Siempre escogía para sí lo más humilde y pobre y jamás abrió su boca para quejarse ni de nada ni de nadie

Tomado del Libro: Vida Admirable de la Sierva de Dios Madre Patrocinio
Escrita por: Sor María Isabel de Jesús, r.c.f.

CAPÍTULO XX

Enferma gravemente y muere en Montpellier Dª María, hermana de la esposa de D. Juan Antonio de Quiroga.- Visita a mi venerada Madre el Ilmo. Sr. Obispo, la toma bajo su protección y en unión de los médicos, se opone a que continúe su viaje.- Relación del P. Faustino a D. Anselmo García de la Plaza, sobre el viaje a Francia y trabajos del destierro.- Respuesta del Embajador de España en París Sr. Marqués de Valdegamas, a D. Juan Antonio Quiroga.- Ingresa la Sierva de Dios en un Monasterio de Religiosas Agustinas en Montpellier.

A consecuencia de tantos sufrimientos y malos ratos como en el camino padecieron los desterrados, enfermó también y falleció en la expresada ciudad de Montpellir la amable señora Dª María, hermana de la esposa de D. Juan Antonio de Quiroga, que sólo por cariño a la Sierva de Dios había querido tomar parte en tan penoso viaje, acompañándola en sus amarguras y penas. Dios nuestro Señor, rico en misericordia, tendría en cuenta el mérito de su heroico sacrificio y la habrá premiado ya condignamente.

En vista de estas desgracias ocurridas y de la gravedad en que se encontraba mi amada Madre Patrocinio, el médico que visitaba a su Reverencia, compadecido por una parte y justamente indignado por otra, pasó una comunicación al Gobierno español diciendo: “Que él no podía consentir asesinatos premeditados.” Cuando el Sr. Obispo de la Diócesis visitó a mi Vda. Madre y se cercioró de las circunstancias difíciles y horrorosas que venía atravesando, la consoló mucho y se ofreció generosamente y con verdadero amor de Padre, a ser su Protector y Defensor en todo, y al instante, bajo su responsabilidad, mandó retirar los agentes de policía que por orden del Gobierno español seguían a su Reverencia, como queda dicho, sin perderla de vista, ni de día ni de noche. Le prometió además el dignísimo Prelado, que no saldría de Montpellier aunque el Gobierno de España dispusiera lo contrario, ínterin no estuviera buena o por lo menos mejorada del grave padecimiento que sufría. A más llegó su caridad: viéndola tan enferma y siempre retirada en su habitación, ordenó su Ilma., de acuerdo con el médico, que la sacaran todas las mañanas un rato al campo; para lo cual dispuso el bondadoso Prelado que, todos los días, fuera su mismo coche a buscarla a la hora convenida. Verdaderamente, no pudo llegar a más la paternal bondad de tan venerable Prelado en obsequio de la virtud y santidad que reconocía y admiraba en la inocente víctima.

Viendo la Sierva de Dios que su permanencia en Montpellier se prolongaba, suplicó al Sr. Obispo que le concediera entrar en algún Convento de la Ciudad, en tanto que disponían a su Reverencia otra cosa. El bondadoso Prelado accedió gustosísimo, y le dio su bendición y licencia para ingresar en la Comunidad de Religiosas Agustinas, llamadas del Refugio, donde fue recibida con el mayor cariño, tratándola no como a extranjera, sino como a hermana queridísima y procurando en todo su alivio y consuelo. Este ingreso en las Agustinas no podía verificarse sin el permiso del Gobierno Español, y para obtenerlo escribió D. Juan Antonio de Quiroga al Sr. Embajador, Marqués de Valdegamas, obteniendo del mismo la respuesta siguiente:

“Sr. D. Juan Antonio de Quiroga.— Muy Sr. Mío.— En vista de la de V., suspendo toda determinación y consulto al Gobierno de S. M. lo que ha de hacerse en virtud de los deseos manifestados por su señora hermana. Queda de V. su s. s. q. s. m. b.— El Marqués de Valdegamas”.

Se expresa así este noble caballero, porque juzgaba que, en vista de las comunicaciones dirigidas al Gobierno de España por el Prelado de Montpellier y por los médicos, sobre el mal estado de salud de mi Madre Venerada, dispondrían su traslación a clima más benigno, o su vuelta a España.

No sucedió así; y con fecha 31 del mismo mes y año vuelve a escribirle diciendo: “Me parece muy bien que su señora hermana de V. entre desde luego en un Convento; con eso sale de las garras de la policía y desde allí puede pedir a S. M., o a su Prelado, todo lo que crea conveniente. Yo autorizo con esta fecha al Sr. Villalonga, para que dé a V. y demás personas que han acompañado a su señora hermana pasaporte para donde quieran; también dirijo a este Sr. Ministro de Policía la comunicación conveniente. Queda de V. s. s. q. s. m. b.— El Marqués de Valdegamas”.

En tanto que el Embajador de España en París, conocedor de los atropellos cometidos por el Gobierno contra la inocente ejemplar Religiosa, se oponía, como los médicos y el Prelado de Montpellier, a que continuase su viaje a Roma, aconsejándole que esperase en Montpellier (a pesar de tener ya todo el equipaje en Marsella) hasta su completa curación y ver si lograba trasladarla a España, o a clima más favorable a su salud, en este intermedio, repito, fue nombrado embajador el Sr. Viluma, que no menos caballero, ni menos compasivo que su antecesor, enterado como aquél de las desgracias ocurridas, no consintió que hubiera una tercera víctima, y dio las disposiciones que se dirán en el capítulo siguiente.

Es interesantísima la relación que de los trabajos y penas referidas hace el P. Faustino de Losa y Cruz a don Anselmo Plaza, escribiéndole desde el destierro, con fecha 16 de Septiembre de 1852. Dice así:  

“Desde la salida de la Corte, ansiaba escribir a V., para darle cuenta de todos nuestros disgustos y trabajos y, posteriormente, de los trabajos y padecimientos de nuestra buena Madre Patrocinio y de su compañera Sor Presentación; para que, con su acostumbrada bondad, me hiciera V. el obsequio de hacérselos también presentes a mi amadísimo, venerado, y jamás olvidado D. Antonio, a quien apreciamos de todo nuestro corazón (este D. Antonio era el Rdo. P. Provincial Fr. Antonio Espinosa); mas, Dios nuestro Señor ha permitido no se realicen mis deseos a causa de mis males y poca tranquilidad para ello; pues, en el discurso de seis meses, he visto casi agonizar a la Madre, con ocho acontecimientos de vómitos de sangre, que en distintas ocasiones, la ha invadido, teniéndola postrada en cama, entre unas y otras veces, más de cuatro meses, sin haber logrado hasta el presente, reponerse, a pesar de los esfuerzos de todos los buenos médicos que la han asistido; por lo que ha sido absolutamente imposible continuar nuestras viajatas, y las jornadas que se han hecho han sido a instancias de la misma Madre, para manifestar a todos su ninguna oposición para llegar al término que la habían señalado; en todas ha expuesto su vida, según el dictamen de los facultativos, que últimamente, han manifestado de un modo terminante, que esta señora no puede en modo alguno viajar. A esta desgracia de los graves males de nuestra Madre, se nos agrega que Sor Presentación se halla gravísimamente enferma, con una tisis pulmonar aguda, con vómitos de sangre, desde el 31 de Julio último y, en la actualidad, en los últimos momentos de su vida; porque, desde el día de la gloriosa Natividad de la Santísima Virgen, vive milagrosamente, a juicio de todos, incluso los médicos; mas, tenemos el gran consuelo que, en esta villa, las Autoridades nos guardan todas las consideraciones que se merece el estado de nuestras inocentes enfermas, y en el hotel donde habitamos el amo nos ama mucho, y sin conocerle, ni recomendación alguna, se porta como el mejor amigo. Los hermanos de la Madre y yo estamos traspasados de dolor y, al mismo tiempo, sumamente edificados de los grandes trabajos y sufrimientos de estas Esposas de Jesucristo, tolerados con la más heroica resignación y virtuosa paciencia; teniendo al mismo tiempo el consuelo de que los Señores no nos olvidan, y si bien no les fue posible cortar la intriga que se levantó contra nosotros, nos han dado y dan muchas muestras de amor y de afecto respetuoso, y estos días nos han asegurado, que regresaremos muy pronto; todo lo que pondrá V. en conocimiento de nuestro D. Antonio, diciéndole al mismo tiempo, que la Madre, a su reunión de sus Monjas en las Descalzas, las animó y consoló, manifestándolas en sus cartas, la conducta que habían de seguir y aconsejándolas, como buena Madre, todo lo concerniente a su triste situación”.

“La Madre me encarga que le diga a V. que se anime mucho y confíe en Dios Nuestro Señor y en la Santísima Virgen, que todos estos trabajitos de esta miserable vida se nos han de convertir en bienes eternos. Que diga V. a sus Monjitas Dominicas, Carmelitas y demás, que no nos olviden en sus fervorosas oraciones y que pidan al Señor dé salud, si conviene, a Sor Presentación; para que tan siquiera tenga el consuelo de morir entre sus hermanas; ya sabe V. no olvida a V. nuestra Madre y le tiene muy presente en sus fervientes súplicas al Señor. Reciba V. sus respetuosos afectos: etc.”

Tanto por la carta anterior como por lo que se indicó arriba, la Comunidad de mi Rda. Madre ha sido ya reunida a la de Descalzas Reales de Madrid, apenas salió su Reverencia para el destierro de Francia, cuando el Gobierno, no satisfecho aún con las amarguras ocasionadas a tan amada Madre mía, siguió causándoselas a las religiosas del convento de Leganitos, expulsándolas de él.

El edificio había sido comprado, restaurado y dado por S. M. el Rey a mi venerada Madre y su Comunidad, en cumplimiento de un voto hecho por S. M. ante la Sagrada Imagen de Nuestra Señora del Olvido, según queda ya explicado en su lugar correspondiente. Pero fue tal la tenacidad de los perseguidores en salirse con su perverso intento, que afligido el Rey y aburrido con todo lo que sucedía, contra su voluntad, cedió al Estado el mencionado Convento de la calle de Leganitos, asegurando S. M. que la cesión fue política y obligada y que, si la boca la hizo, jamás la hizo el corazón; pues el edificio ya no era suyo sino de la Comunidad, a quien le había dado, para el culto de la Santísima Virgen, en su Sagrada Milagrosa Imagen del Olvido, Triunfo y Misericordias.

Cuando el Gobierno se creyó dueño del expresado Convento de Leganitos, envió una Real Orden al Eminentísimo Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo, con fecha 7 de Julio de 1852, para que, saliendo la Comunidad de Sor Patrocinio de su Real Convento fuera reunida en la del Monasterio de Religiosas Descalzas Reales; cuya traslación se verificó efectivamente el día 20 del mismo mes. Antes de salir las Religiosas de su amado Convento, ya el Estado había adquirido compromiso de cederlo a los PP Paúles; tanto fue así que uno de los días en que las monjas rezaban en el coro el oficio divino, entraron en la Iglesia los PP Paúles, y al oírlas rezar exclamaron en alta voz: pero “¿todavía están aquí estas monjas?” Júzguese cuál sería el asombro y la aflicción de las pobres Religiosas, que aún no sabían nada de lo que con ellas se intentaba hacer.

Pasado algún tiempo, hallándose aún las religiosas de mi venerada Madre en el Convento de las Descalzas Reales, volvieron Sus Majestades a reclamar su Convento de Leganitos, mas como ya estaba cedido a los PP. Paúles, no se lo devolvieron y sucedió lo que se dirá más adelante. La Comunidad permaneció en la Reunión dos años, como también se dirá después.


CAPÍTULO XXI

Nuevas compañeras en el destierro de mi venerada Madre.- Es trasladada de Montpellier a Pau.- Carta del Embajador Sr. Marqués de Viluma a D. Juan Antonio Quiroga.- Ingresa mi Rda. Madre en el Convento de Religiosas Ursulinas Claustrales de la Ciudad de Pau.-  Relación confidencial a D. Isidro de Losa Y Cruz.- El Excmo. Sr. Marqués de Viluma y el Cónsul de Bayona comunican de la Real Orden el regreso de la Sierva de Dios a España.- La vuelta a España.- Llega a Toledo e ingresa en el Convento de las Concepcionistas Descalzas llamadas de Sta. Ana.- Su vida en este Convento.- Carta de mi Rda. Madre a Dª Isabel II.- Vuelve a Madrid de Real Orden y se reúne a sus monjas en el Convento de Monserrat.

Puesto en conocimiento de los Prelados Eclesiásticos cuanto ocurría con mi venerada Madre que, por el fallecimiento de Sor María Vicenta de la Presentación y de doña María había quedado sola, determinó el Emmo. Sr. Cardenal Bonel y Orbe que salieran dos religiosas de la Comunidad de la Sierva de Dios, del Convento de Descalzas Reales, donde se hallaba a la sazón, como se ha dicho, para acompañarla en su destierro de Francia.

Conforme a esta determinación del Prelado, salieron del Convento de las Descalzas Reales, el día 14 de Julio de 1853, Sor María Brígida de N. Señora del Olvido, religiosa profesa, y Sor María Antonia del Sagrado Corazón de María, novicia, las cuales se ofrecieron, espontáneamente, por el deseo que tenían de tomar parte en las penas y trabajos de su amada Prelada. Al llegar a Bayona fueron detenidas por algunos días, ignorando ellas la causa de tal detención; pero debió obedecer a que el Embajador de España en París gestionaba ya con el Gobierno Español la traslación de la bendita mártir al mediodía de Francia, y su vuelta a España. Es indecible lo que las Religiosas detenidas sufrieron en aquellos días, y lo mismo mi amada Madre Patrocinio, pensando en sus queridas hijas. Por último prosiguieron su viaje, llegando a Montpellier el 15 de Agosto, festividad de nuestra dulcísima Madre del Olvido, para partir a los pocos días para Pau, acompañando a su idolatrada Madre. Cuando años después referían este caso las mencionadas religiosas, nos decían que fue muy triste la impresión que recibieron al ver el estado en que se encontraba la Sierva de Dios; estaba toda desfigurada y tan enferma que partía el corazón.

Logrado, por último, del Gobierno de SS. MM el traslado de mi Madre Patrocinio a clima más benigno, el Ilmo. Sr. Obispo de Montpellier quiso visitar a su Reverencia antes de su partida para Pau, y no habiendo podido verificarlo, por un viaje urgente que tuvo que hacer, le escribió la siguiente cariñosísima carta, de su puño y letra:

“Montpellier, 5 de junio de 1853.— Señora y venerada Madre.— Aunque no haya rogado al Sr. Cos que os manifestase mi profunda gratitud por la graciosa labor que ayer acompañaba a la Virgen de los siete Dolores que yo tengo de vuestras queridas hijas y que guardaré como recuerdo precioso, no quiero partir para un viaje lejano sin daros las gracias yo mismo, por vuestras tan finas atenciones y sin pediros el auxilio de vuestras oraciones ante el Señor y su divina Madre. Yo hubiera querido poder ir a veros hoy, Madre venerada, pero, en vísperas de partir, no he podido procurarme el tiempo para verificarlo, y lo siento en gran manera”.

“Dignaos pues, señora y muy estimada Madre, aceptar mi agradecimiento y creerme con los sentimientos del más verdadero y el más afectuoso respeto, todo vuestro para siempre en los SS. Corazones de Jesús y María.— Carlos, Obispo de Montpellier”.

Desgraciadamente la época de la guerra franco-prusiana del año 1870, se perdieron entre otros documentos una preciosa carta a Su Santidad el Papa Pío IX, llena de consuelos y bendiciones para la Sierva de Dios; otra del Ilmo. Sr. Obispo de Pamplona y un cuaderno o diario de todo el viaje y de lo sucedido durante este destierro en Francia. También se perdió entonces una Bula o privilegio especialísimo concedido a mi venerada Madre por el Papa Gregorio XVI, en el cual se autorizaba, al sacerdote que acompañase a la Sierva de Dios en sus destierros, para que en cualquier punto en que hubiera ocasión, aunque fuese en el campo, si otro medio no había, pudiera celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, y recibir en ella su Reverencia la Sagrada Comunión. D. Isidro de Losa y Cruz conservaba, como precioso recuerdo, dos bolsitas de raso bordadas en seda, donde su hermano, el virtuoso Rdo. P. Fr. Faustino de Losa y Cruz, llevaba siempre, a prevención, en los destierros de mi venerada Madre una cajita con las Formas necesarias para celebrar, cuando fuese necesario, la Santa Misa y administrar la Sagrada Comunión a su Reverencia y a las religiosas que la acompañaban. Al fallecimiento de D. Isidro, entre otras muchas cosas que fueron entregadas a su hija, nuestra muy Rda. M. Abadesa Sor María Antonia del Sagrado Corazón de María, se halló también este precioso recuerdo de las dos mencionadas bolsitas, las cuales se conservan en este Archivo de nuestro Convento de Guadalajara.

Despedida mi venerada Madre Patrocinio por la Comunidad de Religiosas Agustinas donde había estado hospedada con las mayores muestras de respetuoso cariño y sentimiento, salió por fin de Montpellier con sus dos religiosas Sor Olvido y Sor Corazón de María, para Pau, donde a poco de llegar, encontró notable alivio en su quebrantadísima salud. Allí recibió su Rvcia. Nuevas pruebas de lo mucho que el Embajador Sr. Marqués de Viluma, los Cónsules y los Prefectos se interesaban con el Gobierno Español para vencer su resistencia tan tenaz como injusta, de que volviese a España la inocente víctima, que sólo deseaba estar al lado de sus amadas hijas religiosas, en cualquier punto que le señalaran de la Península, según manifestaba la Sierva de Dios a cuantos de este asunto le hablaban, por hallarse en todo sometida a la voluntad divina y determinaciones de los Prelados. Véase lo que sobre esto escribe la inocente desterrada a D. Isidro de Losa y Cruz, en carta dirigida desde Montpellier con fecha 28 de Mayo de 1853.— “Aseguro a V. que quisiera verme con mis Religiosas fuera de Madrid por lo lejos, quisiera entre Valencia y Murcia por ser país cálido, pero de esto, sea lo que Dios quiera. Muy engañados viven los que creen que yo ni cuantos me rodean, queremos Madrid, ni menos Palacio; lejos y un pasar decente, como nos corresponde, fuera de bullas y compromisos. Hoy no tengo la cabeza para más”…

En otra misiva del 1 de Junio del mismo año le dice: “Nada extraño de todo cuanto dicen, ¡vayan con Dios! El Señor Todopoderoso los perdone como yo lo hago y les dé luz; pidamos por ellos, (se refiere a sus perseguidores) y también para que de acierto al Gobierno de S. M. para conocer la verdad. No extraño que estén dudosos; pues Dios sólo sabe lo que les habrán metido en la cabeza. Estoy segura que si estuvieran en pormenores, si supieran la verdad, si conocieran que es una verdadera calumnia, por envidias y tonterías que no deben nombrarse, por empeños que se ha querido que yo haga a los Señores y no tuve por conveniente hacerlos. V. no dude que el Gobierno pasado, el presente y todos, me harían justicia y repararían todos los males que se me han causado, y si no de todos, al menos los posibles. Así lo creo porque los creo de buena fe, y que es preciso decirlo: ¿qué interés tienen esos Señores si no me conocen de que yo esté en Francia, en España o en Italia? Yo creo que ninguno, si no les hubieran hecho creer lo que no hay, personas que apeteciendo dignidades que quizás no les convengan delante de Dios, no hubieran suscitado estos males, por los que estoy atravesando, con infinidad de disgustos, de pérdida de mi honor y de la Religión misma; Dios sabe la verdad con que hablo, y llegará día en que en su justísimo Tribunal se verá todo, se conozca, y entonces veremos lo que no podíamos creer ni imaginar”.

“Y así concluía todo, colocándonos en un Convento alejado de la Corte y dejándonos quietas y tranquilas observar nuestros votos. Esto no lo desconocerán estos señores, —se refiere al Gobierno— como tampoco dejarán de conocer, que así se quitaban quejas para siempre; que se concluía esta cuestión de una vez, que Sor Patrocinio les daría miles de gracias y su Comunidad con ello mil y mil bendiciones, porque las reunía. Esto que digo es la verdad sin rebozo; y es tanto más, cuanto que toda persona sensata y yo misma he conocido que todo este laberinto se ha levantado nada más que por eso, porque vieron hacer el nuevo Convento, creyendo que yo y mis Religiosas todo se lo sacábamos a los Reyes; no ha sido así, y si se enterasen de las interioridades y todo se descubriese, se vería la verdad; pues, si bien nos han favorecido con su acostumbrada bondad, no como se dice, ni en las cantidades que se dice, ni del modo que se dice, y los mismos Señores son testigos de mi desprendimiento y del de mis Religiosas. Repito que la cuestión del negocio es esa y no otra, y quizás el Gobierno de S. M. no lo conozca, y por eso obre así. ¡Ojalá hubiera una persona que, avistándose con esos Señores, se lo hiciese entender, y también les hiciera conocer el estado fatalísimo de mi salud que reclama por justo remedio, y que solo deseo vivir en paz entre mis amadas Religiosas! Mi estancia en Montpellier me es sumamente perjudicial y al menos por de pronto ya podían dejarme en libertad, para marchar hacia Bayona, que no es tan húmedo, y vivir en un Convento que hay a una legua y media de la población, donde el Director habla español y siquiera oiría la palabra de Dios; pues aquí ni ese consuelo tengo. El Señor bendiga a V. como lo desea siempre su afectísima en Jesús, María y José, que le desea toda felicidad en Dios y para Dios.— Sor María del Patrocinio”.

El Convento a que mi venerada Madre se refiere en esta carta era el de las Bernardinas de Anglet, cuyo director era el fundador de las mismas, venerable Abate Cestac, que murió, según todos, en olor de Santidad.

Habiendo llegado a Pau, recibió D. Juan Antonio Quiroga la siguiente carta del Sr. Embajador, Marqués de Viluma.

“Sr. D. Juan Antonio Quiroga:

Muy señor mío: he recibido la de V. del 6 del corriente, y celebro lo que me dice en ella, de haber llegado Sor Patrocinio, aunque fatigada, con algún alivio, respecto de cómo se hallaba en Montpellier. El Gobierno ha reprobado el permiso que di para su traslación, lo que me ha sido sensible; ruego a V. pues, que, ínterin otra cosa se dispusiere, contribuya a que la señora Religiosa se coloque en un Convento de esa Ciudad, como se hallaba en Montpellier. Al Sr. Obispo de Bayona escribí sobre lo mismo, de acuerdo con el Sr. Ministro de Cultos de este Imperio. Recibí la apreciable carta que me escribió la señora Religiosa y la contesté a Montpellier, supongo habrá recibido ya mi respuesta. Manténgase V. bueno y ofrezca mis respetos a Sor Patrocinio. Queda su atento servidos q. b. s. m.— El Marqués de Viluma”.

Vista la nueva oposición que se presentaba, ingresó inmediatamente la Sierva de Dios, con sus dos religiosas, en el Convento de Ursulinas claustradas de la ciudad de Pau, y esperó allí lo que Dios tuviera a bien permitir que dispusiera de su Rcia. el Gobierno de España. Las religiosas francesas la recibieron como un don especial de cielo y no cesaron de darle repetidas pruebas de atención y de cariño lo mismo que a las otras dos compañeras mientras estuvieron en su compañía. Contaban éstas, entre otras muchas cosas, que era tal el entusiasmo y cariño de una de las Madres Ursulinas, que, todas las mañanas temprano, colocaba un ramo de flores a la puerta de la celda de mi venerada Madre, para que al salir lo cogiera su Rcia. Y, en nombre de la Comunidad, le ofreciera a la Santísima Virgen en su Sagrada Imagen del Olvido.

Corta fue la estancia de mi Madre en Pau, pues a muy poco de ingresar en el Convento, recibió carta del Embajador Sr. Marqués de Viluma, en la que comunicaba la grata noticia que a continuación copio:

“París 19 de Octubre de 1853.— Muy Reverenda y estimada Sor María de los Dolores y Patrocinio.— Mis muchas ocupaciones me han impedido escribir a V. en contestación a la suya del 27 del pasado. Aunque no he recibido aún de oficio una Real Orden que espero, tengo noticias de la próxima vuelta de V. a España, y le doy por ello la enhorabuena. Ya ve V. cómo Dios dispone las cosas y no se olvida de los suyos, aunque los pone a prueba”.

“Celebraré que V. se vaya aliviando y cobrando fuerzas para continuar esta peregrinación de la vida. La suplico que no me olvide en sus oraciones, y con afectuosos recuerdos a su Señor hermano, quedo siempre muy atento s. q. s. p. b.— El Marqués de Viluma”

“Muy Reverenda Sor María de los Dolores y Patrocinio. Superiora, etc.”

También el Cónsul de Bayona D. Fabricio Potestad, con fecha 20 del mismo mes de octubre de 1853, comunicó la misma feliz noticia a D. Juan Antonio Quiroga y añade que “puede disponer su viaje a Toledo cuando tenga por conveniente”.

Por fin, a pesar de todas las contradicciones de sus enemigos y convencidos éstos por último de la inocencia de la que habían elegido por víctima, regresó mi amada Madre a España por Real orden, habiendo dejado a su paso por todas partes testigos fieles de sus grandes sufrimientos, de su inalterable paciencia y santa resignación, y de su firme y nunca desmentida confianza en Dios, que era quien daba valor a su alma hermosa, para sobrellevar sus amarguras de la vida, permaneciendo siempre serena y tranquila, a través de tantas calumnias y de tan incesantes persecuciones.

Llegó su Reverencia a Toledo en Noviembre con gran satisfacción y consuelo del Emmo. Sr. Cardenal y demás Prelados y Superiores, que dispusieron su ingreso en el Convento de Concepcionistas Descalzas Franciscanas, llamadas de Santa Ana, siendo recibida por las Religiosas con tanta veneración y cariño que, desde luego, la consideraron como Madre amada y como a tal la han querido y reconocido siempre. Entre otras muchas cosas del tiempo que estuvo en su compañía, decían las Religiosas, que, por las oraciones de su reverencia, hizo Dios nuestro Señor un insigne favor a una religiosa, llamada Sor Manuela de la Presentación, a la cual le dio un accidente mortal en el refectorio una noche; y, no habiendo vuelto en sí al día siguiente, afligidas las religiosas por la pena  de verla morir sin los Santos Sacramentos, acudieron a la Sierva de Dios y la encomendaron a sus oraciones; y ¡oh maravilla de Dios!, entró la Santa bendita en la celda de la moribunda, la pulsó y tocó la cabeza y dirigiéndose a las religiosas, les dijo, que la enferma moriría, pero que se consolaran, que volvería en sí para recibir todos los Santos Sacramentos. Efectivamente, a poco rato recobró los sentidos y tuvo lugar para confesarse, recibir el Santísimo Viático, Santa Unción y demás auxilios espirituales, con todo su conocimiento, pausadamente, quedando las religiosas, en medio de su pena, llenas de consuelo, al reconocer el gran favor que Dios nuestro Señor había concedido a su amada hermana, por las oraciones de mi Madre venerada. Sucedió también en este Convento un caso que, con mucha gracia referían las religiosas, particularmente la que lo presenció, Reverenda Madre Juana de la Natividad; la cual decía, que estando un día con mi venerada Madre en el locutorio con un Religioso de nuestra Orden, éste la preguntó, si era verdad lo que estaba diciendo, que no lo creía. Mi Madre Patrocinio, con una gracia especial le contestó: “Tan verdad es, como que en este momento le está saliendo a V. Reverencia un lunar en la cara”, y en el momento le salió. Otras muchas cosas recordaban las Madres antiguas de aquella venerable Comunidad y las referían, admirando sobre todo, las virtudes que en grado heroico reconocían en aquella santa Religiosa, que siempre escogía para sí lo más humilde y pobre y que jamás abrió su boca para quejarse ni de nada ni de nadie, viéndola siempre en la mas santa paz, compadecida y rogando por los que la perseguían y calumniaban. El Rdo. P. Fr. Sebastián Alonso, Penitenciario que fue de la Santa Iglesia Catedral, decía que conoció a mi Madre venerada y que solamente al verla sentía en su interior veneración, y que se conocía sin duda tener aquella venerable Madre algo de sobrenatural y extraordinario. Lo mismo decía el muy Ilustre señor D. Carlos Mon y Baltanás, doctoral de la Santa Iglesia Primada, y Visitador después de las Religiosas del Arzobispado, asegurando que no podía negar que mi Madre venerada tenía algo de extraordinario; que Dios había hecho en ella algo sobrenatural. En el mismo sentido se expresó siempre el muy ilustre Sr. D. Antonio Aceves Acevedo, y otros muchos respetables y dignísimos señores que siempre conservaron hacia su reverencia y su comunidad un aprecio especial.

Estando la Sierva de Dios en Toledo, escribió a la Reina Dª Isabel II la siguiente carta:

“AVE MARÍA PURÍSIMA”

“Señora: Ante todas cosas saludo a V. M. con el mayor afecto de mi corazón, deseando a V. M. la más perfecta salud, con la paz, gracia y bendición del Espíritu Santo y que estos beneficios sean también extensivos a S. M. el Rey y a su Augusta y graciosa Princesita, y que el Señor Dios Todopoderoso conceda a V. M. tantas y tan grandes felicidades como mi corazón desea y pide sin cesar al Señor y a la Virgen Santísima”.

“Tiempo hace que deseaba tomar la pluma para dirigirme a V. M. pero por no molestar a V. M. me he detenido, persuadida de que mi Reina y Señora no dudará nunca del afecto, cariño y sumo interés que tiene a su Reina esta pobre monja, agradecida siempre y mucho, a los favores, consuelos y beneficios que V. M., como tan caritativa, me ha dispensado siempre, y mi memoria se ocupa con frecuencia de su augusta bienhechora, para bendecirla y darla gracias, por su interés y constante afán  por mi bien y el de mi pobre Comunidad, que no tiene otro punto de asilo y de consuelo sino el corazón magnánimo, caritativo y bueno de su bienhechora. Mucho pregunté al Sr. Cardenal por V. M. por la Princesa y toda la Real Familia. El mismo señor me manifestó el gran deseo de V. M. de verme en casa propia y al lado de mis hijas espirituales. Dios se lo pague todo a V. M. en tiempo y en la eternidad, así lo espero de la Divina Misericordia. Por mi parte puedo asegurar a V. M. y también por parte de la Comunidad, que estamos siempre dispuestas a obedecer a V. M. y que nos sujetamos, gustosísimas, a las disposiciones que nuestra Reina dé, con respecto al Convento, siéndonos indiferente sea esta, o aquella casa; pues lo único que deseamos es un local, donde la Comunidad pueda cumplir con sus votos, Santa Regla y Constituciones, y pagar también a Vuestra Majestad, con nuestras pobres súplicas, tanto y tanto como la debemos, implorando de la Divina piedad misericordia y millones de felicidades para V. M. Yo estoy segura que, puesto todo en manos de V. M.. V. M. hará que todo se haga bien, y que, su perspicacia y talento, lo arreglará mejor que si fuera yo misma; por consiguiente, confío y confiamos todas en el buen corazón de nuestra amadísima Reina y bienhechora, y espero que Dios y la Virgen Santísima den a V. M. en premio de los consuelos que nos proporciona, mil felicidades y que la librará de todo mal. Reciba V. M., Señora, la más sinceras gracias de esta miserable monja con su corazón agradecido”.

“Reciba V. M. el cariño, respetos y oraciones de todas mis Religiosas, y ellas y yo, puestas a los reales pies de su Reina y Señora, la bendicen agradecidas”.

“Con afecto cariñoso, besa su real mano Sor Mª de los Dolores y Patrocinio”.

Levantado ya el destierro a mi venerable Madre y deseando SS. MM. que volviera a su Convento con su amada Comunidad, reclamaron el de Leganitos, que tan injustamente les había quitado el Gobierno, pero fue en vano, porque éste no quiso que saliesen de él los RR. PP. Paúles. En vista de esto, los mismos augustos Señores pidieron como justa indemnización, otro edificio o convento a cambio del que les habían quitado, y esta fue la causa de dar el Gobierno a S. M. el Rey D. Francisco, el Convento de Monserrat para mi venerada Madre y Comunidad.

En este Convento de Monserrat, (al que llamaban la Galera, por estar en él las presas, y una vez trasladadas éstas a otro edificio de la Corte), mandaron SS. MM. Hacer las obras necesarias de limpieza y de reparación; y por Real Orden del día 30 de junio de 1854, pasó la Comunidad de mi amada Madre del Convento de Religiosas Descalzas Reales, donde estuvieron dos años reunidas, al de Monserrat. Véase lo que acerca de esta traslación, dice en sus apuntes la Rda. Madre Isabel: “Allí permaneció mi venerada Madre en el Convento de Concepcionistas Descalzas de Oviedo, hasta que en Junio del 54, fuimos trasladadas al Convento de Monserrat y el 2 de Julio, tuvimos la incomparable alegría de ver a nuestra amantísima Madre otra vez entre nosotras. No quiero dejar de decir lo que ocurrió al salir de Toledo, para que se vea que la virtud siempre ejerce su dominio, por más despreciada que sea. Fue el caso, que recibió su Rcia. la orden de regresar a Madrid en los días que por los trastornos políticos, estaba la Corte y toda España en estado de sitio y por consiguiente, era muy difícil traslación alguna; sin embargo, la de la Comunidad se verificó (sin duda por orden de su Rcia.) en un día en que estaba la tropa sobre las armas, en términos, que en el largo trayecto que atravesamos desde el Real Monasterio de las Descalzas Reales hasta Monserrat, no encontramos mas que la tropa que en patrullas recorría calles. Mas, las hijas de aquella gran Madre no teníamos miedo a nada, ni su Rcia. no lo tenía; y así, sin miedo alguno y con la esperanza de ver allí a nuestro amado tesoro , llegamos al nuevo Convento, y aunque nos dieran esperanzas ciertas de que la veríamos muy pronto entre nosotras, mas como seguía la revolución y el tiroteo, no sabíamos cuándo tendríamos esta dicha. No tardó mucho, porque cuando su Rcia. supo que ya estábamos en nuestra casa, la que sólo temía ofender a Dios, y ninguna otra cosa fue capaz de intimidar a aquella gran alma, determinó marchar a Madrid con sus amadas hijas. Bien se conoció ser inspiración del cielo; pues si en aquellos días no se hubiera hecho, trabajo hubiera costado después. Fiando en Dios, salió del Convento de Santa Ana (no sin pena de aquella Comunidad que la amaba tan tiernamente), ignorando que las puertas de la Ciudad estaban cerradas, y así al llegar a ellas, se halló con este obstáculo; pero no desmayó, sino que mandó un recado muy atento al Sr. Gobernador, diciéndole que tuviera la bondad de mandar abrir la puerta, porque se marchaba y necesitaba salir de la Ciudad. El Gobernador mandó que se hiciera así, y sin obstáculo alguno, llegó al Convento, donde sus hijas esperaban con alegría y el ansia que puede comprenderse”.

Hasta aquí la Madre Isabel de los Remedios, en lo que a esta traslación se refiere, sucediendo después lo que diré en el capítulo siguiente. Gracias a Dios y a la bondad y generosidad de nuestros Augustos Reyes, pudo la Comunidad de Caballero de Gracia subsistir y permanecer tranquila en el mencionado Convento de Monserrat hasta la triste época de la Revolución y destronamiento de SS. MM. el año 1868, en que fueron expulsadas de dicho Convento y reunidas a la Comunidad de La Latina, como se dirá más adelante.

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Vida de la Madre Sor María de los Dolores y Patrocinio publicada en este blog:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/sor-patrocinio/

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