Santa Misa: Mi Madre la oye en mí; todo soy Tuyo y todo lo mío es Tuyo

Hno. Estalislao José

Un Joven Heroico Desconocido

HERMANO ESTANISLAO JOSÉ (1903-1927)

Tomado del Libro:

UN JOVEN HEROICO DESCONOCIDO
Escrito por el Hno. Ginés de María Rodríguez, f.s.c.


CAPÍTULO VI

Ejercicios espirituales.- Pierde la salud y teme le despidan por enfermo.- Carta pidiendo oraciones.- Recobra la salud y la Madre le promete la perseverancia.- Le reprende el señor

Durante el año y medio que permanecimos en el Noviciado practicamos tres veces los Ejercicios Espirituales de ocho días. La primera vez antes de tomar el santo hábito; ya hablamos de ello. La segunda al cumplirse el año de nuestra llegada a Bujedo, es decir, cuando la “tanda” anterior a la nuestra, iba a hacer los primeros votos canónicos; y la tercera al dejar el Noviciado, y ya con votos temporales, pasar al Escolasticado.

Aunque todo el Noviciado es tiempo de mucha vida espiritual, estas tres jornadas de ocho días lo son de una espiritualidad más intensa, de una dinámica que actúa en el fondo del alma de manera definitiva en la convicción vocacional, esto es, quedar persuadidos de si éramos o no, llamados al estado de perfección.

Claro que el desarrollo de los distintos estamentos de la vocación de cada uno, depende de las disposiciones personales, y en esto, como en todas las cosas, hay una gama más o menos amplia de generosidad, delicadezas, etc…

Ya hemos visto con qué arranques empezó Olimpio su formación religiosa, y es posible que estos bríos tan fuertes y tan largos influyesen en su salud; lo cierto es que, al cumplirse un año de nuestra llegada y estando en los ejercicios espirituales del “paso del ecuador” de nuestro Noviciado, se sintió cansado y con asma, de manera que no podía actuar con la facilidad de antes. Le auscultó el médico y como consecuencia el Maestro de Novicios le mandó a la Enfermería, dejando la vida común.

El Hermano Enfermero, que veía en él un novicio de tantos, le avisó de que, si no mejoraba, le mandaría a su casa. Esto fue para él una prueba muy grande que no le dejaba reposar; lloraba cuando estaba solo y no cesaba de acudir a la Madre divina con oraciones fervorosas.

Con este motivo me escribió una carta, que creo me entregó el Enfermero, no me acuerdo bien, y que yo he guardado cuidadosamente con las otras muchas que después me escribió. Voy a transcribirla aquí exactamente, corrigiendo las faltas de ortografía que entonces tenía. Dice así:

“Carísimo Hermano G. de Mª. Estoy en un triste estado que ni aun tengo fe para curarme. El Hno. Enfermero me dijo de primero, que no podía curar aquí. Después me ha dicho que tenemos que hacer una Novena al Hno. Benjamín; pero me falta lo principal que es fe y confianza. A ver si V. y otros Hnos. que a V. le parezca pueden ayudarme y más, pedir a esa Madre querida que tan adentro tuvo la dicha de meterme; pero si sigo así creo que pronto saldré, y como V. me metió a la Virgen en el corazón, quiero me ayude a pedirla, no la salud, ni otra cosa, pero si la muerte mil veces, aunque sea crucificado, porque el mundo está perdido y uno que sale de la Religión y va a él, se pierde. No me deje Hno. mío que me hallo en un triste estado que sólo Dios puede sacarme y la Santísima Virgen. Pida la muerte sin condiciones antes de ir al mundo; no me olvide que yo por mí nada puedo; estoy desanimado por completo, en una palabra me hallo en un mar de tristezas, sin tener ninguna alegría en mi corazón. Hermano mío, sólo le pido que pida por mí a esa purísima Madre nuestra, que me dé la muerte hoy mismo aunque sea, pues en los hombres no hallo consuelo alguno. No me olvide, no me olvide que yo me pierdo.
Hno. Estanislao José

Esta carta tan emotiva, sobre todo para mí, me llenó de pena, pues no sabía que estuviese tan grave; en ella se refleja la amargura de su alma y el afán que tenía de ser de Dios, siempre de Dios, hasta pedir la muerte aunque sea crucificado, antes que dejar el camino emprendido de eterna salvación.

En uno de sus cuadernos encuentro casi las mismas cosas con acento de dolor, quejándose a la Madre lleno de ternura. Transcribo parte de este triste coloquio:

“Ay, Madre mía. Sácame de esta tristeza en que me encuentro por estar enfermo y tener tanto miedo porque me van a mandar al mundo. Vos sois mi confianza toda; si no me oís ¿qué será de mí, Madre mía? Pero sí que me oiréis porque a San Estanislao sí que lo oíste cuando os pidió la muerte, y eso que no estaba enfermo, y ¿me lo has de negar a mí, que estoy enfermo? Madre mía, de Vos lo espero, de todo corazón os lo pido; dádmela cuanto antes, prefiero que hagáis tajadas de mi cuerpo antes que ir al mundo traidor; en vos creo y de vos todo lo espero y por vos me muero. No me dejéis, Madre mía, que soy muy débil.”

Los 25 novicios de “toma” de hábito nos pusimos a rezar de verdad y a pedir a las Virgen Inmaculada, Madre de la Eucaristía, por intercesión del Hno. Benjamín Antonio, ya difunto, que le curase cuanto antes; empezamos la novena el día 4º del Retiro. Decíamos a la Madre: “Jesús dijo que si dos o más se juntan para pedir una cosa, cualquiera que sea, les será concedida”, ¿no habéis de negar a nosotros ésta que os pedimos con fe y confianza? Madre, conceded la salud al Hno. Estanislao José, pronto, pronto, Madre, para que pueda seguir con nosotros el Noviciado, dándonos ejemplo de fervor y regularidad, como lo ha hecho hasta ahora.”

¡Admirablemente eficaz! Al terminar la Novena, nos dice el Hno. Maestro que el Hno. Estanislao está mejor y que muy pronto vendrá al Noviciado. Todos los novicios nos llenamos de alegría, y al día siguiente ya estaba entre nosotros haciendo la vida común, aunque estuvo algún tiempo sometido a régimen especial de comidas.

Durante los días de la Novena le llevaron a su cuarto la Sagrada Comunión y uno de los últimos días le dijo claramente la Santísima Virgen después de comulgar, y colocada visiblemente a su lado: “No temas, hijo mío, tú serás Hermano hasta la muerte.”

Aquello le hizo saltar de alegría y le dio nuevas fuerzas para proseguir su vida de perfección. ¡Cuánto vale la oración, sobre todo en común y en familia! ¡Si lo supieran bien los hombres!…

Dios nuestro Señor permitió aquella breve enfermedad y aquella amenaza del H. Enfermero de mandarle a su casa, para que le sirviera de purificación, y su alma encendida en amores divinos, se preparase para recibir nuevos y más grandes favores del Cielo, pues la Virgen Santísima le tenía preparados ricos tesoros de gracia y unos carismas tan extraordinarios que nunca se han oído en la vida de los santos, como vamos a ver en el curso de esta biografía.

Terminaremos este capítulo con algunos apuntes que hizo en los primeros días de este retiro, en que ya se sentía enfermo. Empieza el día 1º Madre, te escojo por patrona, abogada y mediadora. Quien hará este retiro espiritual sino es mi Madre en mí. “Yo soy nada, de manera que puedo decir. “Ya no soy yo quien vive, sino que mi Madre vive en mí”

Evitaré
1º. El hablar sin absoluta necesidad
2º. Las distracciones en oraciones, meditaciones, conferencias.
3º. Estaré siempre contento (nótese que ya estaba enfermo) asistiendo con puntualidad donde Dios me llame, con intención de agradarle y por amor a mi Madre
“Todo soy tuyo y todo lo mío es tuyo.” Ofrecí a la Madre todas las Hostias que se distribuyen en el mundo, los trabajos y sufrimientos de todos los hombres.

Meditación: La necesidad que tenemos de hacernos santos.

Resolución: Por amor a mi Madre, que es Ella quien se ha encargado de hacerme santo, evitaré toda distracción. Viviré muy unido a Ella.

Santa Misa: Mi Madre la oye en mí; todo soy tuyo y todo lo mío es tuyo.

Comunión: Mi Madre comulgó en mí y por su mediación pedí a Jesús me dijera qué quiere de mí en este retiro, y oí una voz en lo interior que me dijo: “Date todo a mí como yo me doy a ti, y durante estos días quiero que no salgas del corazón de mi Madre. Déjate de niñerías y obra como hijo de mi Madre que eres, y haz este retiro como si fuese el último de tu vida.”

La enfermedad le desbarata e impide los planes del retiro y le viene el desaliento que acabamos de ver. Pero en la Comunión de uno de los últimos días oye la promesa de la Madre de que morirá Hermano. El mismo Jesús le reprende llamándole cobarde invitándole a sufrir, tanto en el cuerpo como en el alma, ya que la Madre cuidará de él.

El Hno. Estanislao contesta: “Pero Hermano mío ¿qué me dices? Yo no merezco que me hables; ¿no has visto como soy un cobarde e ingrato? No merezco por mis infidelidades que me mires; ¡soy un tonto! No he tenido en Vos la confianza que debiera haber tenido, porque me puse enfermo y ya desconfié de Ti. Perdón, Hermano mío, perdón. Bien sabes que era la naturaleza o más bien el demonio, pero bien sabes también que entre aquellas tristezas siempre dije: la Santísima Virgen es mi Madre y una Madre no consiente que su hijo se pierda. Y también decía: Jesús es mi Hermanito ¿a quién temeré? A nadie, ni al mundo entero con todos sus engaños, ni al demonio con todas sus astucias; en fin a sola una cosa temo y que por mí no soy nada para evitarlo, es el pecado; es lo único que temo… pero ya no soy yo quien vive sois vosotros que vivís en mí.

La Madre me ha dicho: “Hijo mío, tú no perseverarás si no me amas ilimitadamente, tú serás mi hijo y yo te socorreré en todo, si no me pones obstáculos.”

Madre mía, si yo soy tan débil, tan inconstante en los buenos propósitos… Pero no, confío en mi Madre querida; Tú eres todopoderosa y no temeré nada, ni a nadie. Me has prometido la perseverancia si te amo con fidelidad. ¡Yo te amaré siempre!

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Del libro, Hermano Estanislao José, aquí publicado:
https://aparicionesdejesusymaria.wordpress.com/tag/hno-estanislao-jose/

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