo a mi venerada Madre que interpusiera su ruego para alcanzar de Dios y de la Virgen Santísima remedio. Mi Madre amada consolaba a todos, y ellos, por la experiencia que ya tenían, conocían por la respuesta que les daba, el resultado que su necesidad había de tener. Si satisfactorio, les decía que tuviesen fe y no desconfiasen, y si desagradable, que tuvieran conformidad con lo que el Señor disponía, que siempre sería para mejor.

Entre los grandes favores y gracias que, por este tiempo, recibió mi Madre venerada, una fue la Divina revelación que tuvo de haber salido ya de las penas del purgatorio su madre Dª Dolores Capopardo, habiendo su Divina Majestad aceptado, amoroso, las muchas oraciones, lágrimas, penitencias y sacrificios que, desde el momento de la muerte de la expresada Mª Dolores, ofreció por su alma a la Justicia Divina su angelical inocente hija, todo amor y caridad.

Contentas, tranquilas y gozosas continuaban en su Convento de Torrelaguna mi venerada Madre y sus Religiosas, cuando dispuso Dios nuestro Señor el providencial caso siguiente, que copiaré según lo refiere la Reverenda Madre Sor María Isabel de los Remedios, en el cuaderno que de cuanto sabía, por haberlo presenciado, visto u oído, dejó escrito. Dice así:

“Con motivo de las obras del canal de Isabel II, fue a Torrelaguna una comisión del Gobierno, compuesta del Presidente Narváez y otros dos Señores Ministros, y sin previo aviso, se fueron al Convento, entrando, como podían hacerlo, por orden de Sus Majestades, en la clausura; vieron lo necesitadas que estábamos, aunque nada les dijimos, ni menos pedimos nada; mas, lo vieron todo y el mal estado del edificio. Entonces se convencieron de las calumnias e injusticias ejecutadas con tan angelical Religiosa; vieron por si mismos la falsedad de las calumnias que la representaban como una mujer orgullosa y rebosando comodidades; vieron su pobrísima celda, compuesta de un jergón de paja y una pobre silla y, no sólo no hallaron tapices ni alfombras, como esperaban (dicho por ellos mismos), sino que la temible monja ni una mala estera tenía donde poner los pies en el rigor del invierno. Vieron, asimismo, unas pobrísimas monjas, quienes careciendo de todo en absoluto, una sola cosa nos sobraba, y era la paz, la alegría y el amor a nuestra Madre. Por fin, aquellos Señores salieron con bien distinta opinión de la temida Religiosa y de sus hijas y, en prueba de ello, dejaron al Padre Vicario para que se la entregara a nuestra Madre una buena limosna; pero no se contentó con eso el Presidente del Consejo de Ministros, sino que se fue a Palacio y enteró a Su Majestad la Reina, del estado ruinoso del Convento; e hizo cuanto pudo con Sus Majestades para lograr vernos en Aranjuez”.

Hasta aquí lo que sobre esto refiere la Madre Sor María Isabel de los Remedios. Merced a la piedad de varias personas caritativas del pueblo, y a fuerza de grandes sacrificios y privaciones, había emprendido la Sierva de Dios y llevado a cabo algunas obras de reparación en el Convento, atendiendo a la mayor necesidad; pues, restaurado en debida forma no era posible, porque para ello se necesitaba mucho tiempo y dinero; así es que, a pesar de lo hecho, en los tiempos de lluvias y nieves, hasta las mismas puertas de las celdas se mojaban en muchos sitios. Y ¡oh juicios admirables del Señor! Cuando menos podían imaginar y de quien menos podían pensarlo acude su Divina Majestad con remedio, dando principio a las fundaciones y reformas para las que tenía destinada a mi Madre amadísima y venerada. Quién hubiera creído en otra época, cuando Narváez se daba tanta prisa en desterrar a mi Madre amada, que había de llegar un día en que, convencido de su inocencia y virtud, tanto excitara su compasión el ver donde moraba la inocente víctima y sus fieles hijas que la acompañaban, sobrellevando éstas sus privaciones y trabajos, no sólo con resignación sino hasta con el mayor gozo y alegría por amor de Dios y por gozar de la presencia de su siempre amada Madre. Esto sólo pudo ser obra del cielo, de Aquél que está sobre los pensamientos de los hombres y protege y toma por su cuenta a la inocente perseguida y a la virtud vilipendiada; y a través del odio y de la venganza sabe Él sacar triunfante, para confusión de sus enemigos y perseguidores, a sus fieles siervos.

Enterada S. M. la Reina por el Sr. Narváez de la pobreza en que mi venerada Madre y su Comunidad se encontraban y del mal estado del edificio, resolvió, de acuerdo con su Gobierno, trasladarla a otro punto; y para ello, eligió S. M. el Convento de San Pascual, en el Real Sitio de Aranjuez, que acababa de ser abandonado por los Religiosos Franciscanos de la Provincia de San Gregorio Magno en Filipinas, efecto de la persecución de que eran objeto por parte de algunos nacionales. Dichos Religiosos se trasladaron a Pastrana; haciéndose cargo de dicho Convento el Real Patrimonio.

Su Majestad la Reina escribió una cariñosísima carta a la Sierva de Dios manifestándole su deseo de que saliera de Torrelaguna y ofreciéndole el expresado Convento de Aranjuez; a la que contestó ella que aunque agradecía a S. M. mucho el real ofrecimiento, por algunos inconvenientes que había de por medio le suplicaba la dejasen en su tranquilo retiro de Torrelaguna. Insistió Su Majestad de nuevo diciendo que era su voluntad y quería hacer ese obsequio al Señor y a la Santísima Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias, porque así se lo había ofrecido.

Ante tan generoso y piadoso ofrecimiento no tuvo la Sierva de Dios más remedio que aceptar, agradecida, lo que la Providencia Divina, por medio de la munificencia de SS. MM., se dignaba ofrecerle. Hicieron los Augustos Señores donación del Real Convento, con escritura pública y con todas las formalidades que requería el caso; con la aprobación y gran satisfacción de los reverendísimos Prelados, del Eminentísimo Señor Cardenal Arzobispo de Toledo y Excelentísimo Señor Nuncio y, lo que es más, con el beneplácito de Su Santidad el Papa Pío IX, al que S.M. la Reina le dio cuenta de lo hecho; enviando el Santo Padre, lleno de paternal bondad, su Apostólica Bendición para la nueva casa y para cuantas en lo sucesivo se hicieran.

Así dio principio mi Reverenda y venerada Madre a sus Fundaciones y Reformas, nunca solicitadas por su Reverencia sino pedidas por los mismos que las deseaban.

________________________
Vida de la Madre Sor María de los Dolores y Patrocinio publicada en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/sor-patrocinio/

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